Zona de Impacto

(Ozgur Donmaz/Getty)

Cuando en mayo explotó la noticia de que la leyenda de BMX (Bicycle Motocross) Dave Mirra, quien se suicidó en febrero, tenía la enfermedad cerebral degenerativa CTE (de sus siglas en inglés: Chronic Traumatic Encephalopathy) — Encefalopatía Traumática Crónica (ETC)— todo cambió en el mundo de los deportes de acción. Los ciclistas, esquiadores y otros atletas comenzaron a preguntar: ¿somos propensos a la misma contusión cerebral y al riesgo de etc que ha sido tan ampliamente presentado en la NFL (National Football League – Federación Nacional de Fútbol)?

El video—que hasta ahora ha sido visto decenas de miles de veces—tiene solo 16 segundos de duración, pero su brevedad no hace que sea más simple de ver.

En el se observa a Catherine Harnden, una ciclista canadiense de montaña que compite en el O-Cup (2012), una serie de carreras que se celebra cada verano en Ontario. El video, filmado por un espectador, comienza con una vista del  albergue de la zona de esquí Sir Sam en Eagle Lake a unos 160 kilómetros al norte del estado de Nueva York. Los espectadores están charlando, se oye un tartamudeo y luego un golpe de ruedas en tierra. Entonces Harnden se lanza como un rayo hacia el centro desde la parte inferior izquierda. Ella golpea la meseta, pero su peso está en posición incorrecta, y en un instante vuela sobre su manubrio. Cae al suelo con su cabeza en un golpe seco. «¡Corredor al suelo! ¡Corredor al suelo!», anuncia una voz sobre el público.   

Harnden (23) no recuerda el accidente. Su memoria se arma a partir de fotos, testigos y amigos. Ahora, estamos ella y yo sentados en el mostrador de la apretada cafetería Coffee Pot en Littleton, cerca de su casa. Harnden acaba de salir del trabajo; ella es coanfitriona en un programa de entrevistas en la radio WLTN, cuyas oficinas están al otro lado de la calle. Tiene el cabello rubio y largo, es musculosa y sonriente. Me dice que no le importa que reproduzca su caída en mi teléfono para que me pueda explicar los detalles.        

—«¿Estás segura?», le pregunto.

—«Definitivamente», dice ella. «Pero lo vas a silenciar. Puedo mirar, pero no soporto escuchar ese crujido».

El video del accidente de Harnden sigue apareciendo en varios sitios importantes de motos. Mientras miramos el video, ella dice estar de acuerdo con algunos comentarios sobre lo que salió mal. «Era una meseta básica, fácil», explica, «pero llegué a ella con demasiada velocidad, y de alguna forma me encontré en el borde del salto frenando mucho y llevando mi peso demasiado hacia atrás».

En la sala de emergencias, Harnden miró al otro lado del pasillo y vio a otro competidor —un amigo cercano— gimiendo de dolor después de romperse la clavícula.  Harnden tenía el hombro dislocado, pero ella se mantuvo estoica. No era consciente de su grave conmoción cerebral.

En retrospectiva, dice Harnden, fue una prueba de ensayo antes del accidente lo que la dejó fuera de juego. No hay video de eso, pero Harnden lo recuerda bien: «Estaba bajando un salto», dice ella, «Reboté en la pendiente y me la comí. Me pegué duro en la cabeza, pero no perdí el conocimiento», agrega.   

Allí quedó, sentada y aturdida, con las piernas cruzadas sobre la hierba. «Pero todo el mundo me decía que debía hacerlo otra vez, que necesitaba más práctica. Y yo pensé: ‘tienen razón’. Entonces, volví a subir».  La próxima vez que bajó, Harnden aclaró su salto. «Esto es increíble», recuerda haberse dicho a sí misma justo antes de llegar a su siguiente obstáculo: la meseta. Luego, todo se oscureció.

Harnden aún compite en carreras y ahora es patrocinada por Bicicletas Mongoose. Es entrenadora de esquí en el centro turístico Bretton Woods y pasa casi todos los días corriendo o escalando senderos en la cordillera Presidencial. Dice que ahora es una persona diferente. Antes del accidente, ella era «arrogante y extrovertida». Ahora, experimenta cambios de humor, depresión, miedos que van y vienen y migrañas que algunas veces la obligan a esconderse en una habitación oscura. Una cosa de la que está segura es que: «No debería haber vuelto arriba aquel día».

Desde el 2008, McKee, Stein, y los colegas de su Centro de ETC han examinado los cerebros de 94 ex jugadores de fútbol profesionales. Noventa de ellos han mostrado marcadores de ETC. Bennet Omalu, un neuropatólogo con sede en Pittsburgh, fue el primero en descubrir la enfermedad en un jugador de la NFL —en el cerebro del legendario centro de los Steelers Mike Webster— en 2002.

