Descarga de Carbohidratos

Fotos: Randi Berez

Uno de los nombres más grandes del fitness ha predicado durante años que una combinación neo paleolítica de proteínas y grasas es lo máximo en dietas de rendimiento. Últimamente, les ha dicho a sus seguidores que incluso pueden relajarse un poco en las pautas dietéticas —mientras salgan afuera a ejercitar más. ¿Puede ser realmente tan simple?

Pregunten a un grupo de maratonistas por qué corren, y luego cuenten cuántos de ellos dicen, medio en serio, «para poder comer todo lo que quiera». La lista de los deseos por lo general incluye alimentos pesados en carbohidratos, como pastas, frutas, queso, panqueques y  cereales. Durante décadas, el valor de los carbohidratos para mejorar el rendimiento y prevenir golpes ha ido resonando en las cabezas de los corredores, ciclistas y triatletas a través de doctores y profesionales del deporte y rendimiento como Ed Burke, Tim Noakes y Ed Coyle.

De la forma en que lo enmarcan estos expertos, los corredores de altos kilometrajes no estaban comiendo suficientes azúcares y almidones, sin importar cuánto lo hubieran intentado. Cada vez que se presentaba una nueva dieta que se oponía a esta idea básica de recarga en carbohidratos, como la famosa dieta paleo lo hizo unos años atrás, los corredores tendían a bostezar y a hacer un tercer viaje a la pizzería. La dieta paleo era especialmente fácil de ignorar, dadas sus restricciones: nada de pasta, legumbres, pan, ni productos lácteos. Nada de cerveza.

A través de las manías de las dietas como la Zone, la Atkins y la paleolítica, yo también me pegué a los carbohidratos, tragando bebidas deportivas diariamente. En los puestos de auxilio de los Ironman, pude dar con barras energéticas, con Gatorade y Coca Cola. Durante un tiempo en que me perdía en bolsitas de galletitas Chips Ahoy varias veces al día, pesaba 72 kilos y podía correr un maratón en 2:38. Mi creencia estaba en sintonía con otros corredores raros: solo hay que quemar los alimentos.

Quizás el primero en romper ideas con esta forma de pensar fue Mark Sisson, quien alguna vez fue un maratonista de 2:18 y un triatlonista Ironman de élite. Sisson dice que la doctrina de altos carbohidratos es desastrosamente incorrecta, para los corredores y para el resto. Durante la última década, él ha estado usando su popular blog, Mark’s Daily Apple (La Manzana Diaria de Mark) para advertir a la gente que ese tipo de dieta, tarde o temprano, te robará la salud. Sisson cree que la carga regular de carbohidratos interrumpe el equilibrio hormonal del cuerpo, llevándolo a una inflamación crónica, resistencia a la insulina e incluso a intestinos porosos y permeables, con pérdidas de nutrientes. Estas son complicaciones que uno no podrá sanar corriendo más lejos.

Sisson tenía 28 cuando su salud se derrumbó, a pesar de sus 30 horas semanales de ejercicio físico. Ahora tiene 62 años. En vez de carreras de distancia y paseos en bicicleta, su rutina semanal consiste en un par de viajes al gimnasio para entrenamientos que pueden durar tan poco como 15 minutos, un juego de Frisbee con veinteañeros, y tal vez una larga caminata por los senderos del Zuma Canyon, cerca de su casa en las colinas de Malibú, California.

«A veces pienso en ir a correr como solía hacer antes», dice él, «pero me doy media cuadra antes de pensar, ¿cuál es el objetivo?». Y sin embargo, el nivel de grasa corporal de Sisson, alrededor del 10 por ciento, es más o menos el mismo que cuando era un atleta joven. Su secreto, dice él, es que come una dieta compuesta principalmente por animales y verduras, libre de cereales y granos, relativamente alta en grasa y baja en carbohidratos. De alguna manera, esto ha reestructurado sus células para hacerlas súper eficientes en la quema de grasa.   

