Entre lo Divino y lo Fitness

Las iglesias estadounidenses están construyendo gimnasios de primera clase para conseguir que sus seguidores se mantengan en forma y así, también atraer a nuevos miembros. Si bien hay quienes critican el lucro que pueda existir en esto, los programas terminan siendo una defensa enérgica contra la gran epidemia de obesidad.

Las clases de pilates comienzan con una plegaria: «Solo oro, Padre. Para ser fuerte y estar sano y tener la concentración adecuada… en el nombre de Jesús. Amén».

«Amén», susurran 11 mujeres sobre una música de alabanzas a bajo volumen y el zumbido del tráfico de las 9 de la mañana en la intersección de la 10 y la 610 de Houston. Más tarde se suma la instructora Debbie Brown, una mujer de 56 años con un halo de rojo brillante en su pelo. Flanqueada por dos cruces de madera, su voz amplificada nos guiará durante 45 minutos de estiramientos y ejercicios de fortalecimiento.

Estoy aquí, en la Primera Iglesia Bautista de Houston, porque los cristianos expertos en salud la han clamado como un brillante ejemplo de lo que es posible cuando se une el fitness y la religión.

A finales del año 2009, la iglesia invirtió un cuarto de millón de dólares en renovar su actual centro de recreación de 7 metros cuadrados, convirtiéndolo en una opción entre los lujosos clubes de salud de la ciudad. Además de la sala del Grupo X —del tamaño de una cancha de baloncesto en donde 14 instructores enseñan pilates; TRX (entrenamientos en suspensión); entrenamiento de intervalos de alta intensidad; Godspeed Spin y otras clases durante la semana— la instalación tiene dos salas de pesas con máquinas Cybex, una sala de cardio, una pista cubierta, una cama de hidromasaje, y para sopesar, seis pistas de bolos.

Las paredes a lo largo están adornadas con fragmentos de escritura relacionados con salud: Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos (Hechos 17:28) y Fuerza y honor son su vestidura (Proverbios 31:25). El lugar da un nuevo significado al mantra: «El gimnasio es mi iglesia».

«Dios desea que estemos saludables, fuertes y que brillemos en su luz para que otros vean», me dijo Brown antes de la clase. Ella es la primera socia ministro del fitness en la Primera Iglesia Bautista, y también su instructora de pilates más popular.

El atletismo y la fe cristiana no siempre han sido mutuamente excluyentes. A mediados de la década de 1880, el Movimiento de Cristiandad Muscular surgió en Reino Unido predicando que la participación en deportes podría ayudar a desarrollar la moralidad y el carácter viril. Por su parte, el Consejo Americano de Ejercicio Físico (ACE, sus siglas en inglés) mencionó al fitness basado en la fe como una de las tendencias principales en 2016. También existe un sitio web que ayuda a las iglesias a establecer sus propios ministerios de ejercicio (ChurchFitness.com).

En una era de disminución en la membresía de la iglesia, una de las principales razones por las cuales existen los gimnasios basados en la fe es para atraer gente al evangelio, sean o no feligreses. «Queremos que la gente venga», dice el ministro del fitness de la Iglesia Bautista, Dave Bundrick.

(Camilo Muñoz)

(Camilo Muñoz)

Los académicos ven otra explicación para esta tendencia. «Es una respuesta a los problemas sociales y culturales de la era en la que vivimos», dice Nick J. Watson, profesor superior de deportes, cultura y religión en la Universidad York St. John en Reino Unido, cuya investigación se centra en el rol de la iglesia en la salud pública.

Watson, junto con un gran número de otros observadores, se basan en la creencia de que los programas de ejercicios de las iglesias podrían ser un arma poderosa en la agitada batalla contra la obesidad en Estados Unidos.

Justo antes de las 9 de la mañana los golpes de música tecno comienzan a sonar en el segundo piso del Centro de Convenciones Morial de Nueva Orleans. Los asistentes están reunidos aquí para presenciar la primera Conferencia de la Fe y el Fitness.

La mayoría de los asistentes vienen del sur: Texas, Luisiana, Arkansas, Georgia. La mujer sentada a mi lado, Rhonda, enseña Educación Física K–8 en una escuela Luterana local. Otros participantes trabajan para los ministerios del fitness basados en la iglesia, los cuales esperan mejorar. Unos pocos desearían incorporar su fe en sus propios gimnasios no afiliados a la iglesia. Todos están mirando al organizador de la conferencia, Brad Bloom, de la revista Faith & Fitness, y a su panel de siete expertos en iluminación espiritual.

