Un apasionado por las aguas blancas

Pedro Astorga. Foto: Carla Borja

Pedro Astorga vive entre las montañas, al lado de un río, y lejos del estrés de la ciudad. Tiene una pasión: fluir por los ríos. Y este año, el deportista chileno compitió en el campeonato de kayak más extremo de Estados Unidos: The North Fork Championship. Desde el estado de Idaho nos contó sus experiencias y pensamientos.

Pedro Astorga, chileno, 28 años, nació en Santiago de Chile y ha vivido toda su vida en el Cajón del Maipo, en San Alfonso, un pueblo bañado por el río Maipo y protegido por las montañas de la precordillera de los Andes, a una hora de la capital chilena. Su familia tiene allí el centro turístico Cascada de las Ánimas, en donde un puente colgante sobre el  Maipo te lleva a la comunidad donde vive la mayoría de la familia Astorga, conocida por su peculiar estilo de vida y su pasión por la ecología.

Desde pequeño, Pedro se crio con todos sus primos y tíos como vecinos. Se abastecen del agua de las vertientes de la cordillera y muchos de ellos tienen huertos donde cosechan frutas y verduras. “Está lleno de montañas, ríos, bosques. Todo lo que a mí me hace feliz”, cuenta Pedro.

Se hizo conocido en todo Chile en el reality show Pareja Perfecta, al aire en Canal 13 en 2012. Tuvo un gran rendimiento en todas las pruebas físicas y ganó la final junto a su compañera de equipo María Paz Wagner. Luego, a finales de 2014 y durante el primer semestre de 2015, participó en otro reality show, Amor a Prueba, y también lo ganó.

– ¿Qué tal las dos experiencias?

– Para mí no fueron tan terribles igual. Porque vivís con mucha gente loca, pero si uno se mantiene al margen… y yo igual siempre me preocupaba de no avergonzar a mi familia. Porque encuentro que… no sé… en esos programas como que la gente expone tantas cosas y hace cosas tan ridículas que no sé po… como que da un poquito de vergüenza ajena, ¿cachai? No quería que ese sentimiento estuviera en las personas que yo quiero. Entonces siempre traté de no meterme en tonteras, de no hacer estupideces y eso.

– No eras tan buen personaje…

– No era tan buen personaje. No, nunca. Siempre como… pero el hecho de competir bien, de ser un buen deportista como que me mantenía ahí, cachai. Y era como quizás lo que a la gente le gustaba po, de ver a una persona que de verdad era bueno en esas cosas, cachai. Y que no estaba ahí pa puro armar líos y pa gritar y pa armar cahuines, sino que iba a competir no más…

– Y el ganar las dos veces ¿cómo fue?

– Al ganar, bien (…) Como yo vivo en el Cajón del Maipo, vivo alejado de todo, tengo como privacidad, tranquilidad. Igual a mí no me gustan mucho las ciudades, entonces de repente, igual ya no tanto… pero como que al principio me sentía… no me siento tan cómodo como rodeado de tanta gente (…) Como que no me siento tan cómodo, a pesar de que estoy recibiendo buena onda, y quiero transmitirles buena onda también. Porque al final, no sé po, es gente que no te conoce obviamente, pero que te tira buena onda y te tira cariño y eso es lindo.

Pedro estudió publicidad en la Universidad del Desarrollo. No le apasionó el tema, pero siente que le ha servido, ya que le entregó herramientas para el emprendimiento de cerveza artesanal Jauría que comparte con su hermano y un primo: «El hecho de estudiar y de terminar cosas y como de cumplir un ciclo también eso es importante. O sea, entrar a estudiar, terminar, y hacer toda esa cosa, aunque quizás no me dedique a la publicidad en sí, encontraba que era algo que tenía que hacer. Si te proponí algo, tení que terminarlo».