Actualmente, Sisson se gana muy bien la vida vendiendo un estilo de vida cavernícola modificado a los aficionados al fitness, definida por diez leyes «primitivas» que incluyen: «Muévete mucho a ritmo lento», «Duerme mucho», «Juega». Mark´s Daily Apple tiene dos millones de visitas al mes, y Sisson ha vendido más de 400.000 copias de su libro The Primal Blueprint. Aunque su cabello ondulado ha cambiado de rubio surfista a gris, Sisson luce tan saludable hoy —tal vez más— que cuando apareció en la cubierta de Runner´s World (El mundo del corredor) en 1986.

Comencé a investigar el blog de Sisson a principios del año pasado. Yo venía frustrado por una lesión crónica en el tendón de Aquiles en mi pierna izquierda, y me había mudado del área de la Bahía a Boston, en donde las ventiscas limitaban mi entrenamiento a caminatas ocasionales alrededor de la manzana con mi mujer, nuestro pequeño hijo y nuestro perro. Esto, junto con un poco de entrenamiento en un gimnasio de CrossFit excesivamente caro me llevó a una depresión. El televisor y la cerveza Dogfish Head IPA se convirtieron en contramedidas atractivas, y las consecuencias pronto llegaron cuantiosamente. En mi chequeo anual, pisé la balanza y observé el marcador arriba de los 90 kilos. Mi índice de masa corporal era de un 27% aproximadamente.

Sisson llamó mi atención en una publicación que escribió en un viejo blog, en donde precisaba mi excusa para no ejercitarme —el gasto. Él promocionó un «entrenamiento de prisión» que no requería “equipamiento especial, trucos, ornamentos de los comerciales que televisan en la tarde noche, ni membrecías en gimnasios”. Todo lo que se necesitaba era un espacio del tamaño de una habitación de una prisión y la voluntad de trabajar duro. «Eres tú contra todos los demás en la prisión, así que mejor ponerse en forma», ladró Sisson.

La rutina básica implicaba muchas series de burpees. En la década de 1940, un fisiólogo llamado Royal Burpee inventó este ejercicio que abarca todo el cuerpo, el cual era utilizado para evaluar a los reclutas del Ejército de los Estados Unidos. Desde una posición vertical, se cae hasta llegar a cuclillas, luego se empujan las piernas hacia atrás de manera que se llega al piso en posición push-up (lagartija); se hace el push-up y luego se salta hacia adelante hasta la posición vertical y se mantiene parado en la cuenta de uno. Luego se hace todo otra vez, y otra vez, aumentando la fatiga rápidamente a medida que se continúa ejercitando.

Aparte de los regímenes de ejercicios simples, la principal venta de Sisson fue su adhesión a la dieta paleolítica, que parte de la creencia de que los humanos modernos seríamos mucho más saludables si comiéramos como lo hicieron nuestros ancestros miles de años atrás, antes de que la agricultura nos diera el trigo, los granos y, más recientemente, alimentos envasados hechos con aceites vegetales y jarabe de maíz de alta fructuosa. La defensa de Sisson de la dieta paleo me hizo reacio a aceptar la sugerencia. Yo había hablado antes con algunos que hacen Crossfit en el gimnasio y que siguen la dieta paleo, y ellos hablaban horas y horas de la cantidad de tocino que comían. Pero la de Sisson no era así.

Él tiene sus críticos, aquellos que dicen que este estilo de nutrición es infundado. Un artículo de 2013 en la revista Scientific American, “Why the Paleo Diet Is Half-Baked” (Por qué la Dieta Paleo está mal concebida) atacó a Sisson y al arquetipo que él creó en su escritura: “Grok”, un cazador recolector que vivió hace 10.000 años en el Valle Central de California. El artículo, del destacado periodista científico Feris Jabr, afirmó que Sisson y sus semejantes se equivocaban en afirmar que la evolución humana no ha sido capaz de estar al día con los cambios de los alimentos que consumimos. «Grok no nos puede enseñar cómo vivir o qué comer», escribió Jabr. «Él nunca existió. Vivir de la tierra o restringirse a los alimentos disponibles antes de que la agricultura y la industria aparecieran no nos garantiza buena salud».

