Dejar de Hacerla Corta: el Idioma de COA Surf

A veces, un incidente negativo deja en evidencia las injusticias sociales a tal punto que conmueven a una persona. El incendio en la cárcel de San Miguel del 2010, mostró las carencias del sistema penitenciario, lo cual inspiró a COA, una marca de surf cuyos recursos humanos están las cárceles.

Se observa que los dos grandes problemas del sistema penitenciario chileno son las políticas públicas que facilitan la reinserción social de los reos que salen en libertad y las tasas de reincidencia carcelaria que arrastran consigo dichos programas al fracasar.

En 2007 un estudio de la Fundación Paz Ciudadana y la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) demostró que, en un lapso de tres años, el 50,5% de los egresados del sistema cerrado y el 27,7% de los egresados del sistema abierto volvió a ingresar a la cárcel ese año. En 2010, Gendarmería realizó un estudio que señaló que un 20,78% de los reclusos que salieron en libertad ese año, reincidieron. En 2013, un informe de Gendarmería registró un 38,6% de reincidencia en el sistema cerrado y un 10,7% en el abierto.

De acuerdo a las cifras, la reincidencia carcelaria va a la baja, sin embargo, es un problema que los programas del sistema penitenciario no han solucionado y que, a su vez, arrastra consigo otro conflicto: el hacinamiento carcelario.

No es necesario ir muy lejos para comprender que la causa de la reincidencia es, justamente, la poca reinserción social que lleva a los ex reos a cometer delitos que les permitan sobrevivir. Sin embargo, la especialización y la rutina de trabajo dentro de las cárceles facilitan la reinserción social de los convictos, pero no se las garantiza, ya que esta se relaciona directamente en cómo la sociedad integra a este ciudadano.

COA Surf, el idioma de la reinserción social

Lo que ocurrió la madrugada del 8 de diciembre de 2010 en el cuarto piso de la Torre 5 del Centro de Detención Preventiva (CDP) de San Miguel, marcó un precedente para comprender la iniciativa COA Surf. Durante esa noche, 81 de los 146 reos que habitaban el piso cuatro murieron calcinados o intoxicados por un incendio que comenzó por una riña entre algunos de ellos.

Según el libro Fuego en la cárcel de San Miguel de Diego González, un grupo de reos que había consumido un trago artesanal preparado por ellos mismos —en base a la fermentación de azúcar, arroz, frutas, y un químico fuerte como aguarrás, pintura o barniz y limón— habría iniciado una pelea que culminó con el uso de lanzallamas, lo cual hizo arder las cortinas, cubrecamas, paredes y colchones del cuarto piso de la Torre 5. Esta pesadilla dejó en evidencia que el CDP de San Miguel albergaba 1.956 prisioneros, cuando su capacidad era de unos 700. Un año después, este lugar fue rehabilitado y remodelado como celdas femeninas.

«Cuando se quemó la cárcel de San Miguel me di cuenta que la delincuencia en realidad era un problema gigante a nivel nacional, latinoamericano y mundial, y algo que venimos arrastrando históricamente. No es algo nuevo. Las cárceles y Gendarmería están creadas para rehabilitar, capacitar y reinsertar a las personas a la sociedad y no hacen esa pega porque no se la pueden o porque no tienen las ideas para hacerlo», dice Arturo Irarrázaval (31), publicista e ingeniero comercial y fundador de la marca COA Surf, un emprendimiento que trabaja directamente con los reos de las cárceles de la Pólvora, Colina I y II, y San Joaquín, en la creación de productos de surf.

(fotos archivo COA surf)

(fotos archivo COA surf)

La oficina central de COA —ubicada en la calle El Rodeo de Lo Barnechea— es una vitrina para las tablas de surf, tablas de balance board, fundas y poleras que son producidos en los recintos penitenciarios desde 2014. Y si bien la iniciativa tiene una vocación netamente social, el uso del marketing se encarga de revestir la imagen de COA como una marca a la altura de cualquier otra dentro del mercado, distribuyéndose en distintos puntos de venta del país.

