Seniors at the Summit

El años pasado, la expedición Seniors at the Summit, liderada por Rodrigo Jordán, ascendió al Everest por la peligrosa cara norte. Todo esto, con el objetivo de poner un tema sobre la mesa: la realidad que viven muchos adultos mayores en el país. Además, en el camino, el equipo cerró un ciclo al buscar a Víctor Hugo Trujillo, un montañista que murió en la misma ruta hace 30 años.

Brillaba más que nunca el sol, estaba muy despejado, el viento era calmo, habían sobrepasado las nubes y las numerosas cimas de las montañas más altas que se pueden divisar en el cordón de los Himalayas.

En una cumbre estrecha un grupo de chilenos hacía historia, estaban a 8.848 metros de altura, en la «frente del mundo» y un cielo azul intenso los acompañaba. Todos con su traje de expedición, antiparras, máscaras y oxígeno, bota triple, más crampones, arnés, piolet y mochila; escuchaban el silbido del viento y su respiración agitada, era momento de contemplar por unos minutos la vista, a un lado del tubo de oxígeno enterrado al que están amarrados los típicos banderines nepalíes que decoran la cima y que esta vez están semitapados por la nieve.

Fue un 23 de mayo de 2016, a las 10.15 de la mañana, hora local, cuando los chilenos Rodrigo Jordán, Juan Pablo Alcalde, Misael Alvial y Patricio Urzúa, alcanzaron la cumbre del Everest y se transformaron en la sexta expedición chilena llegar a la cima del mundo, pero fueron los primeros chilenos en hacerlo por la cara norte,  una ruta más peligrosa y expuesta a las condiciones climáticas, donde corren vientos de hasta 140 kilómetros por hora. Un lugar en que no se hacen rescates en helicópteros, debido a esta condición.   

Esta expedición privada fue financiada por Nicolás Ibáñez, empresario chileno y presidente de la Fundación Oportunidad Mayor (FOM), entidad que hace 15 años genera y coordina proyectos que promueven el envejecimiento activo y que busca que la sociedad integre y valore a los adultos mayores, la organización mantiene una alianza con Fundación Las Rosas y el Hogar Padre Pío. Seniors at the Summit surge al alero de esta institución, y en especial porque Ibáñez quiso pasar su cumpleaños número 60 —cifra con la que entra a la tercera edad— realizando una gran travesía, demostrado que los años no son un límite para alcanzar las propias metas, y haciendo un llamado a crear conciencia que es necesario poner en valor a este grupo etario que tanto ha entregado a la sociedad. En este tema de acuerdo a Ibañez, la cultura himalaya es referente, ya que estas personas son parte fundamental de la familia.

(Foto gentileza de Seniors at the Summit)

(Foto gentileza de Seniors at the Summit)

Antes de comenzar el viaje, el empresario declaró al cuerpo de Economía y Negocios de El Mercurio: «Poner en la cumbre una sensibilidad por los adultos mayores, es una provocación a la sociedad chilena.

Se habla mucho de la inclusión y nuestros abuelitos mueren solos y abandonados. El Estado puede ayudar y debe hacerlo, pero es tarea de todos. Se habla mucho de esto y se hace muy poco», agrego.

Según datos del Servicio Nacional del Adulto Mayor, Chile tiene aproximadamente tres millones de personas cuya edad supera los 60 años, y se estima que para el año 2025 habrán más personas mayores que menores de 15 años, por eso la necesidad hacer un llamado de atención.

A un año de la expedición, el filántropo reafirma a Outside sus palabras y enfatiza: «Hoy enfrentamos un doble desafío: volver a recuperar los consensos en torno a una sociedad más libre, más digna, más próspera y en paz, y a la vez preocuparnos por los adultos mayores. Chile es un país que envejece rápidamente y ¡envejece mal!, debemos poner mucho más atención en nuestros adultos mayores, quienes debieran estar plenamente integrados a nuestra sociedad».

Patricio Urzúa, integrante de la expedición, comenta que visitaron centros de acogida en Nepal y notaron la diferencia con la posición social que tiene los mayores allá. «La familia se hace cargo, allá no hay hogares de ancianos, la gente que baja de la montaña por trámites y hay hogares que los reciben, pero no viven ahí, ellos se quedan con su familia hasta que mueren, porque tienen un lugar súper importante en la sociedad. En cambio acá mandan a los abuelitos a hogares y se olvidan, nosotros hemos ido a muchos, y da pena. La única gente que tienen, es la que los atienden, peros sus hijos y nietos no los van a ver».