Aún así, me sentí atraído por las ideas de Sisson. Él había sido corredor —y uno bueno. Dejó de competir después de caerle encima una osteoartritis, una serie de infecciones respiratorias y el síndrome del intestino irritable. Al parecer, él había revertido sus problemas, y llegó a la conclusión de que la dieta y el “cardio crónico” —cantidades obsesivas de ejercicios cardiovasculares— eran los responsables.

En Marzo del 2015, hablé con Sisson por teléfono y le pregunté cómo podía usar su dieta Primal Blueprint  para volver a estar en forma. «La composición corporal es el 80 por ciento del resultado de la dieta», me dijo. «Lo primero que hará por ti, T.J, es deshacerse de esa mochila de nueve kilos que llevas puesta».

Si me unía a una dieta baja en carbohidratos por 21 días, comenzaría a transformarme de ser un quemador de azúcares a una bestia que quema grasas, según sus palabras. Esto lleva al por qué de la dieta paleo: si el genoma humano ha cambiado poco en los últimos 10.000 años, entonces tenemos genes de cazadores-recolectores codificados dentro de nosotros. Según Sisson, la privación de carbohidratos cambiaría mis genes hacia el modo de supervivencia de las cavernas quemando grasas. Luego de esta “fase de adaptación de la grasa”, debería experimentar con ayunos intermitentes. «Una vez estés adaptado a la grasa, ya no te encadenas al hambre», dijo. No es gran cosa saltear comidas cuando tu hígado está descomponiendo la grasa eficientemente en energía utilizable, incluyendo cetonas, que tu cerebro puede utilizar cuando los niveles de glucosa están bajos.

Las cetonas sonaban como algo sacado de la película Dune, y las células de reingeniería parecían algo de Philip K. Dick. Pero todo lo que Sisson me dijo parecía ser respaldado por investigaciones. Por extraño que parezca, resultó ser que el científico de deportes más influyente en el mundo de la resistencia, Tim Noakes —médico, profesor emérito en South Africa’s University de Ciudad de Cabo y autor del libro The Lore of Running (La Sabiduría de Correr)— se había convertido en un defensor de la dieta baja en carbohidratos. Después de hablar con Sisson, me conecté por Skype con Noakes, y él me confirmó su cambio de opinión.

«Durante 30 años fui parte del problema», dijo Noakes. Luego, después de fracasar en controlar su peso corriendo, adoptó la dieta baja en carbohidratos y perdió 10 kilos en ocho semanas. Puso su Diabetes Tipo 2 en remisión. Desde entonces ha estado en pie de guerra con la dieta, a pesar de las llamadas de sus colegas que opinan que él está promoviendo un estilo de vida que causará enfermedades cardiovasculares.

Una de las razones por las cuales a los atletas de resistencia les gusta hacer entrenamientos de dos horas o más es para mejorar la eficiencia en quemar grasa corporal. La idea es pasar suficiente tiempo haciendo ejercicio a baja intensidad, y así se quema a través de reservas de glucógeno muscular y cambian a la quema de grasa. Pero Sisson  —así como Noakes—sostienen que la restricción de carbohidratos es una trayectoria superior.

Los defensores de la dieta Paleo apuntan al ultra corredor Tim Olson como evidencia de que se puede lograr un rendimiento de élite con una dieta baja en carbohidratos y alta en grasa. Olson rompió la barrera de 15 horas en 2012 en la prestigiosa carrera de las 100 millas Endurance Run de los Estados Occidentales (161 km) —el primero en hacerlo y quien aún mantiene el record— luego de adoptar una dieta rica en grasas, carente de azúcar, cereales y trigo. En carreras largas de entrenamiento, él no lleva encima ningún alimento o botellas. «Si tengo sed» dice, «beberé de un arroyo».

Sisson sugirió que le diera una llamada a Sami Inkinen si necesitaba convencerme más. Inkinen es el cofundador de Trulia, la red inmobiliaria virtual, y un triatlonista lo suficientemente bueno como para haber ganado en su categoría grandes carreras como el triatlón Wildflower. Él solía seguir la dieta estándar alta en carbohidratos. «Algunas veces me golpeé en una carrera», me dijo. «Yo siempre andaba algo enfermo, siempre un poco dolorido. Pensé que era algo normal».

