Dueña de las Olas

Fotos: Cici Rivarola

Lorena Fica está haciendo historia. Es una de las chilenas que ha escalado más lugares en la clasificación mundial. Hoy, se encuentra dentro de las 60 mejores surfistas del mundo y está trabajando muy duro para llegar al primero. Aquí nos cuenta sus decisiones, sus frustraciones y su amor incondicional por el surf.

«No me la creo todavía. Aún no me doy cuenta de todo lo que he logrado. La gente me comenta lo que he hecho y ahí como que pienso ‘oh es verdad’. De repente entro a mi pieza y veo todos esos trofeos y digo ‘¿Yo me los gané?, ¿Yo lo hice?’ jaja. Es difícil creer a veces como la vida se da vuelta en 360 grados. Nunca me esperé ser deportista», cuenta Lorena Fica, una de las mejores surfistas de Chile, y hoy, una de las mejores del mundo.

Nacida y criada en Arica, llegó al surf por esas casualidades de la vida. Su madre le exigía a ella y a sus dos hermanos mayores practicar todos los años un deporte distinto, con el fin de ser constantes y perseverantes en la vida. No podían salirse a mitad de año y no podían arrepentirse. El año 2007, uno de esos deportes fue el surf.

Lorena (21) tenía once años cuando una amiga de su mamá trajo desde Brasil una escuela de surf llamada Aqua. «La verdad es que yo no quería entrar porque peleaba mucho con mis hermanos. Los metieron a ellos primero y a mí me empezaron a buscar otro deporte. En uno de esos días que me quedaba haciendo castillos de arena, el profesor de mis hermanos me ofreció intentarlo y yo accedí. Me tiré a mi primera ola y me paré al toque».

Le gustó tanto, que empezó a ir todos los días del año después de clases, siempre encontrando un tiempo libre para surfear. Según ella, fue el destino.

Su relación con el mar comenzó desde muy pequeña, ni siquiera tiene recuerdos de cuándo aprendió a nadar porque toda su vida estuvo conectada con el agua. «Crecí en el mar, nunca le tuve miedo, sentía mucha confianza con él y creo que por eso me acerque al surf», cuenta. Siempre fue muy deportista, practicó desde fútbol hasta ballet, pero siempre le interesaron las actividades más activas como el básquetbol y el vóleibol, incluso participó en un equipo de volei en Arica y estuvo a punto de ingresar a la selección local. Tuvo que dejarlo, porque las lesiones que se provocaba no le permitían pasar tiempo en el agua.

Cuando se metió más a fondo en el surf, compitió en un circuito de Arica que tenía 6 fechas; la categoría era abierta, por lo tanto participaban hombres y mujeres. Comenzó a ganarle a los hombres y posteriormente a ganar los circuitos, cosa que le ayudó a mejorar mucho su confianza en las competencias.

A los 15 años ya estaba en la selección Open y Junior de Chile. Su primer mundial fue Open en Perú, donde la llevaron como prueba. «Cuando llegué allá, entramos al mar para ver a quien le acomodaban las olas y quedé seleccionada yo. Después probaron de nuevo y volví a quedar, entonces dijeron ‘vamos a meter a la junior porque está corriendo mejor’». Ese fue su primer impulso. Desde ahí todo se fue dando, empezó a hacer el circuito nacional, donde el primer año quedó tercera, el segundo año quedó segunda y luego ganó todas las fechas a las que fue.

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Hasta ese momento pensaba que le estaba yendo bien, pero todavía no lo veía como una carrera profesional y sentía que debía estudiar algo. «Mi papá es doctor, mi mamá es profesora, mi hermano está estudiando ingeniería, el otro medicina, entonces yo veía que el éxito estaba en ser profesional y tener una carrera», comenta.

«Yo pensaba bueno esto se acaba en cuarto medio y después voy a empezar a estudiar». En eso, llegó la empresa Rusty, que la apoyó un año, pero aun así era un poco inestable, luego llegó Rip Curl. «Me ofreció algo bueno y muy grande, entonces empecé a dudar y dije ¿qué voy a hacer ahora?».

La incertidumbre de su futuro comenzó al término de su etapa escolar. Estaba en uno de los mejores colegios de Arica, muy exigente en la educación y donde casi todos los alumnos quedaban en universidades muy bien ranqueadas. Sus profesores la apoyaban mucho con el tema del deporte, la dejaban ir a competencias y a veces faltaba hasta un mes entero por dedicarse al surf. «Me favoreció un montón haber terminado en un buen colegio, haber hecho una escuela normal, porque hay niños que dan exámenes libres y creen que es bueno porque van a tener más tiempo para surfear, pero yo no lo veo así. Tener habilidad social o leer un contrato y exponer tu proyecto, esas cosas te las entrega el colegio», explica.