PREPARACIÓN

El equipo inicial que viajó a Katmandú estuvo compuesto por 11 personas que realizaron un entrenamiento de aproximadamente dos años, el que consistió en trabajo individual en gimnasio, y trabajos en terreno en cerros  como El Plomo, Leonera, Piedra Numerada.

El grupo estaba liderado por Rodrigo Jordán quien junto a Nicolás Ibáñez, y Eugenio Guzmán, en  2008 habían subido el Lhotse, de 8.516 metros de altura,  acompañados de Gabriel Becker, Misael Alvial y Sebastián Irarrázabal. En esta oportunidad,  a todos ellos se sumó Juan Pablo Alcalde y Patricio Urzúa. Este equipo estuvo acompañado en la etapa de aclimatación por Tomás de la Puente, más la esposa y la hermana de Ibáñez: Ana María Domínguez y Victoria Ibáñez, respectivamente.

La logística estuvo a cargo de la empresa de Rodrigo Jordán: Vertical, que gestionó con una agencia local los permisos para acceder por el Collado Norte. Todo el equipamiento fue llevado desde Chile, trasladaron carpas, sacos de dormir, comida, equipos de seguridad, cuerdas, combustibles, botellas de oxígeno, en total utilizaron cuatro toneladas de equipaje, incluyendo algunas cosas que compraron en Nepal.

ACLIMATACIÓN

La expedición comenzó el 30 de marzo de 2016, cuando salieron de Chile camino a Nepal.De Katmandú se fueron al pequeño poblado de Lukla, donde comienza el trayecto hacia el campamento base del Everest, para iniciar la marcha al valle de Khumbu, la cara suroeste del Everest. Donde realizaron el proceso de aclimatación que se extendió por 18 días, en los que caminaban entre 7 y 10 kilómetros diarios, recorriendo montes del sector cuya altura variaba entre los tres mil y seis mil metros.

Durante cada desayuno, evaluaban la planificación, teniendo cuenta el clima. Sino los favorecía, tomaban un día de descanso que les servía para recuperar fuerzas, tomar fotos y conectarse a internet para mantener informados a sus familiares. También evaluaban la capacidad del grupo e iban alternando rutas más largas con otras más cortas, la idea era probar el equipo y moverse para adaptar el cuerpo a la altura.

(Foto gentileza de Seniors at the Summit)

(Foto gentileza de Seniors at the Summit)

Finalizada esta etapa, se dividieron, tal como estaba contemplado. Ocho siguieron el trayecto a Lhasa para arribar finalmente al campamento base del Everest, por el lado del Tíbet, a una altura de 5.180 msnm, y donde los esperaban cinco sherpas con el campamento instalado.

En el campamento base avanzado, a los 6.500 metros de altura, durante toda una mañana se realiza la Puja, tradicional ceremonia sherpa en la que hacen ofrendas y oran por la paz y la prosperidad de los deportistas. El jefe de la expedición, Eugenio Guzmán, aclara que «ellos no piden por el éxito de la expedición, sino por el bienestar de todos nosotros».

EL REENCUENTRO

Una de las etapas más significativas del viaje, fue la búsqueda del cuerpo de Víctor Hugo Trujillo, un montañista que participó de la primera expedición chilena que intentó hacer cumbre en 1986, acompañado de Rodrigo Jordán, en una expedición liderada por Claudio Lucero.

Trujillo, estudiante de geografía de la Universidad Católica, murió a los 24 años, a siete mil metros de altura, producto de una avalancha. Tragedia por la cual decidieron no continuar el ascenso hacia la cima. Sin embargo, sí pudieron recuperar su cuerpo, el que fue trasladado a un sector donde lo toparon e improvisaron una cruz de madera.

Esta vez, Jordán decidió avanzar a los pies del Collado Norte e intentar identificar la pared de rocas que tenía en mente. Divisando dos zonas que le llamaron la atención, y dirigiéndose a la primera de ellas, donde pudieron encontrar los restos de Víctor Hugo, pero sin la tumba ni la cruz que le habían construido hace tres décadas. Según comentó en junio del año pasado a La Segunda: «Fue muy fuerte, reconocí el cuerpo y la ropa, me emocioné, me puse a llorar. Identificamos los cortavientos que usamos esa vez. Ahí estaban sus iniciales: VHT».

Hoy afirma, que estaba seguro que encontraría a su amigo, «porque tenía grabado en la memoria —impreso diría— el lugar donde lo habíamos dejado. Un lugar protegido de las avalanchas bajo un impresionante muro de roca que se me imaginaba como una catedral natural. Fue muy conmovedor y fue imposible retener las lágrimas. Hicimos una ceremonia como Dios manda y construimos un pequeño monolito en el que incrustamos una placa que la familia había preparado en Chile».