Sus análisis de sangre demostraron que era pre-diabético. Preocupado, comenzó a experimentar con cambios en su alimentación, y se mantuvo atento a sus niveles de glucosa en sangre.  Observó la investigación de Steve Phinney y Jeff Volek, ambos Doctores en Filosofía, que se han centrado en utilizar una dieta alta en grasa y baja en carbohidratos para incrementar la capacidad de quema de grasa en atletas de resistencia. Simplemente cambiando la ingesta de carbohidratos y grasas, dice Inkinen, se convirtió en un mejor quemador de grasas. Para demostrar lo que ganó, remó 4.426 kilómetros en un kayak con su novia, desde la costa de California hasta Hawái, viviendo durante seis semanas bajo una dieta con un contenido de carbohidratos de entre 6 y 8 por ciento.

«Lo más sorprendente para mí fue que después de estar tres meses arriba de un bote gané una carrera de motos de 167 kilómetros, que tenía mucha escalada difícil», dijo Inkinen. «Y yo no soy buen escalador. La dieta rica en grasas es como una droga que mejora el rendimiento».

En abril, crucé una pasarela sobre el Río Colorado en el centro de Austin, Texas, en mi camino a la conferencia anual PaleoFX, en donde Sisson concertaba. Sonreí ante el hecho de que esta reunión de líderes expertos en vida ancestral se llevaba a cabo en el Palmer Events Center, un cuadrángulo brillante con curvas hiperbólicas y paneles solares; parecía una nave espacial encallada.

La dieta paleo se atribuye en gran parte a Loren Cordain, un científico del ejercicio y profesor emérito en el estado de Colorado. Cordain basó su trabajo en un artículo del semanario New England Journal of Medicine de la década de 1980 llamado “Nutrición Paleolítica”. Su esperanza era que los principios nutricionales de la Era de Piedra pudieran revertir la epidemia de la obesidad que, de acuerdo a las estimaciones de los actuales Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, afecta hoy en día a más de 78 millones de estadounidenses.

Me llevó solo unos pocos minutos merodear alrededor de PaleoFX para recordar cuánto se ha expandido el movimiento, de ser una dieta de culto a una industria de un estilo de vida. Lo primero que llamó mi atención fue una pareja vestida como los Los Picapiedras. Agité mis brazos entre una multitud atolondrada para echar un vistazo por encima de los hombros a los productos que se venden en las casetas. Podía comprar cosas como un café del hombre de las cavernas, un probiótico MegaSpore, y barras de proteínas hechas con grillos. Vi un stand de odolontología paleo y una compañía de productos probióticos para la piel que usaban el eslogan: Las bacterias son el New Black (*be the New Black: lo actual, lo último). La idea aquí era que nuestra piel alberga trillones de microorganismos. Debido a la duchas diarias y a la constante higienización de nuestras manos, no tenemos todos los microbios que necesitamos para una piel y cabello saludables, por lo tanto es necesario volver a frotarlos de vuelta al cuerpo. En un stand, un producto Mother Dirt se vendía por 49 dólares.

Me reuní con Sisson justo antes de que siguiera a una charla. Estaba vestido informalmente de Banana Republic con jeans sueltos, una polera de algodón y un bonito reloj en su bronceado brazo izquierdo. Tenía el cuerpo de un jugador de fútbol, con una cintura que estimé sería de 76 centímetros. En un momento ligeramente surrealista, su rostro apareció en una pantalla gigante sobre un escenario adyacente al espacio de exposición, mientras yo hablaba con el rostro real. En la pantalla, él saboreaba mordiendo un envoltorio hecho de una mayonesa de aceite de palta que él vende. La voz en off era su voz, y yo vería este comercial unas 20 veces durante un par de días más tarde.

La conferencia fue una de las pocas oportunidades que los seguidores de Sisson tuvieron de verlo en persona. Estaban aquí en grupos, usando camisetas con una ilustración del legendario Grok agarrando una lanza con un brazo extendido mientras hacía un salto Nijinsky, y debajo estas palabras estampadas en negro: VIVE MUCHO. CAE MUERTO. Una línea improvisada se formó frente a Sisson antes de que tomara el escenario. Aceptó graciosamente la gratitud de la gente y escuchó sus experiencias, historias de cómo habían perdido 45 kilos, o de la celiaquía que alguno había logrado llevar a remisión.

