Alex Honnold: «No quiero morir en las montañas».

Alex en el bosque mágico, El Arrayán. Foto: Carla Borja

En su visita a Chile, conversamos con el escalador que traspasa los límites. Trepa cientos de metros sin cuerda. Sin ningún tipo de protección y lo hace a una velocidad récord.

«Muchas de las cosas que hago, la gente piensa que son muy riesgosas, pero en realidad no son riesgosas para mí porque hay una probabilidad muy muy pequeña de caerme. Pero hay una consecuencia sumamente alta, ya que si caigo, muero (…) Espero no morir. Pero voy a morir algún día. Así que viviré la vida que quiero antes de que eso pase», nos dice Alex Honnold, el escalador más famoso del momento. Estadounidense, tiene 30 años y escala desde los 11. Comenzó en un gimnasio de su ciudad natal, Sacramento, California. Sin cuerda lo hizo a los 14,  dentro del gimnasio, en las noches, cuando lo cerraban. Al graduarse del colegio entró a Berkeley a estudiar Ingeniería Civil. Luego de un año decidió retirarse de la carrera, tomar prestada una van de su casa y partir a buscar montañas para escalar.

¿Puedes imaginarte aferrado a una pared aparentemente lisa a 300 metros de altura sin ningún tipo de seguridad más que tus propios manos y pies? Eso es precisamente lo que hace Alex. Trepa paredes de roca de hasta 800 metros, sin cuerda. Sólo con una polera, un pantalón, zapatillas de escalada y magnesio en sus manos para mantenerlas secas. Sin ningún tipo de protección. Es reconocido como uno de los mejores, sino el mejor escalador del mundo de free solo, o sea sin cuerda. Ha roto varios records: escalar en free solo los 800 metros de la cara noroeste de Half Dome en Yosemite y la ruta de también 800 metros del Sendero Luminoso en México son sólo algunos. Ha sido portada de Outside, The New York Times y fue nombrado la persona aventura del año en 2010 por National Geographic.

Es la segunda vez que viene a Chile y lo hizo como invitado especial del Mountain Film Festival. Se presentaron dos películas en las que participó. Una de ellas, A line Across the sky trata de una travesía en el macizo Fitz Roy en la Patagonia argentina. Alex Honnold Y Tommy Caldwell son los primeros en llegar a las siete cumbres y lo hicieron en cinco días. Por la hazaña recibieron el premio Piolet d´Or, un prestigioso reconocimiento en el mundo del alpinismo. Por muchos considerado como el Óscar del montañismo.

La víspera de la proyección de sus películas, acompañé a Alex al bosque mágico en El Arrayán a escalar con los chilenos Andrés Zegers y Lucho Birkner, apasionados como el estadounidense por las alturas. Veinte minutos de caminata desde el estacionamiento toman para llegar a un sector entre cerros, tapado en árboles y rodeado por murallas de roca de diversos grados de dificultad. Alex se cambia, en medio del bosque y de la gente, se coloca su short con hoyos en la parte trasera en lugar del  pantalón negro, también con pequeñas rasgaduras. Mientras asegura a Andrés y descansa no tiene problema en conversar y responder todas las preguntas.

Entre tanto a mí me viene una escena a la mente: el héroe que escala una pared de piedra de 100 metros, asegurado por una cuerda. Poco antes de llegar a la cima debe saltar a ella. Sin embargo, su impulso resulta insuficiente, sus manos rozan la piedra y cae al vacío. Lo intenta varias veces, siempre con el mismo resultado. La cuerda lo protege. Entonces decide hacerlo sin ella. Sin seguridad alguna. Se detiene y mira al vacío y al grupo de personas que, desde abajo, lo alienta a seguir. Realiza el salto de fe. Un momento de silencio invade el lugar. Sus manos tocan la piedra y se aferran a ella. Se escuchan los vítores de la gente 100 metros abajo. Decidió escalar sin cuerda porque está seguro de que el motor más grande en la vida es el miedo a la muerte. Permite realizar lo impensado.  El héroe no es Alex, desde luego, es Batman, en una de las películas favoritas del joven estadounidense que nos visita, El Caballero de la Noche Asciende.

«Eso es estúpido. En realidad es lo opuesto»”, asegura Alex. «Si piensas que vas a morir te desempeñas peor. Quizás es verdad que te puedas esforzar un poquito más. Pero el saber que no lo puedes hacer con protección no te va motivar a sacarte la protección e intentarlo sólo para ver si puedes», comenta. «Eso sería como que en los Juegos Olímpicos pusieran grandes flechas bajo los saltos. Es obvio que no van a romper un récord personal», bromea. «Es un buen argumento para una buena película, pero es estúpido».