El cuerpo quedó tapado de piedras, a un lado pusieron la bandera chilena, al otro, una cruz, la parte superior fue decorada con banderines nepalíes -y en medio de una piedra imponente- la placa que reza: «A 30 años de tu partida, tus señeros pasos han calado hondo en nuestra existencia, pues esta cordada eterna latirá por siempre con tu legado de amor». Allí hicieron una emotiva ceremonia junto a los sherpas.

«Fue muy emocionante, todos lloramos, porque era un montañista igual que nosotros, con las mismas expectativas, para todos quienes amamos este deporte nos marcó, uno sabe que si la naturaleza se porta mal, o si no eres precavido, estás  jugando con tu vida», añadió Urzúa.

De acuerdo a Jordan, este ritual le dio mucha paz al grupo,  y terminó siendo clave para continuar. Pero no cerraba el  ciclo, pues para ello, tenían que terminar la ruta que iniciaron hace tres décadas.

De vuelta al campamento base avanzado, había que armar los 3 campamentos previos a la cumbre, el primero estaba sobre los 7.000 metros, el segundo estaba a los 7.700 y el tercero a los 8.000. Sería la primera vez que acampaban tan alto, en plena zona de la muerte.

ARMAR CAMPAMENTOS

Con respecto a la alimentación, Vertical llevó la comida de altura, que es liofilizada. Eugenio Guzmán comenta que el menú consistía en tallarines, arroz con pollo, strogonoff y lasaña, con eso abastecieron los 3 campamentos, y enfatiza que como máximo, consumían 10 días ese tipo de alimentos, dieta que se complementa con frutos secos y barras de cereal.

Además, explica que existe la posibilidad de comprar casi todo en Katmandú, vale decir, el arroz, las papas, los cereales, la leche; los productos son trasladados en camión hasta el mismo campamento base del Tíbet, y por otro lado, los habitantes de pueblos cercanos llegan cada día e instalan una pequeña feria donde es posible comprar zanahorias, tomates, fruta fresca y un poco de carne. De ese campamento, la comida se traslada en lomo de jak al campamento base avanzado y de ahí se suministra a los otros campamentos, con ayuda de los sherpas, trasladando solo lo necesario.

«Si todos están bien, sin ningún malestar, todos trabajan, tanto chilenos como sherpas. Administramos las cargas, equipo común como comida, gas, anafres; las llevas de un campamento inferior a uno superior, vas porteando hasta que acopias lo necesario y de ahí porteas a los de más altura, alguien se queda en el campamento uno, vas a dejar cosas al dos, y después abasteces el 3, pero no te quedas en el tres. Trabajas alto y duermes bajo. No duermes en el tres, a menos que sea el día de cumbre», dice.

Un tema relevante es el descanso, el que según Urzúa, no debería causar problema si es que hubo un buen proceso de aclimatación. Recuerda que dormía entre ocho y diez horas diarias,  y que le gustaba mucho el té con leche que preparaban los tibetanos, al cual le llamaban dulchea. También rememora que hacía un té amargo con grasa de jak, el que entre risas explica que era una bomba de energía, asegurando que prefería el otro.

Una de las cosas que más le llamaron la atención a Urzúa, fueron los cadáveres que están camino a la cumbre. «Parecen verdaderos maniquíes, es increíble, en el campamento tres, sales y están al lado de las carpas, lo que genera un tremendo contraste. Tenías un paisaje increíble, paraíso para todos los montañistas, pero encontrarte con ellos me recordaba la muerte, recordaba que no podías cometer errores».

La meteorología es un elemento clave, indispensable para definir el día que se atacará la cumbre, tras semanas revisando distintas páginas web sobre pronósticos y comparándolos con la información que manejan otras expediciones, encontraron la ventana que estaban esperando para subir.

«Uno de los momentos fuertes fue decidir la fecha en que haríamos cumbre, hay que hacer una buena predicción, los cinco días tiene que coincidir en buen tiempo arriba, toda la subida hasta el campamento 3 no sirve de nada si te pillas con mal tiempo en el camino, y no puedes esperar allí porque estás en la zona de la muerte. Fueron momentos tensos… decíamos… vamos ahora, o mejor no… hasta que todos los reportes coincidieron que el 23 era día de cumbre», asegura Urzúa.

DÍA DE CUMBRE

Un 22 de mayo a las 23.30 horas comenzaron el ataque final a la cima. Era de noche, pero la luna hacía lo suyo, abriendo camino en la oscuridad, Guzmán y Urzúa recuerdan el frío, que llegaba a los 45 grados bajo cero, una ruta que avanza sobre filos, se caracteriza por tener roca lisa y paredes de hielo infinitas.   

