Hacia el Guardián del Valle

Hace un año Patricio Goycolea y Federico Scheuch le dieron un giro a lo que el mountain bike había definido para ellos, y saliendo de la zona de confort se embarcaron en un proyecto con la idea de conquistar esas montañas que hace cientos de años los Incas habían venerado y que hoy, con bicicleta al hombro impulsan por primera vez hacia el big mountain bike.

La historia del big mountain bike nace con la idea de mezclar dos disciplinas: el montañismo y el mountain bike. Hasta ahora nadie se había atrevido a realizar esta hazaña, sin embargo, Patricio Goycoolea, a través de su empresa de turismo Inner Mountain, decidió impulsar este proyecto que invita además a reencontrarse con la historia y a recorrer las montañas que hace cientos de años veneraron los Incas. No cualquier montaña sino que cada apus wamani, que en lengua quechua significa «Guardián del Valle». Al proyecto se sumó también Federico Scheuch y así se aventuraron en este nuevo desafío arriba de la bicicleta. «El año pasado se hizo el cerro El Plomo, el Guardián del Valle de Santiago, después seguimos con el Ojos del Salado, el Guardián de Atacama que se hizo en diciembre, y ahora vamos por el Guardián del Maipo», comenta Fede.

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(Benjamín Camus)

«En un principio empezamos a subir cerros más chicos por así decirlo y más accesibles como el Provincia, la travesía de la Sierra del Ramón, que está acá y que es súper visitada por gente que hace trekking», agrega Pato. «El big mountain bike pega mucho más al que hace montañismo que al ciclista, porque es un montañista que ha subido el Ojos del Salado, El Plomo, el Provincia, el San José, entonces él valora mucho más lo que se hace en esta disciplina», concluye.

El proyecto pretende documentar cada ascenso, como ya lo hicieron con el cerro El Plomo a través del lanzamiento de un video al que asistieron más de 500 personas y que ya ganó dos festivales: El Banff Mountain Film Festival World Tour y el Festival de cine de montaña Lo Valdés, en el Cajón del Maipo. Todo, con el fin de dar a conocer esta nueva disciplina no solo en Chile sino que en todo el mundo.

Ojos del Salado

El desafío que continuó después del cerro El Plomo era más grande: conquistar la cumbre del Ojos del Salado, el que no sería nada fácil considerando que tiene una altura de 6.900 msnm, con 25 kilos en la espalda (solamente la bicicleta pesa 15 kilos, tomando en cuenta que quienes suben este volcán lo hacen con alrededor de 6 kilos), agregando también la dificultad que implican 30 metros de escalada vertical, a 50 metros de la cumbre. Algo inédito.

Una expedición que duró 10 días y donde el equipo se conformó por Pato y Fede arriba de la bicicleta, además de Benjamín Azócar y Benjamín Camus a cargo del registro audiovisual. La principal dificultad estaba en la altura, por lo que el proceso de aclimatación fue fundamental para lograr la cumbre. Por esta razón, previamente también realizaron otras cumbres:

El primer día se dirigieron hacia la laguna Santa Rosa de 3.800 metros de altura, para posteriormente subir el Siete Hermanas de casi 5.000 msnm, continuando con el ascenso hacia Laguna verde y finalmente alcanzar el cerro San Francisco, el primer 6.000.

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(Benjamín Camus)

La primera dificultad en los Ojos del Salado se les presentó cuando quedaron atrapados a 5.800 metros con el auto, lo que les impidió llegar hasta el último campamento. «El día que íbamos a hacer la cumbre, que fuimos al campamento alto, nos quedamos pegados y en vez de demorarnos 40 minutos, que es el tiempo estimado, nos demoramos 5 horas porque el auto no estaba subiendo. Casi nos damos vuelta, con dos ruedas arriba, tuvimos que palear el camino y hacer unos amarres con cuerda», recuerda Pato.

Sin embargo, a solo 50 metros de la cumbre, otra dificultad se les presentó cuando se dieron cuenta que debían escalar una pared de 30 metros, pues anteriormente les habían dicho que el equipo de seguridad no era de exigencia. Hasta este punto habían llegado Pato, que cuenta con experiencia en escalada, al igual que Benjamín Camus, quien iba a cargo del registro. Pero por otra parte estaba Federico Scheuch que no llevaba mucho tiempo escalando, por lo tanto el momento previo a atacar la cumbre fue de una decisión que podía ser un éxito, pero también un absoluto fracaso.

