15 Días en Altura

Fotos Gentileza: Runology

Cuando Utah, el tercer estado más alto de Estados Unidos, adoptó su nuevo slogan en el 2006, Life elevated, muchos no entendían bien a qué se refería, pero la respuesta fue una: no es sobre la altitud, es una cosa de actitud. Sin embargo, quienes viven allá tal vez no alcanzan a apreciar lo que para mí, como extranjera, es una combinación perfecta entre altitud y actitud.

Nuestro viaje fue en pleno verano, por lo que para nosotras el antiguo slogan, The best snow on Earth, no hubiese tenido mucho sentido.

En ningún momento de nuestro viaje tuvimos contacto con la nieve, muy por el contrario, el sol y las altas temperaturas, las que algunos días alcanzaron los 45°C, nos acompañaron durante toda nuestra estadía.  En 15 días recorrimos 5 parques nacionales, conocidos como: The Mighty 5: Arches, Canyonlands, Capitol Reef, Bryce y Zion. Kilómetros y kilómetros por tierra de cañones, piedra arenisca, mucho calor y altura.

Antes de emprender el viaje, varias personas nos preguntaron a qué íbamos y por qué ese destino, al parecer lo único que sabían hasta ese entonces de aquel lugar, era sobre mormones y piedras rojas. Por lo que las fotos y las historias que nos trajimos causaron gran impresión; sin embargo, a diferencia de esas personas, nosotras si esperábamos encontrarnos con algo distinto a lo que la mayoría de la gente piensa de Utah.

Escribir sobre el viaje de Runology a Utah me resultó más difícil que otras veces, cómo resumir tanto sendero y postales mentales en un par de páginas. Me gusta viajar, me enamoro de cada lugar nuevo que conozco, pero esta vez fue distinto. Utah es de esos lugares en los que dices «me quedaría a vivir aquí». Por lo mismo, espero que estas palabras le hagan justicia al viaje alucinante que tuvimos, porque hoy miro con nostalgia, las fotografías de los lugares que visitamos, las que aumentan mis ganas de volver a pisar esa tierra roja.

Correr es la excusa, viajando es la forma…

Nuestro slogan no fue puesto por casualidad. Esta vez la excusa fue el Bryce Canyon Ultra o Bryce 100, una carrera de trail con distancias desde los 21 hasta las 100 millas, que se realiza en el Bryce Canyon National Park. Nosotras nos habíamos inscrito muchos meses antes, por lo que nos dedicamos a estudiar la zona y así fue que descubrimos diferentes parques que podíamos recorrer, como The Mighty 5.

Desde Santiago tomamos un avión a Los Ángeles, donde hicimos escala para volar a Salt Lake City en Utah. Ahí arrendamos un auto y manejamos a Moab, nuestro primer destino. La primera parada la hicimos en Arches National Park, 1.700 metros de altura aprox. (valor entrada: $25 dólares por auto, siete días) El parque está a 8 kilómetros al norte de Moab y tiene todo lo necesario para quedarse, lugares para comer, dormir y comprar cosas básicas.

Entre el cansancio del viaje en avión y el viaje en auto durante algunas horas por la carretera, el primer día llegamos a comer y dormir. Al día siguiente nos levantamos temprano, sabíamos que las temperaturas llegaban rápidamente a los 40 grados, por lo que teníamos que recorrer temprano y aprovechar el día.

BRYCE CANYON

ARCHES 5
Fotos Gentileza: Runology

El Arches National Park protege más de 2.000  arcos de piedra arenisca natural, como el Delicate Arch y el Double Arch. Apenas llegamos al parque quedamos impactadas por su inmensidad y formaciones poco comunes. Estábamos frente a una manifestación viva de la fuerza de la naturaleza y sus millones de años de historia, muy lejos de todo lo que nos enseñaron en clases de geografía en el colegio.