A parte de todo el equipamiento técnico, el grupo lleva en sus mochilas, barritas energéticas, tres litros de agua y tres botellas de oxígeno, cada una pesaba 2.2 kilos.

Para Guzmán, si ese cerro no tuviera cuerda fija, «el 90% de las personas no podría ir. Es una ruta que requiere que sepas escalar, se requiere del uso de cuerda, entre los 8.300 metros y la cumbre, es una ruta que no permite errores, si te pegas un tropezón y no estás anclado a la cuerda fija o encordado a tu compañero, vas a caer 100 metros mínimo. No es tan difícil, pero está muy expuesta, si vas cansado o si no tiene suficiente oxígeno, te podrías equivocar en ese sentido, y de una caída ahí, es muy difícil salir vivo».

Paralelamente, el campamento 1 estaba Sebastián Irarrázaval, el médico del equipo que mantenía conexión por radio con los integrantes del grupo e iba informando a los familiares vía WhatsApp sobre los logros de los montañistas.

(Foto gentileza de Seniors at the Summit)

(Foto gentileza de Seniors at the Summit)

En tanto, para los deportistas comenzaba a amanecer, parte del grupo estaba a 8.600 metros de altura, eran las seis de la mañana y a partir de las ocho estimaban que podrían hacer cumbre, sin embargo, Nicolás Ibáñez tuvo síntomas de congelamiento en las manos, le dieron primeros auxilios, pero la decisión fue volver; lo acompañó Eugenio Guzmán y Misael Alvial. Los otros cuatro integrantes continuaron a la cumbre.

Para quienes bajaban fue una jornada extenuante, tuvieron que descender desde los 8.600 metros de altura, a los 7.100 donde estaba el campamento uno, pero antes debían llegar al campamento tres, sacar las cosas y continuar bajando.

Fue un camino con desafíos, la vida les permitió ayudar a dos personas que hoy viven gracias a este gesto. «Había un escalador norteamericano que andaba solo sin oxígeno, era asmático y estaba con edema pulmonar y cerebral, quedó botado a 8 mil metros, lo vimos, lo ayudamos y lo bajamos al primer campamento, eso fue titánico, de a poco se fue recuperando, pero muy lento. Gabriel se fue con Nicolás, y con el norteamericano me quedé más atrás. Ellos encontraron un mexicano que tenía ceguera temporal, andaba deambulando cerca del collado,  luego que se había separado del grupo, estaba caminado directo a un filo,  Gabriel lo agarró y lo sacó de ahí», rememoró Guzmán.   

Mientras el equipo seguía su trayecto a la cumbre por una ruta que es ligeramente menos empinada que el lado sur, pero más larga y en plena zona de la muerte, continuaron por el segundo y tercer escalón, para luego comenzar una fuerte inclinación hacia la cima, cercana a los 50º a 60º.

Tras casi 11 horas de ascenso, Rodrigo Jordán, Misael Alvial, Patricio Urzúa y Juan Pablo Alcalde alcanzaron los 8.848 metros de altura, a las 10.15 de la mañana. Alzaron los brazos y mientras las antiparras y mascarilla de oxígeno ocultaban su rostro de felicidad, daban gracias a Dios y a la montaña por alcanzar su objetivo. En un bastón de trekking izaron la bandera chilena y la de la expedición. Seniors at the Summit había cumplido la meta, habían hecho cumbre y como anécdota, lo hicieron casi a la misma hora que hace 24 años un chileno pisaba por primera vez la cumbre del monte Everest, expedición que también fue liderada por Rodrigo Jordán.

Era momento de tomar fotos y disfrutar de la vista; luego de 20 minutos comenzó el regreso, catalogado por el jefe de la expedición como la parte más peligrosa, ya que tras haber llegado a la meta, la mente se relaja y el cuerpo va cansado, por lo que es más fácil que ocurran accidentes.

(Foto gentileza de Seniors at the Summit)

(Foto gentileza de Seniors at the Summit)

A un año del viaje Urzúa publicó en redes sociales: «Me siento muy emocionado al pensar y recordar los bellos momentos que pase allá en la cumbre del Monte Everest. Mi corazón y mi alma se regocija de emoción y agradecimiento a Dios y la montaña por permitirme alzar mi símbolo patrio en la parte más alta del mundo y poder haber cumplido el sueño de toda una vida, primero que todo como persona y como montañista, agradecer a todos los que creyeron en mi y en mi cordada Senior at the Summit».

