Correr para viajar

Disfrutando del yoga mientras corro. Foto: Rodrigo Moraga - Natphoto

Salir para buscar y conocer nuevos lugares. Disfrutar el correr por Chile y el mundo.

Me fascina viajar,  aunque sea por un fin de semana fuera de Santiago. Me encanta conocer lugares nuevos y vivir experiencias distintas. La idea de que somos muchos y tan diferentes me alucina! Siempre me ha gustado. Plata ahorrada siempre ha sido viajada, desde que pude subirme a un avión, o agarrar el auto y partir, esa ha sido un poco mi filosofía de vida.

Inquieta, ¡siempre! Durante la época escolar era una fanática del baile, inventaba cada uno de los esquemas que se necesitara, aunque fuera para una clase de gimnasia. Luego en la universidad, más allá de un par de meses en natación, y una que otra salida al cerro o trote semanal, mi cercanía al deporte no era mucha.

Fue a los 25 años que empezó este gustito por viajar de manera más outdoor, haciendo caminatas y camping. Empecé a trotar en calle, algo tranquila: ¡10k ya eran casi una maratón! Pero hace 7 años di un vuelco y generé un antes y un después. Me fui a vivir a Patagonia, a las Torres del Paine a trabajar como guía de excursiones y cabalgatas. ¡Mis amigos me dieron 3 meses! ja, ja, ja ¡y estuve 6 años!

Fue aquí donde descubrí un mundo nuevo, el contacto pleno con la naturaleza, lo variada que es la vida y la simplicidad de las formas y modos. Fue aquí donde redescubrí a esa citadina que se pasaba de fiesta en eventos relacionados al mundo del arte (porque aunque usted no lo crea, soy artista visual), siempre sintiéndome algo vacía, en busca de algo que me llenara un poco más, que me hiciera sentido. Y fue en la Patagonia donde me empecé a pulir, y donde sigo encontrándome cada vez que la visito. Sentir ese aire frío y caminar por sus senderos es algo que me apasiona y me llena de vida. En Patagonia, como cuando uno viaja, puedo mirar lo simple y más básico de la vida, no se necesitan adornos, uno simplemente es. Para varios, una manera rara y no muy común de hacerlo; para otros, la mejor forma.

Estuve 6 años entre la Patagonia y Santiago, yendo y viniendo por temporadas, pero ya hace 2 años me instalé de vuelta en la capital (por diferentes motivos), pero no podía ser en algo común, tenía que ser algo que me permitiera escapar de vez en cuando al sur, e idealmente mostrarme otros destinos de este mundo. Y aquí estoy, trabajando como diseñadora de viajes de Latinoamérica para una agencia extranjera, en donde gran parte de mi trabajo es salir a explorar. Pero en una semana normal, de lunes a viernes, al igual que muchos, trabajo sentada frente a un computador… y esto tenía que tener su movimiento diario, sino moriría en el intento.

Partí corriendo porque ya no tenía el sendero en mi día a día como medio de trabajo. Además se suma que tengo hipotiroidismo leve e intolerancia a la insulina, por lo que a la calma del día a día frente al computador, tenía que meterle cardio. Yo escalaba y hacía yoga pero no era suficiente (aún hago el intento de escalar a veces, y yoga semanalmente). El tema de las caídas escalando me empezó a poner muy nerviosa cada vez que estaba colgada. Por otro lado, me fascina la montaña pero sólo la puedo disfrutar los fines de semana y para una excursión más larga, había que pedir días, por lo que volví a trotar, pero esta vez decidí que tenía que lograr mezclar ese sendero y la naturaleza que tanto me gusta con el deporte, que sabía me costaría. Y fue así, hace 2 años que en mis tiempos libres, mi vida empezó a llenarse de trail running, y ahora cuando me preguntan qué más hago, mi respuesta es: «Corro, corro en cerro».

Para mí no fue fácil, me lo quise tomar en serio, por lo que partí con 4 entrenamientos semanales, con control nutricional (para que me dijeran que tenía que bajar por cantidad de kilos y porcentaje de grasas que en mi vida había bajado, fue fuerte).Luego, olvídate de un viernes salir a carretear, el sábado te toca un largo (por lo menos 3 horas). ¿Y en la semana? Tampoco mucho, entreno en las mañanas algunos días, por lo que me acuesto temprano el día antes, y otros días corro en las tardes, por lo que llego tarde a cualquier comida. Es un cambio de vida y un switch que, a pesar de que uno diga, es un pasatiempo —porque para mí lo es, esto es puro disfrute—, la verdad es que es un estilo de vida,  y debo reconocer que me costó, pero me fascina.

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Rodrigo Moraga – Natphoto

A veces cuando voy en un sendero, cansada y calculando cuán atrás voy del que me sigue adelante —porque soy lenta y esta escena es muy común en mis entrenamientos y carreras—, me cuestiono entera de por qué hago esto. Quién me mandó a levantarme a las 07:00 un sábado para ir a correr al cerro. Pero es increíble como en menos de 2 segundos, me auto respondo sola ya que basta con levantar los ojos y mirar a mi alrededor. Por eso elegí el trail running por sobre el montañismo y la escalada, porque me pongo mis zapatillas, manejo 20 minutos y estoy corriendo por senderos preciosos, viendo cóndores, águilas y llenándome de aire puro.