Cuando dio la PSU, quería inconscientemente que el puntaje no le alcanzara para así poder dedicarse 100% al surf. Al momento de ver los resultados, se dio cuenta que podía entrar a la universidad que ella quería y estudiar Ingeniería Comercial.  Sus padres, por su lado, la incentivaron con el surf y le hicieron ver la gran oportunidad que tenía ante sus ojos. «Todos piensan que uno dice: ‘yo quiero ser deportista y listo’, pero es difícil, aun así tenía mucho miedo», explica.

El 2015 Lorena tomó la decisión de ser surfista profesional, tenía 19 años y estaba lista para dar lo mejor de sí. La perseverancia y la constancia fueron sus mejores aliadas y las que ella define como sus más grandes fortalezas; dos virtudes que la han ayudado a triunfar hasta el día de hoy.

«Yo no soy un talento innato, que me pasas cualquier cosa y hago bien el deporte, sino que soy más que nada una persona bruta, que le dio, y que quería y quería y lo está logrando, que no falta a los entrenamientos y que entrena seis horas al día, cinco veces a la semana».

Miguel Maturana empezó a ser su instructor cuando ella tenía 15 años. «Me dijo cámbiate a mi escuela y no te cobro, sería como un auspicio. Ahí empecé con él y era un sistema completamente distinto, entrenamiento técnico, físico y psicológico. En mi opinión, es el mejor entrenador que hay en Chile en estos momentos, quizás uno de los mejores de Sudamérica».

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Estuvo con unos entrenadores peruanos un tiempo. pero asegura que Miguel es uno de los pocos que tiene la película clara. «Es muy profesional y cuesta encontrar algo así en el mundo del surf, porque es un ambiente más irresponsable, es como todo más libre, por lo menos en Chile», agrega.

Junto a él, llegó a concretar uno de los triunfos más importantes en su carrera deportiva: se consagró campeona nacional por tercera vez en Punta de Lobos el 2016, un año inolvidable para Lorena, ya que clasificó a los torneos más importantes del Qualifyng Series Tour de la World Surf League, donde sumó 840 puntos que la ubicaron entre las mejores 60 surfistas del mundo.

Fue una instancia donde pudo demostrar su lado competitivo al 100%. «Creo que fue un campeonato donde no surfeé muy bien, pero me funcionó bien la cabeza y fui muy inteligente. Por ejemplo, en un heat me tocó contra la número 13 del mundo, la número 26 y otra chica que estaba más arriba que yo en el master. Me acuerdo que teníamos pocas olas, y como yo sé que son competidoras fuertes, me alejé de su puntaje y me fui a correr otras olas de más abajo. Ahí pude hacer buenos puntajes para presionarlas y después volví al point principal a marcarlas. Mi cabeza funciono en ese momento. Tomé ahí mismo esa decisión y me resultó», cuenta.

Fue un récord histórico en Chile, ya que ninguna mujer había alcanzado esa posición en el ranking mundial. «Me siento orgullosa de haber llegado ahí. Creo que más que nada demostré que si se puede, o sea, que a pesar de que en Chile no hay muy buen nivel, que es un deporte nuevo y falta mucha experiencia —en comparación con otros países—, si uno quiere y entrena lo suficiente se puede, porque en verdad es decisión de cada uno. Hay que tener perseverancia y constancia», comenta. Este título, le dio la confianza de seguir adelante y el impulso para proyectarse aún más a nivel internacional.

El surf desde una mirada femenina

Creció en el paraíso del surf: Arica, un lugar que tiene un gran potencial en cuanto a deporte y geografía. De allí han salido algunos de los mejores surfistas de Chile y tres han sido campeones nacionales (Lorena Fica en Damas, Guillermo Satt en Open y Danilo Cerda en Junior). Lorena cree que la variedad de olas que tiene Arica es una de las razones por las cuales se ha desarrollado este deporte, y que hoy en día, es uno de los polos más turísticos de la zona.

«Cuando estoy en mi playa, algo me dice que viene una ola. Al final uno se conecta con el mar, dicen que atrae muchas energías. Puedes estar en tu peor día, pero entras al mar y te cambia todo, la mente se te despeja y te da una felicidad única. Me da adrenalina. Si llego a morir en esto, me voy a morir feliz», dice.

Para ella, su ciudad natal es un lugar al que siempre quiere volver. Le gusta porque tiene una esencia muy familiar, donde todo está cerca, el clima es perfecto, las olas son buenas y todo es muy sencillo. «Existe buena onda y cercanía por parte de todos, es como hermandad, por ejemplo, tengo amigos de 12 años y de 40 años y es como todo igual. Eso es lo entretenido en Arica».

Por lo mismo, el sacrificio más grande para ella es el hecho de tener que irse, dejar a la familia, a los amigos, de estar mucho tiempo sola y tener que hacer cada una semana las maletas de nuevo. «Viajamos harto y conocemos lugares bonitos, pero al final no viajas de vacaciones, vas a trabajar. A veces es estresante porque estás en un lugar del que te quieres ir y no puedes porque tienes que competir, o no te puedes quedar porque tienes que ir a otras competencias».