Su pasión actual es el kayak, por lo que rema todos los días el río Maipo. Su primer aparato fue un playboat, un bote pequeño diseñado para practicar piruetas en las olas de los ríos, no para remar largos tramos de aguas turbulentas. Pero Pedro y sus primos bajaban los ríos en esos kayaks: «Difícil. Y bajábamos todos los ríos, fuimos al río Fuy, al Trancura, por el sur»…

Le gusta mucho competir y tuvo otros intereses deportivos: escalar, jugar fútbol y el rafting. De hecho, con su hermano y algunos primos conformaron en 2009 el equipo nacional de rafting y fueron a dos mundiales: en 2011 a Costa Rica donde salieron quintos; y en 2013 a Nueva Zelanda donde quedaron en cuarto lugar.

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Foto: Carla Borja

Pedro comenzó a remar a los 10 años en aguas calmas, como las del río Liucura en Pucón, solo por diversión. Sus tres hermanos mayores, dos mujeres y un hombre, eran kayakistas. A los 13 años su hermano le enseñó el giro, movimiento que permite al kayakista que está sumergido volver a la posición sobre el agua. «Como que uno siempre quiere hacer lo que hacen sus hermanos grandes», comenta.

Con amigos y primos fue aprendiendo y perfeccionando su técnica, hasta que le enseñaron el hand roll, giro que se realiza sin el remo, solo con las manos. «Como que siempre vai queriendo un poquito más. Primero ‘oh, bajamos el Liucura, que entretenido fue’. Después el Trancura Bajo, después el Maipo, el Maipo Bajo, el Maipo Alto y así te empieza a gustar más la cosa y te vai exigiendo más y te vai poniendo más bueno», recuerda.

A los 15 años comenzó a trabajar como kayakista de seguridad en la empresa de rafting familiar. Le pagaban $7.500 por cada bajada y él era feliz con esa plata, porque le hacía sentir un poco independiente: «Era chico. Igual siempre me llevaban primero como a los viajes donde no era tan necesario, pero un poquito buena onda y me pagaban. No me pagaban mucho, pero me pagaban. Entonces a los 15 años como que igual yo tenía mi plata y eso era bacán. Tener un poquito de platita, te comprabai tus cosas, como que en algún sentido erai un poquito más independiente que los otros niños de tu edad».

El kayak es un deporte extremo en el que el ser humano se enfrenta a situaciones imprevistas, a las corrientes del río, los fuertes caudales y las rocas que pueden aparecer en cualquier parte y en inéditas formaciones. El peligro de la actividad depende del nivel del rápido y de las capacidades del kayakista. Pedro no ha estado ajeno a momentos de riesgo y tensión en el río. Y nos lo recuerda.

En diciembre de 2015, como a las tres de la tarde, Pedro se proponía remar la sección alta del Maipo, pero escuchó en las noticias que un pasajero de una empresa de rafting del Cajón del Maipo había desaparecido a eso de las 11 de la mañana. «El río había crecido un montón, estaba muy grande (…) El río estaba gigante», recuerda. Llamó al dueño de la empresa para preguntarle si necesitaba ayuda para buscar al pasajero en el río, y como sí la quería, Pedro llamó a un amigo kayakista para bajar juntos en búsqueda del desaparecido.

En el río existen «hidráulicas». Son especies de hoyos formados por el agua que se devuelve con fuerza como en una lavadora. Los hay de todos los tamaños: algunos más largos, otros más anchos. Si caes en una hidráulica, no puedes salir,  a menos que la propia hidráulica te suelte. Depende del tipo de hoyo, la mayor o menor probabilidad de salir de él. Existen los hoyos perfectos, donde la posibilidad de que te suelte con vida es casi nula.

Bajaron por una sección del río por la que nunca antes habían remado. «Fuimos los dos con mucho cuidado, así. Fuimos buscando el cuerpo a ver si lo encontrábamos. Siempre pensando que en una de esas podía estar vivo, no sé, atrapado en una roca o esperando en medio del río, haciendo señas», recuerda.

Hasta que llegaron a la compuerta de una hidroeléctrica, donde el agua bajaba con fuerza.  Se había formado un hoyo casi perfecto, del ancho de casi todo el río. Y dos hoyos perfectos más a los lados. «Son unos hoyos artificiales y que el agua pasaba por debajo, entonces la vuelta del agua es mucho más larga (…) Estos son hoyos que no tenían salida», relata Pedro.

