El alma libre de Pangal Andrade

Pangal Andrade y su pasión por el agua. Foto: Ángel Esquerré

El kayakista chileno, conocido por riesgosas aventuras, cuenta su historia: cómo partió todo, y la incertidumbre de cómo terminará.

Doce años atrás, Pangal Andrade estaba solo en el río Maipo. En una hidráulica, una especia de hoyo de agua que se forma en el río, donde el agua rota con fuerza con un movimiento similar al de una lavadora. Quien cae ahí no puede salir. A menos que la hidráulica te suelte.

Ahí estaba Pangal. Sin poder respirar. Llegó al fondo del río y cuando estaba a punto de romper la superficie para respirar, la corriente lo devolvió al fondo. Intentó la maniobra por segunda ocasión. La superficie estaba cerca. Esta vez su cuerpo sobrepasó la barrera de agua. Trató de respirar, pero no pudo. Su cuerpo había bloqueado las vías respiratorias para impedir el paso de agua a los pulmones. Divisó una roca en la orilla, a unos tres metros de distancia. Estaba cansado y con poco aire. «No tenía fuerza. Y yo digo, si no llego a esa pared con tres brazadas, no tengo energía, me voy río abajo y me muero. Estaba en las últimas», recuerda Pangal. Nadó  y con su brazo estirado alcanzó a rozar la roca y  aferrarse a ella. Pero seguía sin aire, estaba a punto de perder el conocimiento y la corriente lo jalaba, cuando de pronto sintió cómo un torrente de aire frío llenaba sus pulmones. Estaba vivo.

Desde la orilla, un guía de rafting lo miraba paralizado. «Y yo le dije, ‘hueón cómo no me tiraste una cuerda’, y el hueón estaba blanco. No atinó. El hueón pensó que yo me estaba ahogando, que estaba ahogado», cuenta.

¿Cómo llegó a esa situación, en una hidráulica en el río Maipo? Tenía 18 años y era guía de rafting en la empresa de su familia, Cascada de las Ánimas. Como guía debía portear una balsa. Portear significa transportar las balsas en una parte del río, sin pasajeros, para evitar que personas sin experiencia remen en esos rápidos. Pangal debía hacerlo junto a dos guías más. Esperó por ellos, pero tardaban en llegar. Y él, impaciente, decidió portear solo. Con dificultades logró pasar la primera hidráulica, también llamada hoyo. Pero en la segunda, la balsa se dio vuelta y cayó al agua. Logró subirse a ella, que estaba virada, y seguir río abajo. Esta vez, sin remos. «Venía el río gigantesco y no podía hacer nada, la iba a girar (a la balsa) y venía otro hoyo ya más grande y dije, ‘aquí cagué’. Lo único que hice, como no tenía cuerda arriba, metí los deditos en los hoyitos (de la balsa), me agarré fuerte y cuando caí al hoyo, desaparecí», relata Pangal.

 Cuando finalmente consiguió estar en la orilla, junto al otro guía, vio que la balsa seguía en la hidráulica. «Veo que la balsa estaba en el hoyo y digo, ‘conchesumadre, me van a retar porque la rompí’. Y agarré cuerda, tomé vuelo, salté a la balsa de nuevo y agarré la cuerda y con la cuerda salí. Y la saqué, pero le rompí los remos, todo. Me retaron, pero después de que cacharon lo que pasó quedaron todos impresionados de que no me haya pasado nada», narra.

Pangal Andrade, 30 años, es un kayakista chileno de aguas blancas desde hace 20. Estudió construcción y antes de ganar el reality show de Canal 13, Año Cero, en 2011, trabajó como guía de rafting en la empresa de su familia, Cascada de las Ánimas.

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Con el tiempo, Pangal ha aprendido a medir los riesgos. Fotos: Ángel Esquerré

Entre un cordón montañoso de la pre cordillera de Los Andes corre el río Maipo. En el valle que se forma entre los cerros se encuentra el Cajón del Maipo. Y uno de los poblados, encajonados entre las montañas, es San Alfonso. Hogar de Pangal Andrade Astorga, de sus hermanos, padres, tíos, primos y abuelos. Ahí la familia Astorga tiene el centro turístico Cascada de las Ánimas. Para llegar a la casa de Pangal se cruza un puente colgante que atraviesa al Maipo. Al cruzar el puente, 12 casas forman la comunidad familiar. La casa de Pangal, donde vive con sus padres, hermano y un amigo kayakista estadounidense, queda a 15 minutos, caminando cuesta arriba hacia el cerro. Los autos no llegan. Por un estrecho camino entre árboles se llega a la casa diseñada y construida por el padre de Pangal, Sergio Andrade, artesano, constructor, artista.