Las mejores horas del día para conocer el lugar son las de  la mañana y  tarde, así no solo escapas de las altas horas de calor, sino que además, la luz del sol es diferente y los paisajes se pueden apreciar de formas distintas. Nuestro segundo recorrido en Moab fue el trail Mag 7, si bien está preparado para bicicletas y jeeps, nosotras decidimos hacerlo corriendo. Se trata de un sendero plano, que se corre sobre una especie de meseta, esto se puede hacer de ida y vuelta o bien, un circuito y combinar con tierra. En esta ocasión nosotras hicimos 21 kilómetros en total.

Luego de correr, nos escapamos del sol y el calor por unas horas y disfrutamos de la piscina, para emprender luego el viaje a nuestro segundo destino, el Canyonlands National Park, tierra de cañones, 2.700 metros de altura aprox. ($25 dólares por auto, siete días). Antes de eso, habíamos visitado el Dead Horse Point State Park, una pequeña península de Canyonlands, en la que se puede ver la inmensidad de la tierra de cañones, algo similar al Gran Cañon y el río Colorado.

Ya en Canyonlands, partimos rumbo a The Needles, el nombre es por las «agujas» de arenisca que se formaron en la meseta Cedar que domina el área, éstas están a 60 kilómetros al sur de Moab por la carretera. En el lugar, hay muchos senderos para hacer senderismo, los que se pueden hacer en un par de minutos, horas, el día entero o incluso, durante toda la noche. Nosotras hicimos tres trails en la mañana, caminatas de algunos kilómetros que te llevan hacia la parte baja del parque o a mesetas desde donde se puede ver la inmensidad del lugar y las famosas needles.

El Cave Spring, es el trail que más recuerdo, es uno de los más cortos y fáciles que hay en el parque, es básicamente un loop pero tiene un gran detalle por un campamento cowboy de la zona y arte prehistórico nativo en roca; es prácticamente 1 kilómetro pero vale la pena parar y verlo. Cuando el calor nos empezó a complicar, decidimos dejar el lugar y partir al tercer parque, el que quedaba a cuatro horas y medias. Fue toda una aventura, ya que no sabíamos que veríamos en el camino, lo único que teníamos claro era que solo había una bencinera con un minimarket a la salida del parque, lo que nos ayudó a preparar las siguientes cuatro horas de viaje.

Esas largas horas en auto, nos llevarían a nuestra tercera parada: el Capitol Reef National Park, 2.730 metro de altura aprox. ($10 dólares por auto, siete días). A medida que pasaba el tiempo, las postales mentales de los lugares que recorríamos se comenzaban a acumular y, a pesar de que todo el paisaje estaba conformado por rocas, todas eran muy diferentes, al igual que la vegetación, los parques y los colores.

Capitol Reef National Park, es un parque relativamente nuevo, mucho más verde que los anteriores, con paredes de un naranjo intenso y domos de piedras blancas. Quienes viven ahí, lo conocen como un tesoro escondido, lleno de acantilados, cañones, cúpulas y puentes de piedra. Pasando el parque, 4K en dirección sur, está Torrey el pueblo donde nos quedamos; todas las mañanas corría hacía la entrada del parque y luego volvía al pueblo.

A pesar de ser un pueblo «nuevo», esta área ha sido el hogar de personas durante cientos de años. Tanto recolectores como cazadores migraron a los cañones, luego lo hicieron los mormones y algunos pioneros en 1.800 asentándose en lo que hoy se conoce como Fruita, un distrito histórico rural. En algunas paredes del parque están grabados los nombres y las fechas de la llegada de los primeros pioneros, escribir sobre eso o borrarlos, significa una gran multa para la persona que lo intenta.

En el lugar hay muchos senderos para recorrer, con distintas distancias y dificultades, todos muy especiales y gratos. Algo que llamó mi atención fue ver poca gente pero muchos animales en su hábitat natural. Aún recuerdo que en uno de los hikes que hicimos durante la tarde, un señor paró en el camino para avisarnos que había visto Big Horns, cabras de montaña pero enormes. No habíamos visto ni una en todo el sendero, pero mientras regresábamos en auto, sentimos un ruido de piedras cayendo, era un grupo de aproximadamente 10 de ellas corriendo, que se detuvieron por algunos minutos delante de nosotras para ser contempladas.

