Viviendo la aventura de ser papá

(Andrew Seaman/Unsplash)

Estos tres amantes del deporte extremo han sabido integrar la increíble aventura de ser padres con su amor por la naturaleza y la vida al aire libre. 

La pasión por el océano

Muchas y muchos amantes de la vida al aire libre desarrollaron su pasión por la naturaleza y el deporte de la mano de sus padres.

En el caso del surfista Ramón Navarro, se acercó al océano gracias a su padre. En sus recuerdos de infancia se ve acompañándolo a pescar y durmiendo en rucos con apenas seis o siete años. Desde pequeño soñaba con ser buzo y pescador, al igual que su papá, pero él se negaba y le repetía que tenía que sacar un título.

Ramón quería todo lo contrario, así que a los 13 años, comenzó a surfear y desde ese minuto no se separó nunca más de las olas, la naturaleza y el océano. Hoy, se ha convertido en uno de los surfistas más reconocidos a nivel mundial y en un activista de la conservación y el medioambiente que pide respeto por el océano. Además de ser el principal propulsor de la campaña Lobos por Siempre que busca proteger Punta de Lobos.

De esta forma, y tal como lo hizo su padre, ha querido transmitir a su hijo Inti Navarro de 8 años, su respeto por el medioambiente y su pasión por el surf. «Son los valores que con mi señora le hemos entregado desde que lo trajimos a este planeta. Ha viajado mucho, tiene un conocimiento muy grande del mundo para la edad que tiene. Me ha acompañado a varios viajes alrededor del mundo (…) y los niños absorben y ven cosas que uno no ve, y eso es alucinante y se ve reflejado en su personalidad», señala.

Navarro, nos cuenta que su hijo tiene muy claro el tema del cuidado del planeta y el reciclaje, y que está muy conectado con todo lo que pasa a su alrededor, además de que le encanta pasar tiempo al aire libre y estar en contacto con la naturaleza. «Es un enano con mucha energía, muy deportista. Le gusta andar en skate, surfear, ir a pescar, andar en bicicleta. Sabe más de animales, cetáceos y dinosaurios que yo. Es una persona muy especial».

«Todos los días estamos juntos, me encanta ir a dejarlo al colegio, después no vamos a surfear o andar en skate (…) trato de estar la mayor parte del tiempo con él», agrega Navarro. 

Y en cuanto a la perspectiva de los triunfos que ha tenido Ramón, dice que: «el no pesca, no le da mucha importancia. Pero después cuando está con sus amigos en el colegio se siente todo orgulloso y dice que su papa corrió la ola más grande del mundo. Con ellos lo habla, pero conmigo no dice esas cosas (ríe), yo creo que es porque somos muy partners y la relación es tan bonita que somos los mejore amigos», cuenta.

En unos años más, Ramón ve a Inti de la misma manera que lo ve ahora. Siendo una persona feliz, conectada con el medioambiente, humilde y respetuoso con las personas. «Que haga lo que él quiera cuando grande, pero para mí es muy importan que aprenda a surfear para que conozca el mar y lo aprenda a respetar, porque eso te da una enseñanza muy grande sobre la naturaleza. De ahí si le gustan las competencias, es cosa de él, yo estaré aquí para entregarle las herramientas que yo sé», concluye.

 

Mi hijo es 4×4

Pablo Garrido, Director de Latitud Sur Expedition, comenzó a realizar carreras de aventura hace un poco más de cinco años. Se enamoró del trail running el año 2005, cuando junto a un amigo empezó a correr en cerros; lo que tiempo después se convirtió en su trabajo y su vida. «Me enamoré de esto y dije es lo mío», agrega Pablo.

En el período que Pablo trabajaba en el circuito de carreras deportivas por diferentes zonas de Chile nació Facundo, un niño que como lo describe su padre, es muy curioso y aventurero. «Desde que tiene un año que lo llevo al cerro. Le gusta harto el deporte y la naturaleza. Como sabe que yo hago carreras, le gusta explorar y jugar, mi hijo es 4×4, totalmente. Le encanta andar en bicicleta y le gusta equilibrarse, se tira por el cerro para abajo», cuenta Pablo.

De esta forma, Pablo intenta disfrutar con su hijo lo que más puede al exterior. «Nosotros vivimos en el campo. Partiendo desde esa base, él está muy conectado con la tierra. La vive a concho. Juega a fuera todo el día e intento educarlo con el medioambiente, con el cuidado del agua; en la casa reciclamos, tenemos un compostaje. Así que creemos que debería adquirir esos valores con más fuerza», dice.

Y en relación al día a día, Pablo dice que desde muy pequeño, Facundo ha estado metido en las carreras que organiza. Por lo tanto, puede complementar muy bien su trabajo con la familia. «El participa mucho, me pregunta sobre los dorsales y por las rutas, y me dice ‘¿por ahí corren papá?’. Ahora en la carrera de Putaendo fue y me acompañó a todo, al cerro, a dejar agua a los puntos de abastecimiento, después entregó algunas medallas a los corredores», cuenta.

En unos años más, Pablo tiene la ilusión de que Facundo pueda interesarse por la vida que ha construido en torno a las carreras de aventura. «Ojalá que le guste y se meta en este tema de las carreras, porque lo más probable es que cuando yo no esté… si yo no sigo empujando Latitud Sur Expedition, nadie más lo hará. Me encantaría que él lo tome». Sin embargo, no piensa presionarlo en nada, y planea seguir inculcando el deporte en su vida. «Que él decida su camino», finaliza. 

 

Amantes de la montaña

Sin duda, dedicar la vida a los deportes extremos puede llegar a tener riesgos muy altos, y Juan Pablo Mohr sabe de eso. Hace unas semanas llegó del monte Dhaulagiri, el cual tuvo que abandonar por condiciones climáticas adversas, y hace un año aproximadamente, se encontraba haciendo cumbre en el Annapurna, una de las montañas más peligrosas del mundo.

Juan Pablo es padre de tres hijos, Pedro (10), Elisa (8) y Juampi (7). A lo largo de sus vidas, les ha querido inculcar la perseverancia, la auto superación y el saber que cuando no se puede hay que volver a intentarlo, «que cuando uno no hace cumbre en una montaña no es un fracaso, trato de enseñarles eso», dice.

Con ellos intenta pasar horas en la montaña y así mostrarles el deporte que tanto le apasiona. «Trato de llevarlos siempre al cerro a entrenar, les tengo un muro en la casa para que puedan escalar. Tengo la suerte que desde chicos se motivaron con el deporte porque hay muchas veces que no los pescan no más y ahora están motivadísimos, empezando a entrenar con todo, y yo por mi parte motivándolos a avanzar, a progresar», comenta Mohr.

En cada expedición, Mohr tienen la posibilidad de comunicarse vía satelital con sus hijos, lo que le permite estar siempre conectado con su familia. «Eso ayuda un montón, el poder hablar cada dos días con ellos y poder saber lo que están haciendo y contarles lo que yo estoy haciendo es increíble, como que no pierdes esa conexión nunca», afirma.

Y a pesar de que los está motivando con su misma pasión, no le gustaría que cuando sean mayores sigan el camino del himalayismo, pero sí que se enfocaran en la escalada y en el montañismo. «En el Himalaya hay montañas muy peligrosas, donde arriesgas mucho, al final uno no es el que decide y si en un futuro quieren ir, yo no los voy a parar», concluye.

Con estas tres historias nos damos cuenta que los padres nunca dejarán de ser una figura importantísima en nuestra vida. El mejor regalo es vivir cientos de aventuras con ellos.

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