Las víctimas de la fiebre amarilla brasileña

Humanos o monos, la fiebre amarilla nos afecta por igual. Una experiencia que nos llega para esclarecer la lamentable situación que hoy afecta a las selvas de Brasil…

El creciente brote de fiebre amarilla en Brasil, reportado en 8 de sus 27  estados, no solo ha dejado una serie de víctimas humanas, sino que también ha provocado la muerte de cientos de monos, tal como aconteció recientemente con los macacos bugios (Alouatta guariba clamitans) en el Parque Forestal Horto, emplazado en la zona norte de la ciudad de San Pablo. 

Este brote culminó con la muerte de los 86 ejemplares pertenecientes a las 17 familias que habitaban la reserva, situación que  ha provocado el cierre de 23 parques municipales en aquella ciudad, según cifras de la Secretaría Municipal de Medio Ambiente. Esto, con el fin de disminuir la onda de preocupación en la población local, la que se ha visto sometida a masivas vacunaciones en los centros de salud paulistanos, debido al rumor de que los monos serían los transmisores de la fiebre amarilla.    

Por esta razón, diversas organizaciones medio ambientales han debido salir al paso para esclarecer el rol que juegan estos animales durante el ciclo de la enfermedad, pues, concretamente, ésta se transmite por los mosquitos del género Aedes (los mismos que transmiten los virus del zika, de la fiebre chikungunya y del dengue).

Asimismo lo han hecho los profesionales del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad  (ICMBio), dependiente del Ministerio del Medio Ambiente de la nación brasileña,   quienes a través de una serie de aclaraciones difundidas por diferentes medios de comunicación, han dejado en claro que los monos no son los transmisores de la enfermedad para los humanos, sino que ellos son picados por el mismo mosquito que puede infectar a los humanos.

La fiebre amarilla se caracteriza como una enfermedad infecciosa aguda, no contagiosa, febril y de naturaleza viral. Se presenta en las regiones tropicales de África, América del Sur y Central, aconteciendo en Brasil de manera estacional, principalmente entre los meses de diciembre a mayo, época en que el aumento de la temperatura y el incremento de las lluvias inciden en el  explosivo aumento de las poblaciones de mosquitos.

Los síntomas

En los seres humanos, la infección por el virus de fiebre amarilla provoca  fiebre aguda, ictericia (coloración amarillenta de la piel y las mucosas), albuminuria (exceso del nivel de albúmina en la orina), sangrado, insuficiencia hepática y renal, pudiendo  llevarlo a la muerte en aproximadamente una semana en el 50 por ciento de los casos más graves.

Mientras que en  los  primates, la propagación de la enfermedad en el torrente sanguíneo tiene una duración menor: alrededor de 3 a 4 días,  lo que puede terminar con el fallecimiento del ejemplar en unos 3 a 7 días. Los síntomas derivan en fiebre, ictericia, apatía, deshidratación, anorexia, hemorragia bucal e intestinal, insuficiencia hepática y renal, degeneración grasosa del hígado con necrosis extensa y acumulación de lípidos.

Ciclos de transmisión 

Según la Organización Mundial para la Salud (OMS), existen tres ciclos de transmisión: selvático, intermedio y urbano. El primero de ellos, acontece en las selvas tropicales y es causado por mosquitos salvajes que contagian tanto a los monos como a los seres humanos que se encuentran en aquel ecosistema.

El segundo ciclo es el que acontece con mayor regularidad. Se origina a partir de los mosquitos semidomésticos (criados en la selva y cerca de las zonas domésticas) que infectan tanto a primates como los humanos, lo que puede generar brotes simultáneos en distintos pueblos de una misma zona geográfica. 

Finalmente, el último de estos ciclos acontece cuando las personas infectadas introducen el virus en zonas con alta densidad de población y de mosquitos, en circunstancias en que la mayoría de sus habitantes no ha recibido la vacuna inmunizadora. De esta forma, los mosquitos infectados transmiten el virus de una persona a otra.

Impacto en las poblaciones de monos

De acuerdo a Leandro Jesusalinsky, coordinador del Centro Nacional de Investigación y Conservación de Primates de Brasil (CPB), todos los primates son suceptibles a contraer el virus de la fiebre amarilla, siendo la subespecie Alouatta (monos aulladores), la que presentan mayor cantidad de casos de contagio en la última década.

En este periodo precisamente es cuando se ha registrado el mayor número de  fallecimientos de monos a causa de esta enfermedad, así como por una serie de lamentables agresiones, muchas de las cuales terminaron con la muerte de macacos por parte de personas que han considerado, erradamente, a estos animales como los culpables de los brotes infecciosos.

Una de las mayores víctimas que ha dejado esta afección han sido los guaribas (monos aulladores), los que terminaron por volver a integrar el listado de animales en peligro de extinción de Brasil. En 2017, en la Reserva Particular del Patrimonio Natural (RPPN) Feliciano Miguel Abdala, en Caratinga, al este de Minas Gerais, solo sobrevivieron 12 de los más de 500 ejemplares que ahí habitaban.

“Caratinga se convirtió en escenario de un experimento que jamás quisiéramos tener que observar. El guariba, una especie de importancia para la dispersión de semillas, prácticamente desapareció. La fiebre amarilla vino después de una sequía severa. Hay señales de cambio climático ¿Cómo se comportará el propio bosque? En la Mata Atlántica, animales, árboles y ríos, todo está ligado. No sabemos lo que va a suceder. Es un proceso de décadas”, aseguró la primatóloga estadounidense Karen Strier, presidenta de la Sociedad Internacional de Primatología, en declaraciones conferidas a Globo.

De acuerdo a los especialistas, lo más inquietante es que la población actual de guaribas del RPPN no posee el tamaño ni la distribución para sobrevivir,  por tanto, si no se reorganizan, van a terminar desapareciendo,  dejando aún más abandonada a la devastada Mata Atlántica. Este mismo peligro es el que corren los monos prego (Sapajus), los saguis de la sierra (Callithrix aurita) y el muriquí del norte (Brachyteles hypoxanthus),  cuyas poblaciones en dicha zona de conservación también se han visto drásticamente mermadas por el virus.

Finalmente, cabe mencionar que según la nueva actualización de las recomendaciones para viajeros internacionales que visiten Brasil (emitida por la OMS el pasado 16 de enero), se sugiere vacunarse – al menos diez días antes de viajar- a las personas que se dirijan  a los estados de las Regiones Centro-Oeste y Norte de Brasil, Minas Gerais, Río de Janeiro, Espírito Santo y Maranhão, y parte de los  estados de la Región Sur, Bahía y Piauí. 

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