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Fotos Gentileza: Runology

Dentro de los senderos que se destacan, está el que te lleva a Hickman Bridge y otro llamado Cohab Canyon Trail, pero uno de los más recomendados es el trail que está  detrás del  Visitor Center, éste te lleva por agua a unas hermosas cascadas. Al igual que en los otros parques, hacíamos dos trails en la mañana y uno o dos en la tarde, así la temperatura no nos afectaba tanto.

El día que nos fuimos, pasamos a la cascada Calf Creek Falls, que está a 14 kilómetros de Capitol Reef y el trail es de 10 kilómetros ida y vuelta. El sendero es básicamente de arena, cuesta caminarlo y el río va rodeando el camino, pero al final cuando ya el calor es insoportable, están las cascadas, donde la gente disfruta del agua helada y la sombra de los árboles.

Así fue como dejamos ese pueblo de película, donde se sentían los casi 2.740 metros de altura mientras salíamos a correr por las mañanas. El cuerpo se hace más pesado y el cansancio llega más rápido, pero a pesar de eso, la altura no fue un impedimento durante el viaje. Nuestro penúltimo destino fue el Bryce Canyon National Park, 2.770 metros de altura aprox. ($30 dólares por auto, siete días).

A penas llegamos a Bryce Canyon, nos fuimos directo a la feria de la corrida, teníamos que retirar nuestros números, las poleras y el kit. En el parque hay hoteles, pero nosotras nos quedamos en Tropic, un pueblo a 16 kilómetros, ya que además de lo caro que son los hoteles, el parque estaba lleno. En la entrada del pueblo hay un restaurante, más bien un galpón con música country en vivo mientras afuera puedes ser parte de una fogata.

El día de la carrera hacía calor, eran las nueve de la mañana y habían más de 20 grados, los que rápidamente subirían. La salida estaba prevista para las 10 y ya estábamos mentalizadas para los 30 grados que nos esperaban. El trail era en altura, ahí fue cuando el slogan Life elevated cobraba más sentido, la mayoría de los senderos se movía entre ocho mil y nueve mil pies de altura; era una ruta de 21 kilómetros realmente increíble y desafiante. El sendero comenzaba en la entrada del Red Canyon y tomaba dirección al Golden Wall loop, para regresar al cañón principal luego de 7 kilómetros.

La primera parte de la corrida fue la más intensa, comenzamos subiendo y bajando unos 2 kilómetros, que nos sirvieron para acelerar el paso. Fue muy cansador, pero nos ayudaba pensar que en el kilómetro 8 había un punto de hidratación, por lo que debíamos llegar lo antes posible. En aquel lugar, había mucha comida, distintas variedades de dulces, chocolates y papas fritas; mientras comías una señora te sacaba la mochila para ayudar y hacer más rápido el paso por el sector. «Hielo, ¡qué inteligente!» fueron sus palabras cuando sacó mi bolsa de agua para rellenarla.

Días antes, me había estudiado el mapa y la altimetría, si bien el desnivel positivo no era extremo, había una subida que me preocupaba. Luego del kilómetro 8 venían 6 que fueron una tortura para todos quienes participamos de la corrida. Eran 6 kilómetros  de falso plano y subida sin parecer tener un término, ¿Esto es una broma?, ¿No hay más puntos de hidratación?, Me rindo y El calor es asfixiante, eran algunas de las frases que se escuchaban en el camino.

Mientras iba por el kilómetro 9, me desconcentré y caí bastante fuerte sobre el suelo, por lo que me hice una gran herida en la rodilla. Sabía que me dolería por unos minutos, así que me paré rápidamente, lavé mi herida y seguí el trayecto, no podía perder más tiempo. Justo cuando me caí, pasaron dos corredores, ni uno de los dos me ayudó, muy por el contrario, prefirieron gritarme «lástima, ibas tan bien» y «por eso uso guantes», como si sirvieran de algo los guantes en las rodillas; sin embargo, lo único que pensaba era que los iba a pasar luego, así que sus palabras de poco aliento no me afectaron.

