De Pesca (18 zonas horarias durante siete días para atrapar a un gigantesco pez)

Foto: Travis Rummel

Con un lanzamiento a la vez, científicos de la pesca con mosca se sumergen en la secreta vida de las gigantes truchas steelhead.

La trucha estuvo deliciosa. Nuestro guía es Ryan Peterson, un ictiólogo autodidacta de 39 años que ha estado viajando,  durante una década, al extremo oriental de la península rusa de Kamchatka. De pronto, Ryan salió de la cocina del campamento con una ensaladera repleta con huesos de una carne de trucha rosada y salpicada con eneldo. «No sería rusa si no tuviera eneldo», dice. El pescado que comimos era antes una hembra de color plata, de 81 centímetros de largo y 48 de ancho en la parte media de su cuerpo. Probablemente había nadado hacia el estuario del Río Kvachina, esa misma mañana, desde el Mar de Ojotsk. Todavía tenía piojos de mar encima. Estos se caen luego de unos días estando en agua dulce. Ryan la había zazonado en teriyaki antes de cocinarla sobre el fuego, detrás de una cabina de madera de 3 por 9 metros que sirvió como comedor al campamento.

«Un brindis por la fruta prohibida», dijo el guía, levantando un vaso al pescado protegido. Por él, habíamos viajado 18 zonas horarias para observar y estudiar. Nuestro grupo incluía nueve pescadores de caña, tres guías occidentales, el proveedor de ropa Anatoly Tureshev, de 33 años, un representante de la Universidad Estatal de Moscú, y “Big Sasha” Andryukhin, un guía ruso y ex capitán de policía que no hablaba sobre el origen de sus tatuajes.

El campamento estaba situado a orillas del Río Kvachina, ubicado a tres kilómetros del Río Snotalvayam, igualmente oloroso a pescado. Durante unas pocas semanas de otoño, este suele convertirse en la sede central del Kamchatka Steelhead Project, una asociación de investigación entre Conservation Anglers (Pescadores para la Conservación) con sede en Seattle, una filial de Wild Salmon Center (Centro del Salmón Salvaje); la Moscow State University (Universidad Estatal de Moscú), y la Russian Academy of Sciences (Academia de Ciencias de Rusia).

Desde 1994, cuando fue fundada por el conservacionista Pete Soverel, en conjunto con los pescadores de Seattle, el KSP (Kamchatka Steelhead Project) ha utilizado a pescadores occidentales y adinerados para capturar, etiquetar, pesar muestras y poner en libertad a estas descomunales truchas anádromas de los colores del arcoíris. El proyecto evita pagar por la recolección de datos, ofreciendo la casi inaudita oportunidad de volar una mosca sobre las cabezas de estas truchas salvajes. Además, obtiene un impulso financiero de los pescadores patrocinadores, que en total, hacen una taza deducible de 12.500 dólares en donación.

«Las truchas steelhead figuran en la lista del Russian Red Data Book (Libro Rojo de Datos de Rusia) como especies raras y en peligro de extinción», dice Ryan. No porque el pez se encuentre mal, sino porque habita solo un pequeño número de ríos rusos. Históricamente, las steelhead tenían un alcance más amplio en América del Norte, poblando ríos y corrientes desde San Diego hasta Alaska. Los científicos creen que alguna vez hubo entre 11 y 16 millones de salmones y truchas steelhead solamente en Columbia River Basin (Cuenca del Río Columbia). A principios de los noventa, las poblaciones de truchas salvajes del Washington’s Lower Granite Dam en  Snake River (Río Snake), un afluente del Columbia, habían caído por debajo de 10.000 (las migraciones se han recuperado desde entonces, ascendiendo a 39.000 en 2015).

Los cálculos generales de las poblaciones de steelhead en Kamchatka son severos, aunque la investigación está en marcha solamente en tres ríos. Sabemos que entre 8.000 y 9.000 peces aproximadamente regresan al año al Kvachina,  pero probablemente no existen más de 100.000 truchas steelhead en Kamchatka.

