Dos Décadas Rehabilitando Primates

Foto: Felipe Arias

Visitamos el primer y único centro de rehabilitación de primates del país, para conocer de cerca su noble lucha para terminar con el tráfico de esta orden de mamíferos, así como los encomiables esfuerzos por devolverles su dignidad.

Amplias e interconectadas jaulas, rodeadas de una selvática vegetación que trata de emular el hábitat de gran parte de las especies, son el hogar de los  primates  del Centro de Rehabilitación y Rescate de Peñaflor. Ejemplares que comparten un horroroso pasado en común, marcado por el tráfico ilegal, los malos tratos y  las precarias condiciones de higiene y alimentación en que los tenían sus captores, pero que gracias a esta organización han recuperado su dignidad.

La historia de esta importantísima institución se remonta a mediados de la década del 90, en tiempos en que el tráfico ilegal de primates al país era una práctica habitual que se daba principalmente en la zona norte del país. Época en la que además, no existía un cuerpo legal que permitiera la persecución efectiva de estos delitos.

Bajo aquel contexto, la familia Almazán Muñoz decidió crear un lugar de acogida para monos, luego de haber tomado conciencia acerca de esta lamentable problemática, tras haber recibido a un mono barrigudo víctima del tráfico. Debido al éxito de sus gestiones —y contrario a lo que imaginaron— fueron llegando más y más ejemplares, hasta convertirse en un centro que actualmente alberga a 165 primates de 10 especies diferentes, y  que ha logrado importantes avances en su lucha por terminar con el tráfico.

Dentro de las especies que alberga el organismo sin fines de lucro, se cuentan monos capuccinos (Cebus apella), olivacios (Cebus olivaceus), araña (Ateles), borrigudos (Lagothrix lagotricha), titi oreja algodón (Callithrix jacchus) y papiones (Papio). Primates que arribaron al centro mediante acta de entrega del SAG y  de la Policía de Investigaciones, a través de la Brigada Investigadora de Delitos Contra el Medio Ambiente (BIDEMA), y que en su mayoría provienen de las zonas selváticas de la Amazonía, a excepción de los paipones, que son originarios de Sudáfrica.

Después de recorrer los más de 40 kilómetros que separan Peñaflor de Santiago, llegamos a las dependencias del centro de rehabilitación en una espléndida mañana otoñal. Allí nos esperaba Nicole Rivera, veterinaria que lleva cerca 12 años en la institución, y quien se inició como voluntaria cuando concluía su enseñanza media. Tiempo en el que ha tenido que tratar decenas de las atrocidades de las que han sido víctimas los ejemplares que han llegado a  su cuidado.

Procedimientos entre los que se cuentan castraciones, amputaciones de cola y dedos,  aplicación de  tratamientos dérmicos, psicológicos, como en el caso de  los monos que se auto flagelan, —a quienes se les debe medicar anti depresivos de uso humano—, e incluso tratamientos  para  curar  adicciones al consumo de alcohol y tabaco.

Betún (izquierda) y Francisquito (derecha), dos juguetones monos capuccinos que comparten celda junto a otros ejemplares de su especie. Foto: Felipe Arias

Betún (izquierda) y Francisquito (derecha), dos juguetones monos capuccinos que comparten celda junto a otros ejemplares de su especie. Foto: Felipe Arias

Como el emblemático caso de Nicolás, un primate del tipo Cebus apella que arribó al centro hace más de una década  con una severa adicción al alcohol, producto de que era obligado a beber cerveza por los propietarios de una tienda de mascotas. Luego de su rescate,  el ejemplar tuvo que someterse a todas las etapas de rehabilitación a las que se somete un humano, y  tras superar el síndrome de abstinencia, pudo lograr recuperarse. Actualmente, Nicolás tiene 20 años de edad y es el líder de su grupo.

Caminando por entre las laberínticas jaulas, con un coro de aullidos de fondo, Nicole me fue explicando cómo se disponen los grupos. «Aquí nada es al azar, se hacen estudios otológicos, donde se estudia el comportamiento de los ejemplares, independiente de su especie. Así podemos determinar el comportamiento de cada uno, y con ello, armar los grupos», clarifica.