Bloom apaga su banda sonora y rápidamente toma el escenario para presentar al primer orador: Rob Killen, el dueño de Church-Fitness.com. Killen arranca la charla recordando a los asistentes el valor de un gimnasio en la iglesia. «Queremos que la iglesia sea el lugar al cual ir los siete días a la semana, no solo los domingos», dice. Como muchos de los otros oradores, Killen argumenta el deber religioso de los cristianos con el ejercicio físico: «Puedes tener un gran corazón, pero tu capacidad para servir va a impactar según tu condición física».

Debra B. Morton, pastora de la Iglesia Bautista en Nueva Orleans, dice que «si tuviéramos que hacer lo que Jesús y sus discípulos hicieron: caminar millas y millas para evangelizar, Él tendría muy pocos seguidores hoy en día».

En otros momentos, las discusiones tocaron los muchos temas: ¿El fitness es vanidad, o una forma de glorificar a Dios?, ¿Esto alentará el evangelismo, o pensamientos lujuriosos? Bloom, un hombre esbelto y enérgico vestido con una polera color mostaza, rememora las luchas que tuvo la Iglesia de la Comunidad de Fe en Indiana cuando quiso poner un centro acuático dentro. «Ellos son bautistas, y realmente tienen que comprender el hecho de que: ‘¡Oye, vamos a tener chicas corriendo alrededor de nuestra piscina en bikinis! ¿Podemos lidiar con eso?’» (Aparentemente pudieron —la piscina abrió en 2007).

¿Y qué hay de la música? «Uno tiene que ser súper cuidadoso con lo que escucha», dice la presentadora y dueña del conglomerado de videos de ejercicios cristianos Faithful Workouts (Entrenamientos Fieles). «La música está viva, es poderosa y es una espada. Si estás escuchado a Sir Mix-a-Lot, tu entrenamiento puede cruzar la línea que va de glorificar a Dios, a sacudir el trasero», dice. Los bautistas, por su parte, han tenido durante mucho tiempo una actitud  complicada ante el baile (¿recuerdan Footloose?), haciendo que la tendencia de clases de cardio sea un reto. Cuando le pregunto a un líder de una Iglesia Bautista sobre esto, él expresa alivio porque hoy la zumba no es tan popular como lo fue una vez.

(Camilo Muñoz)

(Camilo Muñoz)

Por todas estas razones, entrar en el negocio del fitness ha sido decididamente más fácil para las iglesias no institucionales. Ellas han estado liderando la construcción de nuevos gimnasios, diciéndoles a sus miembros que sus cuerpos están entorpeciendo su pleno potencial para servir a Dios.

La más grande del país es la Lakewood de Osteen, con la estimación de unas 43.000 personas asistiendo a los servicios semanalmente. En 2012, Osteen se asoció con el entrenador personal de su esposa, el gurú del fitness Samir Becic, con el fin de crear el primer Health Fitness Challenge de la iglesia. El programa de ocho semanas, lanzado en enero 2016, ofreció clases de fitness y nutrición designadas «a ayudar a las familias a vivir un estilo de vida más saludable y activo», según dice su página de Facebook.

De la misma forma, el pastor de la mega iglesia de California, Rick Warren, ha entrado en el mercado de la dieta con su creación en 2011 de El Plan Daniel. Ya en 2002, Warren había saltado a la fama con el éxito en ventas de su libro: The Purpose Driven Life (Inspiración diaria para una vida con propósito). La dieta se llama así por el profeta Daniel, quien rechazaba las ricas comidas y bebidas del Rey Nebuchadnezzar en favor de vegetales y agua. Su amplia adopción ha sido aclamada como una masiva victoria de la salud pública. En el primer año del programa, la iglesia afirmó que 15.000 miembros perdieron 250.000 libras de peso entre todos. La «salsa secreta», le dijo Warren a Los Angeles Times, «es la fe, los amigos y el enfoque». Él predica que la mente, el cuerpo y el espíritu deben estar en armonía para que las personas sean buenos administradores del cuerpo que Dios les ha dado. (Por cierto, la zumba es una de las clases más populares de fitness en Saddleback).

