En Defensa de los Ecosistemas

(Salomé Candela)

Sensibilizados ante las devastadoras consecuencias que dejó la industria hidroeléctrica en la cuenca del río Biobío, tres amigos deportistas decidieron fundar Bestias del Sur Salvaje, un colectivo donde converge la pasión por los deportes al aire libre, junto con un profundo compromiso medio ambiental.

A unos pocos días de haber participado del VI encuentro de la Red por los Ríos Libres -desarrollado entre el 22 y el 24 de junio en el Cajón del Maipo- donde se congregó a una serie de organizaciones medioambientales del país, conversamos con el antropólogo y kayakista Jens Benöhr, uno de los  precursores de Bestias del Sur Salvaje (BSS), una colectividad de deportistas comprometidos con el respeto y el resguardo de los ecosistemas naturales, y quien escribe regularmente para diferentes medios de comunicación vinculados al ecologismo:

—¿Cuál fue la participación de BSS durante el sexto encuentro de la Red por los Ríos Libres, y cuál es la percepción que se tiene sobre política medioambiental en el actual Gobierno?

—Como Bestias Salvajes del Sur estamos involucrados en la el área de formación, con talleres ambientales de educación ambiental y de ciencia por los ríos libres, que tienen relación con generar metodologías de trabajo y utilizar la ciencia como una herramienta para comprender mejor las cuencas; además de trabajar en el área de la investigación mediante el establecimiento de alianzas de carácter científico con universidades, para poder potenciar la educación ambiental y generar argumentos para hablar de la necesidad de los ríos libres.

Principalmente, la red está trabajando en la articulación  y consolidación de las diferentes comisiones que la conforman. Tal como la comisión de investigación, la comisión de formación, que es educación;  la comisión político-legal, que está trabajando en el ámbito legislativo haciendo un mapeo de diputados y senadores para proponer una eventual ley por los ríos libres y poder hacer un lobby potente en educación en el Congreso, donde falta mucha información sobre la importancia de los ríos libres; y la comisión de comunicaciones, donde nosotros nos enfocamos a través de nuestros documentales y artículos para poner en la mesa la discusión sobre la necesidad de los ríos libres y el eventual desmantelamiento de las centrales hidroeléctricas.

Respecto a las políticas públicas que está realizando el Estado, es algo transversal a todo el movimiento social ambiental. Están todos preocupados porque el SEIA (Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental), se está simplificando, sobre todo la participación ciudadana, de manera de agilizar proyectos industriales y entregar certezas a los inversionistas. Sin embargo, aún la normativa ambiental es muy laxa, y es muy poco probable que una comunidad pueda frenar un proyecto a través de esta única vía. Pasa lo mismo con el tema de las especies silvestres. Y en general, más bien, la sensación es de urgencia de parte de los territorios. Nos enfocamos en trabajar de manera interna, fortaleciendo las herramientas que tiene la Red por los Ríos Libres.

—Respecto a Bestias del Sur Salvaje, ¿de qué manera se fue gestando este colectivo? Tengo entendido que todo comenzó en la rama de andinismo de la Universidad de Concepción…

—Nos conocimos ahí con Paulo Urrutia. Bestias Salvajes, a pesar de que pareciera que es casi todo kayak, también tiene un fuerte componente de montañismo, pero por un tema político nos hemos involucrado más en los ríos. Partimos en el río Biobío, y ese creo que fue una buena escuela ambiental, donde ver el impacto de las centrales hidroeléctricas en el río nos hizo cuestionarnos nuestro rol en el territorio. La diferencia es que no solo escuchamos lo que otros nos decían, sino que nos aventuramos a comprender nuestro patio con nuestros propios ojos.

Nosotros con Paulo, primero, queríamos escribir algo sobre el Biobío, y comenzó como una especie de divulgación de los conflictos. Con el tiempo fue agarrando forma y fuerza y después se unió Tobías Hellwig, que también es un amigo de la rama de andinismo de Universidad de Concepción. Y recientemente, se unieron Patrick Lynch, de Futaleufú; River Keeper, que es kayakista y abogado; Canela Astorga, kayakista y escaladora, que es parte de la familia Astorga; y más amigos y compañeros que tienen este interés ambiental ligado a los deportes al aire libre, como  Nicolás de la Rosa y  Mauro Cozzi.

Bestias del Sur Salvaje es un colectivo de deportistas y exploradores que tienen en común la pasión por los deportes al aire libre y el cuidado por el medio ambiente. (Salomé Candela)

Bestias del Sur Salvaje es un colectivo de deportistas y exploradores que tienen en común la pasión por los deportes al aire libre y el cuidado por el medio ambiente. (Salomé Candela)

Entonces, pasó de ser un colectivo inicialmente de divulgación a ser un colectivo ya más grande, con interés en utilizar el deporte -sea kayak, escalada, montañismo o cualquier otra práctica deportiva- como una herramienta política para generar conciencia entre los mismos deportistas, porque también vimos que a pesar de ir a esos lugares naturales, no tenían real interés, ni conocimiento sobre lo que sucedía en ellos. Muchos kayakistas no tienen idea de las centrales hidroeléctricas que amenazan los ríos que están remando. O tampoco conocen las formas de movilizarse y aportar a los movimientos sociales que ya tienen experiencia, y que ya llevan años trabajando por la protección de un río determinado. Esa brecha, tanto de desconocimiento general como específicamente de los deportistas que practican deportes al aire libre, es importante poder superarla, y eso es a través de la educación.