«Me di cuenta que darles (a los reos) un oficio interesante, con una marca atrayente, capacitarlos en diferentes cosas, que pudieran desarrollar esos productos para que se ganaran su plata, sería una propuesta interesante», señala el publicista, añadiendo que es necesario que «miremos las cárceles no como algo que tenemos que tener al lado, sino como algo que funcione, y que la marca sea algo choro, más que una fundación que quiere ayudar a los presos».

El sistema de trabajo de COA propone un pago por producto terminado, además de un porcentaje de las ventas que se van acumulando y que los reos pueden canjear en clases deportivas o artísticas, cursos de diseños y/o productos. «Yo siempre les digo que esto es trabajo, acá no le s vamos a regalar nada, cada producto terminado, vale», recalca el fundador de COA.

El sueño de emprender

«Nunca fui de hacer cosas como las que estoy haciendo ahora, ni de voluntariados o algo así, pero siempre pensé en crear una marca que me pudiera mantener haciendo lo que me gustaba, lo que hace mi familia y mi círculo», señala Arturo en reconocimiento a las actividades deportivas que realiza toda su familia, pues gran parte del clan practica snowboard, surf, rugby o skate.

Por lo mismo, cuenta que desde siempre le «picó el bichito» de emprender una marca chilena que elevara el presupuesto nacional de la industria. «Quería algo que aportara más a la sociedad chilena en vez de que mandar a hacer algo a China. Venderlo y listo, y que fuera vacío. Yo quería algo que tuviera más power», cuenta el publicista que hasta 2010 no tenía claro qué hacer, pero sabía que lo que emprendiese tendría alguna relación con el medio ambiente, la educación o el deporte.

Por este motivo, se encargó de cimentar el camino paso a paso, estudiando Publicidad en la Universidad del Desarrollo (UDD) y luego Ingeniería Comercial en la Universidad Andrés Bello (UNAB). También dedicó unos años a trabajar en oficinas, como Gerente de Marketing de VANS, y en una empresa de comercio internacional. «Ahí aprendí harto sobre cómo llevar una marca y sobre velocidad, porque uno sale de la universidad, sabe cosas, pero no tienes la velocidad de la industria más a fondo y eso es lo que yo quería agarrar», cuenta Irarrázaval. Gracias a estas experiencias, COA cuenta con un equipo propio, además de toda la línea productiva que se genera en los centros penitenciarios.

Prevención temprana

Arturo mantiene una mirada fuerte y decisiva cuando relata cómo está llevando este proyecto que se expande cada vez más, pues COA Surf actualmente no sólo trabaja con reos, ya que ahora están concretando la segunda parte de su proyecto: trabajar con los c

(fotos archivo COA surf)

(fotos archivo COA surf)

entros del Servicio Nacional de Menores (Sename), «porque mi idea es cambiarles la mentalidad desde que están más chicos, para el resto de la vida», dice.

Sin duda alguna, COA parece estar tocando el punto crucial del círculo de la delincuencia, pues según un estudio publicado por la Fundación San Carlos de Maipo en 2017, uno de cada dos reos de la población penal adulta pasó por un centro de menores durante su infancia o adolescencia. El escenario empeora cuando el estudio indica que, posiblemente, más del 50% de los jóvenes egresados en algún centro por responsabilidad penal juvenil podría reincidir antes de los 24 meses.

«Más adelante me encantaría hacer competencias de las diferentes zonas, no sé, hacer campeonatos de tabla o de skate en los diferentes centros donde trabajamos. Ahora mismo estamos con el proyecto de hacer campeonatos de skate en Sename, para después hacer un inter-Sename. Esto es parte del proyecto y esperamos que el plazo no sea tan largo», cuenta Arturo.

—¿Tú crees que este tipo de deportes son accesibles para toda la población en Chile? ¿Qué piensas sobre eso?

Creo que esa es una mentalidad que tenemos en Chile, porque la gente cree que todo lo nuevo es de élite, pero vemos que la película que más se posicionó el año pasado fue “Hijo de Pescador” que es de Ramón Navarro, que es hijo de un pescador y así se puso a surfear y ha dado la vuelta al mundo surfeando.