En el escenario, una enorme imagen llenaba la pantalla: era el hijo de Sisson, Kyle, que se elevaba a través del agua del mar para agarrar un Frisbee por encima de las olas. VIVE GENIAL, se leía en la diapositiva. (Sisson y su mujer, Carrie, llevan 25 años casados y también tienen una hija, Devyn). La mayoría de las fotos que había visto relacionadas con su libro Primal Blueprint eran de Sisson solo. Su blog está inundada de ellas: Sisson jugando al Frisbee moderno; Sisson sin camisa y presumiendo un escultural dorso, haciendo ejercicios de barra fija bajo un muelle; Sisson sonriendo, con los brazos extendidos, cruzando una cuerda lineal entre dos árboles de su jardín trasero en Malibú. Si te estás preguntando si Sisson podría tener un tema con su ego, él no lo discutirá. «Soy vanidoso», confesó en su blog en 2010. «Quiero lucir bien sin ropa».

En su charla, la misión de Sisson fue algo diferente. Todos los asistentes eran creyentes, entonces no había necesidad de venderles el propio evangelio. Más bien, su discurso de apertura fue para controlar a los extremistas.

«Toma decisiones que permitan disfrutar tu vida», dice Sisson.

«Toma decisiones que permitan disfrutar tu vida», dice Sisson.

«Adoptamos tanto el movimiento que casi nos volvimos militantes al respecto», dijo, caminando de un lado a otro en el escenario, marcando las maneras en que algunos fanáticos del paleo habían ido demasiado lejos. «Nos convertimos en seres molestos con quienes salir a comer».

Sisson enfatizó la flexibilidad y la perspectiva. Si decides ayunar cada vez que no encuentras la comida “salvaje, alimentada con hierba, cazada y criada en pastizal” que quieres, entonces no estás comprendiendo. Lo importante, dijo, es disfrutar de la vida, gozar de buena salud y buena alimentación; no adherirse a las regla a cualquier costo. ¿Estás en la fiesta de cumpleaños de un niño y alguien te ofrece una porción de pastel? Cómelo.   

«Dejamos de divertirnos», dijo Sisson. «Nos apegamos mucho a los números». Demasiados análisis de sangre, demasiadas estrategias utilizables, demasiada información. «Estamos empezando a ver qué sucede si tomamos el dogma y lo empujamos demasiado lejos». Los obsesivos de la dieta paleo incluso se volvían enfermos, por no decir miserables. Sisson sugirió una alternativa: en lugar de juzgar la calidad de sus vidas por el grado en que obedecen a una doctrina arbitraria, es mejor mantenerse libres y ver con qué salen. «Hagan elecciones que les permitan disfrutar de sus vidas», dijo Sisson. «Háganlo».

De regreso en casa, cargado de información e inspiración, me concentré en lo elemental. El Primal Blueprint comienza con la comida, pero se expande hacia otras dimensiones de la vida de Grok, como las diferentes formas en que él hacía ejercicio. (Caminar distancias largas, levantar objetos pesados, ocasionalmente correr carreras cortas escapando de los tigres). Aconseja mucho descanso y luz solar, y evitar cosas que sean venenosas o de lo contrario te pueden matar.

Me involucré con la comida, cargando mi cocina con verduras, carne de vaca alimentada con pasto, aceite de oliva, bayas y mantequilla. (A diferencia de muchos paleos, Sisson no es automáticamente anti lácteos). Mi lesión por correr se estaba curando, pero aún estaba gordo, así que probé mi versión del entrenamiento en prisión. Me uní a un gimnasio deprimente y deshecho, el Blast Fitness de Medford, en las afueras de Boston. El lugar olía dudoso y la música era mala, pero costaba sólo 10 dólares por mes.

Según consejo de Sisson, me hice una prueba para establecer números como base: un máximo de flexo-extensiones de brazos en barra (una buena medida de fuerza) y un máximo de burpees (resistencia). Llegué a cinco flexo-extensiones, que no estaba mal, pero la prueba de burpees fue horrible. Puse un cronómetro en cuenta regresiva por 15 minutos y comencé. En poco tiempo sentí que iba a vomitar. Sólo pude hacer 50.

