La Exitosa Temporada de Felipe Miranda

(Cici Rivarola)

Sorteando los obstáculos que el agua y la vida le han interpuesto, y siguiendo la tradición familiar deportiva de sus hermanos, Felipe Miranda fue haciéndose un nombre propio dentro del esquí náutico. Hoy, a sus 31 años, el flamante campeón del mundo en overall se da el tiempo para analizar el camino que lo ha llevado a la cúspide de su carrera.

Extraordinaria temporada que fue ratificada con un triunfo en la final del overall del Malibu Open —torneo que se desarrolló a fines de septiembre—, lo que sinificó su retorno a las competencias tras haberse quedado con el mundial en septiembre de este año, y la que Felipe califica como la mejor de su carrera: «Siempre uno cuando logra cosas grandes es el mejor año de su vida, pero este claramente me marcó porque repetí el mundial, gané el primer circuito mundial de overrall en marzo, que es la primera vez que se hace, y después tuve un vicecampeonato de salto. Y lograr para mí un mundial nuevamente fue un sueño, pero más que nada ratifica lo que he hecho en el último tiempo. Luego cerrar prácticamente mi temporada ganando en el Malibu Open, me deja muy contento».

Alegrías deportivas que coinciden con un momento personal muy especial, ya que volverá a ser padre, y por partida doble, pues su señora —con quien lleva cinco años de casado y con quien tuvo a su hijo Mateo— se encuentra embarazada de gemelos. Sin embargo, y debido a las exigencias de su carrera, Felipe no ha podido estar todo el tiempo que quisiera junto a ellos.

«No me gusta mucho hablar de los sacrificios que uno hace, pero cuando uno deja la familia de lado, con tu hijo de dos años y medio pidiéndote que no te vayas y con tu señora embarazada, empiezan esas sensaciones que hacen el día a día bastante más complicado, pero era todo por un objetivo que era el mundial», asegura.

—¿Con qué sensaciones te deja este segundo título mundial, que a diferencia del primero, ocurrió en el extranjero? 

Es extraordinario, para mí era una meta que me propuse luego de ganar el mundial de Chile, pero mantenerme es lo que me hace un tremendo deportista y eso creo que lo logré y lo logré con creces, fuera de Chile y en el país del esquiador que era el favorito. Se demostró ese día que yo fui el mejor mentalmente. Remarco un poco lo mental, porque fue clave para poder ganar el mundial. También recalco lo físico, llegué a un mil por ciento. Pero al final del día, supe aprovechar las difíciles condiciones que habían: con viento, olas, lluvia y frío, que no son condiciones con las que se desarrollan la mayoría de los campeonatos.

 Para poder concretar esta segunda corona planetaria, Pipe —como le dicen sus más cercanos—, tuvo que renovarse en el éxito. «Siendo perseverante y constante, nunca bajando los brazos, y teniendo un foco bien claro, que es ser el mejor. Y me levanto pensando en que quiero ser el mejor y ser súper exitoso en lo que hago, y por eso me dedico a esto», afirma.

Una carrera forjada al alero de la familia que revolucionó el esquí náutico chileno

Con emoción, Felipe repasa sus inicios en la laguna Aculeo, donde a la edad de cinco años, y motivado por sus padres, quiso seguir el camino de sus hermanos Francisco y Rodrigo, dejando de lado una incipiente carrera futbolística. «Me acuerdo perfecto de mis primeras experiencias en la laguna. Yo me inicié en esto netamente por mis hermanos, ellos me abrieron las puertas cuando todo estaba cerrado y cuando muy poca gente esquiaba. Tal como la gente nos mira a nosotros ahora, en ese tiempo mis hermanos miraban a otra familia que practicaba esquí. El hambre de ser mejores los empujó a llegar donde están y en ese mismo camino yo iba atrás».

(Cici Rivarola)

(Cici Rivarola)

Si hay un hecho clave en las carreras deportivas de los hermanos Miranda, ese fue la construcción de la laguna artificial Los Morros en el año 95, la cual fue emplazada en la comuna de San Bernardo en un terreno adquirido por su padre, el empresario Waldo Miranda, quien deseaba contar con un lugar propio donde sus hijos pudieran entrenar.

