La Primera Escuela de Surf Pública de Brasil 

Fotos por Felipe Arias

El compañerismo, la inclusión, el amor y el respeto por la naturaleza son los pilares que sostienen a esta revolucionaria institución que se encuentra
totalmente abierta a la comunidad.

Son las 15 horas en la playa de Pompeya, ubicada en la ciudad brasileña de Santos, cuando comienza la segunda tanda de clases de la Escuela Radical de Surf, perteneciente a la Secretaría de Deportes de la Prefectura de Santos. Cerca de diez alumnos, de diferentes edades, se aventuran a desafiar el perfecto e inofensivo oleaje a bordo de las tablas de longboard bajo la atenta mirada del profesor Marcelo.  

En plena orilla, a un costado de la torre salvavidas, yace la joven profesora Isabella Panza, junto a una imberbe pareja de hermanos. La experimentada surfista, quien ha participado de una serie de importantes torneos fuera de su país —como el pasado Campeonato Mundial de Longboard en Trujillo, Perú— traza un par de líneas en la arena simulando los límites de una tabla, para luego enseñarles la postura y la técnica que deberán implementar con el fin de conseguir montar una ola. 

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La joven profesora Isabella Panza no esconde la alegría que le produce ver a sus alumnos montar su primera ola. (Felipe Arias)

Un par de metros adentrado en el mar, se encuentra el profesor Gabriel, hermano de Isabella, junto a un pequeño aprendiz de no más de diez años que se encuentra cursando su primera clase. Aguardando la ola precisa, el docente retiene la tabla, donde yace acostado Lucas, hasta que de un instante a otro, llega la hora de la verdad. El muchacho se levanta y planta correctamente sus dos diminutos pies, montando la ola como los que saben. Su sonrisa al terminar lo dice todo.  

Muy cerca de aquella escena, a bordo de una tabla de bodyboard, está Inés, quien a sus más de 70 años, sigue disfrutando del vaivén del océano como la primera vez que asistió a la escuela, hace ya más de dos décadas. «No he faltado ni un solo día. Nací acá en Santos, soy una apasionada por el mar. Me encanta el ambiente que se genera en la escuela, donde todos son tratados por igual, y donde no existen rivalidades», sostiene.   

Amor por la enseñanza 

Son casi 30 mil alumnos los que como Inés, han tenido la posibilidad de formarse durante los 26 años de existencia de esta histórica institución —dependiente de la Prefectura de Santos—, considerada la primera escuela pública de surf de Brasil. Proyecto que fue fundado en julio de 1992, de la mano del coordinador y legendario Francisco Cisco Araña, uno de los primeros surfistas profesionales que representó a ese país en torneos internacionales.

«Aquí no había nada, y por un proyecto en el que había participado, el secretario de deportes me dijo ‘quieres hacer una escuela, vamos’. Antes de la escuela yo daba clases acá mismo a unos seis chiquillos, y en el primer año de la creación del proyecto ya teníamos a 150 personas.  Hoy en día, atendemos entre 1.600 a 2.000 alumnos por año». 

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Las olas santistas han sido el escenario de práctica y aprendizaje de un centenar de surfistas locales. (Felipe Arias)

 —¿Cuál  crees que ha sido la clave para que este proyecto sea tan exitoso?  

«Yo creo que es el amor. El amor de los profesores de querer entregar sus conocimientos, de querer hacer feliz a sus alumnos, pero más allá del surf, proviene del alma de la persona. Aquí no se paga nada,  es absolutamente gratuito», relata Cisco. 

Aquel profundo amor por la labor de enseñar de la  que habla Cisco,  no puede estar mejor reflejada que en  Irapajy, uno de  sus profesores más antiguos, quien lleva  23 años formando surfistas. Partió como alumno y luego siguió como monitor asistente de los profesores, para finalmente  ingresar a la facultad de  educación física,  de donde se graduó, para así terminar participando del concurso público con el fin de acceder al plantel  docente del que ahora es parte. 