Cargando hasta el helicóptero (Travis Rummel)

Cargando hasta el helicóptero (Travis Rummel)

«Son realmente raras. Hay solo un par de cuencas que las tienen. Rusia las protege », sostiene Justin Miller, el guía principal del viaje. Legalmente, se pueden pescar estas truchas en Kamchatka, tanto como se pueden cazar tigres en Siberia. Estas remotas poblaciones representan una piscina de estudio ideal. «Los principales coleccionistas de datos biológicos son los pescadores de caña», dice Kirill Kuzishchin, un profesor del Estado de Moscú que asesora el proyecto. «Yo no distingo la pesca de la investigación. Un buen pescador es un buen científico», añade.

La pesca con mosca, a su vez, es responsable de las tasas de mortalidad más bajas que existen cuando se trata de muestrear poblaciones de peces. Esto, en comparación con métodos como la red de jábega o la pesca eléctrica, que consiste, esencialmente, en conectar la batería de un auto a una piscina fluvial y observar qué especímenes aturdidos flotan hacia la superficie. El pescado que terminó en nuestros platos había sido lo que Justin llamó «un sangrador», uno que picó un gancho sin púa en las branquias, causándole una herida mortal en la yugular. Si la primera regla de capturar y liberar es volver el pez sano al agua, la segunda es honrar al que no lo esté. Por lo tanto, este pez se convirtió en la cena más memorable, afortunadamente, en una noche en que los dos ayudantes indígenas Koryak del campamento, Evan y Pavel, habían planeado servir hígado.

El otoño en Kamchatka es una rebanada estrecha en el calendario, entre la estación de los mosquitos y el frío apretado del invierno subártico. Durante nuestra primera mañana en el campamento, una gruesa capa de heladas de principio de octubre, cubrió de barro la red y las ramblas entabladas que conectaban a las carpas. El pequeño Río Kvachina estaría pronto encerrado bajo hielo y nieve. Mientras, las truchas steelhead pasarían hibernando en estupor, esperando el deshielo de la primavera, el momento preciso para desovar y regresar al océano. Pero cada otoño, durante cinco semanas, la zona se convierte en una perfección de días cálidos y noches frías, una extensión interminable de brezales y matorrales enanos que se transforman en oro para los osos que llegan a devorar anzuelos de huevos de salmón.

Nos pusimos las botas de pescador y Ryan encendió el motor del jet, fuera de borda del Zodiac plano con casco de acero. Nos dirigimos a un punto al que él llamó «el agujero del 100 por ciento», un nombre escandalosamente optimista venido de la reputación que tienen las truchas steelhead por ser los peces de los mil lanzamientos. Pero en  Estados Unidos, esto tiene más que ver con lo mal que hemos tratado los lugares en donde viven estos peces. Once de las quince poblaciones diferentes de truchas steelhead que habitan a lo largo de la costa del Pacífico, permanecen protegidas bajo la Ley de Especies en Peligro, amenazadas por las represas, la contaminación y la presión de la pesca. Para los pescadores norteamericanos, estos peces se han convertido en un puente de regreso a una época de abundancia, anterior a las represas. Aunque ver una en el agua es como captar un destello fugaz.

Resulta que una trucha steelhead es una trucha arcoíris común con más millas que mi camioneta. La trucha no nace steelhead; Es una opción de estilo de vida.

Antes de aterrizar en Petropavlovsk-Kamchatsky, la ciudadela de la Guerra Fría donde el Presidente Vladimir Putin aparca sus submarinos nucleares, había pasado tres días volando en un estado suspendido, no muy diferente al de una trucha en temporada invernal. Iba en compañía de Travis Rummel, autor de un documental llamado Eastern Rises que logró que pescadores de todo el mundo sintieran lujuria por Kamchatka. Desde P-K, viajamos siete horas hacia el norte sobre la única carretera de Kamchatka, en un colectivo Daewoo que necesitó ser empujado para comenzar su trayecto para terminar en el sector de Esso. Desde allí había una hora en helicóptero hasta acampar.