Y eso es lo que más me gusta de correr en el cerro: el paisaje, el contacto que se tiene con la naturaleza, la sensación de libertad que se siente a veces es simplemente perfecta.

Me gusta correr porque me conecto, es corriendo cuando se me ocurren ideas, cuando siento que armo y desarmo mi vida. Es cuando me vinculo con la naturaleza cuando me siento viva, cuando el desafío de probar que puedo me llena el alma, cuando llego al punto final o cruzo esa meta…¡Oh! Que sensación más satisfactoria y de felicidad que se siente al cruzar la línea final, placer culpable 100%. Dan ganas de llorar y reírse a la vez.

Muchos creen que correr hace bolsa al cuerpo, pero es todo lo contrario. Con un buen entrenamiento y nutrición puedes lograr vivir hasta 5 años más (está comprobado).

Partí con mucho cuidado porque tengo dos hernias y una discopatía que me dejaron botada en sederos muchas veces. Los desinflamatorios eran mis mejores amigos, pero a pesar de eso ponerme la mochila cuando guiaba a veces, llegaba a ser un suplicio. Empecé tratándome con yoga iyengar, y fue increíble como empezó a irse el dolor. Luego, cuando decidí que volvería a correr, mucho me dijeron que no podría correr más de 10k, pero mi cuerpo simplemente se acostumbró y ahora siempre lo necesita, y lo agradece, porque cuando no lo hago me lo hace saber y todo me duele. Y si, obvio que hay días en que no quiero correr, quedarme leyendo o viendo una película me llama mucho más. A veces cuesta un mundo salir, pero una vez en el sendero vuelvo a sentir esa libertad, esa energía y me alegro de haberme puesto las zapatillas.

Volviendo al punto inicial, como me gusta viajar, las carreras son elegidas con pinza y como una gran excusa para escapar de la ciudad —que a ratos me ahoga— ya que tomarme unos días fuera para ir por un nuevo descubrimiento es siempre un deleite. Y fue en busca de una nueva aventura como llegué a mi próximo gran desafío. Buscando alguna carrera fuera de Chile, que me permitiera conocer otras montañas y bosques, recorrer otros senderos y aprovechar de turistear. Conversando con amigos la invitación a la TransRockies Run me tocó la puerta, y no fui capaz de rechazarla, sobre todo después de lo bien que lo pasé y disfruté en Zolkan 4 Days 2016 (que fue mi primera carrera de etapas).

La GU Run3 es la primera parte de 3 dias de la gran y conocida TransRockies Run que se hace en 6. Estas cruzan las Rockie Mountains en Denver, Colorado, Estados Unidos. Comienza en Buena Vista y termina en Camp Hale, por ende, los que corren 6 etapas siguen 3 días más, luego de pasar por este lugar que será mi punto de meta. Lo increíble que tiene es que pasa por distintos parques, pueblitos, lagos y valles transformándose en un evento regional. Las 3 etapas son duras, ya que tienen entre 20 y 40 kilómetros diarios (total de 95 kilómetros) y un promedio total de ascenso de 2.600 metros.

Llevo preparándome aproximadamente unos 4 meses, entre los cuales estuve enferma en cama post los 50s de Ultra Fiord, y tuve que partir por trabajo a México en donde tiempo libre que tenía, salía a correr o a hacer alguna rutina en el gimnasio para no dejar totalmente de lado el entrenamiento por tantos días. Debo reconocer que estoy súper nerviosa ya que será mi primera experiencia de carrera fuera de Chile, en etapas y sola. Me atemoriza un poco el que no voy a conocer a nadie, pero siempre hay una primera vez y seguro todo saldrá increíble. Para los días previos cuento con el apoyo de una amiga que me acompañará hasta la partida y estará esperándome luego en la meta (se agradecerá montones).

«¿Por qué correr fuera de Chile? Porque me interesa saber cómo lo hacen en otros países, cuál es el ambiente, cómo se vive el trail running afuera, pero sobre todo, aprovechar de vivir una experiencia de viaje a través de algo que tanto me gusta hacer».

De la carrera en sí, tengo la convicción de que terminaré cada etapa, tranquila y sintiéndome bien, habiendo disfrutado esos kilómetros y aprovechado de mirar cada río, valle y paisaje alucinante que se me cruce. Espero poder dejar bien puesto el nombre de Chile, y sobre todo, el de las mujeres ya que son pocas las que la corren solas.

¿Por qué correr fuera de Chile? Porque me interesa saber cómo lo hacen en otros países, cuál es el ambiente, cómo se vive el trail running afuera, pero sobre todo, aprovechar de vivir una experiencia de viaje a través de algo que tanto me gusta hacer. Esta mezcla me parece totalmente genial.

Como siempre digo, yo participo en carreras, no compito, porque conozco mis limitaciones y sé que si algún día termino parada sobre un podio (que igual lo sueño), estaré tan asombrada como muchos de mis amigos, porque para mí el trail running es un estilo de vida, es una forma y un modo, es un disfrute del deporte en una paisaje insólitamente lindo, y las carreras son una ocasión para seguir disfrutando. El trail running es una aventura en sí, es una forma de estar siempre en forma y en contacto con la naturaleza, ¡qué mejor!

Y como leí por ahí una vez: «Corro porque es una herramienta que me permite conocer lugares que no hubiera imaginado, lugares que a la distancia son inalcanzables pero con el tiempo y la práctica se vuelven tu patio de juegos» Matías Bull.

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