De acuerdo a Irapajy,  en la escuela coexisten tres grandes visiones: «No sé si has escuchado sobre los kahunas, que eran los antiguos líderes espirituales hawainos. Ellos estaban muy ligados al medio ambiente y muy ligados a la guerra, y  también tenían una relación directa con la ciencia. Entonces, aquellas tres perspectivas están muy arraigados acá en la institución». 

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Los pequeños aprendices siguen al pie de la letra los consejos de Isabella. (Felipe Arias)

«Estos tres pilares están marcados por los valores como el respeto por la naturaleza y las personas,  la amistad y el compañerismo, lo que puedes notar cuando un alumno carga la plancha de otro que no puede, o cuando ves a los alumnos surfeando en grupo», sostiene.  

El docente nos explica que durante las clases se muestra todo lo que está aconteciendo en el medio marítimo. «Por ejemplo, en los días lluviosos en la bahía de Santos se abren las compuertas de los canales y toda el agua del canal va para el mar, entonces esos días no se tiene olas y explicamos todo el proceso bioquímico que esto conlleva. Entonces, cualquier eventualidad que se da en el día a día es aprovechada, como la aparición de un delfín muerto, o de aguas contaminadas. Y de alguna forma, el alumno entra en el mar y éste no quiere surfear en aguas que no estén limpias, y cuando está sucia, conseguimos explicarles de dónde proviene esta suciedad, que favelas y palafitos aquí atrás, y da para explicar también no solo de medio ambiente, sino que del lazo social de la ciudad. Esa construcción demora un tiempo». 

Irapajy nos invita a pasar a la pequeña sala donde se enseñan conocimientos prácticos, como meteorología y oceanografía aplicada en el surf, medio ambiente y primeros socorros, entre otros. En la pizarra comienza a dibujar algunas de las variables atmosféricas que se les enseñan a los alumnos para que puedan saber cómo estarán las olas un determinado día. 

 

Una escuela inclusiva 

Al principio, esta escuela se creó exclusivamente para formar competidores, teniendo 20 alumnos por clase. Con el pasar del tiempo, comenzaron a ingresar  mujeres, en una época donde sí era novedad verlas surfeando, aumentado considerablemente el número de ellas hasta llegar a igualar el registro de hombres. Fue en aquel mismo periodo en el que fueron ingresando personas de la tercera edad, así como gente con distintas discapacidades: carencia de visión o  sin alguna extremidad. Todo esto, como parte del proyecto inclusivo Sonhando sobre as ondas (Soñando sobre olas).  

«El problema era que teníamos un alumno ciego, Vladimir —quien se convirtió en el primer surfista no vidente de Brasil—, y en un principio tuvimos muchas dificultades porque no había lenguaje braille, entonces en ese momento la escuela no pensaba en eso. Y muchas veces la clase se cortaba porque se olvidaba de llevar algunos implementos. Y un día me quedé muy mal por esto y me peleé con mi maestro. Le dije, mira ‘eso no puede pasar, el tío viene de lejos, es ciego, no ve nada, y llega aquí y no puede realizar la clase’. Y comencé a dibujar todo lo que necesitábamos, para que los maestros no se olvidaran más, y para que Vladimir tuviera una buena clase», relata su creador.  

«Empecé a dibujar, e hice una tabla para ciegos en 2006, y gracias a un reportaje de la cadena televisiva Globo, el diseño se hizo conocido alrededor de Brasil y del mundo, permitiéndome conseguir una beca para continuar estudiando. Pero después, la tabla se quedó muy limitada para otras patologías, ya sea personas con poca movilidad, tetrapléjicos, downs, autistas, entre otras. Entonces en 2014 creamos una segunda tabla, de tipo multifuncional, la que también puede ser utilizada con ciegos», narra con orgullo Cisco. 