El kayak de aguas blancas es uno de los deportes extremos más peligrosos del mundo. Por algunas revistas es considerado el número uno y por otras el número 10. Se trata de navegar en un río con fuertes corrientes y caudales en un bote individual, con un remo doble. El nivel de dificultad está en el nivel del río que varía desde la clase uno a la seis. Clase uno es un río calmo y clase seis es un rápido impredecible, peligroso, donde la posibilidad de rescate es casi nula.

 Por los riesgos, este es un deporte que hay que practicarlo acompañado. Cada kayakista debe llevar entre su equipo una cuerda para asistir al compañero en caso de accidentes.

-¿Mides los riesgos?

-Ahora más.

-¿Y antes?

-Nada. Cuando erai chico querí hacer todo,  querí hacerte el lindo y correr todo lo difícil, todo lo peligroso pa’ decir yo lo hice.

-¿Y qué cosas hiciste en que no mediste las consecuencias?

-Remar solo es bien peligroso y lo he hecho muchas veces. He bajado el Yeso Alto solo cuando viene grande, grande. Mira, yo soy como el padre Gatica, ¿cachai? Predico, pero no practico mucho. Siempre lo termino haciendo. Porque en el caso del kayak, uno está tan chato de la pega, sale raja, que lo único que quiere es ir a remar. Como yo puedo remar en las tardes no más, y los otros no pueden (…) al final terminai yendo solo. Nadie te acompaña.

Tuvo su primer acercamiento al kayak a los tres años. Con sus papás y hermanos iban de vacaciones al sur de Chile y paseaban por los ríos en canoa, recorrían el Biobío en balsa. «Los viajes más entretenidos que he hecho en mi vida han sido con mis padres, cuando era chico. Se daba vuelta la canoa, nos caíamos al agua, salíamos nadando a esa edad solo y lo único que se preocupaba mi papá era salvar al Yagán, un perrito labrador que teníamos, chiquitito. Y nosotros ahí, sálvese  el  que  pueda», recuerda con una sonrisa.

En los años ochenta la Federación de Canotaje de Chile impartía clases de kayak de la modalidad de slalom, que consiste en recorrer un circuito en el río. Pero no impartía clases de estilo libre. Y a finales de los ochenta se crearon las primeras empresas de kayak y rafting. Una de ellas fue la de Oriana Astorga y Yerko Ivelic, tíos de Pangal, en San Alfonso, Cajón del Maipo. En la escuela de kayak, los dos hermanos mayores de Pangal aprendieron a remar y se convirtieron en instructores. En esa época había alrededor de  15 kayakistas en Chile, según datos de deportistas de la época. Y el padre de Pangal, Sergio Andrade, fue uno de los primeros guías de rafting del país.  Desde pequeño Pangal estuvo ligado al río. «Empecé a los tres años a remar», cuenta. A los ocho practicaba ya con mayor frecuencia y aprendió el giro, movimiento que utilizan los kayakistas cuando se encuentran sumergidos en el agua para volver a la posición inicial: «Ocho, nueve años ya empecé a darle duro, aprendí el giro». Y a los 10 años bajó con su papá por primera vez un río clase tres, el Maipo: «Fue la última vez que lo vi a mi papá haciendo kayak. Estaba medio viejo. Kayakeó conmigo y me llevó al río. Nadé tres veces, pero lo pasé increíble y me creía la raja porque yo era el niño más chiquitito haciendo kayak de todo Chile».