Al llegar al frente de una de las jaulas habitadas por un par de monos araña, que se caracterizan por su pelaje negro y por la gran longitud de sus brazos y colas,  pude conocer a Raimundo: uno de los regalones de Nicole, quien al verla le estiró sus brazos para terminar fundiéndose en un conmovedor y prolongado abrazo. Evidencia de los estrechos lazos que forman entre estos animales y los encargados del centro.

Primates que lamentablemente no volverán a su hábitat natural, «puesto que los países de los que son originarios no cuentan con una normativa clara de protección hacia ellos y porque la mayor parte de nuestros monos están mutilados, con alteraciones psicológicas y no podrían estar bien en la naturaleza» afirma Nicole.

Uno de los pilares fundamentales de esta institución es el programa de voluntariado, el cual recibe tanto a chilenos como extranjeros. En el caso de los nacionales, tareas  a cumplir van desde diseño de señaléticas, traducciones, ilustraciones, hasta tareas de campo, como aseo y ornamentación. Mientras que los foráneos- quienes tienen la opción de alojar en el centro- llevan a cabo labores de aseo y enriquecimiento ambiental, que consiste en la aplicación de diferentes técnicas para mejor el medio ambiente en que se encuentra el animal.

Al ser una organización sin fines de lucro,  el centro subsiste gracias los aportes de la familia Almazán Muñoz, y al aporte del sistema de apadrinamiento, el que otorga la posibilidad de convertirse en padrino de uno de los primates, pudiendo visitarlo, a cambio  de  un aporte mensual. Suma que va de los 10 hasta los 50 dólares, la que determina las diferentes categorías de padrinos y los beneficios de cada una de éstas. Además, el centro recibe aportes, tanto  monetarios, como la recepción de alimentos, herramientas y materiales de construcción.

—La misión del centro es que deje de existir.

—«Así es, la idea es parar el tráfico, por lo tanto que no lleguen más monos, y por lo mismo, acá controlamos la natalidad operando, los que se reproducen son excepciones. Y considerando que no deberían ingresar más monos, y que no se reproduzcan, en algún momento debería acabarse el centro. Hasta ahora el tráfico en el país se ha disminuido  prácticamente a cero, y eso lo sabemos porque acá, que es el único centro de este tipo, llegan todos los primates provenientes del tráfico», afirma la veterinaria.

Los últimos fueron 15 papiones decomisados del circo Los Tachuelas, en septiembre de 2016. Ejemplares que correspondieron a los últimos monos recatados en manos de circos en Chile, y quienes arribaron con serios problemas de desnutrición, con secuelas de enfermedades óseo metabólicas, además de artrosis en las manos. Sumado a casos de mutilación, pérdida total de dentadura, neumonía, soplo cardíaco y heridas por agresiones entre ellos.

Nicole junto a Raimundo, mono araña proveniente del Circo de los Mazzini, donde era obligado a hacer equilibrio en una cuerda floja con peso en sus manos. Foto: Felipe Arias

Nicole junto a Raimundo, mono araña proveniente del Circo de los Mazzini, donde era obligado a hacer equilibrio en una cuerda floja con peso en sus manos. Foto: Felipe Arias

Hecho histórico, que para los encargados del centro representa los frutos de más de dos décadas de ardua lucha, y que se produjo por el trabajo en conjunto entre el SAG y la BIDEMA. Instituciones cuyo trabajo ha sido fundamental para reducir el tráfico de primates en el país.

Descenso que se puede evidenciar en el último estudio  publicado por la Jefatura Nacional de Delitos Económicos y Medio Ambiente (JENADEM), el cual señala que durante el periodo 2010-2016, la PDI ha capturado solo siete primates. Número sumamente bajo si se compara con las estadísticas de años anteriores

Cifras que para Carlos Muñoz, veterinario y Comisario de la BIDEMA, se explican por el fuerte descenso del ingreso de estas especies a partir de finales de los 90, debido a que la moda de tener primates fue sustituida por tenencia de aves, y posteriormente por la de reptiles ; así como también por la generación de un mercado informal interno, con primates asociados a la crianza en circos y zoológicos nacionales; y por el auge de la persecución de estos delitos, con la creación de la BIDEMA en el año 2002.