IMG_3505

Alex junto a Andrés Zegers en el Bosque Mágico, El Arrayán. Foto: Carla Borja

En 2007 fue su primer gran logro cuando escaló en free solo las paredes Rostrum y Astroman en el parque nacional de California, Yosemite. Alex escaló ambas paredes de 600 metros en total en un par de horas. No fue el primero en hacerlo. Antes Peter Croft, escalador canadiense y uno de los héroes de Alex, lo había hecho. «Durante toda mi vida pensé que escalarlos sería increíble. Pensé: esto es impresionante, estaba muy emocionado. O sea, ser capaz de alcanzar a tus héroes y pensar: Oh wow, ahora estoy haciendo las cosas con las que he soñado toda mi vida, que son mi inspiración».

Alex realiza las rutas que sabe que puede lograr, y las prepara cuidadosamente antes de intentarlo. Para trepar al Half Dome escaló una vez con cuerda, descansó un día y ejecutó la ruta en free solo al día siguiente. «Con Half Dome traté intencionalmente de no preparar la ruta mucho porque quería tener una aventura», dice.

Pero, en cambio, para el Sendero Luminoso en México tardó alrededor de cinco días en preparar la ruta junto a su amigo. La pared estaba particularmente sucia, con vegetación que debieron desbrozar. La imagen de este hombre, en medio de una pared de 800 metros, agarrado a la roca con sólo la seguridad que le proporcionan sus manos bañadas en magnesio para una mejor adhesión, y sus zapatillas de escalada, me provoca una sensación de vértigo, de querer aferrarme a la silla en la que estoy sentada y de dejar de mirar el video. Pero Alex no siente vértigo ni miedo. «La mayoría de las personas que dicen tener miedo a las alturas en realidad tienen miedo a morir. Tienen miedo a caer, lo cual es totalmente natural y todos lo deberían sentir. Yo también tengo miedo a morir. Pero sé que no me voy a caer. Sé de lo que soy capaz. Si tuvieras que subir una escalera y murieses si cayeras, eso no haría más difícil subirla. Igual sabrías que puedes hacerlo», cuenta.

Con 30 años posee 20 años de experiencia en esta actividad que es su pasión. Describe el escalar como un proceso lento, metódico y relajante. La adrenalina no es parte de su experiencia. Si la siente es porque algo ha salido mal. Hace unos años Alex estaba sin cuerda a 400 metros de altura en una ruta fácil (5.7) en Yosemite, llamada Royal Arches. La roca de la que se aferraba se desprendió. Era del tamaño de su pecho. En un lapso muy corto, mientras su cuerpo descendía, alcanzó a poner la roca en su lugar y sujetarse para no caer. Ahí sintió la adrenalina. «Wow, qué miedo. Pero para el momento que sientes miedo, ya pasó todo», cuenta Alex, quien enfrenta esas situaciones deteniéndose y respirando profundamente. «Estaba como a 400 metros del suelo, fue sólo ese pequeño detalle y era muy fácil. Tenía más sentido subir 100 metros más que bajar 400. Eran sólo 5 minutos más llegar a la cima y como 25 bajar». Como ese tipo de historias Alex tiene una docena en sus años de aventurar por las rocas.

Para él la escalada implica un riesgo calculado. «Definitivamente hay riesgo involucrado en lo que hago. Pero hay riesgo en lo que todos hacen. Por lo menos yo estoy consciente del riesgo y pienso que vale la pena. Creo que muchas personas nunca evalúan el riesgo que hay en sus vidas de la misma manera. Simplemente viven asumiendo que vivirán por siempre. Y todos mueren (…) Claro que podría caer y morir. Pero todos mueren, especialmente manejando en Santiago. Hoy manejando pensaba: qué bueno que tengo puesto mi cinturón de seguridad. Esto se siente extremo», comenta.

La diferencia entre escalar con o sin cuerda está en el grado de concentración y en la sensibilidad al dolor, nos confiesa. «Cuando estás en free solo no notas tanto el dolor. No te das cuenta de las pequeñas cosas que suceden a tu alrededor. Estás ciento por ciento comprometido con lo que estás haciendo». Uno de los miedos de aquellos que no escalan en free solo son los imprevistos, como los pájaros que vuelan fuera de sus nidos u otro tipo de animales en el muro. Alex ha experimentado todo tipo de animales caminando sobre su cuerpo: pájaros, ratones, hormigas, arañas, murciélagos… «A veces me preguntan ¿qué pasa si te pica una abeja? Te va a doler, pero no te vas a soltar. No es como: oh morí porque una abeja me picó», bromea.