El blog Mark’s Daily Apple está lleno de estrategias de nutrición, recetas, consejos, gacetillas y suplementos. Era abrumador. Amplié lo que Sisson dice que hace a la diferencia más grande: carbohidratos. Todos los días comía tantas calorías como quería, con aderezo de aceite de oliva, nueces de macadamia y palta, que proporcionan muchas grasas. Pero traté de consumir no más de 100 gramos de carbohidratos  —en el mundo de Sisson, este es el secreto básico para perder grasa corporal y peso, con o sin ejercicio.

La dieta no fue especialmente difícil. Comía carne, pescado, verduras y bayas, y evitaba comidas altas en carbohidratos como pasta, pan y judías (no más cervezas Dogfish Head IPA para mí, por desgracia). El plan de Sisson permite también cierta flexibilidad. Con un feliz gesto de desdén, él pone crema y una cucharadita de azúcar a su café todas las mañanas. Por las noches disfruté de vino tinto y chocolate negro. Sólo estuve atento en el recuento total de carbohidratos.

Lo único molesto del Primal Blueprint fue el diluvio de ofertas de marketing que comenzó a inundar mi bandeja de entrada una vez que la empresa de Sisson supo que yo existía. Me detuve en una ganga que sonaba demasiado buena para ser real: un valor de 1.033,97 dólares en libros, mencionados como “el paquete del peso corporal”, por solo 37 dólares. Todo lo que yo quería realmente quería era Amazing Feets, el libro de Sisson sobre cómo cambiar a un estilo de vida dominado por los pies descalzos. Pero caramba, ¡qué oferta!

Resultó ser demasiado bueno para ser real. Pagué, recibí un montón de archivos por correo electrónico y descubrí que ¡no podía siquiera encontrar el Amazing Feets!,  que se enterró en la carpeta en alguna parte. Uno de los llamados “libros” tenía solo siete páginas.

Así que… sí, eso fue molesto. ¿Pero el programa de ingesta baja en carbohidratos? Eso empezó a funcionar de inmediato. Mi peso chisporroteó disminuyendo.

En Mayo, un viaje laboral me llevó a California del Sur, y me presenté a Sisson en su casa sobre los acantilados, en Malibú. Pasé un Maserati negro brillante en el camino hacia su puerta, rodeé una fuente y pasé de largo media docena de palmeras en el patio delantero. Sisson me saludó sonriendo y me pidió que pasara. Había un piano de cola en el vestíbulo (la lista de pendientes de Sisson incluye aprender a tocar lo suficientemente bien para ganar propinas en un salón-bar).  Apenas después de pasar el piano estaba su oficina. Pude ver un escritorio de pie y un computador.

Nos dirigimos al patio trasero pasando por su cocina, recién remodelada con mármol blanco. En el otro extremo de la isla central, Sisson había instalado cajones refrigerados, algo que nunca supe que existieran. En la base misma de la isla había una estantería repleta de libros de cocina paleo. «Yo no cocino», me confesó Sisson. «Uso los libros para señalar a la ama de llaves qué deseo comer y ella lo prepara».

El patio tenía una piscina, un hidromasaje y una chimenea llena de cristales sólidos de vidrio. Había una vista al cañón. Caminé cerca del borde y pude ver lo que parecía un rancho ecuestre. «Laird Hamilton vive justo allí», dijo Sisson, señalando.

Le pregunté a Sisson sobre su trayectoria hacia la tierra soñada de Malibú. Abrió una vieja carpeta llena de recortes amarillentos con sus días de gloria como atleta y corredor, comenzado a finales de los años 70. Sisson era selecto en una era en que Estados Unidos rebalsaba de maratonistas sub -2:20 —la edad de oro de Bill Rodgers y Alberto Salazar. En 1980, Sisson terminó quinto en el U.S. National Marathon Championships (Campeonato Nacional de Maratón de los Estados Unidos). En 1982, terminó cuarto en el Ironman de Hawái. Entonces los altos kilometrajes llegaron a alcanzarlo a él.