Cuando llegó la noticia de que la leyenda del BMX Dave Mirra tenía la enfermedad cerebral degenerativa, todo cambió en el mundo de los deportes de acción. (Josh Maready)

La ETC ocurre, explica Stein, por una acumulación de impactos, tanto las que causan contusión cerebral como las subcontusivas (estas últimas son golpes más leves que no conducen a síntomas evidentes). Los científicos no comprenden aún, por qué algunas personas desarrollan la enfermedad y otras no. Stein dice que el mejor indicador de problemas futuros no es necesariamente el número de contusiones sino cuánto tiempo un atleta juega un deporte que incluye impactos regulares.

«La fisiología de un golpe es bastante simple. Comienza, por ejemplo, contigo cayendo de una bicicleta, un snowboard o un skateboard. Cuando está volando hacia el suelo, su cerebro está flotando adentro de su cráneo, suspendido en una capa de líquido transparente e incoloro, como un tazón de gelatina que no se ha fijado lo suficiente a los bordes. Cuando ocurre el impacto, es la sacudida dentro de su cráneo la que causa la contusión cerebral. Inicialmente, puedes o no perder el conocimiento. Posteriormente, puedes experimentar pérdida de memoria, náuseas, problemas de equilibrio o dolores de cabeza, a veces durante semanas, a veces durante meses», explica Stein.

Un estudio publicado a principios de este año en el periódico Asociación Médica Canadiense (Canadian Medical Association Journal) examinó a más de 235.000 hombres en Ontario que habían tenido contusiones cerebrales entre 1992 y 2012. Entre los que habían sufrido una sola contusión, los investigadores encontraron que las tasas de suicidios era tres veces más alta que en aquellos que jamás habían tenido una lesión cerebral.

Los autores del estudio dicen que no tienen una comprensión clara de por qué los hombres que sufren una contusión durante el fin de semana se enfrentan a riesgos más altos de suicidio luego de una sola contusión cerebral. Pero observaron que en los fines de semana, la gente no puede buscar asistencia médica tan rápidamente como lo pueden hacer en un día de semana.   

Uno de mis antiguos compañeros de ciclismo, Warren Shumway, recuerda haber caído mucho de su bicicleta. «Nunca pensé en ello», dice Shumway, quien tiene 55 años y trabaja como representante de ventas en una industria textil en New Hampshire. «Me sentía invencible». Pero hace dos años se golpeó durante una carrera. «Eso me asustó. Desde entonces, ha dejado de competir. No estoy seguro si seré tan conservador con mis hijos. Quiero que estén en forma y que aprendan que hay una recompensa en el riesgo ¿Cuánto riesgo? Difícil de decir», comenta Shumway.

Aunque existe un debate acerca de lo que los padres deben hacer cuando sus hijos sufren lesiones en la cabeza, el descanso es necesario, pero de qué tipo y cuánto tiempo es algo que la comunidad médica está todavía intentando aclarar.

Jeffrey Kutcher, un neurólogo en Ann Arbor, Michigan, quien se especializa en trauma cerebral atlético, trabaja como médico de equipo y consultor para el Equipo de Esquí y Snowboard de los Estados Unidos (U.S. Ski and Snowboard Team), dice que lo más importante es que los padres tomen decisiones inteligentes. «Tienes que preguntarte, ¿cuáles son los riesgos de que tu hijo haga deportes?», dice él. En Esquí y Snowboard de Estados Unidos, Kutcher pide exámenes neurológicos para todos los estudiantes y atletas jóvenes, y exámenes de seguimiento al menos una vez al año para determinar si el cerebro del niño está siguiendo el camino correcto. «Hay problemas que comienzan a surgir», dice. «Si los hay, ¿por qué están ahí?».

Cameron Zink en el Red Bull Rampage 2015 en Virgin, Utah. (Ezra Shaw/Getty)

Recientemente, durante un viaje en tren Amtrak por la costa del Pacífico, escuché a un grupo de adolescentes hablando de contusiones cerebrales. Tenían todos 17 años y regresaban a San Diego después de una semana en un campamento de verano. Uno de ellos, un pelirrojo corpulento llamado Remington Naves, había tenido contusiones cerebrales tres veces: una vez surfeando, otra vez jugando lacrosse y otra vez practicando skateboarding. «Tuve un gran impacto en el parque de patinaje en Carlsbad», dijo él, «y me sentí atontado durante una semana».

Naves estaba tan confundido que terminó investigando mucho sobre las lesiones en la cabeza. Mientras estaba en ello, se enteró de que su padre había sufrido cuatro contusiones cerebrales como jugador de fútbol en el colegio y en la facultad. «Estábamos preocupados el uno por el otro», dice él. Esa preocupación se intensificó cuando se enteró del suicidio de Dave Mirra, una súper estrella de BMX que ganó 24 medallas en los X Games.

