El Camino de un Guía

(Colección Señoret Brothers / www. senoretbrothers.com)

La experiencia de Cristóbal Señoret en la montaña se convierte en un modo de vivir donde la amistad cobra importancia. Es en aquellos terrenos solitarios donde ha experimentado sus momentos más profundos de realización en compañía de sus cordadas, personas que le han dado el impulso para iniciarse como lazarillo de su disciplina.

«Yo veía la montaña como un terreno muy seguro, en el que estábamos protegidos y donde nunca nos iba a suceder nada. La muerte del Iñaki fue algo muy fuerte porque se me fue uno de mis mejores compañeros de montaña de un momento a otro. Y suena algo muy triste, porque uno nunca espera que se vaya a morir alguien tan cercano. Entonces te hace reflexionar sobre nuestro estilo de vida, de lo duro que es la montaña y de las probabilidades que existen de que uno tenga un accidente. Bueno, nadie está libre de esto y de repente la naturaleza es más fuerte, y la mejor gente es la primera que se va», dice Cristóbal Tola Señoret (27) —uno de los más afamados montañistas del último tiempo— recordando la muerte de su amigo, el gordo Iñaki, sucedida el 21 de enero de 2016.

Su mirada fija, es de esas que no te sueltan, estremece. Hoy es uno de los pocos días del año que está en Santiago de Chile, visitando a su familia y amigos. «Ando como loco en reuniones, entrevistas y trámites porque mañana me voy a Yosemite», cuenta.

Cristóbal parte a escalar las grandes paredes californianas,  luego de aterrizar por una semana en el país, y después de haber estado tres meses realizando el curso de Aspirante a Guía de Montaña de la UIAGM (Union Internationale des Associations de Guides de Montagnes) en Bolivia. Lleva calcetines y sandalias, además de un buzo gris y un polar rojo, como resultado del relajo que significa estar en el hogar. Un hogar que le recibe cerca de 100 días al año, porque Tola reconoce que pasa unos 250 en la montaña.

Esa descripción suena a vacaciones y descanso para muchos. Sin embargo, el camino del montañista conlleva grandes sacrificios, que se traducen en renunciar a tiempos con sus seres queridos. Y, sin duda alguna, ese es el costo más  grande que debe pagar toda persona que decide esforzarse constantemente por seguir sus grandes sueños.

El desapego

Cristóbal partió escalando cerca de los 14 años, junto a un cuñado, su hermano y su tío. «El Tola se motivó mucho desde el principio. Siempre fue muy motivado con la escalada, desde que la conoció. Partimos con la escalada deportiva, en un momento en que no era tan conocida, que estaban solamente los más míticos de la época. De a poco, la escalada empezó a crecer y fuimos aprendiendo nuevas disciplinas del montañismo», cuenta su tío, Diego Señoret (29).

Así fue como  Juan, Diego y Cristóbal Señoret siguieron su propio camino ligado a la montaña. Esa fue la senda que llevó a Juan y Cristóbal a enlazar las tres Torres del Paine, junto a Coussirat, en enero de 2015, y la misma que llevó al Tola a abandonar su profesión de ingeniero comercial.

Cristóbal en el curso de aspirante a guía de montaña de la UIAGM. (Colección Señoret Brothers / www. senoretbrothers.com)

Cristóbal en el curso de aspirante a guía de montaña de la UIAGM. (Colección Señoret Brothers / www. senoretbrothers.com)

«Para mí era una vida muy aburrida, muy monótona, muy rutinaria, estando en una oficina, trabajando en proyectos, con bancos, qué sé yo, una vida mucho más laboral. Hasta que decidí no estar toda mi vida aburrido y vivir mi gran pasión que era el montañismo (…). Aunque igual monté una empresa, con el Seba Rojas, de logística para expediciones y trabajos verticales. La empresa todavía existe, dos amigos y yo  fuimos los fundadores, pero después yo me salí y siguieron los que vieron más posibilidades en eso. Después monté otra empresa con mi hermano (Juan) —los Señoret Brothers  donde ofrecemos salidas, excursiones y programas de escalada alrededor de Sudamérica y la cordillera de Los Andes», señala.

Luego de todas esas decisiones, vino una ola de grandes logros, como hollar una montaña inescalada en Los Himalayas. La inauguración del Monte Iñalki fue el resultado de esa aventura, la cual vivió acompañado por sus amigos Max Didier y Caro North en septiembre del año pasado. El nombre se lo otorgaron en honor a Coussirat.

¿Y qué te trajiste de allá?

La riqueza espiritual que tienen ellos. La manera de ver la vida, las cosas que los mueven y el poco apego a lo material que tienen.

¿Tú te consideras una persona desapegada?