Al ver las tres hidráulicas enfrente de ellos, pensaron en salirse de sus kayaks y caminar ese tramo por la orilla del río para luego seguir remando. «Y justo ahí llega alguien que estaba con nosotros por tierra, en mi camioneta, y ahí mi amigo le pregunta: ‘¿oye, se puede pasar?’ Y nuestro amigo dice: ‘sí, dale no más por al ladito. Por la derecha. Bien pegadito a la compuerta’. Entonces yo dije: ‘chucha, no (…) no, hueón, caminemos’, y de repente miro para atrás y mi amigo ya estaba yendo. Se tiró. Y yo no lo veo salir»…

En un instante Pedro tenía que tomar la decisión de tirarse por donde lo había hecho su amigo o salir del kayak y caminar ese tramo: «De tonto, decisiones estúpidas no más, porque qué vamos a hacer los dos en el hoyo también. Pero me tiré porque dije, chucha tengo que… tengo que ir. Lo que debería haber hecho es salir y esperar con una cuerda a ver si estaba en el hoyo y tratar de sacarlo. Pero nada, me tire no más».

La fuerza del agua le arrastró al hoyo del centro del río: «Y cuando caigo al hoyo, ¡pum!, el kayak se me levanta». Miró la hidráulica en búsqueda de su compañero, pero no estaba. Instante seguido le encontró parado en una roca. Lo había logrado, había pasado. «Y a mí como se me para de punta el kayak y como que me empieza a volver al hoyo y me agarro a este bloque de piedra y me quedo agarrado tttsss»…

Se mantuvo agarrado a un muro de cemento que le separaba del hoyo perfecto del costado. Intentó escalar el muro, pero antes una ola le empujó al hoyo. Y empezó a girar, todavía dentro de su kayak.

A unos cinco metros su amigo  preparaba la cuerda.

Pedro, que giraba en el hoyo, no vio al compañero cuando le gritó: ¡cuerda!, pero sí le escuchó. Por la periferia de su ojo vio pasar algo y levantó la mano. Agarró la cuerda: «Me empieza a tirar, traté de salir con el kayak y todo, pero no, era imposible. Me saqué el kayak, y me empezó a tirar y ahí me sacó».

Siente que aprendió una lección: «Eso fue una estupidez porque si no hubiera pasado él, nos hubiéramos quedado los dos en el hoyo. No sé qué hubiera pasado. Salir, o sea, muy difícil, probablemente nos hubiéramos ahogado. O yo no hubiera agarrado bien la cuerda, o esa cuerda yo no hubiera tenido la percepción de que pasó por ahí, se hubiera podido agarrar en mí, en el cuello, no sé. Entonces fue todo muy peligroso y tuve mucha suerte. Y nada, también me enseña que de repente hay que no pensar tanto los rápidos, sino ser más precavidos y tener más conciencia de las cosas que pueden pasar».

¿Y cómo pasó tu amigo?

– Pasó, no sé cómo. Porque era muy difícil, era un poquito de suerte quizás. Tuvimos los dos suerte, porque si no hubiera pasado estábamos cagados… Entonces fue un poquito suicida…

Más tarde, aguas abajo, en una isla en medio del río, su amigo encontró el cuerpo del pasajero desaparecido. Penosamente, sin vida.

Llegaron, llamaron a la empresa de rafting y a carabineros. Les mostraron donde estaba el cuerpo, y se fueron.

– ¿Qué sentiste cuando lo encontraron?

– Es una imagen muy fuerte. A mí me da pena pensar en la familia no más. Pero fue bueno encontrar el cuerpo porque eso ayuda… no sé po, si no lo encontrai la familia se queda con algo inconcluso. En una de esas piensan que está vivo todavía, no sé qué habrá pasado. Siempre es bueno tener el cuerpo ahí.