Naves había tomado una prueba de impacto, una medida cognitiva que ayuda a proporcionar una línea de base para resultados futuros. A casi todos los atletas de deportes organizados en la juventud y en la facultad ahora se les pide hacer un examen: 25 minutos en internet con una serie de preguntas y ejercicios diseñados para medir sus habilidades cognitivas, tiempos de reacción, capacidad de atención y memoria. Naves dijo que, después de una contusión cerebral que sufrió mientras jugaba al fútbol la primavera pasada, sacó un puntaje de un 17 por ciento más bajo que el de su prueba inicial.

¿Van los padres a pensar en el skateboarding, el ciclismo de montaña y otros deportes de acción de la misma forma en que piensan ahora del fútbol —demasiado riesgoso para un niño?— Kutcher dice que no hay razón para restricciones excesivas. «Debemos estar vigilantes al respecto», dice, «pero se pueden tener contusiones y una vida saludable después de los deportes». Existe variación, explica él, «en la cantidad de fuerza que se necesita para causar una lesión al cerebro de cualquier persona en particular, basado en factores genéticos y tal vez algunos factores fisiológicos. Y también hay un  umbral que es muy individual en cuanto a la cantidad de lesión necesaria para producir un efecto clínico».

El punto de Kutcher es que es una simplificación exagerada decir que las contusiones cerebrales invariablemente llevan a problemas cognitivos. «He visto a atletas que han tenido muchas contusiones y su salud cerebral en general está bien», dice. «Nosotros los monitoreamos, pero les permitimos seguir jugando. También hemos tenido atletas que han sufrido solo una o dos contusiones cerebrales y para ellos parecía que lo mejor era retirarse».

Muchos atletas con los que hablé señalaron el uso del casco como medida de protección contra las contusiones. Varios diseños nuevos están disponibles y la tecnología sigue evolucionando. Sin embargo, los neurólogos que entrevisté dijeron que realmente los cascos no pueden prevenir contusiones cerebrales.

La surfista Harley Taich, quien sufrió una fuerte conmoción cerebral en 201. (Chris Gant/Jettygirl Online)

«La contusión ocurre cuando el cerebro se mueve», dice Kutcher. «Lo que sea que tengas fuera de tu cráneo podría absorber algo de fuerza, pero si algo te golpea en el casco, el cerebro todavía se seguirá moviendo». El neurocirujano Robert Cantu dice que los atletas necesitan seguir usando cascos para «reducir el riesgo de fractura craneal, pero no de contusión cerebral».

Mientras tanto, la carrera está en marcha para encontrar la manera de probar la ETC en atletas vivos. Un método posible está siendo estudiado por Dara Dickstein, una profesora asistente adjunta de neurociencia en la Escuela de Medicina Icahn de Nueva York. Basándose en trabajo que ha detectado exitosamente marcadores de acumulación de la proteína tau en pacientes con Alzheimer, Dickstein y sus colegas están investigando si esos métodos pueden ser transferidos a sujetos con sospecha de ETC. La técnica consiste en inyectar un indicador radioactivo en el torrente sanguíneo; el marcador se une a cualquier proteína tau en el cerebro, el cual luego se puede detectar a través del escáner de una tomografía computada. Dickstein dice que no puede discutir los descubrimientos del estudio antes de que sean publicados, pero los resultados iniciales son prometedores, mostrando retención de la tau radioactiva en el cerebro de un ex jugador de la NFL vivo de 39 años de edad. Ella también menciona una dificultad con la cual se está enfrentando: encontrar sujetos para controlar cuyos cerebros estén ilesos. «Miras a la población general de hombres mayores de 35 años y se hace muy difícil encontrar a alguien sin registro de no haber sido golpeado duramente en su cabeza o que no haya perdido el conocimiento», dice ella.

Entretanto, Catherine Harnden tiene un calendario completo de carreras este verano y sin planes de abandonar. «Me encanta este deporte», dice ella. Se está mudando de la carrera en descensos a la división Enduro. Se siente mucho mejor y dice que priorizar el ejercicio, las horas de sueño y una buena dieta la han llevado a tener menos recurrencias de sus síntomas. También ha descubierto que hacer crucigramas y juegos de palabras la ayuda a manejar los síntomas.

«Hemos hecho planes para reunirnos más tarde este año en el Parque Highland Mountain Bike, en Northfield, New Hampshire, para lanzarnos en saltos desde varias alturas y sobre un airbag de 15 por 15 metros con muchos logos de Red Bull proyectados en seda sobre él. Será divertido. Al final, me encanta tanto mi deporte como a cualquier atleta, que no veo la hora de volar en el aire y aterrizar en esa bolsa confortable», comenta.

En un correo electrónico ella cuenta que a lo largo de su vida ha trabajado duro para «nutrir su amor por la velocidad y la adrenalina. Debido a esa relación riesgo-recompensa, también me acostumbré a las lesiones. Es fácil fingir estar bien. Como atleta, es mucho más fácil decir ‘estoy bien‘ que decir ‘mi temporada ha terminado‘».

Finalmente Harnden concluye su nota: «Las contusiones cerebrales se asientan en una zona incierta en donde el atleta decide cuándo volver a jugar. Es una decisión que puede costar demasiado».

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