Sisson fue un emprendedor en serie desde el comienzo. Después de una temporada pintando casas para ganarse la vida, comenzó a ganar dinero como entrenador, usando su credibilidad en el Ironman para cobrar 100 dólares la hora por sus servicios. Se apuntó a los organismos gubernamentales de triatlón, sirviendo durante 15 años como presidente de antidopaje de la Unión Internacional de Triatlón, en un tiempo en que el triatlón había logrado entrar en los Juegos Olímpicos. El hecho de observar a jóvenes triatlonistas maltratar su salud en búsqueda de conquistar el oro olímpico llevó a Sisson al negocio de vender suplementos antioxidantes. Comenzó con su blog Mark’s Daily Apple en Octubre de 2006, llegando a obtener con el tiempo muchos seguidores virtuales. En 2009, autopublicó su libro The Primal Blueprint. También ha publicado una línea de libros de cocina.

Más tarde ese día, zumbamos por la autopista 1 en su Maserati. Sisson condujo hacia una entrada privada en la playa, y luego bajamos unos escalones de madera hacia la arena blanca de Paradise Cove. Nos dirigimos hacia el norte, llegando al lugar donde Charlton Heston cae de rodillas en la versión original de El Planeta de los Simios.

Caminamos lentamente a lo largo bajo el sol brillante, con una brisa ligera y salada, los acantilados rocosos a nuestra derecha y el Pacífico azul verde a nuestra izquierda. Iba pensando en una publicación que había leído en LetsRun.com, en donde una discusión se iluminó bajo el siguiente tema: ¿él es realmente un atleta legítimo?

Un corresponsal que usa el pseudónimo Whirled Pees bordeó la pregunta y atacó directamente a Sisson: «Está en el negocio de venderte sus ideas, así que comprarás sus productos, de este modo él aumenta sus ingresos», escribió. «Hace veinte años, cuando él era pobre y sólo era bueno para correr, probablemente fue a un seminario de Tony Robbins… y el resto es historia».

Hay un punto en ese sarcasmo: ¿En quién se supone que debemos confiar? Por un lado, Sisson está ofreciendo todo tipo de consejos en su blog, pero cómo no observar que muchos de ellos están directamente ligados a lo que él vende. Caminando por la playa, Sisson me habló de una nueva cadena de restaurantes en la que está trabajando y de varias inversiones angelicales en las que está inmerso dentro del universo paleo. Si el mundo paleo no se desvanece lentamente, como Atkins y Zone, entonces Sisson puede ser la razón.

Uno ciertamente puede conectar los puntos y perseguir el dinero —el evangelismo de Sisson a favor del paleo podría prolongarse e incluso podría crecer el movimiento, incrementando los beneficios. Pero si lo que él dice de verdad funciona, ¿qué tiene de malo?

Hablé de esto con un amigo Doctor en Medicina, Leon Chang, un anestesiólogo que cree en la dieta de Sisson. «No aprendí absolutamente nada de nutrición en la escuela de medicina», me dijo. «Uno tiene que hacer su investigación y considerar las fuentes, sean estas de un médico o no. Y asegurarse de que demuestren sus palabras con hechos. Sisson verifica».

«Una vez estés adaptado a la grasa, ya no te encadenas al hambre», dijo Sisson.

«Una vez estés adaptado a la grasa, ya no te encadenas al hambre», dijo Sisson.

Mis resultados estaban siendo ciertamente comprobados. A las tres de la mañana siguiente conduje hasta San Diego. Un amigo mío había decidido no correr en el Maratón Rock ’n’ Roll y me dio su número. El único «entrenamiento» que había hecho era la restricción en carbohidratos, seguir el estilo del Primal Blueprint, junto con mis intensos ejercicios y un par de carreras para chequear mi talón de Aquiles. Mi peso se redujo a 85 kilos.

Ese día corrí despacio, al final del grupo, pero sumé un punto al no tomar Gatorade ni comer gelatinas en toda la carrera. Si no hubiera podido progresar con el Primal Blueprint, seguramente me hubiera dado un golpe. Pero descendía Pershing Drive hacia Balboa Park, cuando me restaban pocos kilómetros de la carrera de 20k, y no había sentido tanto como un obstáculo en mi energía. Terminé con facilidad.