 Cuando tenía 14 años remó por primera vez un clase cuatro, el río Trancura, en Pucón. «Muy asustado. La diferencia de hoy día es que tu veí a un niño de 15, 14 años que es seco, puede correr unas cosas increíbles y por qué, porque la tecnología ha evolucionado mucho. O sea el kayak ahora, tú en un año ya podí estar tirando cascadas. En cambio, en la época que estaba yo, no existía que se tiraran cascadas, no existía que se corrieran rápidos grandes, si teníamos kayaks de casi tres metros. Yo remaba en un dancing que medía tres metros y era como chiquitito, el primer modelo chico. Era como wow, un kayak más chico para alguien más chiquitito. Para los de ahora ese es como un vejestorio, es como un Porsche compararlo con una Citroneta», afirma. Los kayaks de hoy, para un adulto, miden dos metros con 30 centímetros aproximadamente.

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Hoy es mucho más fácil conseguir un buen kayak. Foto: Ángel Esquerré

El equipo para practicar este deporte consta del bote, un remo, un casco, un faldón que une al deportista al bote e impide que entre agua al kayak, un salvavidas y una chaqueta. Hoy existe una chaqueta llamada traje seco que impide que el kayakista se moje. Antes, en los años noventa, la chaqueta era de una calidad precaria y, luego de remar, el kayakista quedaba totalmente mojado: «En ese año me acuerdo que los gringos venían y tú les comprabai equipo usado y pegabai con neoprén las chaquetas, las arreglabas un poco y te cagabai de frío en el agua, pero era la pasión más que nada. No es como ahora que yo puedo entrar al río y me meto y me cago de la risa. O sea, no paso frío. Puedo salir vestido entero, tengo un traje seco que me lo pongo con ropa. O sea, no me mojo nada».

Cuando tenía 16 años, una escuela de kayak estadounidense, Adventure Quest, le invitó, con los gastos pagados, a recorrer Chile remando, los tres meses del verano. Estas escuelas son una alternativa para la educación tradicional de los colegios. Enseñan las asignaturas como matemáticas, historia, inglés, etcétera, pero recorren el mundo en busca de los mejores ríos para enseñar a remar. Las edades de los niños que estudian ahí varían entre los 15 a los 18 años. Actualmente, el costo anual para estudiar en este tipo de escuelas ronda los 33.500 dólares.

Remaron, entre otros lugares, en Las Siete Tazas. En las mañanas se impartían las clases tradicionales, como historia y matemáticas, pero al aire libre. Y en las tardes iban al río a practicar kayak: «Y ahí fue mi gran salto. Aprendí mucho y evolucioné mucho en el kayak porque ya andaba con profesores y con los inventores del kayak, o sea, los gringos, quién más».

Pangal dice que le invitaron a participar en la escuela porque necesitaban a alguien que hablara español con los alumnos y porque era el chileno más joven que practicara kayak. «Y era divertido porque yo apenas hablaba inglés, no hablaba casi nada y cuando estaba con los gringos me decían, ‘ya Pangal, este rápido es por la derecha y tení que boofear y la hueá’, y yo no entendía nada, yo decía, ‘chucha, ya po, me tengo que tirar’. Y ahí a lo valiente me tiraba sin saber qué venía y corrí mis primeras cascadas que fueron los 21 saltos. Tuve un viaje increíble». Cuando se graduó del colegio se fue a remar a EE.UU.

A los 23 años aproximadamente viajó a Pucón, con su padre,  a construir un quincho a un kayakista, David Hughes. Ahí se encontró con el que se convertiría en un hermano más, el estadounidense Tino Specht.

Cuándo fue la primera vez que se vieron, no está claro. Ambos tienen distintos recuerdos, pero coinciden en ese encuentro en Pucón. Pangal cuenta que Tino se le acercó a saludarle y que tiempo atrás se habían conocido remando en el río Maipo. Conversaron un rato y el estadounidense le preguntó si tenía kayak: «Y yo le dije, ‘no’. Le debí haber dicho, como chileno rata, ‘oh me gustaría tanto tener un kayak así, nunca he tenido un kayak así’. Y me lo terminó regalando. Me regaló el primer creek boat que tuve. Fue un dagger rojo. Un nomad exquisito». Pangal, agradecido por el kayak, invitó a Tino a su casa en San Alfonso del Maipo. El estadounidense llegó tiempo después al río Maipo. Pangal no estaba en casa, pero su hermano Lorenzo recibió  al visitante. «Y no se fue nunca más. Se quedó en la casa, ahora está viviendo ahí y no se fue nunca más», cuenta Pangal. Ese bote ahora está en el centro turístico de la familia de Pangal. Le vendió el kayak a un peruano que trabaja en la empresa.