Aparte de gran deportista, es un ecologista convencido y por ello se opone con todas sus fuerzas a la central hidroeléctrica Alto Maipo, que es fuertemente resistida por parte de la población del sector cordillerano y que se construye en la zona. La central planea entubar el 90% del agua de los ríos Yeso, Volcán y Colorado, afluentes del río Maipo, en un túnel de 67 kilómetros de largo y seis a ocho metros de diámetro, para generar, según la empresa, 530 MW de energía. Los grupos opositores al proyecto argumentan que la construcción del túnel, con sus tronaduras, ha destruido glaciares milenarios y nieves eternas, fuentes de agua dulce; que el proyecto utilizará las reservas de agua que abastecen de agua potable al 80% de Santiago; que afectará irreversiblemente uno de los pocos pulmones verdes cercanos a la capital; que la construcción de la hidroeléctrica está contaminando el agua de los ríos con elementos tóxicos, altamente dañinos para la salud, según un estudio del colegio médico regional que aseguró que en 50 años las aguas del río Maipo no podrán ser consumidas. La empresa encargada del proyecto, Aes Gener, negó que la construcción de la central fuera la responsable de los niveles de toxicidad en las aguas. Además, los opositores al proyecto aseguran que el 80% de la energía que la hidroeléctrica generará será destinada a la minera Los Pelambres del grupo Luksic.

Pedro tiene una opinión tajante al respecto: «Creo que es un proyecto muy bizarro, ya que solamente ha sido aceptado por lobby, por intereses, por favores políticos. Entonces un proyecto que funciona así, claramente es porque es un proyecto malo. Es un proyecto que no genera la electricidad que dice que va a generar».

En la cumbre del kayak

Un pequeño pueblo en Idaho, con un restaurant al lado del río y algunas casas en los alrededores fue el sitio escogido para su más reciente aventura. Banks es el anfitrión de la competencia de kayak de aguas blancas más importante de Estados Unidos. En un fin de semana de junio de 2016, alrededor de 2.000 personas llegaron hasta este sector escondido entre las montañas para observar a los mejores kayakistas del mundo competir en un río de gran complejidad. «Lo que pasa con el North Fork es que es un río muy peligroso,  porque está al lado del camino del tren y del camino de la calle. Entonces para hacer esos caminos rompieron muchas rocas y quedaron las rocas muy puntiagudas. Entonces ha muerto mucha gente en este río, por eso mismo, porque se dan vuelta, se pegan con una piedra y cagan, cachai», cuenta Pedro, con quien compartimos las emociones de esta impresionante carrera.

James Byrd y su esposa Regan organizan este campeonato desde hace cinco años. James nos informa que cada año muere algún kayakista en el río. Inclusive a veces dos o tres. Pero hasta el momento no han tenido accidente alguno en las competencias. «Cosas pueden pasar, seguro. Pero el nivel de kayak es increíble. Es buenísimo verlos haciéndolo tan bien y sin tener accidentes, en cinco años. Toco madera», dice James.

102 kayakistas, de once países, se inscribieron este año para participar en el evento. Dos de ellos, chilenos: Pedro Astorga, del Cajón del Maipo, y Jaime Lancaster, de Cochrane. Los diez mejores competidores del año pasado se ganaron un cupo directo para competir este año. Otros quince cupos fueron llenados por kayakistas elegidos por los diez mejores, y cinco espacios quedaron para ser atribuidos a los mejores en la carrera clasificatoria downriver por el río North Fork Payette. Pedro y Jaime peleaban por esos cupos contra más de 70 competidores de todo el mundo.

La dificultad de un río se clasifica en una escala del uno al seis, donde uno corresponde a un río calmo, y seis a un rápido impredecible, peligroso, donde la posibilidad de rescate es casi nula. La sección del río que los chilenos debían remar tenía dos rápidos clase cinco.

El día de la carrera llegó junto con los nervios y las ansias: «Es una competencia que uno tiene que ser muy rápido, no tener ni un error, están los mejores kayakistas del mundo, los más rápidos (…) Me tengo fe a ratos. Como que a ratos digo: sí, lo voy a hacer, y a ratos digo: chucha, está difícil. Es complicado», comentaba Pedro antes de la carrera.

Jaime también estaba nervioso, ansioso y decía que los competidores eran fuertes, pero se tenía fe.

Los cinco kayakistas más rápidos en remar, solos, de uno en uno, contra el tiempo, clasificarían para la carrera de slalom del sábado, en la sección más difícil del río: Jacob’s Ladder, con rápidos grado cinco. Los dos chilenos, junto al argentino Matías López, acordaron grabar sus carreras con sus cámaras gopro para saber y comparar sus tiempos.