Era bastante comprensible que aún estuviéramos aturdidos cuando Ryan piloteó el barco río abajo. Los ríos de América del Norte son bastante grandes. Pero en nuestro caso, dijo Ryan: «Estamos cazando truchas en un río de 12 metros de ancho y 20 centímetros de profundidad». De pronto, el canal cobró vida con estelas de steelhead gigantes deslizándose rápidamente fuera del camino. Ryan apagó el motor y acomodó el barco río arriba, hacia un banco de arena con grava y una pequeña agitación de agua nerviosa que corría. Las truchas steelhead se amontonarán en piscinas flojas mientras corren río arriba para desovar, pero atraparlas con mosca requiere una combinación especial de circunstancias: corriente para mover la mosca más allá de los peces y algún tipo de estructura natural, como una roca submarina o depresión en el cauce del río, que le dé a los peces un lugar para descansar.

A diez metros del Río Kvachina, estudiado por el KSP el otoño pasado, solo existía una docena de lugares semejantes, cada uno bautizado con el nombre que le dieron los guías del Steelhead Project durante los últimos 20 años: el Penthouse, el Lobby, Sloppy Seconds, el Arm y el Anchor.

«Nadie está muy seguro de por qué una steelhead agarra la mosca», comenta Ryan. «Tal vez sean curiosas. Y los peces no tienen manos». El hambre, en este caso, no es una opción porque las steelhead no comen cuando se están preparando para pasar el invierno. Pescadores con mosca experimentados creen que los peces tienen personalidad y temperamento. Lo cierto es que las truchas steelhead felices van a investigar casi todo lo que les pase por delante: una hoja, un insecto, incluso un pájaro volando por el agua. Cualquiera sea la razón, la mosca necesita balancearse como un péndulo al final de la línea, lejos de la orilla.   

«Alrededor de Oregon y Seattle, todos los peces agresivos que cazan una mosca en el balanceo han sido asesinados», cuenta Ryan. Los que quedan, tienden ser atrapados por un molde que cuelga de un corcho de pesca, el cual reproduce la forma de una trucha o un huevo de salmón. Aquí, los peces verán al huevo como una manera de destruir futura competencia.

Ryan desenrolló la línea de su caña spey, de 3,60 metros y 2,5 kilos. Siempre había tenido la impresión de que estas cañas grandes requieren más músculo, pero es justamente lo contrario. Con una serie de movimientos bien coreografiados, él tiró la línea fuera del agua y la convirtió en un gigantesco bucle en forma de D, antes de enviarla disparada a través del río con apenas un latigazo de su mano inferior. El movimiento simple y repetitivo de la técnica spey casting es tan calmo y meditativo, que los pescadores a menudo alardean de las semanas que han pasado sin atrapar a un pez. Pero la persistencia es una marca de orgullo. En el noroeste del Pacífico, la captura de un solo un pez por temporada es considerada un éxito. En nuestro caso, no fue tan difícil.

En el tercer o cuarto lanzamiento, Ryan le habló a su caña. «Prepárate», le dijo. La línea se tensó. Un segundo después, la zona pequeña de agua nerviosa hizo erupción. 

Los pescadores miden, y etiquetan a los peces que capturan. (Travis Rummel)

Los pescadores miden, y etiquetan a los peces que capturan. (Travis Rummel)

 

Comúnmente existe un concepto erróneo sobre el viaje de las truchas steelhead: que nacen en el río, migran hacia el océano como el salmón y luego vuelven al mismo río a desovar en repetidas ocasiones, durante el curso de sus vidas. El debate entre los pescadores se centra en la relación que hay entre una trucha steelhead y una arcoíris. ¿Son parientes directos? ¿Vecinos cercanos? ¿Una raza? ¿Una cruza? ¿Un varietal marcado por el deseo innato de adentrarse en agua salada como un joven salmón?