Este equipamiento que contiene una serie de elementos adaptables (módulos removibles) según la patología de cada persona,  construidos  de un material sumamente flexible y diseñado para evitar impactos, permite un encaje mucho más anatómico y seguro para los alumnos que la utilizan.  

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En su primer intento, Lucas consigue ponerse de pie en la tabla de longboard. (Felipe Arias)

Tablas cuyas licencias se encuentran absolutamente abiertas para ser utilizadas por quien quiera, y las cuales ya han sido replicadas en  diferentes ciudades costeras de Brasil, como Fortaleza, Cabo Frío y Florianópolis,  así como en Uruguay, Portugal, España, El Salvador, Perú, e incluso Chile; precisamente en la ciudad  de Arica, donde Cisco tuvo la oportunidad de exponer y de donar dos de sus revolucionarias creaciones en octubre de 2017, una tabla para no videntes y una multifuncional.

Según Irapajy, «Fueron llegando personas parapléjicas, tetrapréjlicas, con síndrome de down y con algún grado de autismo, lo que en algunos casos no podían ser atendidos durante la clase, y  para los que se necesitaría un profesor especial. Pero eso ya no sería más inclusión, porque sería apartarlo del grupo. Entonces,¿cómo atentemos bien sin dejar de ser inclusivos? Los alumnos son convidados a ser voluntarios para venir los días lunes a ayudar en las clases; gestándose una real inclusión en las que se reconocen como iguales, y donde son compartidas las sonrisas, las bromas y el placer de disfrutar este deporte». 

 Actualmente, la institución cuenta con 80 alumnos con capacidades diferentes, y de acuerdo a Cisco, para 2018 van a tener una escuela igual a ésta, pero dedicada exclusivamente a personas con capacidades diferentes, en una locación muy cercana, en plena playa. Será un proyecto inédito que sin duda se transformará en un referente a nivel nacional y mundial.  

 Dos veces por año la escuela abre alrededor de 250 a 300 vacantes, tanto a comienzos de febrero como a mitad de año. Aquí se ofrecen clases de surf y de bodyboard para mayores de cinco años,  durante los cinco días de la semana, divididas en jornadas de mañana y de tarde. Los días lunes están dedicados a recibir a alumnos con algún tipo de discapacidad, mientras que los miércoles las clases son destinadas a diferentes personas o grupos que hayan agendado una clase .En tanto, durante febrero , que es la época de verano, las clases son abiertas para todo público. 

La escuela se encuentra totalmente disponible para recibir donaciones, preferentemente no solo de carácter monetario, como aclara Irapajy, sino indumentario, como tablas e accesorios deportivos.  

Pioneros del surf 

A un costado de la escuela, se encuentra una grandiosa estatua de Osmar Gonçalves, quien se dice, fue el primer surfista brasileño de la historia y uno de los inventores de la primera plancha elaborada en esta nación: una pesada y larga pieza de madera de 3,90 metros de longitud y  casi 80 kilos de peso con la cual aparece retratado. Alrededor de esta monumental escultura, aparecen grabados los nombres de importantes personalidades que contribuyeron a engrandecer el surf santista. 

 Sin embargo, estas atribuciones sobre la figura de Gonçalves son contrariadas por una versión que asegura que fue Thomas Rittscher, norteamericano radicado en Santos, quien fue el inventor de aquella plancha en 1937, al tomar como modelo un diseño aparecido en la revista estadounidense Popular Mechanics,  y asimismo, el primer deportista en conseguir montar una ola en todo Brasil.  

Pero más allá de toda polémica, lo claro está es que estos dos referentes contribuyeron significativamente a cimentar el camino para que la ciudad se convirtiera en lo que es hoy: una urbe donde el surf ocupa un lugar preponderante dentro de la práctica deportiva, albergando incluso el primer museo dedicado a este deporte, con una creciente comunidad de surfistas y con una serie de actividades y emprendimientos en torno al surf. 

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Los profesores Gabriel Panza y Francielli Matos. (Felipe Arias)

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