En tanto, para Nicole, esto se debe a que con la creación del centro, «hemos educado a la gente en cuanto a esta problemática, y  por su parte, el SAG ha podido actuar requisando a los animales y llevarlos a los lugares en donde deben estar, mientras que antes de existir el centro el SAG no podía requisarlos, porque no tenían donde llevarlos y al traficante se le hacía una amonestación no más, pero ahora, que el traficante sabe que se lo van a quitar, sencillamente no trafican más monos, cambian de rubro, y eso es solo por tener un lugar donde recibirlos».

Por último, la veterinaria es enfática en señalar que la forma de poner fin al tráfico no tiene que ver con un endurecimiento de la legislación, «sino que con un tema de educación, que la gente entienda que un mono no es una mascota, y que no existan personas que quieran tener un mono, porque mientras exista una, habrá una persona dispuesta a traerlos por plata, sean las penas que sean va a haber una persona que quiera traerlo igual si lo puede vender bien, porque finalmente ellos siempre piensan que no los van a pillar».

Marco legal para perseguir el tráfico ilegal de especies en Chile

A partir de 1975, se promulgaron como ley las obligaciones asumidas por Chile como Estado parte de la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES),  acuerdo internacional que tiene por finalidad velar por que el comercio internacional de especímenes de animales y plantas silvestres no constituya una amenaza para su supervivencia.

Permitiéndose el comercio de los especímenes, partes, productos o derivados de las especies  que  formen parte de los Apéndices I, II y III de la Convención, los cuales están divididos según el estado de conservación de cada una de ellas.

En el primero de ellos, se ubican todas las especies en peligro de extinción, cuya venta se encuentra permitida solo bajo ciertas cirscuntancias, como en el caso de proyectos científicos que busquen evitar su desaparición. Mientras que en el apéndice dos y tres, se encuentran los ejemplares que no están seriamente amenazados, y que se pueden comercializar con fines económicos.

Entendiéndose como comercio ilegal, aquel que hace referencia a las transacciones que no utilizan esta certificación, y que van asociadas a algún tipo de contrabando, pues al no existir documentos que acrediten la procedencia de la especie, se presume que proviene del tráfico.

Dos de los quince papiones decomisados al circo Los Tachuela, en septiembre de 2016. Foto gentileza de Centro de Rehabilitación y Rescate de primates

Dos de los quince papiones decomisados al circo Los Tachuela, en septiembre de 2016. Foto gentileza de Centro de Rehabilitación y Rescate de primates

De acuerdo al Comisario de la BIDEMA, no fue sino hasta noviembre del año pasado cuando se crearon herramientas legales efectivas para controlar el comercio de animales. Al entrar en vigencia la normativa CITES, sacándose a todos los animales de la convención que estaban regulados por la ley de caza —que eran solo los mamíferos—, y regulándolos bajo un nuevo cuerpo legal, junto al resto de las especies excluidas.

Dicha modificación, establece una multa de hasta cien unidades tributarias para los poseedores o tenedores de especímenes, partes, productos o derivados de las especies o subespecies exóticas listadas en los Apéndices de la Convención, que no puedan probar su procedencia, y la cual es aplicada por el Juzgado de Policía Local.

En el caso del  tráfico, las penas van desde prisión en su grado máximo (41 a 60 días de prisión), en el caso de tratarse de especímenes incluidos en el Apéndice III, hasta una sanción  de  541 días a 3 años y un día de cárcel, si la especie  estuviera incluida en el Apéndice I.