Si bien había tenido algunas complicaciones durante la carrera, el momento más duro fue durante el trayecto de vuelta al Main Canyon, por suerte ya estaba mentalizada y sabía que en el kilómetro 14 estaría en la cima de alguno de los cerros. El calor era insoportable y  era inútil echarse bloqueador porque a los cinco minutos estaba goteando por la cara o el cuerpo. Sólo quería terminar lo más rápido posible.

Tal como lo había imaginado, llegué a la cima en el kilómetro 14 apróximadamente. Los últimos 7 kilómetros no fueron en bajada como se podría pensar, durante este trayecto había que estar constantemente bajando y subiendo, lo que era muy cansador. En el kilómetro 17 me encontré con los dos hombres que estuvieron cuando me caí, al verme sonrieron y comentaron «ahí viene la chica», me acordé de lo que había pensado anteriormente y los pasé.

La parte final del recorrido era solo en subida, excepto los dos últimos kilómetros previos a la meta, que eran completamente planos. Como en la mayoría de las carreras, fueron poco más de los 21 kilómetros planificados, por lo que al ver mi reloj marcar los 21 y no ver por ningún lado la meta, quise parar de inmediato. No estaba cansada, iba a buen ritmo, llevaba tres horas corriendo, pero tenía calor, solo quería estar en la sombra y sacarme las zapatillas, además a esas alturas el dolor en la rodilla era insostenible.

En eso, vi a mi compañera, que estaba lesionada, a 1 kilómetro de la meta y junto a ella, él que sería el ganador de las 100 millas, quien mientras pasaba por su lado me preguntó: ¿de dónde vienes que te ves tan bien?, lo que me sirvió como el último empujón que necesitaba para terminar. Y así lo hice, pasé la meta con el ganador de las 100 millas y de ahí directo a enfermería. Sin duda ha sido una de las mejores experiencias que he tenido, lo haría mil veces de nuevo. A pesar del calor, la tierra y las subidas, no hay cómo explicar el paisaje; los famosos Hoodoos del parque, nos acompañaron durante todo el trayecto.

Como todo estaba lejos del pueblo y la entrada del parque, teníamos que comer ahí, en distintas estaciones mientras esperábamos un shuttle que nos bajaría. Si bien lo que más deseábamos en ese momento era una ducha y descansar, aún nos quedaba ver una parte del parque, además queríamos seguir viendo Hoodoos, esos extraños pilares de piedra que se formaron luego de la erosión; por lo que en la tarde volvimos al lugar.

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Fotos Gentileza: Runology

En nuestra segunda visita, decidimos recorrer el Sunset Point y el Inspiration Point, desde donde se puede apreciar por completo el anfiteatro del parque. Luego de correr 21 kilómetros, solo nos dedicamos a caminar y mirar el paisaje, ver la forma de esos pilares, uno al lado del otro, era algo muy especial, tal como nos había comentado Polo Ramírez, quien nos recomendó visitar aquel lugar.

Todo lo que íbamos conociendo nos causaba una gran impresión, todo nos maravillaba, ¿cómo era posible seguir sorprendiéndose? y aún nos quedaba por recorrer. Al día siguiente a la carrera, fuimos a dar una última vuelta por Bryce Canyon y además, aprovechamos de ir a conocer el Navajo Loop Trail, desde donde se podían ver los Hoodoos más de cerca y el cañón desde adentro. Luego, partimos a lo que sería nuestra última parada en Utah, el Zion National Park, 2.600 metros de altura aprox. ($30 dólares en auto, por siete días).

