La Conservación como un acto de Democracia

(Meridith Kohut/The New York Times)

La donación, que estaba previamente firmada por el fallecido Douglas Tompkins, se celebró en el Parque Nacional Patagonia, entre la esposa de este, Kristine Tompkins y la presidente Michelle Bachelet.

El jueves 2 de febrero, Kristine McDivitt Tompkins, esposa de Douglas Thompkins, escribió una columna para The New York Times, a propósito de la donación que este mismo hizo al Estado chileno a través de la fundación Tompkins Conservations, y que ahora preside ella.

El artículo plantea que la protección de la naturaleza, de la tierra pura y salvaje, es un acto de democracia, uno que como comunidad debemos saber colaborar y, sobre todo, aprovechar.

La motivación de McDivitt pasa por el convencimiento del aporte en proyectos e ideas constructivas, más que por la constante enfatización en estadísticas alarmantes sobre la extinción de la vida silvestre, la mala calidad del aire, del agua y sobre el caos climático en general. Lo que el planeta necesita, de acuerdo a ella, son historias que nos recuerden que apuntar hacia la degradación no es el único camino para generar cambios, sino que aquellas que transformen nuestros puntos de vista a través de la participación.

El pasado 29 de enero se comenzó a cimentar esta visión con el gobierno de Chile. Bajo los amplios cielos del nuevo Parque Nacional Patagonia, la presidenta Michelle Bachelet y Kristine formalizaron la expansión más grande de un sistema de parques nacionales impulsado por una donación de tierras privadas.

Desde su creación, Tompkins Conservations, ha donado aproximadamente un millón de hectáreas de tierras de conservación de forma privada al estado chileno para parques nacionales. Los espacios para alojamiento, campamentos, instalaciones para comer, senderos, puentes y carreteras, también son parte de este plan. Al aceptar el regalo, el gobierno chileno está asumiendo un compromiso consistente en la creación de cinco nuevos parques y ampliando otros tres. Con aproximadamente nueve millones de hectáreas de tierra federal, estos nuevos parques agregan otros 10,3 millones de hectáreas al sistema de parques de Chile. «Esto es más de tres veces que el tamaño de los parques nacionales de Yosemite y Yellowstone combinados», afirma McDivitt.

Kristine McDivitt Tompkins, presidenta de Tompkins Conservation, mirando las tierras que la organización donó al gobierno chileno. (Meridith Kohut/The New York Times)

Kristine McDivitt Tompkins, presidenta de Tompkins Conservation, mirando las tierras que la organización donó al gobierno chileno. (Meridith Kohut/The New York Times)

«Durante más de dos décadas, mi esposo, Douglas Tompkins, y yo, trabajamos junto a nuestro equipo y la familia de fundaciones Tompkins Conservations, para adquirir y agregar hábitat de vida silvestre y luego donarlo a los sistemas de parques de Chile y Argentina. En asociación con otros filántropos de ideas afines, activistas de la conservación y líderes de diversos partidos políticos en esos países, con esta última donación, se han conservado más de 13 millones de hectáreas en estos dos territorios».

«Creemos que la transferencia de tierras privadas al sistema de parques nacionales es un acto de democracia. Las obras maestras naturales de un país son mejor conservadas y protegidas por el público para el bien común. Deben estar disponibles para que todas las personas disfruten y recuerden que son parte de algo mucho más grande que ellos mismos. Los parques nacionales, los monumentos y otras tierras públicas nos recuerdan que, independientemente de la raza, posición económica o ciudadanía, todos dependemos de un planeta saludable para nuestra supervivencia».

La líder de la fundación, sin embargo, destaca que no están solos en el entendimiento de ese sentimiento, ni menos aún los primeros en donar propiedad privada para que pueda conservarse en su plenitud.

McDivitt ocupa como ejemplo a Roxanne Quimby, cofundadora de Burt’s Bees, quien en 2016 donó 87.500 hectáreas en Maine al gobierno federal y $20 millones para su mantenimiento, y se comprometió a recaudar otros $20 millones. Este regalo le permitió al presidente Barack Obama designar a la expansión como Katahdin Woods y Waters National Monument, que será supervisada por el Servicio de Parques Nacionales.

Afirma que el pueblo estadounidense se ha beneficiado enormemente de las donaciones de la filantropía privada. La catedral, como Muir Woods en California, y lo que se convirtió en el Parque Nacional Acadia en Maine, comenzó, de hecho, con regalos de filántropos. La familia Rockefeller contribuyó millones de dólares para adquirir tierras y expandir parques nacionales, incluidos Acadia, Grand Teton y Yosemite. Si no fuera por los Rockefeller, la increíble belleza y biodiversidad de las Grandes Montañas Humeantes y los parques nacionales de las Islas Vírgenes probablemente habrían quedado desprotegidas. Mcdivitt es enfática en este aspecto.

La presidenta Michelle Bachelet junto a Kristine. (AP)

La presidenta Michelle Bachelet junto a Kristine. (AP)

«Al igual que esos esfuerzos, nuestros exitosos proyectos de creación de parques en Chile muestran las posibilidades de la colaboración público-privada impulsados por la filantropía empresarial. Cualquiera puede concebir grandes ideas, pero forjarlas requiere líderes políticos con el coraje de proteger paisajes importantes. En Chile, la presidenta Bachelet y su administración poseen esta valentía y determinación».

«Su liderazgo fue crucial. Ella vio el potencial económico de empleos e ingresos del ecoturismo y también entendió la importancia de proteger el patrimonio salvaje de su país para las generaciones futuras. Estos parques formarán parte de una red planificada de 17 parques a lo largo de más de 1.500 millas desde Puerto Montt hasta el Cabo de Hornos».

Los nuevos parques nacionales establecidos esta semana incluyen dos proyectos emblemáticos: Parque Pumalín, que se encuentra al sur de Puerto Montt en la región de Los Lagos, y que comprende aproximadamente un millón de hectáreas de selva templada. En el Parque Nacional Patagonia, de 764.000 hectáreas, la árida estepa de la Patagonia contiene bosques más húmedos, creando una rica diversidad de hábitats de vida silvestre. «Cuando la presidenta Bachelet firmó el decreto de creación de estos parques, una manada de guanacos pastaba en las hierbas ondulantes y un águila ratonera de pecho negro se elevaba sobre nuestras cabezas».

Kristine Mcdivitt alimenta esta pasión por la naturaleza en un argumento, para ella, irrefutable. «Hay una verdad central en la relación de la humanidad con la naturaleza: nacimos en ella, totalmente dependientes de ella desde nuestro primer aliento. Dentro de doscientos años, los elefantes tocarán la trompeta, las gigantescas secoyas se balancearán con fuertes vientos y nuestros descendientes disfrutarán de vidas saludables conscientes de su lugar en esta cosa salvaje que llamamos naturaleza».

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