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(Benjamín Camus)

«Nosotros le dijimos a Fede: ¿te sientes seguro? Me acuerdo perfecto. Y mirándonos a los ojos me dijo ‘sí weón, vamos’. Y así fue como fuimos a la cumbre, porque si el Fede me hubiera dicho que no, probablemente hubiéramos subido solo una bici o sin bici esos últimos 30 metros. Fue un momento súper tenso, de tomar una decisión súper fría y llegar a cumbre como sea», comenta Pato.

Demoraron 12 horas en alcanzar finalmente la cumbre del Ojos del Salado. Una vez ahí, se subieron a la bicicleta para cumplir el principal objetivo: descender el volcán, una travesía que en el mundo nadie había conseguido. Y a pesar de que la sensación térmica de -20° les dificultó el descenso, solo tardaron 43 minutos en llegar abajo.

Los Guardianes del Valle

La hazaña que estos dos deportistas chilenos han realizado, está comenzando a hacer historia. Objetivos que hace un año parecían imposibles, han sido impulsados con convicción y energías únicas por parte de Pato y Fede, quienes además, se proponen rescatar la historia de una cultura que veneró hace cientos de años a las montañas que hoy nos rodean, aquellos Guardianes del Valle que todavía siguen ahí para ser explorados.

«Al final te das cuenta que estas montañas que ahora estamos adorando, toda la vida han sido adoradas. Quizás ahora lo estamos haciendo en bicicleta, pero ellos lo hacían también a su manera. Entonces le das un sentido de historia, pues la Cordillera de los Andes siempre ha sido valorada y admirada por todas las personas que han vivido en esta tierra”», comenta Fede.

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(Benjamín Camus)

Por otra parte, Pato agrega que «para mí, personalmente la vida, la naturaleza y la montaña son tres energías sabias. La montaña me enseña mucho, desde la simpleza hasta la sabiduría que puedes agarrar estando en ella. Los Incas también subían a la montaña a hacer un ritual o un sacrificio para que los dioses les dieran buenos tiempos de cosecha y todo. Asimismo, este tema del big mountain bike se liga un poco a eso, porque igual estás subiendo 30 kilos en la espalda para después tener un beneficio», concluye.

Ambos han impulsado esta disciplina como una invitación a explorar arriba de la bicicleta nuevos espacios, conociendo los riesgos que eso implica. Sin embargo, el amor por la montaña es lo que los ha llevado a conquistar la cumbre. Mientras, siguen trabajando por llegar a lo más alto.

Volcán San José

El tercer desafío estuvo puesto en el Guardián del Maipo: el Volcán San José. En aquella oportunidad el grupo lo conformaron nueve personas, sin embargo, una tormenta a los 4.200 metros les impidió el ascenso. No pasaron más de dos semanas para que Patricio Goycoolea decidiera intentarlo una vez más, pues estaba decidido a conquistar la cumbre del San José en bicicleta. Fue así como en compañía de Sebastián Prieto —quienes estaban a cargo del registro audiovisual— decidió emprender la aventura.

«Partimos en modo súper alpino, con una comida diaria y un pan para el desayuno. Esa vez salimos sin asistencia a caballo, pues la primera vez habíamos subido con asistencia hasta los 3600 metros», comenta Pato.

El volcán San José, con una altura de 5856 msnm resultó ser el más complejo, a pesar de que también resultó ser el más corto, con una expedición que solo duró cinco días. Esto, debido al frío que les significó una sensación térmica de -32°, previo a una tormenta de viento que no les permitió atacar cumbre el cuarto día como lo tenían pronosticado. Sin embargo y pese a las dificultades, el quinto día Patricio Goycoolea logró el objetivo. «Llegamos a la cumbre muy emocionados. Para mí fue la más emocionante que he hecho, lloré con el alma», cuenta Pato. Y concluye: «Seguimos descubriendo… es infinito, tenemos mucho para hacer todavía».

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