Vocera del Medioambiente

(Lukas Mekis)

Juanita ringeling se encuentra colaborado intensamente con varias organizaciones que buscan proteger a la madre tierra, entre ellas, la Corporación Bosques de Zapallar, la Fundación Altiplano, la Fundación Punta de Lobos, Parley y Ríos to Rivers.

Recicla la basura, se mueve en bicicleta, compra las verduras directamente a los agricultores, siempre anda con su kit de utensilios para no pedir plásticos y hace algún tiempo dejó de comer carne porque la industria cárnica es muy contaminante. Juanita Ringeling (31), la actriz que actualmente vive en Los Ángeles, Estados Unidos, tiene un fuerte compromiso con el planeta y es una colaboradora activa de fundaciones y organizaciones ambientalistas en Chile y EE.UU.   

«Además de actuar, una de mis pasiones tiene relación con estar en la naturaleza. Creo que contactarse en otro nivel, cuando no eres solo un observador, se ha transformado en una pasión y se ha traducido a que tome acción en la protección de ella o de ciertos recursos de ella…», comienza contándonos Juanita.

Su interés y preocupación por el medioambiente se relaciona mucho con haber nacido fuera de la capital, pues, Cachagua —una localidad de la comuna de Zapallar— fue el lugar que la vio crecer y que hizo que su identidad estuviera ligada a espacios naturales, prístinos y al aire libre.

«Crecer aquí me hizo no solamente conocer estos espacios naturales, sino que respetarlos y enamorarme de ellos, y al entender la fragilidad que tienen, la intención de protegerlos surge de manera natural y espontánea. Donde yo crecí, tenemos el privilegio de tener parte de los pocos bosques relictos mediterráneos que existen en el mundo, entre otros miles de bellezas naturales, lamentablemente este está muy amenazado por toda la presión inmobiliaria, que es un poco lo que pasa en la mayoría de las costas centrales de nuestro país. Esa fue la primera gran amenaza que yo vi. Y ahí dije bueno aquí hay que hacer algo, porque la naturaleza no puede defenderse por sí sola, no tiene una voz», cuenta.

Empezó a notar que la misma lucha que tenían en su zona, con respecto a los proyectos inmobiliarios, estaban ocurriendo en diferentes lugares de Chile y el mundo. De esta forma, familiarizó con algunas de las causas que más le llegaban y se fue involucrando en ellas. «Cuando me empecé a ser más conocida en la televisión me di cuenta de que tenía una responsabilidad mucho mayor. O sea si en el fondo yo tenía la posibilidad y el espacio de ser una comunicadora, tenía que dar un mensaje más importante y ahí me puse más matea, me puse a investigar. Me conecté con distintas instituciones e iniciativas relacionadas a este tema», señala. Desde sus orígenes estuvo involucrada con la Corporación Bosques de Zapallar luego comenzó a colaborar con diversas instituciones como Balloon Latam, National Geographic y Fundación Punta de Lobos (que hace frente a la misma problemática de su zona).

Carnaval y Fundación Altiplano

Así también, se fue involucrando con otros proyectos relacionados al medioambiente, el turismo y la cultura. El año 2014 se aventuró en un gran desafío: ser la conductora y productora asociada del programa Carnaval, transmitido por 13c y basado en mostrar diferentes fiestas costumbristas, religiosas y celebraciones culturales que se realizan en América y Europa. Este espacio, además de permitirle viajar por diferentes países le ayudó a conocer y explorar otros espacios en la televisión.

«Fue un proyecto en el cual me llamaron (trepa producciones) y me ofrecieron ser parte. La primera fiesta era en Isla de Pascua, no teníamos mucha plata pero si las ganas, y yo siempre quise tener un programa de ese tipo la verdad. Ahí nos dimos cuenta que mi papel no era ser solo presentadora sino que era bastante más amplio», cuenta.

El principal objetivo de Carnaval y la misión de Juanita era rescatar las tradiciones de cada pueblo, historia e identidad de los habitantes. Se recorrió desde Isla de Pascua hasta el norte de Chile, también Bolivia, Perú y Colombia. «Éramos un equipo pequeño, donde al final entre nosotros hacíamos todo, la edición, la investigación, los guiones, el diseño de ruta etc., fue una pega muy gratificante. Nunca me había pasado, ni siquiera con teleseries, que mientras se emitía el carnaval, prácticamente todos los días alguna persona se acercaba en la calle y me daba las gracias por el programa, me decían: ‘me permite viajar con usted y conocer otras costumbres y culturas’, y esa sensación era muy linda», recuerda.

Siguiendo en el ámbito cultural, Juanita también se involucró en el Festival de Cine Arica Nativa, uno de los proyectos principales de la Fundación Altiplano, con la cual también colabora. Esta entidad acompaña a comunidades andinas y rurales en la necesidad de conservar su patrimonio natural y cultural, y así lograr una convivencia más sostenible. «Yo conocí la fundación y el festival hace alrededor de ocho años atrás cuando fui a presentar una película y desde ahí me enamoré del proyecto, de la zona, de lo que hace la fundación, que es tremendamente avanzado, creo que es una de las fundaciones que más minuciosamente ha trabajado en conservación en Chile y de la manera más holística que yo he visto», dice.

El trabajo de Fundación Altiplano permite atender necesidades profundas de pequeñas comunidades andinas y rurales, con iniciativas patrimoniales dedicadas a conservación, aprendizaje y comunicación. «Partieron con la reconstrucción de las iglesias de Parinacota y eso en el fondo derivó a la reconstrucción de un entramado cultural que subyace a la existencia de estas iglesias y a la forma de vida de la zona, entonces están permitiendo que la cultura indígena y que la historia que está ahí persista», añade. De esta forma, también aparece el festival de cine Arica Nativa, con la idea de reconstruir la identidad para la mantención de estos pueblos.