—Pero porque él nació en el mar, piensa tú que hay gente que nunca ha visto el mar en su vida…

Pero pueden andar en skate. Yo opino que si una persona quiere trabajar o quiere hacer algo, lo va lograr. Ponte tú, yo ahora estuve de vacaciones en la Patagonia y llegamos al camping de un huaso que partió haciendo un asado y ahora tiene un camping gigante con casa, domos y caballos. Él decía «yo partí sin nada y mira donde estoy hoy día». O sea, no es una  cosa de oportunidades, es una cosa de tener ganas y querer trabajar o querer hacer lo que quieres hacer.

(fotos archivo COA surf)

(fotos archivo COA surf)

—¿Y sientes que le traspasas esa mentalidad a los reos, que generalmente han estado en un círculo de pobreza que no es más que un círculo de violencia social que se reproduce en todas las escalas de ciertas clases sociales?

De todas maneras. Ponte tú, para el ladrón su profesión es robar. Él no está robando, está trabajando. Cualquier persona en la pobreza puede trabajar. Quizás los sueldos no son los mejores, pero eso también va por el esfuerzo de la persona. Yo creo que acá en Chile está mucho esa mentalidad de que quieren que les den todo, de no querer trabajar, y eso tiene que cambiar. O sea, todos tenemos las mismas manos, los mismos pies, quizás diferentes oportunidades, pero todos podemos llegar a hacer cosas. Y por lo mismo está COA, para abrirles la cabeza, ampliar su visión y que se den cuenta que hay otras cosas más allá de su casa, de su población, o su nicho y que todos podemos llegar a hacer cosas que parecen fabulosas.

—¿Cómo crees que se puede combatir el problema de la delincuencia antes que la gente llegue a la cárcel?

Hacer más instancias deportivas o artísticas, porque el deporte o el arte sacan del ocio. Es el ocio el que lleva al vicio, el vicio a la droga y la droga a la delincuencia, porque todos los que roban lo hacen para ir a comprar dos lucas de pasta base, porque eso te genera dependencia. Hay que lograr que se metan más en los deportes y que tengan oportunidades: entregar trabajo y trabajos bien pagados, para que también así el país crezca, porque yo creo que hay que preocuparnos de nuestra comunidad y de nuestro país. Al final, Chile es un país muy lindo que tiene para mucho, no tiene las tasas de delincuencia y atrocidades que tienen países como Brasil, Colombia y México, todavía estamos en un punto en que podemos hacerlo nosotros y no necesitamos a un hermano mayor que venga a ayudarnos.

—¿Qué rol crees que juegan los gobiernos en este tema?

El Gobierno juega su rol, hace lo que puede, pero esto es una cosa que tiene que cambiar en todo el país, porque siempre decimos que eso es pega del Gobierno. ¡Pero es pega de nosotros! Es  como  cuando un gendarme me dice que Gendarmería es no sé cómo, yo pienso «oye compadre, tú eres gendarme, tú eres Gendarmería», no es un aura en el Universo que es. Son las personas que hacen eso y trabajan  en eso. Nosotros, en lugar de dejarle todo al Gobierno, deberíamos de hacer cosas que aporten a mejorar la sociedad. Porque sí, el gobierno puede, pero la verdad es que en el gobierno trabaja una ínfima parte de las personas que somos en el país. Pueden aportar, pueden hacer cosas, sí, pueden hacer, tienen muchas más herramientas que yo, obviamente sí, pero es una pega para todos, de todas maneras.

En Chile falta el orgullo de hacer las cosas bien porque uno quiere que estén bien. Por honor a ti, a lo que estás haciendo, a tu familia. O sea, es cosa de ver a la (ex) presidenta y su hijo ¿Cuál es el honor y la gloria en la vida? ¿Cuál es el honor de lo que les vas a pasar a tus hijos? Tenemos que dejar de enseñar a pasar piola o hacerla corta.

En Chile, hace falta aprender a entregar cosas que trasciendan— finaliza Arturo.


Esta entevista apareció en la edición de Outside Chile mayo/junio 2018

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