Pero ahí no terminaba la travesía para uno de los integrantes del grupo. Para Jordán algo quedaba en el tintero, así que de vuelta pasó a despedirse de Víctor Hugo Trujillo y le dijo: «compañero, completamos la pega 30 años después». Su amigo podía descansar en paz.

APRENDIZAJE

Para el empresario Nicolás Ibáñez, el viaje dejó «una gran lección en humildad y paz para enfrentar las vicisitudes de la vida. Estuvimos inmersos en sociedades golpeadas por la adversidad del clima y la geografía, sin servicios básicos como agua potable o alcantarillado, donde cada paso es un esfuerzo, donde es un privilegio tener leña para el fuego y una cosecha de papas para enfrentar el invierno».

Además, agrega que «se produjeron muchos momentos significativos, cuando entramos en contacto con los adultos mayores en Nepal y Tíbet. Si bien la comunicación verbal fue difícil, igual pudimos sentir la paz y sabiduría de los más ancianos y apreciar el respeto y cariño de los más jóvenes hacia sus mayores. Nos dio siempre la impresión que los más viejos eran parte normal de la sociedad y eran partícipes importantes y privilegiados de la vida en familia y la vida laboral».

Para Vertical era la primera vez que vinculaban una ascensión a una causa, «no era solo subir la montaña por una ruta nueva, para nosotros era hacerla para apoyar la idea que nuestros adultos mayores son un gran activo para Chile. Y algunas veces los descartamos y no vemos el gigantesco aporte que le hacen y pueden hacer aún más a nuestro país. Si pudimos colaborar con esa toma de conciencia entonces nuestra expedición fue doblemente exitosa», dijo Jordán.

FRUTOS DE LA EXPEDICIÓN

En cuanto al montañismo nacional, se consolidó un gran logro, Rodrigo Jordán se transformó en la única persona no sherpa que ha subido el Everest por sus tres caras, Collado Norte, la Pared del Kangshung y el lado Sur. «Es un cierto récord para los que no  están en el rubro, pero a nosotros no nos dice mucho, escalamos montañas por la aventura compartida con buenos amigos, con escaladores que son secos, pero sobre todo son buenas personas. Lo esencial es que los otros dos montañistas son sherpas y eso me alegra, compartir un ‘podio’ con ellos me enorgullece», dijo.

Por otro lado,  se logró visibilizar la problemática que expuso el grupo. Medios como El Mercurio, La Segunda, y Las Últimas Noticias, fueron algunos de los que replicaron el desarrollo de la expedición Seniors at the Summit, difundiendo su mensaje de valorar a las personas de la tercera edad.

A raíz de la expedición, Fundación Oportunidad Mayor tomó contacto con Claudio Lucero y el año pasado realizaron dos actividades de senderismo para adultos mayores con los municipios de Colina y Estación Central, grupos que fueron ap

(Foto gentileza de Seniors at the Summit)

(Foto gentileza de Seniors at the Summit)

oyados por personal de Vertical. En total 130 personas participaron de la actividad que tuvo una charla motivacional previo al trekking en Río Clarillo. Ambas actividades estuvieron a cargo del experimentado montañista de 84 años, Claudio Lucero. Actividad que se volverá a replicar este año.

FOM destaca que el ascenso al Everest dejó otro fruto: el Proyecto Legados, el que busca rescatar la trayectoria de hombres y mujeres que sean referentes del envejecimiento activo, la medida consiste en publicar libros biográficos, de los que lanzarán seis tomos, ya trabajan en el primero, que narrará las experiencias de Claudio Lucero.     

«La idea es mañana hacer otros Seniors at the Summit, con otra actividades que incluyan un desafío, que implique encumbrar a los mayores», afirma Soledad Alcalde, directora de proyectos de Fundación Oportunidad Mayor.   

RELOJ DE ARENA

Chile avanza a pasos agigantados hacia la vejez, urge más que nunca poner en valor nuestros adultos mayores e integrarlos a la vida social y laboral, reincorporarlos desde la raíz: la familia. Es importante que privados e instituciones generen ruido, Seniors at the Summit puso un tema sobre la mesa, es momento de tomar parte en la discusión y labrar un camino más inclusivo que el actual, porque todos caminamos hacia allá y esperamos que  las futuras generaciones realmente crean que las arrugas y las canas son sinónimo de experiencia y sabiduría, la misma que los Himalayas reconocen y que esta expedición admira, es momento de volcarnos y mirar a las culturas ancestrales que están mucho más desarrolladas en este tipo de inserción.


Esta entrevista apareció en la edición de Outside Chile, septiembre/octubre 2017

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