La gente como yo —hay 29,8 millones de corredores en los Estados Unidos —son una parte importante de la nueva ola comercial de Sisson. Su próximo libro está dirigido a cambiar la mentalidad de los obstinados adictos al azúcar dentro de las multitudes en las carreras de resistencia.

En junio tuve un imprevisto. Mi progreso había sido constante —me estaba poniendo más en forma con mis entrenamientos de prisión y estaba decidido a agregar carreras de velocidad a mi programa. Las carreras de velocidad son una especialidad del Primal Blueprint; Sisson dice que pueden dar energía extra al entrenamiento. Pero durante la segunda sesión, me impulsé demasiado y volví a casa rengueando.

Curiosamente, la mejor parte de mi experiencia con Primal —o paleo o como se llame— ocurrió a principios de Julio. Dejé a mi hijo en la guardería y me dirigí a Blast, el gimnasio.  Los transportadores llevaban televisores a un camión. «Hemos cerrado», dijo una mujer en el mostrador con una mirada fulminante. Cerrado para siempre.

En el camino a casa, me detuve cerca de un campo de fútbol público, que tenía hierba frágil y moribunda con tierra dura. Julio en Boston. Caluroso y húmedo. Combiné conjuntamente un entrenamiento de prisión —series de burpees, sentadillas al aire y flexiones. El sol estaba riguroso y bueno.

Seguí con un estiramiento Grok, y me sentí estupendo. Un poco sacudido y agitado en mi estómago, pero muy bien. No pude comprender por qué había estado entrenando en un gimnasio de porquería al sonido de las listas de reproducción de Pandora. Se lo conté a Sisson. «Estás comenzando a entender la idea, T.J», dijo. «Estás siendo intuitivo».

A finales de Agosto, mi peso había caído a 81 kilos —10 kilos menos desde que había comenzado. Durante mi prueba de flexiones en barra, hice un máximo de 12  —más de lo que jamás había hecho en mi vida. Luego hice 182 burpees, otra marca personal, y en un día en que comí menos de 50 gramos de carbohidratos.  De acuerdo a la sabiduría convencional con la que siempre he vivido, debería haber perdido fuerza debido a la baja ingesta de carbohidratos. En efecto, realmente tuve ganas de vomitar y me sentí mareado, pero mi motor funcionó a toda marcha en todo momento. Junto con la experiencia del medio maratón, este tipo de entrenamiento me convenció de que el protocolo de alto contenido en grasas y bajo en carbohidratos funcionó. La energía no sólo era abundante sino también consistente. Incluso si me programa de entrenamiento se hundía, yo quedaría delgado. Mi esposa me dijo que era una persona diferente a aquel tipo gruñón que había sido el invierno anterior. «Día y noche», según ella.

Había partes del programa de Sisson con las que luché: los zapatos minimalistas, que él recomienda, no funcionan para mí. Me lastimo. Tal vez estoy demasiado golpeado o viejo, o demasiado impaciente, pero hay momentos en que es mejor quedarse con lo que uno sabe. En mi caso, un par de buenas zapatillas para entrenar me permitieron correr sin dolor.

Correr me recordó la lección más importante que recibí de Sisson: déjalo ir y diviértete. Me había liberado de una estructura rígida que limitaba lo que conseguía al ejercitarme. Junto a estar liberado de un gimnasio, mi entrenamiento venía sin envoltorios. Solía ser que una carrera de una hora era una carrera de una hora —algo que simplemente hacía registrando robóticamente la distancia y el ritmo en un cuaderno de bitácora.

Pero la manera de Sisson me cambió. Salí a correr por un sendero arbolado y vi una tubería que sostenía un poste de teléfono. Salté hacia arriba, me agarré e hice unas flexiones de brazos. En el camino, empecé a tirarme cada dos minutos para una serie de burpees. Más tarde hice una serie de step-ups sobre un trozo de granito descubierto. No estaba saltando por el aire en el pasto con una lanza en mi mano, pero eso era un comienzo.

Esta nota aparece en la edición de Outside Chile, mayo-junio 2017

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