Durante los últimos 15 años, los científicos han resuelto la cuestión utilizando pruebas de ADN. Los resultados arrojaron que una trucha steelhead corresponde a una trucha arcoíris ordinaria.  Las truchas no nacen siendo steelhead. Esto es más bien una opción de vida. Si hay suficiente comida en donde eclosionan, se mantendrán en el lugar y se convertirán en truchas arcoíris comunes. Si en cambio, la comida es escasa y el océano accesible, dice una teoría, se adaptarán al agua salada y se arriesgarán al peligro de tiburones y atunes. Los peces que sobreviven vuelven pareciéndose a Hulk, pero aun así, terminarán cruzándose con las arcoíris flacuchas que quedaron en casa.

Uno de los factores más importantes de desarrollo, según el Kamchatka Steelhead Project, es la diversidad de estrategias de vida, incluso dentro de una misma migración. «No es solo una población grande. Son decenas de pequeñas poblaciones», afirma Guido Rahr, presidente del Wild Salmon Center en Portland, Oregon.

«Existen peces que van al estuario y se quedan allí y no van hacia mares altos. Descubrimos que algunos van desde el río al estuario por un periodo corto y vuelven al río luego de buscar comida por varias semanas o meses», me explica Kirill.

Kamchatka es un modelo de fuerza gracias a su diversidad. En este lugar la trucha arcoíris fue por primera vez identificada por la ciencia, en 1792. Su nombre en latín, Oncorhynchus mykiss, deriva del término local de Kamchatka que significa pez (mykizha). Originalmente fue clasificado entre el género Salmo, que incluye al salmón del Atlántico y a especies de truchas europeas como la trucha marrón. Pero finalmente, fue reclasificada como Oncorhynchus, De todas formas, se agrega a las cinco especies de peces comercializadas del salmón del Pacífico.

Entre nuestra tripulación estaba Mara Zimmerman, una investigadora del Washington Department of Fish and Wildlife (Departamento de Pesca y Vida Silvestre de Washington), quien había sido enviada a Kamchatka con la esperanza de crear una colaboración similar entre pescadores y científicos de la Península Olímpica, estudiando ríos como el Hoh y el Sol Duc. La idea aquí es capacitar a los pescadores para que registren y etiqueten a los peces que capturan, creando un conjunto de datos más amplio que aquel que los empleados estatales pueden recolectar por sí mismos.

«La noción habitual es que cuando una población está disminuida, se necesita hacer fluir el sistema con peces de criadero», dice Soverel. Actualmente, el Idaho Department of Fish and Game (Departamento de Pezca y Caza de Idaho) así como los criaderos federales, liberan cada año a más de 9,6 millones de salmones jóvenes steelhead en el sistema del Río Snake. Pero la ideología detrás de ese plan es comenzar a cambiar con la consciencia de que una trucha grande y saludable es producto de ecosistemas grandes y saludables. Y una de las mejores estrategias para mejorar las migraciones de las steelhead consiste en eliminar las represas. Apenas un año después de que las Represas  Elwha y Glines Canyon Dam fueran derribadas del Río Elwha de Washington en 2012, las truchas steelhead salvajes reaparecieron río arriba.

En la mesa, varios de nosotros estábamos todavía luchando con nuestras mentes tratando de asimilar la idea de que el tamaño y el poder de las steelhead tienen poco que ver con la genética y mucho que ver con el medioambiente.

«Una trucha steelhead es una trucha arcoíris. Es un pez que en América del Norte todo el mundo conoce. Si eres pescador, has capturado una en cualquier río de la Costa Oeste o de las Montañas Rocosas », me explica Ryan.

Otra diferencia es que la trucha arcoíris puede movilizar a los pescadores hacia la poesía y la filosofía. Para algunos, las truchas steelhead rompen matrimonios y terminan con los diferentes trabajos productivos de hombres y mujeres que dedican sus vidas a perseguirlas.   