Laguna que ha sido testigo privilegiado de todo el talento y la dedicación de Felipe. Siendo allí donde se coronó campeón mundial junior (2003), en las categorías overall y salto; campeón mundial sub 21 (2008) en overall; campeón mundial universitario (2011) en overall;  y como campeón mundial adulto en overall (2013). «Mi viejo nunca nos pidió ser los mejores. Nunca nos ha exigido nada. Nos dijo ‘Sean felices, amen lo que hagan, no quiero que sientan que los estamos forzando. Pero si se comprometen con esto, quiero que lo hagan bien’». asegura.

Esa misma filosofía que interiorizó Felipe junto a sus hermanos, incluida Tiare, la menor del clan;  es la que implementó su padre cuando se hizo cargo de la Federación de Esquí Acuático el año 94; cambiando drásticamente las condiciones en que este deporte se encontraba, a partir de  un proyecto serio y a largo plazo, el cual lo llevó a ser condecorado por el Círculo de Periodistas Deportivos como el Mejor Dirigente del año 2012.

«En ese tiempo no había nada, y hoy le preguntas a cualquier delegado de alguna federación, te va a decir que es una de las federaciones de las que mejor se habla y con mayores logros, los que nacen por nosotros. Evidentemente es una federación reconocida, que ha organizado más de seis mundiales, y eso te habla de que no solo el Comité Olímpico cree en su trabajo, sino que también la Federación mundial, y que se está trabajando de buena forma».

Formando a las nuevas generaciones

Según Felipe, sin duda el esquí acuático se ha hecho más conocido gracias a su familia, pero no solamente por los logros deportivos, sino por el trabajo fuera del agua que se ha hecho. «Nosotros hacemos clases, estamos cien por ciento dedicados a esto. Tenemos una escuela de esquí que se llama Miranda School, y de ahí han salido prácticamente el 95 por ciento de los esquiadores que hay hoy en día. Y esperamos sacar más y ojalá que existan otros lados como nosotros, porque hay más lagos, que saquen más niños. Queremos que este deporte crezca».

En ese sentido, Pipe no esconde sus deseos de llegar a convertirse en un formador, para traspasar a los más jóvenes todas sus experiencias y conocimientos, en tiempos donde, a su juicio, están todas las condiciones en el país para ser el mejor en el esquí naútico. «Pero para llegar a ello, hay un proceso, hay un camino, hay trabajo detrás, hay papás, que sin ellos el niño solo no llega. Yo sin mis papás no lo hubiese logrado», afirma.

Y precisamente, son los padres los que el deportista sindica como uno de los grandes responsables de que los niños no terminen dedicándose al deporte. «Mucha gente me dice ‘no, si pa’ ti es fácil, lo tienes todo‘, y yo le digo ‘te pongo todo‘, y me dicen: ‘tú ganai porque tu viejo te construyó un lago‘. —¿Y tú hijo no tiene pelota de fútbol, weón?— le pregunto. ‘¿Tení un hijo?, traémelo, yo le pago todo, yo lo entreno, y yo lo hago el mejor, o no el mejor, pero que por lo menos disfrute‘. —Es que tiene colegio— me responden. —Traémelo a las cuatro entonces— les digo. —No es que, es que— y es el «que» del papá el que mata al deportista, porque no tenemos una cultura deportiva. Y eso nos falta en un ciento por ciento, una cultura deportiva a nivel país, desde distintos estamentos y que parta con los más chicos en los colegios. El deporte tiene que ser prioridad, sobre todo con el sedentarismo que tenemos».

(Cici Rivarola)

(Cici Rivarola)

 Los 25 años que Felipe ha dedicado al deporte, lo  han hecho concebir una visión especial acerca de sus implicancias. «Al final el deporte es salud, en el alto rendimiento no es tanto, pero el deporte en sí te da muchas cosas. Te da convivencia, te da personalidad, te prepara para la vida, te enseña a enfrentar situaciones y eso mucha gente no lo sabe. Si me preguntas qué me ha dado el deporte, el deporte me ha dado mi vida,  y a mucha gente le ha cambiado la vida. Entonces es importante adquirir esa cultura deportiva para que los niños, quienes son el futuro, nazcan con  una mentalidad donde el deporte ocupe parte importante. Espero que mis hijos nazcan con esa mentalidad y así los voy a criar», sostiene.

Asimismo, Felipe considera que las nuevas generaciones de esquiadores van bien encaminadas, como el caso de Valentina González, quien por años entrenó junto al clan Miranda, y cuyo descollante talento la llevó a quedarse con la medalla de plata en la categoría overall del Mundial Juvenil (2017), el que se disputó en la laguna Los Morros. «El camino es difícil y bastante largo. Yo creo que la Vale va por el mejor camino, cuenta con apoyo de su familia, y ella está muy motivada», afirma.

