(Foto: Annie Spratt/Unsplash)

Podemos realizar cualquier actividad que creamos beneficiosa para nuestro cuerpo, sin embargo, si no somos conscientes sobre cómo estamos respirando, estos 'beneficios' podrían convertirse fácilmente en todo lo contrario

Por un buen tiempo, Juan Pablo Sáenz practicó CrossFit. «Era seco», recuerda. «Pero también respiraba por la boca, roncaba por la noche y mi boca estaba siempre seca. Ahora no y tampoco hago deporte», asegura este kinesiólogo y estudiante de osteopatía con aspecto saludable.

Todo comenzó cuando —de tanto observar a sus pacientes— llegó a la conclusión de que deportes intensos como el que practicaba, en realidad «van muy de la mano con el ritmo de vida de hoy. Es decir, uno que es llevado al límite», explica. Y sin más, decidió dejar los ejercicios que por años lo mantuvieron ocupado.

Hoy en día, el aire es la única cosa que no pagamos, reflexiona Juan Pablo. «El agua ya la pagamos hace rato, la energía eléctrica y la comida también. Todas las fuentes de energía para movilizarnos se pagan, menos una: el aire. Es energía física, lo es, y no se paga. Pero de todas formas terminamos en hospitales muchas veces con mascarillas, independiente de la causa, casi como si no hubiese aire», opina.

«Y si uno empieza a pensar, ¿qué me da la vida? lo más básico es la respiración, el oxígeno. Por ahí empezamos. Uno puede producir mucha más energía que una misma cantidad de comida o deporte porque en el fondo, se dice que casi 18 veces más energía puede producir el cuerpo con oxígeno que sin oxígeno», agrega el experto.

Un punto importante a considerar, pues según su experiencia, muchas personas realizan algún tipo de ejercicio (generalmente después del trabajo) porque piensan que aquello los mantendrá saludables y libres de estrés:

«Entonces, creen que su cuerpo está en armonía, equilibrado y funcionando. Además, se ha demostrado que llevando el cuerpo al límite ocurren adaptaciones hormonales, y es verdad, pero el cuerpo no lo hace de forma muy óptima. Y la recuperación que viene luego tampoco es tan buena», explica el kinesiólogo, quien recuerda a más de un paciente llegando a su consulta sin poder siquiera sentarse. Según él, esto sucede porque muchas veces no percibimos cómo estamos maltratando nuestro cuerpo, pensando que hacemos todo lo contrario.

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Inhalar y exhalar por la nariz es fundamental. (Foto: Annie Spratt/Unsplash)

«Analiza a las personas cuando corren, especialmente a las que están corriendo alta intensidad. Observa sus caras», continúa Juan Pablo. «En ningún momento puedes decir: “mira este compadre está disfrutando”. No hay un goce. Al final, la persona se sometió a tanto estrés que busca otra actividad donde cree que va a encontrar una solución. En parte sí porque estamos moviendo el cuerpo, pero esa persona —que ya viene con un estrés laboral/emocional— pasa luego a un estrés físico. Finalmente te sientes bien porque hay hartos factores beneficiosos con el deporte pero tu sistema nervioso responde de todas formas. Y eso también es estrés», comenta Juan Pablo.

Es más, en estas situaciones la respiración normalmente comienza a interrumpirse y a intercalarse con la respiración bucal, haciendo que, poco a poco, lleguemos a perder el control de nuestro cuerpo, según explica este ex amante de CrossFit: «Cuando botamos aire por la boca botamos mucho más del que necesitamos eliminar. Además, cuando la persona está corriendo y está respirando por la boca, piensa cómo su sistema respiratorio está siendo atacado por toda la polución que entra hacia las paredes de su garganta hasta llegar directamente a sus bronquios», advierte.

¿Entonces?…

Solo basta con ser conscientes de que estamos respirando y de que al menos —durante unos instantes al día— percibamos cómo lo estamos haciendo (si es de forma bucal o nasal). Luego, no importa lo que hagas. Desde un trabajo de escritorio hasta un deporte extremo, la idea es que tu cuerpo vaya a la par con tu mente y con tus movimientos ¡y no al revés! como solemos hacerlo, pues con la respiración no solo proveemos de oxígeno a nuestros pulmones sino que también, ponemos a funcionar una serie de relaciones biológicas que tienen resonancia sobre todo lo que hacemos durante el día.

«Esto me llevó a entender nuestro organismo de una forma más integral y más holística porque muchas cosas se mezclan al momento de cumplir con ciertas funciones básicas, como la respiración», aclara Juan Pablo.