Ryan me prestó su caña y me acompañó en la técnica spey cast. En primer lugar, debíamos establecer el ancla (la mosca) en el agua, justo fuera de mi hombro. Luego, en un arco ascendente, consistente y lento, debía crear una trayectoria circular en forma de D usando la punta de la caña. Finalmente, con una rápida palanca de mi mano inferior, tenía que disparar la caña hacia delante. Si lo hago mal, la línea colapsará en una maraña, no importa cuánta fuerza le dé a la caña. Si lo hago bien, la línea se deslizará sin esfuerzo a la orilla lejana.

Después de 20 lanzamientos, sentí una sacudida. Las truchas tienden a agarrar la mosca y morderla con las encías. Si se intenta fijar el anzuelo levantando la punta de la caña, se falla en todos los casos. Pero en esos momentos, suprimí todo instinto que he aprendido durante dos décadas sobre la pesca de truchas y esperé. Finalmente, el pez giró río abajo y el anzuelo se colocó naturalmente en la esquina de su mandíbula. La línea comenzó zumbar hacia afuera del carrete. De repente, estaba luchando con un pez de 71 cm en 20 cm de agua.

“Alguien podría describirlo como la sensación después de haberlo golpeado un rayo”, dijo Kirill cuando le pregunté Lo que es capturar un pez tan grande.

«Alguien podría describir el sentimiento humano de recibir un rayo solo si le golpea», me había dicho Kirill,  idiosincráticamente, cuando le pregunté cómo era atrapar un pez tan grande. «Realmente, uno tiene que sentirlo y no habrá necesidad de palabras», me argumentó aquella vez.

En 20 años, el KSP ha capturado menos de 50 peces en comparación con la temporada anterior. Estas recapturas, como se les llama, son increíblemente valiosas para el proyecto. Luego, el proceso de recolección de datos consiste en medir la longitud y el contorno e insertar una pequeña etiqueta numerada en la aleta dorsal.

Por lo general, soy escéptico a las vacaciones que utilizan a la ciencia como bandera de justificación. Como si las cumbres de las montañas pudieran ser medidas solo por escaladores, como si el comportamiento de los tiburones pudiera  solo ser comprendido por buceadores con cámaras GoPro atadas a sus aletas, o como si el calentamiento global solo pudiera ser confirmado por esquiadores que atraviesan el Ártico o por buceadores con snorkels explorando The Great Barrier Rief (La Gran Barrera del Coral). Me parece que en esta época, se hace pasar la ciencia como una “toma de conciencia” que promociona la idea de unión entre un viaje y lo que puede parecer una causa caritativa.

Esta experiencia, sin embargo, cuenta con el financiamiento de pescadores impulsados por la investigación. Por otra parte, el Proyecto Steelhead también ha logrado reducir las pocas, pero mortales operaciones de pesca ilegal que se asentaron en los Ríos Kvachina y Snotalvayam, luego de la caída del Comunismo.  Cuando la economía se derrumbó, apareció el mercado negro del salmón de caviar, convirtiendo al pescado de Kamchatka en un objetivo lucrativo para el crimen organizado. Un estudio realizado en 2008 por el World Wildlife Fund (Fondo Mundial para la Naturaleza) confirma que «a pesar de la existencia de una prohibición de pesca, la población ha disminuido en los últimos años. Oficialmente no hay registros de esta práctica, no obstante, la trucha es cazada extensamente en las zonas vedadas».

Lanzando un bonito bucle en el río Snotalvayam. (Travis Rummel)

Lanzando un bonito bucle en el río Snotalvayam. (Travis Rummel)

Soverel me cuenta que antes de lanzar el KSP, los cazadores furtivos aparecían en tanques, luego de atravesar la tundra abierta desde un pueblo como Tigil, ubicado 160 km hacia el norte. Estas operaciones podían matar fácilmente a más de 2.500 peces, es decir, a un tercio de la migración completa del Snotalvayam. En los primeros días del proyecto, un inspector de pesca ruso llamado Sergey Lamzov acompañó al KSP e intervino.