—Al hablar de tus éxitos, siempre se menciona a tu familia y muy poco de las personas que conforman tu equipo técnico, como tu entrenador Tanguy Benet. 

«Mi familia está, y creo que todo el mundo lo tiene claro, pero como tú dijiste, también está Tanguy, que para mí es lejos el mejor entrenador del mundo, quien lleva muchos años en esto, y no solo conmigo. Creo que tiene 36 títulos mundiales de la mano. Tener la posibilidad de entrenar con él es un privilegio, y ya es parte de la familia, llevamos diez años juntos, lo consideramos uno más de la familia.  Y como él, está mi preparador físico, mi kinesiólogo, mi psicólogo, mi doctor, mi nutricionista. Todas estas personas, sumados a mis auspiciadores, son parte de este título».

Cuando todo pendió de un hilo

Su equipo y su familia fueron importantísimos para que Felipe recuperara las ganas de competir tras dos lesiones que lo tuvieron al borde del retiro. La primera, ocurrida  en 2009, en Colombia, donde chocó con una boya mientras competía en la modalidad eslalom. Golpe que le significó someterse a una reconstrucción completa de hombro, y a un período de recuperación de 8 meses.

«Fue ese tipo de lesión que, si bien no te influyen, te terminan marcando. Y me recuperé rápido, me lesioné en septiembre, volví en mayo y a fines de julio estaba prácticamente en mi nivel de nuevo, y estaba físicamente súper bien, fui a competir, me estaba yendo bien. Obviamente no logré lo que aspiraba a conseguir en salto, pero iba por súper buen camino», recuerda.

Mientras que la segunda, acontecida durante el Mundial de Canadá 2009, tuvo lugar tras un salto que lo dejó con una ruptura de ligamentos de un tobillo y una rodilla y con 8 meses más de inactividad. «Otra vez a estar parado, y ahí me costó. Mentalmente me había preparado para volver y volví y de repente un batacazo me dejó sin poder esquiar por ocho meses más. Y ahí empecé con todas las dudas. El esfuerzo que me tomó volver después de ocho meses fue harto, y era kinesiólogo en la mañana, kinesiólogo al almuerzo y kinesiólogo en la noche, más trabajos en gimnasio. Subí a 95 kilos, traté de esquiar y no podía, no me salía nada en el agua, no me daban ganas de levantarme».

(Cici Rivarola)

(Cici Rivarola)

Para el flamante campeón mundial, la segunda recuperación fue muchísimo más compleja que la primera. «No quería ir a entrenar, porque era ir a pasarlo mal, y ahí cuando gracias a mis hermanos, que me decían ‘las tenís todas, solamente tienes que querer’», y a mi señora, y a mi psicólogo y a todas las personas que te nombré, empecé a tirar para arriba de a poquito. Y llegó el Panamericano de Guadalajara 2011, que fue el oxígeno para el cuerpo, donde no gané el oro, pero conseguí plata en overall, bronce en salto y bronce figuras. Tras ello supe que estaba de vuelta, volviendo a mi nivel competitivo, y después me enfoqué inmediatamente en el mundial de 2013», rememora.

—¿Cuál crees que fue el punto de inflexión en tu carrera en el que te diste cuenta que estabas para grandes cosas? 

«Yo creo que siempre lo supe. Toda persona puede ser mejor, depende de uno hasta qué punto va ser todo lo posible para llegar a ese objetivo. En este mundial, si tú me preguntabas el día antes si hice todo para llegar a ganarlo,  yo te respondía que sí. Y al agua me tiré tranquilo, sabiendo que lo que pasara ahí era un resultado; si era bueno, increíble, si era malo, me iba ir a mi casa tranquilo, porque yo había dejado todo para llegar de la mejor forma. A lo contrario de lo que me pasó el 2015, que llegué al mundial, y antes de tirarme al agua dudé si hice todo, y esa duda repercutió en el agua, formando un círculo vicioso que me llevó a tener un mal resultado».

Distinciones que ocupan un lugar especial en su vitrina

Dentro de las decenas de premios que Pipe ha acumulado a lo largo de su laureada carrera, el Premio Nacional de Deportes (2014), el que se entrega cada año a partir de 2003, es uno de los más trascendentes, «porque se gana solo una vez en la vida. Por eso lo tengo enmarcado en un lugar muy especial».

