Al Mal Tiempo Buena Lana

Chomba es un emprendimiento que nace con la idea de resguardar el patrimonio cultural de Chile, y al mismo tiempo, crear conciencia de que necesitamos un cambio radical y urgente en nuestra industria textil.

Todo partió en 2016 cuando Rocío Concha (27), publicista e ingeniera comercial, se fue de vacaciones por Chile y comenzó a adquirir productos artesanales. «Me puse a pensar que todavía tenemos una industria chilena muy bonita, que aún se está manteniendo, la cual yo encontraba muy noble. Son productos mucho más duraderos y de buena calidad», cuenta.

Ella siempre fue amante de los chalecos y los ponchos. «Siento que son prendas muy cómodas y regaloncitas», dice. Por lo tanto, con las ganas de ser independiente y de crear su propio emprendimiento, decidió comenzar un proyecto dedicado a los artesanos y a los productos locales, al que llama Chomba.

«Siempre trabajé para los demás: logos, fotos y diseños para los demás pero  siempre tuve las ganas de hacer algo para mí. Eso por un lado me dio la intención de crear Chomba. Al principio quise unirme con alguna amiga, pero fue difícil porque no tenían el mismo entusiasmo que yo. También pensaba en postular a un crédito CORFO porque no tenía capital. Me ponía puras trabas».

«Hasta que un día dije, ‘bueno la tecnología ahora nos permite hacer cosas’. Así que hice los logos, cree la marca, subí algunas fotos y empecé a ver si funcionaba. Me di un poco de fortaleza y lo hice sola», recuerda Rocío.

Cuando ya había creado Chomba, lo primero que hizo fue tomar su mochila, su cámara e ir a recorrer Chiloé. Allí se dedicó a tocar puertas y a visitar ferias artesanales con el fin de conocer a sus futuras tejedoras. Como no tenía muchos contactos en la industria textil, tuvo que estudiar y aprender mucho sobre este mundo, que en muchos sentidos era nuevo para ella.

(Chomba)

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«Fue muy lindo lo que empezó a pasar, porque conocimos a una dirigente mapuche que nos invitó al taller de hilandería, fuimos y empezamos a conversar con ellas, escarmenamos y nos contaron historias. El centro de madres que se genera alrededor de tejer es súper entretenido», señala risueña.

«Luego fuimos a un campo y conocimos a más tejedoras. Yo no tenía el interés de diseñar los productos, porque encontraba que así estaban bonitos. Mi idea era tener un espacio donde la gente que no puede vender o le cuesta más, pueda hacerlo a través de Chomba».

Partió con un capital muy pequeño, con el que compró algunos productos para ver si a la gente le gustaba y si tenía algún sentido su idea. Sin darse cuenta, el proyecto comenzó a agarrar vuelo y la relación con las artesanas y otros locales pequeños empezó a tomar más confianza.

«La gente es muy abierta en contarnos cómo trabajan. Me es muy reconfortante. A veces uno se da cuenta que vivimos en una burbuja de sociedad. Hay una historia detrás de cada uno de los tejedores y ha sido muy bonito conocerlas. Me gusta, porque ayudo a talleres que son chiquititos. De a poco se fue construyendo sin ninguna ambición, solo paso a paso para que se fuera haciendo conocido. De a poco van llegando más clientes y más oportunidades», dice.

(Chomba)

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Un granito de arena

Según Rocío, el reciclaje es urgente en la industria textil. Las toneladas que se botan todos los días en el mundo son realmente impactantes. Por lo mismo, hace algún tiempo comenzó a trabajar en una ONG llamada Fashion Revolution, la que intenta crear conciencia en la gente a partir de los productos que compra.

«Para mí el reciclaje es muy importante, no solo de ropa sino de todo. Hay tanta basura en el mundo, que nos vamos a empezar a tapar de ella. La naturaleza se está viendo impactada, por eso y a mí en lo personal me afecta muchísimo».

Según cuenta Rocío, Chomba se crea con la intención de ser un granito de arena para volver a establecer la industria textil chilena, además de apreciar el trabajo de hacer a mano. «Volver a creer en lo que es nuestro, tanto en la ropa como en la historia, volver a informar y volver a educar. Creo que los productos locales siempre han estado enfocados a un público con más recursos, pero yo quiero que sea asequible para todos, y los jóvenes, que somos los creadores del cambio podamos preferir estos productos», recalca Rocío.

Los chalecos son confeccionados a mano con lana de oveja, 100% chilota y sureña. Los ponchos son un 70% de lana y 30% de acrílicos (tejidos hechos en telares eléctricos para luego ser confeccionados con máquina de coser).

Rocío cuenta que intenta trabajar con el blanco y el negro para conservar el color natural de las ovejas. «No hay que teñir la lana, por lo tanto no hay agua sucia que estar botando. Los productos son hechos de manera lenta. Trato de que todo sea sustentable».

(Chomba)

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Además de los ponchos y chalecos, también creó una sección que se llama Chomba para la casa, la cual está diseñada y confeccionada por ella, y cuenta con cojines hechos a telares, banderines y algunos adornos. También, agregó una colección de accesorios: bufandas y gorros de lana recicladas. «La lana es uno de los pocos elementos textiles que se pueden reutilizar, entonces lo que hicimos fue volver a tejer en telar toda la lana que sobraba de los ponchos, creando así estos otros productos», cuenta.

Su siguiente colección estará relacionada con la cultura indígena, donde su idea es entregar un mensaje con cada producto. «Voy a la biblioteca a leer libros, sacar ideas, datos freak. Cosa de entregar eso con cada poncho o chaleco, y no sea solo una prenda, sino que volvamos un poco más al origen de todo y podamos comunicar través de la ropa».

«Por ejemplo, para mí los ponchos se relacionan con las aves, entonces el que se parece en cuanto a color y forma le denomino el nombre de un pájaro. El año pasado hice una campaña con el desierto florido que estuvo precioso, y le puse nombre de flores a los ponchos. Me encanta la naturaleza, así que mi idea es meterla lo que más pueda en esto», explica.

Actualmente, Rocío expone sus productos solamente en redes sociales y hace entregas en diferentes regiones de Chile y otros países como Australia, EE.UU. y Noruega. Además, en su departamento en Providencia, tiene un pequeño espacio para que la gente pueda probarse y mirar los productos.

Según ella, el boca a boca ha funcionado muy bien y hasta ahora ha sido todo de forma orgánica. «Me siento súper cómoda porque le he puesto harto de mis gustos. A veces me dicen ‘uno tiene que pensar en los clientes no en los gustos de uno’, pero me cuesta, porque me encanta la naturaleza, la sustentabilidad, relacionarme con la gente y eso es súper llenador. Lo bueno de trabajar sola es que puedo probar y hacer lo que se me ocurra. Dejar volar la imaginación», dice finalmente.

www.chomba.cl

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