Al Fin del Mundo… y con Niños

En la zona austral del país se emplaza uno de los Parques Nacionales menos visitados y, por lo tanto, más salvajes de Chile: las estepas volcánicas de Pali Aike. Fieles a nuestro espíritu outdoor, en esta ocasión quisimos incorporar a nuestros dos niños pequeños —de 5 y 3 años— a la aventura. Pues sí: el trekking con niños, incluso allí donde acaba el continente americano, es posible.

Chile posee en la actualidad 36 Parques Nacionales administrados por CONAF. Sin embargo, la gran mayoría de las visitas se concentran en sólo 3: el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales (contiguo al volcán Osorno, en la X° Región), el Parque Nacional Los Flamencos (en San Pedro de Atacama, en la II° Región) y, desde luego, el famoso Parque Nacional Torres del Paine (en la XII° Región). Pero pocos saben que en Magallanes también hay otra alternativa para quienes gusten de la naturaleza, el clima rabioso y la vida al aire libre. En efecto, el Parque Nacional Pali Aike, a tan sólo 200 km de Punta Arenas (unas 2 horas y media en auto, por un camino en su mayor parte asfaltado), es una verdadera joya. Hace 3,8 millones de años, un evento eruptivo produjo una meseta de lava de unos 4.500 km2. Luego hubo dos episodios más, los que formaron conos, cerros y cráteres, hace unos 15.000 años. Actualmente, esta zona con vegetación semidesértica posee una gran concentración de guanacos (y, quizás, más a la vista que en Torres del Paine mismo, puesto que acá circula menos gente que los ahuyente), zorros, chingues patagónicos, armadillos, caiquenes, ñandús, aves rapaces y pumas. En la Laguna Ana es posible ver también patos, cisnes y flamencos, tal como si estuviéramos en el altiplano. Eso es lo que queríamos mostrarle a nuestros niños, precisamente.

(fotos gentileza de francisca hernández)

(fotos gentileza de francisca hernández)

Hablar y Enseñar

La visita a Pali Aike se realiza por el día. Nosotros partimos temprano desde Punta Arenas; la noche previa nos encargamos —como padres responsables— de preparar todo el equipo necesario: abrigo (parkas y corta-vientos, guantes, gorros y buffs, primeras y segundas capas), pic-nics al gusto de los niños, un botiquín, entretención (una lupa, un largavistas) y una mochila con ropa de recambio (incluidos zapatos extra para los niños). Durante el trayecto, nos preocupamos de alimentar la imaginación: conversamos acerca de erupciones volcánicas y las glaciaciones, los animales extintos que recorrieron esta zona (la megafauna), sus posteriores descubridores (los naturalistas de los siglos pasados y sus heroicas expediciones científicas), los indígenas aónikenk y su predilección por el calafate, el posterior dominio del hombre blanco y, finalmente, el imperio de las Estancias. A los niños, por muy pequeños que sean, hay que hablarles y hablarles. Eso estimula todos sus sentidos, los involucra en la actividad y los volverá ansiosos por recorrer los senderos. A su vez, este ejercicio reforzará los lazos de apego y confianza con el adulto. Cuando padre e hijo salen de trekking, se da la oportunidad para que ambos se vuelvan más amigos. Y lo propio de los amigos es contarse historias, reportar observaciones, compartir experiencias.

(fotos gentileza de francisca hernández)

(fotos gentileza de francisca hernández)

El nombre «Pali Aike» significa «Lugar Desolado por los Malos Espíritus», en la lengua de la etnia originaria— le expliqué a mis hijos.

¿Y por qué?— me preguntó el chico de 5 años.

Vamos a averiguarlo, ¡explorando juntos!

Por lo tanto, como adulto, conviene informarse primero, estudiar el pasado del lugar y luego relatarlo de una manera entretenida. Hay que prestar atención también a toda pregunta e inquietud. Siempre felicite al pequeño por sus comentarios y trabaje en mejorar su autoestima. Toda persona exitosa en la vida, todo hombre o mujer que logre sacar adelante sus sueños y sentirse pleno con lo logrado, es una persona que se quiere y respeta a sí misma. Si usted, como adulto responsable del niño, puede inculcarle eso, tendrá ya la tarea hecha para todo lo que vendrá después (la crisis de la adolescencia en adelante).