A los 21 años aproximadamente, le enseñó kayak a su hermano, dos años menor, Lorenzo. «Ahora es uno de los mejores kayakistas de Chile el Loren. Es divertido enseñarle a tu hermano y que después te gane en competencias. Se pasa bien», cuenta.

-¿Lorenzo es mejor que tú?

Estai loca, yo soy mil veces mejor que él. Pero está bueno, está bueno (ríe).

-¿Y Tino?

-El Tino también es bueno.

-¿Es mejor que tú?

-Estai loca (ríe). Yo siempre lo he dicho, para todas las carreras, cuando tú compitas tienes que siempre creerte el mejor. Porque si no te creí el mejor, no te lo creí tú mismo, no lo vai a hacer bien. Pero si te creí el cuento, lo vai a hacer increíble. Esa es como la magia de todos los deportes. El don que tiene uno. Hay que creérsela, hay que creérsela siempre.

Pangal se declara un aventurero, amante de la naturaleza. Ha trabajado con su tío, Ricardo Astorga, en el programa de televisión La Odisea de TVN, con el que han recorrido Sudamérica en las distintas temporadas. Además, es constructor y trabaja con su padre en un taller, en San Alfonso. Casi todas las tardes, después de trabajar,  va al río, a remar. Y también los fines de semana.

«El kayak es un deporte medio difícil porque con la mujer que estí te tiene que aperrar 100% en lo que uno hace. Y las mujeres se aburren porque uno pasa viajando mucho. Mi polola, ella me aperra mucho, mucho, pero se aburre. Me dice, oye, pero hasta cuándo kayak, kayak, kayak. Y es verdad, uno pasa viajando y no tiene mucho tiempo con la polola. Pero…»

-¿Pero han podido compatibilizar?

-Sí, hemos compatibilizado. Pero siempre te retan que uno prioriza más el deporte…

 Muchas veces baja el Maipo Alto, y otras veces corre el río Yeso o el  Volcán, afluentes del  Maipo. Termina la jornada en el río justo en la orilla de la comunidad familiar. «De hecho, el Cajón del Maipo es uno de los mejores lugares, yo diría, para hacer kayak en Chile. Porque tenemos aguas grandes y tenemos dos creeks (parte del río con menor flujo de agua) con cascadas increíbles. Está el Yeso, está el Volcán», afirma.

 En Chile hay aproximadamente 200 kayakistas, comparado a los 15 que existían en los ochenta, según datos de kayakistas de aguas blancas. Y  en el Cajón del Maipo son alrededor de 25. «Y lo más lindo que tenemos el río Maipo y tenemos un grupo muy concentrado de kayakistas buenos acá en el Maipo. Que han sido todos alumnos de nosotros. Que se han hecho muy buenos kayakistas en estos momentos», afirma.

 Cuenta que gracias al kayak han encontrado no sólo un estilo de vida y una pasión, sino también una fuente de trabajo, ya que son guías de rafting y kayakistas de apoyo en las empresas de rafting en el Cajón del Maipo, como también en Pucón: «O sea, el kayak también ha servido para sacar de ser vago a los chiquillos. O sea, tener más sueños y realizarlos (…) Y ya pueden vivir de eso. Están viviendo del kayak. O sea, el kayak le ha abierto los ojos a mucha gente».

 Con el grupo de kayakistas del Maipo viajan al sur, en el verano, y acampan en diferentes lugares, a la orilla del río. «Te hace más amigos porque es una familia. Y al final se transforma en un modo de vida. O sea, tú te vai con todos tus amigos pal sur y no necesitai cabaña, no necesitai agua, nada, sólo el río. Acampai a la orilla del río, hací un asado con tu saco de dormir, y lo más lindo es compartir una fogata con todas tus amigos y lo pasai la raja», cuenta.