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Foto: Carla Borja

Al finalizar la carrera, Pedro no salió muy contento, aseguró haber cometido un error y que se sintió muy cansado. Matías y Jaime prendieron sus gopros para comparar resultados. El argentino había hecho 7 minutos con 17 segundos y el chileno, 7 minutos con 24 segundos. ¿Y Pedro? Olvidó encender su cámara. No sabía sus tiempos, por lo que debía esperar a la noche, cuando en la ciudad de Boise, capital de Idaho, anunciaran a los ganadores de la carrera.

A las 9:30 de la noche, en el Egyptian Theater, 450 personas esperaban los resultados de la carrera clasificatoria. 76 deportistas disputaban los cinco primeros lugares. Uno a uno el presentador fue llamando al quinto, cuarto y tercer lugar. Hasta que llegó al segundo: ¡Matías López! El argentino. Ya solo quedaba un cupo.

«Cuando estaban diciendo los nombres yo estaba tratando de buscar alguna pista. Tenía como la noción de cuál podría haber sido mi tiempo sabiendo el tiempo de Jaime y el de Matías y el de todos los otros. Como que podía esperar algo. Pero en algún momento pensé, ya si el Matías hizo esto, yo quizás lo hice más rápido y sí pude haber salido primero. Pero eso fue… lo pensé muy poco», recuerda Pedro.

«¡Y el primer lugar es para el kayakista más rápido de todos, el chileno Pedro Astorga!», anunció el presentador. «Cuando me nombraron me sentí muy feliz, muy feliz, porque ahí ya había dicho, o sea, ese porcentaje que te estaba contando de ‘sí, en verdad gané’, se había ido por completo. Ya estaba pensando: puta la hueá, cagué, perdí. Otro año que vengo y no puedo clasificar. Y no lo esperaba, me había dado por vencido», cuenta Pedro. La primera vez que el cajonino trató de clasificar quedo séptimo, hace un par de años.

En la carrera clasificatoria, 76 kayakistas disputaban los cinco cupos, pero compitieron 99, incluidos los que ya tenían su espacio reservado para la competencia del sábado. Pedro no solo superó a los 75 deportistas que buscaban el cupo, sino a todos. Fue el más rápido con 7 minutos 6 segundos. El segundo más rápido fue el estadounidense Alec Voorhees con 7 minutos 12 segundos. Seis segundos en una carrera de velocidad es una gran diferencia para el mundo del kayak. Jaime, el otro chileno, quedó en el séptimo lugar, por lo que no clasificó.

«Está la Wild Card que son los cinco que entran, pero compiten todos. Entonces a veces clasifican, pero no les ganan a todos. Entonces por eso como que el animador fue tan simpático conmigo. Porque yo les gané a todos. Entonces igual también me dejó súper contento», comenta Pedro.

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Los kayakistas en la premiación en Jacob’s Ladder. Foto: Carla Borja

¿Entonces ahora eres más conocido que antes en el mundo del kayak?

– O sea, ahora igual como que te saludan más (ríe). Y como que también esperan más de uno. Muchos me decían, oye, puede ser primera vez o de las pocas veces que uno de los clasificados gane la competencia final. Que me digan eso me pone mucha presión y ya como que no sé… me hace sentir bien, pero también chucha, estos hueones creen que soy el mejor del mundo casi… no es así tampoco.

Al día siguiente de la clasificatoria, los 35 primeros, más el grupo que ya estaba clasificado, compitieron en boatercross. Se armaron diez grupos de seis kayakistas cada uno, y los dos primero en llegar y tocar la bandera de la meta clasificaban para la siguiente ronda.

«Con el boatercross, ahí también sentía como harto apoyo, harta confianza en mí para la competencia, lo que me puso un poco nervioso (…) Era como una carrera para mi estilo de kayak, que es harta potencia, harta fuerza, seguir líneas, cachai. Era como para mí esa carrera», cuenta Pedro.