Eeeeh —titubea— depende de lo que sería, porque igual estamos apegados totalmente a la vida. Yo creo que todos tenemos esa raíz de querer aferrarnos un poco, como yo al mismo equipo de montaña que lo necesito. Pero el desapego emocional sí que me ayuda a la cabeza, a poder concentrarme y focalizarme en un proyecto dejando un montón de otros problemas de lado, porque la montaña no es solamente tu nivel técnico o experiencia, sino que es mucha cabeza (…) y si te juega en contra: echas de menos a tus hijos, que te falta esto y esto otro, o que estás cansado, nunca cumples tu objetivo. En cambio, si tienes la cabeza fría y te concentras en el aquí y el ahora, puedes solucionar todo en la vida.

«Y uno siempre tiene muchos objetivos, sobre todo como montañista, porque los proyectos son constantes. Terminas uno y vas a seguir otro. Siempre hay muchos sueños y claro que los he ido cumpliendo y sigo este camino que me llegó a las manos y cuidándolo, porque lo valoro un montón. Todos los días me cuido, doy las gracias y pido porque salga todo bien y entreno para estar en forma», dice.

El siguiente nivel del montañista

«Yo creo que el Tola siempre estuvo en busca de algo distinto, y cuando encontró la escalada, encontró una veta para poder disfrutar, pasarlo bien, estar con los amigos, y de a poco fue creciendo y profesionalizándose. La motivación y la constancia que ha tenido él son producto de una personalidad que es súper agitada, porque él es una persona que no para, como que tiene un ají en el poto» —señala Diego (su tío), con quien realizó el primer ascenso del Cerro Borracho en el Lago Rupanco en 2016—«Fue una decisión muy honesta de su parte decir en esto voy a gastar mi energía y mi tiempo, lo que le ha ayudado mucho ser fuerte emocionalmente».

Esas mismas características, más su comprensión de los procesos de superación, le llevaron a ver que el siguiente nivel era ser guía de alta montaña, trabajo que él interpreta como una misión para «dar seguridad y transmitir todos mis conocimientos». El Tola, al igual que los grandes maestros, señala que lo hace «con pasión», que es lo que más tiene a la hora de realizar su trabajo. «Para mí no es solamente ir y ganarme mis lucas, sino que por más que estén las lucas de por medio, amo lo que hago y lo hago con mucho amor, entonces seguro que me sale bien».

Sin duda alguna. Pues de la generación de aspirantes a guías de la UIAGM recién pasada, Cristóbal fue condecorado con el mejor puntaje y nota del curso. Camino que debe perfeccionar, pues luego de dos años la institución vuelve a revisar su currículum, y si este muestra progresos, puede entrar a completar la formación como guía de alta montaña. Una vez aprobado ese segundo nivel, le otorgan la acreditación.

(Colección Señoret Brothers / www. senoretbrothers.com)

(Colección Señoret Brothers / www. senoretbrothers.com)

«Es como un magíster de montaña, porque te exigen un dossier que tienes que tener con un currículum deportivo. Si cumples con eso, te dejan ir a aspirante y después una vez que los gallos ven que tienes el nivel técnico, que estás haciendo la pega bien, puedes ser guía. Si llegas a producir un error o aplicas mal una técnica y puede ser riesgoso para tu cliente, te expulsan inmediatamente, porque en el fondo aquí se ve el trabajo de guía, no el nivel físico que tengai. No importa eso, tienes que trabajar seguro, como un guía», cuenta.

La muerte de Iñaki fue uno de los hechos que aumentaron sus ganas de actuar con seguridad en la montaña, pues una vez que estás allí, nada puede hacerte dudar. «Para mí la montaña no es un juego, yo sé que el riesgo es permanente y la manera de disminuir el riesgo está en uno. En la experiencia, en tomar buenas decisiones, porque la mayoría de los accidentes son por fallas humanas. Pero hay cosas que ya no dependen de ti y son ese tipo de situaciones donde uno tiene que estar al margen y tratar de evitarlas al máximo posible», dice.

Iñaki Coussirat falleció en el Fitz Roy, cuando  hubo un desprendimiento de rocas y una de ellas le golpeó directamente en la cabeza. Ese hecho impulsó a Cristóbal a perfeccionarse y seguir en el camino de compartir sus conocimientos. «Es muy sacrificado todo este tema de la montaña de subir y de bajar y de armar y desarmar mochilas toda la semana. Pero en el sacrificio está la recompensa creo yo, como me ha costado y como ha sido difícil y ha sido duro, hay un mayor beneficio que es decir ‘sabís, me he sacado la cresta y he visto los resultados que me ha ido bien, que se han abierto las puertas laboralmente‘, y yo cuido y valoro mucho eso, porque no cuesta nada perderlo, porque todo lo bueno que has podido hacer hasta una instancia de tu vida, se puede ir en un segundo por un descuido».

Ahora Cristóbal está en en valle de Yosemite escalando en artificial las grandes paredes del Capitán. Un conocimiento que está en extinción y que él pretende traer hasta la Patagonia la siguiente temporada.

Sin duda, este es el camino de un guía que recién comienza.


Esta entrevista apareció en la edición de Outside Chile, noviembre/diciembre 2017

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