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Pangal ha representado a Chile en diferentes campeonatos mundiales. Foto: Ángel Esquerré

En 2015, la comunidad de kayakistas chilenos comenzó a organizar un circuito nacional de competencias de kayak. El circuito se inicia en el río Maipo con la competencia Rey del Maipo y finaliza en febrero en Futaleufú con Futaleufú XL. Todavía no está claro cuántas competencias serán finalmente. También hubo otras competencias en la temporada: en los ríos Claro, Teno, Ñuble y Puesco. De las competencias realizadas, Pangal asistió a cuatro y ganó dos: El Rey del Maipo y Ñuble Fest. En Futaleufú obtuvo el tercer lugar dentro de más de 70 competidores chilenos y extranjeros.

Los dos primeros lugares de Futaleufú XL obtienen invitación para competir en Grand Prix, en Canadá, uno de los campeonatos de kayak internacionales más prestigiosos, en el que compiten 25 kayakistas por invitación. Como el español Gerd Serrasolses fue el ganador de Futaleufú XL y ya tenía invitación para participar en Grand Prix, el segundo y tercer lugar fueron invitados, por lo que el kayakista chileno Pangal Andrade obtuvo un cupo.

Además, Pangal ha viajado a EE.UU. y a Austria a participar en los campeonatos más importantes de kayak del ámbito internacional. Algunos como North Fork y Adidas Sick Line. En una ocasión clasificó primero para North Fork y quinto para Adidas Sick Line, entre cientos de competidores. Pero los resultados en las siguientes etapas no le han permitido alcanzar el podio.

Cuando competía en EE.UU. en North Fork, presenció un accidente en el río y rescató al kayakista que se ahogaba. «En el Maipo nosotros igual somos re buenos pal rescate, somos conocidos como los chilenos buenos pa’ salvar y todo», manifiesta. Luego de participar en la carrera clasificatoria, en la que cinco kayakistas, de alrededor de 150, avanzaban a la siguiente etapa, Pangal junto a otros deportistas corrían un rápido en el río cuando escucharon sonar una alarma repetidas veces. El chileno sacó la cuerda de su bote. Corrió río arriba y vio a un hombre flotando en la corriente. «Veo a un hueón que viene ya como muerto pa’ abajo. Y el hueón pasa como a cinco metros por la orilla y le grito, ‘¡rope!’». La cuerda golpeó al hombre en la cabeza, pero éste no reaccionó. Recogió la cuerda y se la lanzó de nuevo. Esta vez el hombre agarró la soga y Pangal lo arrastró hasta la orilla. «Yo me arrastro en la tierra, lo saco, lo levanto arriba, lo saco de la arena y el hueón me mira y vomita todo el agua», recuerda. Los amigos del accidentado llegaron al lugar y le agradecieron.

 Luego, Pangal junto a su primo Pedro Astorga, también kayakista, se dirigieron a la ciudad donde se entregarían los resultados de la carrera. Y el presentador del evento era el hombre que Pangal había rescatado. Pangal creía que si no salía quinto, no clasificaría para la siguiente ronda. Expectante escuchó el nombre del clasificado en quinto lugar, el chileno Momo Castillo. «Y dicen, ‘el numero cuarto, gringo no sé cuánto. Número tres, no sé cuánto, no sé cuánto. Y yo miraba al Pedro y decía, ‘yo cagué’. ‘Número dos’, y yo decía, ‘tengo que ser yo, tengo que ser yo’. Y no era yo. Y dijo: ‘y número uno, este es muy importante porque él salvó mi vida’. Llegué ahí y me abrazó y me dijo, ‘hueón, no te vi en el río, no te pude agradecer, pero muchas gracias por salvar mi vida. You are number one’.  Y había ganado la carrera, quedé número uno, así que feliz», cuenta con una sonrisa.

Además Pangal es parte del equipo nacional de rafting chileno, junto a su hermano menor Lorenzo Andrade y cinco de sus primos. En el mundial de Costa Rica en 2011 resultaron quintos y en el mundial de Nueva Zelanda en 2013 lograron el cuarto lugar.

Uno de los temas que preocupa al kayakista es la central hidroeléctrica que se construye en el Cajón del Maipo, Alto Maipo. La Coordinadora Ciudadana de los Ríos del Maipo explica que se planea entubar el 90% del agua de los ríos Yeso, Volcán y Colorado, afluentes del río Maipo, en un túnel de 67 kilómetros de largo y seis a ocho metros de diámetro, para generar, según la empresa Aes Gener, 530 MW.