Según Carlos, el procedimiento que se realiza cuando se dectacta un animal que no tiene los documentos que acrediten su procedencia,  comienza con el decomiso y posterior  traslado de la especie al Zoológico Metropolitano (por parte del SAG) ,«donde se les hacen una  completa evaluación al animal, y luego de que salen de ahí, de acuerdo a los parámetros de CITES, deben ir a un centro de rehabilitación sin fines de lucro de carácter gubernamental. En el caso de no existir, se traslada a alguna institución privada sin fines de lucro».

Latinoamérica: un oasis para los traficantes

Según la organización mundial World Wildlife Fund (WWF), el tráfico ilegal de especies salvajes destinado a la comercialización, se registra en casi el 30% de los espacios ecológicos más protegidos del mundo, incluidos en las zonas declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

La increíble biodiversidad de América Latina, sumado a una histórica desprotección animal por parte de los gobiernos de  la región, han sido las principales causas del crecimiento del tráfico ilegal de especies en la zona. Como el caso de Brasil, país que contiene cerca del 20 por ciento de la diversidad biológica del planeta, y que según estimaciones de Dimas Marquez, investigador de la Universidad de San Pablo, proporciona anualmente más de 38 millones de animales destinados al tráfico, los que en su mayoría son aves.

En el año 2012, el Centro comenzó la construcción del primer museo del tráfico de primates en Chile. Un lugar dónde los niños pueden conocer de cerca esta problemática, para que en el futuro no se vuelva a repetir. Foto: Felipe Arias

En el año 2012, el Centro comenzó la construcción del primer museo del tráfico de primates en Chile. Un lugar dónde los niños pueden conocer de cerca esta problemática, para que en el futuro no se vuelva a repetir. Foto: Felipe Arias

Panorama que no deja de ser alarmante si se repasan las últimas cifras de tráfico en la región, con Colombia  encabezando —junto a Brasil— el  tráfico ilegal, con más de 330 especies afectadas, de las cuales 234 corresponden a  aves, 76 a  mamíferos, 27 a reptiles y 9 a anfibios. Nación que durante el 2016 recuperó a más de 8.300 animales salvajes, capturando a más de 5.000 traficantes, los que en su mayoría quedaron en libertad, según reveló un reportaje del sitio Mongabay.

Mientras que en Perú, en los últimos 15 años fueron decomisados 67.874 animales de acuerdo a cifras del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR). Por su parte, Ecuador recuperó en 10 años, entre 2003 y 2013, la suma de 7.883 animales, según datos del Ministerio del Medio Ambiente de aquella nación.

En Chile, la situación tampoco dista de la realidad latinoamericana, pues en los últimos 6 años la PDI ha investigado 608 delitos asociados al tráfico de especies protegidas, incautando un total de 6.251 especies y sus productos. Estadística que es liderada ampliamente por las especies hidrobiológicas, con 4.394 ejemplares, y por las aves, con 1.221, de acuerdo a datos de la JENADEM.

Primates: en serio peligro de extinción

Los primates corresponden a uno de los grupos de mamíferos más diversos en el mundo, con más de 500 especies, de las cuales un tercio reside en el continente americano. Siendo Brasil el país con más primates de la región, con 128 especies; seguido de Perú, con 52;  y de Colombia con 38, de acuerdo a datos de la Asociación Primatológica de Colombia.

Según un reciente estudio publicado en 2016 por la Science Advances,  un 60% del total de especies de primates  se encuentran actualmente  amenazados con la extinción, y el 75% tiene poblaciones en claro declive. Investigación  llevada a cabo por 31 primatólogos, la cual combinó datos de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, artículos científicos y bases de datos de Naciones Unidas.

Disminución que es atribuida a actividades como la caza, el tráfico, la minería y la perforación petrolera, la tala de árboles,  la ganadería y la agricultura. Siendo esta última,  la causante de cerca del 76% de la destrucción de los habitáts de todas las especies de primates, principalmente por las cosechas de soja, palma y caucho. Panorama que de acuerdo a dicho informe, podría provocar una extinción global de cerca del 75% de las especies de primates en los próximos 50 años.


Esta nota apareció en la edición de Outside Chile, septiembre/octubre 2017

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