Recorrer y Experimentar

Es importante que a la llegada al Parque, el niño se baje del auto con usted y lo acompañe a la caseta de CONAF. Que salude al guardaparque, que reciba folletos e instrucciones tales como registrar el ingreso, anunciar la salida, respetar los horarios, no prender fuego, no salirse del sendero, no alimentar a la fauna local, no botar basura, etc. Estas medidas no hay que tomarlas como prohibiciones opresoras, sino como directrices para encausar la conducta, como pequeños ejercicios para crear hábitos que redunden en un beneficio para todos. Hay que hacer ver al niño por qué todas esas observaciones son importantes. Y si usted le explica de buena forma, el niño entiende. Sí, siempre entiende.

¿Por qué crees que el guardaparques nos pide que anotemos nuestros nombres y horas de llegada y salida?— le pregunté a mi hijo cuando ya estábamos enfilando hacia el Cráter Morada del Diablo. Tras unos segundos de recapacitación, el chico me contestó:

Para estar seguro de que nadie se ha perdido.

Exacto. ¿Crees que es fácil perderse aquí?

El muchacho oteó el horizonte. Aquel paisaje lunar parecía extenderse sin fin hacia lo lejos. No había ningún punto de referencia conocido para él; tan sólo rocas basálticas, arbustos barridos por el viento y guanacos pastando sobre una loma amarilla.

(fotos gentileza de francisca hernández)

(fotos gentileza de francisca hernández)

— contestó. —Por eso, mejor no nos salgamos del sendero.

Fue él mismo quien llegó a la conclusión de que, por prudencia y por un asunto de responsabilidad, convenía hacerle caso al guardaparques.

¿Ves los guanacos? ¿Te agradan?— Le pregunté a continuación.

¡Sí! ¡Corren muy rápido!

Pues ojalá que ninguno se tropiece. Para eso, no botaremos basura aquí, sino que nos llevaremos todos nuestros deshechos de regreso a Punta Arenas. ¿Estás de acuerdo?

¡Claro!

Así, toda excursión es una oportunidad para aprender a ser mejores personas.

Exploración y Descanso

De tanto en tanto, es preciso hacer pausas. Para eso, sugerimos poner metas (no tirarse al piso en cualquier momento): “junto a esa roca que ves allá, haremos el pic-nic” o “tras esa loma, podrás revolotear libremente durante unos minutos”. Eso enseña disciplina. Así, el esfuerzo y la perseverancia obtendrán su recompensa y la marcha se realizará con más ganas. La actitud del adulto tiene que ser, en este respecto, ejemplar.

Durante nuestra reciente excursión nos dimos dos momentos de distensión: junto al cráter de un volcán extinto, tras caminar unos 1.700 m, y en la cueva Pali Aike, alguna vez frecuentada por milodones y tigres dientes de sable y, posteriormente, por los nativos. Mi hijo quedó especialmente maravillado con su tenacidad.

(fotos gentileza de francisca hernández)

(fotos gentileza de francisca hernández)

No puedo creer que los aónikenk sobrevivieran aquí— confesó.

Pues sí, vaya qué inhóspito, ¿no? Era gente que sabía leer las claves y los ritmos de la naturaleza— respondí. El chico me abrazó. Mientras tanto, mi hija de 3 años sólo hablaba de erupciones.

¿Y qué pasa si el volcán explota ahora mismo?

¡Tendríamos que correr como los guanacos!

Entonces todos empezamos a brincar como estos camélidos entre las rocas y la hierba seca. No hay que olvidar, pues, que la infancia es la etapa del juego. Y qué mejor que cuando este juego se realiza al aire libre y se vuelve, también, en una ocasión para el aprendizaje, para consolidar hábitos y virtudes y para reforzar los vínculos con la familia.


Francisca Sofía Hernández Busse, es Doctora en Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile y montañista del DAV (Club Alemán Andino).

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