La población opositora del Cajón del Maipo y Santiago esgrimen varios argumentos: la construcción del túnel, con sus tronaduras, ha destruido glaciares milenarios y nieves eternas, fuentes de agua dulce. También afirman que  el proyecto utilizará las reservas de agua que abastecen al 80% de la región metropolitana de agua potable. Además, aseguran que afectará irreversiblemente uno de los pocos pulmones verdes cercanos a la capital. Y afirman que la empresa Aes Gener no ha considerado siete años de sequía en la zona, por lo que su construcción acelerará la desertificación de 100.000 hectáreas. Adicionalmente, aseveran que, por la cantidad de agua de los ríos, datos estipulados en la Dirección General de Aguas, no es posible que la central hidroeléctrica genere 530 MW de energía, sino 190 MW, de los cuales el 80% se utilizaría para abastecer de energía a la minera Los Pelambres, del grupo Luksic, uno de los principales inversionistas del proyecto. «Ahora, a veces me da vergüenza ser chileno por lo que estamos haciendo. Por cómo estamos tratando a la naturaleza. Por cómo el gobierno de Chile lo hace. Cómo permitimos que vengan empresas extranjeras a hacer mierda nuestro país, del que van a vivir nuestros hijos y las futuras generaciones. O sea, al fin y al cabo uno piensa, chucha, me quiero llevar a mis hijos de acá. Me los quiero llevar», dice. Durante la entrevista Pangal contó las historias con sonrisas y risa, inclusive cuando relató el accidente que tuvo. Pero en el momento de hablar del proyecto hidroeléctrico Alto Maipo, la expresión de su rostro cambió. Su expresión se endureció.

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Además de su pasión por el kayak, Pangal defiende a muerte el río de alto Maipo. Foto: Ángel Esquerré

El colegio médico regional realizó un estudio que reveló altos niveles de elementos tóxicos, como arsénico, plomo, manganeso y níquel, en el agua en los sectores aledaños a la construcción del proyecto hidroeléctrico. El estudio además afirmó que la continua exposición y consumo de arsénico puede provocar cáncer, hiperactividad, infertilidad, abortos espontáneos, infartos en el miocardio y déficit atencional, y que el continuo consumo de manganeso puede provocar daños en el sistema nervioso, como síntomas de párkinson, psicosis y esquizofrenia. El colegio médico aseguró que en 50 años el agua del Cajón del Maipo no será apta para el consumo. Pero Alto Maipo emitió un comunicado en el que descarta que la construcción de la hidroeléctrica haya alterado la composición natural del agua de los ríos.

 Pangal dice que si no se detiene el proyecto, se trasladará al sur para vivir en un terreno que tienen en la región de la Araucanía: «Pero es un lugar tan lindo, que amamos tanto, que es el río Maipo, que es difícil dejar un lugar así. Es muy triste y difícil. Dejar este lugar es impensable. Todavía creemos que va a haber un despertar de la gente y que este proyecto se va a parar. Todavía hay esperanza. Hay que hacer un llamado a no bajar los brazos, a luchar hasta el final. Hasta las últimas. A luchar por un país que es de todos y no de las empresas extranjeras que vienen a llevarse todo, nuestra riqueza, nuestros paisajes, y nuestra agua».

 Cuenta que Chile es la meca de kayak del mundo y que el río Maipo, especialmente, es uno de los mejores ríos para practicar el deporte. «Es un deporte que va en crecimiento heavy. Pero en Chile no sé si va tanto en crecimiento porque nos estamos quedando sin ríos. O sea, el kayak, yo podría decir que es un deporte que va en extinción. Van a haber muchos kayakistas y después no van a haber ríos en los cuales practicarlo. A nivel mundial, la gente todavía no se da cuenta que es un globo flotando en el universo, que es el planeta tierra. Y no tenemos nada más. No tenemos a dónde ir. Y lo estamos haciendo mierda.Así que es triste», dice.

No sabe qué pasará con el proyecto hidroeléctrico. No sabe si seguirá viviendo en San Alfonso, ni tampoco por cuánto tiempo más trabajará en construcción o si se embarcará en un nuevo viaje. Pero tiene claro que seguirá remando.«Como dice mi mamá, yo tengo el alma libre».

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