Según Soverel, durante esos primeros viajes se encontraron con un comandante militar local que dirigía una operación de pesca ilegal. El hombre conducía río arriba, una versión civil de los grandes tanques de la era soviética, llevando consigo una red de enmalle. En esa ocasión, Sergey lo detuvo pero el comandante sencillamente le dijo que «saliera de su vista». Antes de irse, Sergey alcanzó a notar que el hombre llevaba consigo una Kalashnikov (fusil de asalto soviético). Por último, le preguntó si era un fusil del gobierno o un arma personal. Si era del gobierno, entonces el comandante la había sacado del arsenal para sus asuntos personales. Si era un arma personal, entonces necesitaba ser registrada. Tan pronto como el comandante se dio cuenta de que estaba en riesgo de una violación dio vuelta su operación. La historia se expandió rápidamente en Tigil.

«Tenemos ojos y oídos sobre el río. Creo que el KSP ha reducido la caza furtiva de las truchas steelhead solo con nuestra presencia », dice Rahr. Pero ahora, comenta Soverel, la situación ha vuelto a lo que él llama “caza furtiva Babushka” (de la abuela). Solo unos cuantos locales se abastecen de pescado para el invierno.

Kamchatka es salvaje, pero no es una jungla. Los viajes por la tundra se hacen en su mayoría por esos tanques de rodaduras. Incluso para alcanzar el Río Snotalvayam, Big Sasha tuvo que conducir un Polaris ATV que parecía un carrito de golf mezclado con una camioneta pickup. Un vehículo rodado es bastante conveniente en este caso. Los viajes repetidos por aquí podrían convertir a cualquier auto en una chatarra llena de baches. Además está el circuito off-road, que va hacia el Snotalvayam. En algunos lugares este llega a tener 90 metros de ancho.

Es un problema que Rahr reconoce. Kamchatka es como una máquina del tiempo que mantiene a los humanos dos siglos en el pasado, en una era de abundancia. Pero esa abundancia no puede resistir nuestra presencia moderna. «Los rusos tienen una oportunidad de crear áreas protegidas.  Ahora es un desierto, pero el mundo va a cambiar durante los próximos 20 años », dice Rahr. Como sucede en otras partes del mundo, la gente está escéptica de que los estadounidenses les digan qué hacer. «Rusia necesita tomar la delantera», continúa Rahr.

Un día de marea alta nos lanzamos río abajo hacia el estuario. En esa ocasión, llenamos dos bolsas de lona gigantes con flotadores de redes que recogimos en la orilla. Su presencia era un claro signo de cuán poca gente viene alguna vez a este lugar. Eventualmente, aparecen aquellas esferas de vidrio verde por la costa norteamericana, pero los coleccionistas son rápidos en recogerlas.

Era nuestro quinto día en el río y a Anatoly, el proveedor de ropa, no le estaba gustando para nada el clima. Se suponía que acamparíamos durante otros cuatro días, pero la primera tormenta del año estaba cruzando Siberia y pronto recogería humedad sobre el Mar de Ojotsk. Podíamos llamar al helicóptero el día siguiente o arriesgarnos a quedar varados durante una semana. La temporada media estaba llegando a su fin.

El 17 de octubre, nuestro último día en el campamento, fue sacudido por el sonido de un tanque que resonó en uno de los cauces del río. Se trataba de unos lugareños que estaban pescando en el Snotalvayam. Cuando Big Sasha bajó a su encuentro, el sonido pronto desapareció a la distancia.

¿Había sorprendido a una pandilla de caza furtiva? ¿Había hecho cumplir la ley? Sasha hizo que pareciera un encuentro amigable. « Solo eran gente como tú y yo», dijo con su acento marcado. Lo cierto es que los había enviado río arriba, fuera de la vista.

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