«Creo que había una necesidad de reencuentro con los jóvenes, con revalorizar su cultura desde  nuevos lenguajes y ahí apareció el festival. Es muy único, de cine nativo y rural, son películas que a Santiago nunca llegan. Me enamoré del lugar y les ofrecí mi ayuda», cuenta Juanita.

El propósito del Festival de Cine es enamorar a las nuevas generaciones con el espíritu de la tierra, con los tesoros naturales y culturales, lejos de las ciudades. «El año pasado desarrollamos una nueva patita del festival que se llama Mamita Nativa. En este mismo contexto de los paisajes culturales, uno se encuentra con lo tremendamente frágil que es la cordillera y el altiplano, con todos sus pueblitos que tienen esta armonía absoluta entre el mundo nativo y el mundo hispánico, tienen una agricultura local que es riquísima, con semillas ancestrales que son invaluables».

«Nosotros dijimos claro… tenemos conservación arquitectónica, tenemos rescate del lenguaje, pero a la parte agroalimenticia había que darle un nuevo empujón. En el fondo la idea era poner en valor todos esos cultivos con semillas ancestrales de tremenda fragilidad, algunas incluso en peligro de extinción. Es un patrimonio de esa región, de Chile y de la humanidad, sobre todo en tiempos en que el monocultivo y las semillas transgénicas están tomándose el mundo y reduciendo la variedad de nuestros alimentos, y la cantidad de nutrientes de los mismos. Y estamos viendo que la globalización nos está llevando a una pandemia de obesidad. Entonces Mamita Nativa es un volver a las recetas saludables y ancestrales y volver así a conectarnos con la tierra», concluye.

Experimentando la sensación de descubrir las profundidades del archipiélago. (Lukas Mekis)

Experimentando la sensación de descubrir las profundidades del archipiélago. (Lukas Mekis)

Rios to River y otros proyectos

El 2017 Juanita hizo una colaboración para Rios to River, una organización que inspira a la protección y conservación de ríos a través de intercambios culturales entre jóvenes. «La idea de esta organización es juntar jóvenes de cuencas de rios que ya han sido intervenidos y que tienen proyectos industriales o de otra índole, con los jóvenes de ríos de que aún siguen prístinos. Esta vez fueron 17 jóvenes patagones al río Klamath, EE.UU., que empieza en Oregón y termina en California. Es un río que las tribus klamath, Karuk; Hupa, Yurok, entre otros han habitado desde tiempos inmemoriales construyendo un sistema de vida basada en su relación con el río y con la pesca del salmón», cuenta.

Los 17 jóvenes patagones, en su mayoría provenientes de Cochrane y Tortel, donde se encuentra el río Baker y el Pascua, pudieron ver con sus propios ojos las seis represas construidas en el río Klamath y cómo estas influyen en la naturaleza y en las comunidades y familias de la zona. Estuvieron tres semanas y practicaron descenso en kayak y rafting.

«En el fondo este intercambio Les muestra lo que podría pasar en sus ríos. Yo estuve los tres últimos días con niños que, muchos de ellos no sabían inglés o nunca habían salido de su región y que viajaron al otro extremo del mundo para vivir esta experiencia y sumergirse en una máquina del tiempo que les hizo pensar ¿es esto lo que yo quiero para mi río, para el futuro? Y desde ahí ellos pudieran formar una opinión», cuenta Juanita.

«Hoy en día la presión social hizo que Hidroaysén devolviera los derechos de agua al Gobierno, que es inédito, un pequeño triunfo, pero eso no significa que esos ríos estén libres de algún otro proyecto o de una hidroeléctrica… entonces la lucha sigue. Ojalá lograr algo inédito y que esos derechos sean entregados a la misma comunidad o a organizaciones que intenten hacer una economía en relación al río, pero una economía sustentable, que tenga que ver con el deporte, turismo, agricultura, etc. Creo que eso sería lo mejor que podría pasar», continúa.

Últimamente, Juanita ha liderado una campaña a través de Instagram llamada #Desafioceroplastico, en el que muestra sus propios hábitos de consumo y experiencia con el desecho, invitando a la gente a reducir sus desechos y rechazar el plástico, sobre todo el de un solo uso. La recepción y entusiasmo de los seguidores de la campaña la llevaron, de la mano de National Geographic Pristine Seas, hasta la mismísima isla Robinson Crusoe para comenzar a apoyar a su comunidad en el manejo sustentable de sus desechos.

Además, en colaboración con la empresa wildfood lanzó al mercado su propia barrita de cereal Soulbar. «Con los principios alimenticios que yo considero positivos. Muy nutricional sin ningún aditivo, sin ningún ingrediente secreto o impronunciable, crudivegana y con productos locales; sin calorías vacías»,  explica.

Por lo pronto, su idea es seguir viviendo en Los Ángeles, abriéndose caminos en la actuación, colaborando con organizaciones ambientales y sociales y con algunos otros proyectos que baraja. Pero también pretende seguir construyendo proyectos en Chile. «Me encanta Chile… eso lo descubrí viviendo acá. Es un país con un potencial increíble, me impresiona como todos los ojos están puestos en Chile. Lo miran muy bien desde afuera, creo que estamos en el momento justo de decidir cómo queremos construir nuestro futuro», concluye.

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