Ya estábamos cerca del final del viaje y solo nos quedaba conocer el primer parque nacional de Utah. Si bien el paisaje seguía siendo de tierra de cañón, los colores eran muy diferentes, había más verde, las piedras eran más oscuras y las paredes más altas. Pero una de las cosas que más nos llamó la atención fue la carretera interna del parque, tenía un color café rojizo, lo que nos hacía pensar que era un camino de tierra y no de cemento. Desde ahí se podían ver los acantilados de piedra arenisca en tonos crema, rosa y rojo, y más arriba el cielo azul.

Nosotras elegimos recorrer los hikes junto a los guías del Visitor Center. El primero que conocimos fue el Emerald Pool para después irnos a The Virgin Narrows. Este último fue impresionante, caminamos kilómetros por agua y no hasta el tobillo, sino más bien casi hasta la cintura; lo bueno es que íbamos preparadas, como en la mayoría de nuestros recorridos, ya que revisamos la información del centro antes. Otro lugar imperdible es el Angel’s Landing, 4 kilómetros verticales que te llevan hasta lo más alto del parque. El último kilómetro de este sendero, se camina por una ladera que tiene cadenas para afirmarse, esta bajada también se puede hacer corriendo y al final está el río para refrescarse del calor.

En Zion te puedes quedar en el lodge dentro del lugar, acampando o en Springdale, un pueblo que está prácticamente pegado a una de las entradas del parque y que tiene menos de 500 habitantes. Nosotras nos quedamos ahí, en el Desert Pearl Inn, un hotel con una vista perfecta, un río y piscina en el jardín. No está permitido andar en auto, por lo que hay un sistema de buses que te llevan por los diferentes miradores y senderos, además estos buses terminan su recorrido por fuera del parque y pasan por diferentes paradas del pueblo, por lo que realmente el auto no es necesario. El único problema, es que los buses solo llegan al Visitor Center y para recorrer Zion hay que tomar unos buses internos, por lo que se hace una cola bastante larga.

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Foto Gentileza: Runology

Springdale era un pueblo precioso, con ciclovías, campos a su alrededor y todo tipo de restaurantes, tiendas outdoor y de souvenirs locales. El viaje ya estaba terminando y no podíamos creer todo lo que habíamos visto. Antes de irnos a Las Vegas para tomar el avión de regreso, nos quedamos una noche en un pueblo llamado La Verkin, para ir a Kanarra Creek unas cascadas en medio de Narrows a las que se llega luego de 5 kilómetros. Ahí aprovechamos de correr, ya que era un camino que se adentraba en el río, por lo que nuevamente caminamos por agua.

Luego de dos semanas recorriendo Utah fue raro volver a la ciudad, nos habíamos acostumbrado al paisaje y a estar en lugares con poca gente; pero en algún momento teníamos que volver. No hay palabras para resumir el viaje, recorrimos cinco parques con particularidades muy especiales, no tuvimos contratiempos más que una lesión que supimos cuidar, el calor se convirtió parte de la rutina y con el agua suficiente, comida y la ropa adecuada, logramos tener un excelente viaje.

Life elevated queda corto, todo es mucho más intenso e increíble a lo que uno ve en fotos. Todo es más grande, alto, lindo, caluroso y abismal. Cada tarde nos sentábamos en la terraza del lugar donde dormíamos y con una copa de vino, más que merecida, comentabamos el día y revisabamos las fotos de todo lo que habíamos visto. Cada noche caíamos rendidas, pero con el corazón lleno hasta el tope, listo para la aventura del día siguiente.

Cada hike, mirador, narrow, cañón, sendero y pueblo que visitamos, fueron flechazos en nuestros corazones, que les aseguro, volvieron «elevados». Es impresionante como la naturaleza te puede mostrar y entregar tanto. Si antes pensaba que hace bien conocer lugares nuevos, hoy lo creo aún más; este tipo de experiencias te lleva a niveles de emoción y aprendizajes que jamás imaginarás.


Esta experiencia apareció en la edición de Outside Chile, septiembre/octubre 2017

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