En primer lugar, la nariz se encuentra directamente conectada con el sistema parasimpático, la parte del sistema nervioso encargado de la reparación y la relajación de nuestro cuerpo. «Entonces, cada vez que tienes una experiencia que te saca de control, dispones de una herramienta básica para tomar consciencia, lo que tiene efectos directamente en tu cerebro, en tu claridad mental y en tu nivel de energía. Por eso, cuando uno está estresado te recomiendan ir a yoga o meditar porque la solución tiene harto que ver con la respiración», comenta Juan Pablo.

Y si uno empieza a pensar, ¿qué me da la vida? lo más básico es la respiración, el oxígeno. Por ahí empezamos. Uno puede producir mucha más energía que una misma cantidad de comida o deporte porque en el fondo, se dice que casi 18 veces más energía puede producir el cuerpo con oxígeno que sin oxígeno.

En Oriente, por ejemplo (y a diferencia de nuestra cultura occidental), todo movimiento que hace el cuerpo se encuentra predeterminado por la respiración. «Y si pierdes el control de tu respiración, se dice que el movimiento no está controlado», explica el kinesiólogo. «Por eso, debemos recordar siempre que la respiración nos va a estar informando sobre cómo estamos recibiendo el impacto. Entonces, tenemos que escuchar cuando ésta se agita», aconseja.

Por otra parte debemos saber que la respiración también nos desintoxica, guardando a la vez, una estrecha relación con el sistema inmune, según el especialista. Así, mediante este proceso ocurren dos fenómenos realmente vitales para nuestra existencia:

1. Más del 80 por ciento de los tóxicos se eliminan a través de la exhalación, mientras que el resto se elimina mediante las heces, el sudor y la orina.

2. Tenemos un aparato linfático, es decir, un sistema de vasos donde pasa un líquido incoloro llamado linfa, la sustancia encargada de recoger nuestros desechos metabólicos antes de que pasen a la sangre. Sin embargo, como este sistema no cuenta con un corazón —como ocurre con el circulatorio— el movimiento para eliminar las toxinas queda completamente a merced de nuestra buena o mala respiración.

¿Cómo podemos entonces, comenzar a respirar mejor?

—Sencillamente tomando contacto con la respiración y siendo conscientes de hacerlo por la nariz. Al final, podrás darte cuenta que ella penetra tanto en tu cuerpo que te dejará preparado para tu día a día. Y no tienes que estar una hora y media. Solo son 10 o 15 minutos… y listo para partir con intensidad.

Tengo amigos y pacientes que no entrenan y su capacidad aeróbica ha mejorado de forma brutal, porque le entregan a su cuerpo una herramienta tan potente, que sin entrenar, genera mejor adaptaciones. Y simplemente se trata de respirar.

(Le Minh Phuong/Unsplash)

(Le Minh Phuong/Unsplash)

Para Juan Pablo, definitivamente vivimos en una cultura donde el cuerpo solo parece seguir a la mente, una situación que podemos revertir al ir  incorporando movimientos durante el día a día:  «No hay nada mejor que estirarse por ejemplo. Tenemos reflejos, también somos animales, los animales se estiran. Siempre que se levantan se estiran. Nosotros nos levantamos y ¡pam! empezamos. En cambio, si comenzamos a estirarnos y hacer ejercicios respiratorios, no necesitamos hacer deporte intenso luego del trabajo, por ejemplo. Podemos hacer una actividad, caminar, ir a comprar, etc, y ser conscientes de que estamos respirando bien y eso también es deporte».

Y sobre los deportes de alta intensidad ya bastante instaurados (como por ejemplo el running), Juan Pablo opina que claramente se hace más difícil el control y la consciencia sobre la respiración, «porque no se logra de un día para otro. Es una educación, un hábito, es una adaptación del cuerpo. Seguramente, bajo alta intensidad, el cuerpo va a empezar a necesitar más aire que el que le entrega la capacidad nasal, pero eso no quiere decir que antes no tengamos que respirar por la nariz o que el entrenamiento o la recuperación no sea a nivel nasal», explica.

«Segundo tema, tiene que ver con el uso del diafragma, que funciona como un globo: yo inflo, ocupo energía, suelto, desinflo, no ocupo energía. Entonces, cada vez que yo muevo mi cuerpo, se carga también el músculo», dice.

Por último, «si sales a hacer ejercicio, evalúa quién manda a quién. Dale la oportunidad a tu cuerpo de que hable, y observa la intensidad a la que tienes que llegar para que tu respiración funcione bien», aconseja finalmente el experto.

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