Una gran parte de su carrera la construyó en otros países, pero no siempre tuvo éxito. Las experiencias y derrotas le hicieron ver el aprendizaje de cada viaje y le ayudaron a crecer como deportista. Nos cuenta que el año 2015 fue a una competencia en Australia y entre ella y la marca costearon los gastos del viaje. Cuando llegó perdió en los cuatro campeonatos en primera ronda. «Imagínate lo frustrante que es, pero aprendí un montón de cosas y cuando viajé a El Salvador pasé cuatro heats, llegué al último round. Después en Costa Rica me fue bien y en Europa pude llegar a la ronda de las 48, y por eso hoy en día tengo esa clasificación, por todo lo que aprendí en los fracasos», cuenta.

En su opinión, cree que las surfistas tienen ese miedo, de costear un pasaje y perder en primera ronda. Dice que en Chile hay buenos talentos, que el nivel de las mujeres está creciendo mucho y que nuestro país tiene todo para conseguir a campeones mundiales, pero aún falta profesionalismo. «Todavía existe ese ‘surf hippie’, de la fiesta, de pasarla bien etc. Creo que ese es el único pero que yo le pongo. Falta una mentalidad profesional que diga: ‘voy a entrenar y me voy a sacar la cresta’… Soy de las pocas que piensan así, la gente muchas veces no me cree lo que entreno, y me preguntan ‘¿para qué lo haces?’».

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Según Lorena, en Chile muchos de los surfistas se conforman con ser campeones nacionales. «Se podría decir que se quedan ‘dormidos en los laureles’ y no ven más allá. Pocos piensan: ‘mi meta es ser campeón mundial’», comenta. «El aquí y él ahora es importante, el ver los logros, el progreso, el mejorar tu surf, etc.», agrega.

A pesar de eso, opina que este deporte ha crecido a pasos agigantados en los últimos cinco años. «Hoy en día, existe un equipo Junior y Open muy fuerte, hay competidores corriendo el tour mundial, otros corriendo ola grande y Chile está siendo muy nombrado en el extranjero», dice. Por otro lado, el nivel de las mujeres está subiendo bastante. Actualmente son más de 23 surfistas que están compitiendo en el circuito nacional y muchas otras que se motivan por llegar al Qualifying Series (QS) en Pichilemu, que realiza Trinidad Segura hace tres años y que ha ayudado a potenciar mucho el nivel femenino. «Las mujeres no veían tan cercano competir en otras ciudades o países, quizás no se la creían, pero ahora que llegó este QS, hay hartas que han ido a los pro Junior y que están más motivadas en salir y competir», comenta.

Para ella es importante que sus compañeras compitan y se atrevan, porque si bien Chile es un país desarrollado en Sudamérica, no hay tanto apoyo. Salir y mostrar el potencial que tienen les ayudaría a conseguir más auspiciadores y a poder competir en otros países. «Ahora son casi 8 marcas que están auspiciando fuerte. Ya no es tan necesario tener una familia con lucas, sino que contamos con más apoyo y eso ha sido filete, pero aún se necesita más».

Para Lorena ya no existen excusas, ya que hoy el surf es un deporte olímpico. Según ella, ahora se les van a abrir muchas puertas para demostrar que en Chile el surf es algo potente. Va a ver un antes y un después, donde se formarán mentalidades más profesionales. «Ir a las olimpiadas incluye muchos factores, como el alto rendimiento y mejorar los resultados constantemente, ya no puedes estar en ese limbo de mantenerte en el mismo nivel. Hay que empezar a subir los resultados», afirma.

Y justamente eso es lo que ha hecho a lo largo de su carrera. Desde que tomó la decisión de dedicarse al surf dijo que haría todo lo necesario para ser una profesional y que lo tomaría como su trabajo, con horarios, con responsabilidades y como tiene que ser, porque así es la única forma que las cosas le dan resultado. «Mis papás siempre han dicho que soy ‘aperrada’ desde chica y ellos saben cuáles son mis límites, confían en mí y de que voy a tener la madurez de estar bien, ellos me han dado la confianza de hacer cosas. Creo que están orgullosos de mí», dice.

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Hoy, Lorena se proyecta con una vida diferente a la que tiene. Su mayor pasión es el surf, pero no le gustaría seguir viajando y compitiendo en el futuro. De aquí a cuatro años intentará llegar al Championship Tour, donde solo clasifican las mejores 16 mujeres del mundo. Si cumple eso, su mayor objetivo sería ser campeona mundial. «Cada vez lo veo como una meta y no tanto como sueño. Porque jamás pensé estar dentro de las mejores 60 del mundo  y ahora lo estoy, así que estoy cada vez más cerca de cumplirlo».

Si no lo logra le gustaría estudiar administración de empresas y quizás tener un hostal. «El surf no lo voy a dejar nunca, de eso estoy segura, pero quisiera tener una vida más estable. En cuatro años ver qué pasa y vivir el día a día, heat por heat».

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