«Hace varios años que Felipe Miranda nos ha dado buenos motivos para ser merecedor de esta importante distinción. Su talento es indiscutido, lo que queda demostrado con las enormes satisfacciones que ha dado al país en los últimos años. Con un compromiso familiar importante, ha puesto el nombre de Chile en lo más alto de las competencias internacionales y estamos muy contentos de poder retribuirle de alguna manera su contribución al deporte chileno», afirmó la otrora Ministra del Deporte, Natalia Riffo, luego de anunciar al flamante ganador.

 Otra de las distinciones que Felipe recuerda con cariño, es el pemio al Mejor de los Mejores, el cual  fue concedido por el Círculo de Periodistas Deportivos el año 2013, y el cual tuvo dentro de los nominados a la nadadora Kristel Köbrich,  al golfista  Benjamín Alvarado, a la lanzadora de bala Natalia Ducó , y al futbolista Alexis Sánchez.

«Siempre cuando era invitado a la premiación de la entrega del cóndor, sabía que no tenía ninguna posibilidad con los cracks que tenía al lado, y siempre lo miraba y pensaba ‘cómo sería si alguna vez se ganara un cóndor nuestro deporte, que es muy poco pescado’. Era emocionante el momento en el que anunciaban al ganador, ¿quién será este año?, pensaba yo. Y que te nombren a ti, ¡guau!, fue increíble».

(Archivo Felipe Miranda)

(Archivo Felipe Miranda)

—En el último tiempo diferentes deportistas chilenos se han consagrado campeones mundiales en sus respectivas disciplinas, ¿cúal es la lectura que haces de este fenómeno?

«Yo creo que es algo de tiempo, partiendo por el Comité Olímpico, el cual tomó Neven Ilic hace unos doce años. Tiempo en el que el deporte chileno tenía chispazos, sin hablar de los deportes más masivos, y desde ese entonces el deporte chileno ha cambiado y va por un camino correcto, que no es el ideal, pero que puede ser mejor. Hemos mejorado en un doscientos por ciento seguro. Entonces, el fenómeno es el resultado de que se han hecho las cosas bien durante los últimos años. Esperemos que las federaciones tomen ese mismo rol, porque evidentemente si el COI o el IND están haciendo las cosas mejores, éstas se traspasan a las federaciones y  a los deportistas».

«Uno como deportista puede pedir muchas cosas, pero si no devuelves la mano con resultados, es complicado seguir recibiendo apoyo, creo yo. Creo que este fenómeno se basa en que se están haciendo las cosas bien. Mucha gente alega que no hay apoyo, llevo mucho tiempo en esto, y hoy día hay apoyo comparado con lo que sucedía en el pasado. Hay apoyo en todo sentido, solo que la gente siempre quiere más. Hay crisis, hay problemas, estamos de acuerdo, en todos lados hay injusticias, en todos lados hay gente que no tiene apoyo. Tengo amigos de Estados Unidos, México, Francia y Canadá que son buenos y no tienen apoyo. No todo lo que brilla es oro, hay que partir, hay que mejorar, hay que ir arreglando las cosas. Vuelvo al punto de que se están haciendo las cosas bien, se está fiscalizando, y eso va seguir repercutiendo en buenos resultados», asegura.

Con la mente puesta en lo que viene

Logros que según Felipe deben ser disfrutados en su momento, para luego ser dejados de lado, y de este modo, comenzar de la mejor forma una nueva etapa, con nuevos objetivos, los que en su caso ya están trazados. «Voy por el siguiente mundial y los próximos Juegos Panamericanos, que son campeonatos que tienen su cuota de diferencia, y que es lo máximo que podemos aspirar olímpicamente. Ya gané medalla de oro en Toronto, espero ir a pelearla a Lima en 2019. Espero seguir consiguiendo triunfos para Chile, llegar a lo más alto, este año. Ya cerré como número uno del mundo, ganando el mundial y todos los circuitos de overall hasta la fecha, así que más que esto no puedo pedir. El objetivo más cercano es seguir siendo feliz con mi familia».

—Por último, ¿Te ves en los Panamericanos 2023, los que Chile aspira a organizar? 

Haber, yo tenía como meta el Panamericano de 2019, y creo que voy a llegar al ciento por ciento. Es una decisión familiar, no es solamente una decisión mía, me encantaría llegar, pero no a medias. Creo que me da, voy a trabajar mi físico para lograrlo, aunque depende de cómo llegue a esa instancia.

(Cici Rivarola)

(Cici Rivarola)


Esta entrevista apareció en la edición de Outside Chile, noviembre/diciembre 2017

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