Disputó al comienzo el primer lugar y lo mantuvo durante toda la carrera hasta el final. Pero se pasó unos metros de la bandera de la meta, colocada en una roca a la orilla. Remó río arriba, de vuelta, para llegar a ella. Pero en esos instantes los dos kayakistas, que iban detrás de él, tocaron la bandera, por lo que Pedro quedó eliminado y no pudo pasar a la siguiente ronda. Gran desilusión. «Como que de puro tonto pensé que si me abría harto iba a llegar más rápido a la bandera. Entonces me abrí y nada… tomé el eddy muy abajo y me fui… y de puro tonto perdí la carrera», comenta. Los eddies son las aguas que se encuentran hacia las orillas del río que van en dirección contraria, hacia arriba.

También Jaime Lancaster, que había logrado clasificar para esta prueba, quedó fuera de la siguiente ronda.

«Estaba muy sorprendido de que Pedro haya quedado fuera en las primeras rondas, pero así pasa a veces», comenta Dane Jackson, kayakista estadounidense de 22 años, quien fue el ganador del boatercross.

A un día de la carrera más importante del campeonato: el circuito de slalom en Jacob’s Ladder con rápidos clase cinco, Pedro se sentía tranquilo y feliz de poder participar: «Es la carrera más importante de Estados Unidos y están solamente 30 personas, cachai. De todos los kayakista que hay en el mundo, entonces ya estar… ser parte de ese grupo, ser parte de competir esa carrera es un logro que ya me tiene muy contento. Entonces mañana no más espero hacerlo bien, tener una buena carrera, y pasarlo bien. No estoy esperando ganar porque es muy difícil, es una carrera muy técnica, mucho slalom, pasar esas puertas es muy difícil y yo en slalom tampoco tengo mucha práctica y nunca hago mucho. Yo lo que hago es bajar los ríos. Slalom no es mi fuerte».

Durante el día, luego de competir en boatercross, entrenó para la gran carrera. Hizo el recorrido varias veces y en algunos logró pasar  todas las puertas: «Las puertas estaban súper difíciles, no me salían siempre, no me salían como quería algunas, pero me siento cómodo en el rápido. Que eso es lo importante y lo que rescaté de hoy día. Puedo tirarme sin estar tan asustado de estar remando el río. Es que eso es igual algo súper bueno porque a cualquier kayakista en el mundo le daría susto correr ese rápido. Da un poco de susto (…) Es un rápido muy complejo, muy difícil y con mucha, mucha consecuencia. Un error ahí lo podí pagar muy caro».

«No importa de dónde eres, a qué tipo de agua blanca estás acostumbrado. El North Fork Payette es un río muy diferente, empinado, con mucha agua y rocas. Así que estaba emocionado de ver cómo los kayakistas internacionales lo iban a hacer. Sabía que Pedro era uno de los que había que estar atento. No he podido remar mucho con Pedro, pero sabía qué tipo de kayakista es (…) Dedica mucho tiempo a entrenar. Es generalmente suave en el agua, pero es uno de los competidores más fuertes en cuanto a la potencia con que rema río abajo», comenta Dane Jackson.

Llegó el gran día, pero ciertamente no lo fue para Pedro. No pudo pasar por la segunda puerta y quedó en puesto 27. De todos modos mejoró su participación anterior en la que no logró clasificar. Solo el tiempo dirá si su perseverancia y talento le llevan algún día a conquistar la gloria en las aguas del North Fork Payette.

El ganador fue el kayakista de Tennessee, de 22 años, Dane Jackson, quien comenzó a remar cuando tenía tan solo 2 años de edad y aprendió el giro a los 10 años. Vive 10 meses al año en su van, recorriendo los mejores ríos de EE.UU. Sobre Pedro dijo: «No hay duda que es rápido y gran competidor, eso solo demuestra cuán difícil es el North Fork Championship. Puedes ser uno de los kayakistas más rápidos, pero aún así tienes que pasar por todas las puertas. Quiero ver que vuelva el próximo año y que lo haga ¡increíble!».

Además de North Fork Championship, Pedro compitió este año en Bigfork, Montana, donde quedó tercero, y en Gopro Games en Colorado, donde quedó en puesto 20. Regresará a Chile y seguirá entrenando. Probablemente volverá a North Fork para conseguir un mejor resultado. Pero por el momento solo queda remar, remar y remar…

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