Los científicos sociales miran el impacto que las mega iglesias como Lakewood y Saddleback están teniendo, y ven enormes posibilidades para intervenciones de salud basadas en la fe.

Según el Pew Research Center, más del 40% de americanos todavía asiste a la iglesia cada semana. Se cree que ese número es más alto en el sur, donde la tasa de obesidad es la peor. Como se señaló repetidamente en la Conferencia, una docena de ciudades en Luisiana se encuentran consistentemente entre las poblaciones con gente más gorda del país. «Aquí la comida está arraigada a la cultura. Cuando quitas las comidas locales favoritas, como las rosquillas fritas o los bocadillos en baguette típicos de Luisiana, es como si nos quitaran lo que somos», dice Nettye Johnson, una asistente a la conferencia decidida a ayudar a sus compañeros feligreses de la iglesia Bautista Nueva Esperanza en Baton Rouge a mantenerse saludables.

Watson y otros investigadores fabrican un argumento convincente para las iglesias potenciales a cambiar esa actitud, y ahora los funcionarios públicos están comenzando a apoyar sus esfuerzos. El año pasado, el alcalde  de Trenton, Nueva Jersey (con una tasa de obesidad del 39% y un 52.6% de afiliados religiosos), otorgó donaciones a sietes iglesias locales para ayudarles a promover el ejercicio y la alimentación saludable.

Crear un centro de fitness en una iglesia que compita con un gimnasio común es costoso y consume tiempo. «Es un negocio», me dice Debbie Brown. Como cualquiera de los otros dueños de gimnasios, el liderazgo de la iglesia tiene que vigilar a los empleados y los detalles del día a día como inscribir, involucrar y conservar a los participantes nuevos.

Por otra parte, muchos legisladores y líderes de la industria del fitness argumentan que los centros con afiliados religiosos están usando su condición de exención de impuestos para ofrecer tarifas de membresía bajísimas que terminan por desviar a sus clientes. En 2004, la Iglesia de Cristo en Nashville abrió un centro de vida familiar y empezó a cobrar una cuota anual de $100, el monto que muchos gimnasios lucrativos cobran por mes. En esa ocasión, la Junta Estatal de Compensación presentó una demanda alegando que la iglesia era una empresa comercial.  Luego de una extensa batalla legal, la Iglesia de Cristo accedió a pagar un 50% del impuesto a la propiedad por el edificio, lo que hizo financieramente imposible continuar operando el gimnasio. Pero la instalación no cerró. «El YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes) se encargó de ello», dice Scott. «A ellos no se les cuestiona».

De hecho, la YMCA conserva un estado no oficial, con derechos adquiridos como un centro comunitario deportivo sin fines de lucro, a pesar de funcionar más como un gimnasio estándar en la mayoría de los lugares. Desde 1950, los YMCA en todo el país han sido desafiados repetidamente sobre su condición de exención de impuestos, pero casi siempre ha prevalecido en los tribunales.

Sin embargo, la batalla no ha terminado. Las YMCA continúan enfrentándose a una ofensiva desde la International Health, Racquet and Sportsclub Association (IHRSA: Asociación Internacional de la Salud, Raqueta y Clubes), un poderoso grupo industrial con 10.000 miembros de gimnasios en 75 países.

En 2015, legisladores de Kansas aprobaron el Proyecto de Ley 2109 de la Cámara de Representantes, exigiendo que todas las YMCA paguen impuestos sobre las ventas a partir de 2020, lo que podría terminar abruptamente el despertar del fitness cristiano. Mientras tanto, ya sea para atraer feligreses o dólares, las mega iglesias están consiguiendo que mucha gente empiece a hacer ejercicio.

A medida que nos relajamos en nuestra sesión de 45 minutos, nos sentamos con las piernas cruzadas y cerramos los ojos bajo el resplandor de dos lámparas tipo torres que iluminan las cruces a ambos lados de Debbie. Ella susurra una plegaria final en su micrófono, antes de enviarnos de vuelta al mundo con los músculos doloridos y una sensación de paz interior: «Te agradecemos, Dios, por darnos este momento para venir a encontrarnos contigo, para disfrutar unos de otros, y para ser fuertes y sanos. Amén».

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