IMG_3537

«Definitivamente hay riesgo involucrado en lo que hago. Pero hay riesgo en lo que todos hacen. Por lo menos yo estoy consciente del riesgo y pienso que vale la pena…» Foto: Carla Borja

En mayo de este año Dean Potter, destacado escalador estadounidense practicante del free solo, falleció en el parque Yosemite en un accidente de salto base extremo, deporte que consiste en saltar desde la altura con un traje especial que despliega alas para volar. Dean era considerado un atleta extremo que siempre buscaba romper sus límites y en 2009 fue nombrado aventurero del año por National Geographic. Además de escalar y realizar el salto base, también practicaba la disciplina llamada slackline, que consiste en caminar por una cinta tensa amarrada en sus extremos. Combinaba estos deportes y creó, por ejemplo, el free base, que consistía en escalar sin cuerda con un paracaídas para el caso de una caída.

Este deportista, en conversaciones con The New York Times, comparó a Alex con el personaje de Star Trek, Spock: «yo entro en pánico en la cima de los free solos y grito, súper emocional. Luego estoy emocionalmente devastado por meses. Alex simplemente lo hace, se va y hace otro». En relación a la muerte de su amigo, Alex dijo que fue muy duro para toda la comunidad de escaladores y que pasó dos semanas reflexionando al respecto. «Pero en última instancia amo la escalada y ya he pensado en los riesgos que implica. Y para ser justos, Dean no murió escalando. Dean murió haciendo salto base, que es algo en lo que no estoy interesado porque creo que es muy riesgoso».

La cuarta ruta que prueba en El Arrayán es de grado 13a/b. A unos 15 metros de altura, Alex trepa un techo con una grieta en la que mete sus manos y pies, pero no logra subirlo. Seis cámaras, tres desde las alturas y el resto desde el suelo capturan los movimientos de Honnold en la piedra. «La técnica de Alex es aburrida porque se ve todo fácil. No te das cuenta cuando algo es realmente difícil o es fácil. Es difícil dimensionar lo que está haciendo», cuenta Andrés mientras asegura al estadounidense.

Alex es ateo, vegetariano, lee libros de no ficción acerca del medio ambiente, su placer culpable son los dulces y chocolates, le gusta el rock contemporáneo, su estilo de vida no compatibiliza con relaciones amorosas ni mascotas y tiene una fundación que apoya proyectos medio ambientales que mejoran la calidad de vida. En septiembre de este año estuvo en Angola, por dos semanas, instalando paneles solares en casas de escasos recursos. Vive seis meses al año en su van Ford Ecoline con paneles solares, recorriendo EE.UU. El resto del tiempo viaja en búsqueda de nuevos horizontes, o más bien, de nuevas verticales.

Quiere volver a la Patagonia argentina este verano para subir el cerro Torre. Pero aparte de ese proyecto, no planifica a largo plazo. ¿Cuál será su próximo free solo? No lo sabe. Cuando se le preguntó por si ha pensado en escalar en free solo el Capitán, una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Dijo que muchas veces lo ha pensado, pero no lo ha hecho porque le asusta. El Capitán es una montaña rocosa de granito en Yosemite. Mide 900 metros y tiene decenas de rutas de diversas dificultades. En 2012, Alex Honnold junto a Tomy Caldwell escalaron en libre, o sea con cuerda, la triple corona: Mount Watkins, El Capitán y Half Dome en menos de un día. Lo hicieron en 21 horas y 15 minutos, por lo que batieron un nuevo récord de velocidad.

No sabe si seguirá escalando toda su vida. No sabe qué haría si no escala. Pero está seguro de que existen más opciones. Una de ellas es terminar la universidad. Su familia nunca le ha pedido que no escale sin cuerda. Y él no le avisa a nadie antes de embarcarse en un nuevo proyecto de free solo. No quiere tener la presión de tener o no tener que escalar una cumbre.

«Yo no quiero morir en las montañas. Sería horrible. No, yo quiero morir a los 90 años rodeado de mi familia y amigos. Quiero morir viejo con niños pequeños. Pero quizás eso no ocurra. Veamos qué pasa…»

Compartir

scriptsell.neteDataStyle - Best Wordpress Services