Nos articulamos bajo cuatros ejes de trabajo: Educación, en el que hacemos el taller «Los Ríos Están Vivos»; Articulación, por el cual estamos trabajando por la Red Por los Ríos Libres, e intentando vincularnos a los movimientos socioambientales; Difusión, que es el que creo que más desarrollamos, escribiendo artículos, haciendo fotografías, comunicando constantemente a través de la belleza de los paisajes de Chile, revalorando su importancia natural, y por medio de eso, hablar de sus amenazas, más que solo atacar con mensajes negativos; y  Exploración, que es nuestra herramienta para poder contar nuestras historias a través de un artículo que nos hace sentido a todos, que es la explotación de nuestro territorio, de los bosques, de los ríos, de los mares, y cómo esta explotación nos permite reconocer la amenaza a los lugares.

—Amenaza que en la región de Alto Biobío está más vigente que nunca. Hace menos de una semana, la empresa china Three Gorges Corporation, la mayor generadora eléctrica del mundo, compró un proyecto hidroeléctrico (Rucalhue) entre las comunas de Santa Bárbara y Quilaco…

—Alto Biobío es una historia en sí. Inicialmente, en los años 60, se estudió la cuenca del río Biobío y el potencial hidroeléctrico era de seis mega centrales, de las cuales se construyeron tres (Pangue, Ralco y Angostura), a pesar de que después de la construcción de la segunda, el Estado chileno firmó un convenio ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el que se comprometía a no construir una represa en territorio pehuenche en Alto Biobío.  Acuerdo que violó flagrantemente al construir la represa Angostura, sin que a nadie le importara.

Ahora, como tú dices, vienen dos centrales más, que son Frontera y Rucalhue en el río Biobío, y varias represas en los ríos Queuco, Quillaileo y Huequecura. De hecho, ahora en agosto, iremos a explorar la zona, y aprovechar de fotografiar las comunidades para poder comunicar que siguen las amenazas en Alto Biobío. Y además, vamos hacer un taller de los Ríos Están Vivos -ligando la exploración a la educación y a la comunicación- en el liceo de Ralco, para generar conciencia entre los habitantes sobre la importancia de los ríos libres.

—Ya van dos ediciones del Festival Biobío Vive organizadas por BSS, ¿cómo han sido estas experiencias?

—Ha sido muy bonito. El primer festival lo levantamos a pulso. Llegaron más personas de las que creíamos, harto kayakista amigo, bastante gente de Los Ángeles, de Concepción y de afuera.  A pesar de que salió muy bonita la actividad, nos faltó un poco el componente local, que era lo que más nos interesaba: incentivar a los habitantes de Alto Biobío. Sin embargo, se comenzó a generar conciencia sobre el río, se generó harto ruido, y se empezó a hablar —pensando en muchos años en adelante— sobre el desmantelamiento de las represas y del daño que generaban, cosa que no se discute tanto, menos de lo que se debería.

El segundo festival fue una bomba para nosotros, porque sucedieron muchas cosas bonitas. Entre ellas, que Fernanda Castro, que es profesora de turismo del Liceo de Ralco, participara activamente junto con sus alumnas. Formaron un equipo de rafting, obtuvieron el segundo lugar y mantuvieron contacto con Weston Boyles de la ONG Ríos to Rivers, quienes también vinculan los deportes de río con su protección a través del intercambio de jóvenes de distintas cuencas del mundo. Durante el verano, la profesora con sus alumnos participaron del intercambio de cuencas al río Baker y hoy proyectan formalizar el equipo en Alto Biobío. También, presentamos nuestro documental La Otra Cordillera,  y un documental sobre el desmantelamiento de las represas en Estados Unidos (Damnation), además  de  generar instancias donde se discuta el modelo de desarrollo que queremos en Chile y el impacto de las centrales hidroeléctricas.

(Salomé Candela)

(Salomé Candela)

Más allá de las competencias, que muchas veces están cargadas de ego, nos enfocamos en lo comunitario.  Por lo tanto, nuestro festival dedica la mayor parte del tiempo a acercar a los participantes al río, y las competencias se han convertido en una mera excusa para compartir e intentamos que sean lo más inclusivas posible. Muchos kayakistas se nos acercaron a decirnos que le había gustado mucho este festival en comparación a otros festivales, porque: «los kayakistas, más que protagonistas, parecían anfitriones: recibiendo a la gente en el río». Las competencias de kayak se realizan en parejas y mixtas, para promover los valores de amistad y respeto, que son los que nos motivaron a entrar en un momento.

Dentro de las diferentes competencias que se generaron, como mencioné, una de ellas era de rafting amateur, donde le entregamos todo el equipo y guía a las personas participantes. En ella compitió un grupo de mujeres  pehuenches, que   quedó en el segundo lugar; ganándole a un grupo de chicas que eran todas deportistas. La mitad de ese equipo estaba conformado por mujeres  pehuenches adultas, y el resto eran estudiantes y menores de edad. Y después de esto logro,  se conformó  el  equipo  Malen Leubu, que quiere decir “niñas del río”, en el que están presentes algunas chicas con las que hemos trabajado de manera muy potente en Alto Biobío, como Fernanda y sus alumnas, quienes están buscando fondos para financiar equipos de rafting y kayak. ¡Sería el primer equipo femenino de rafting conformado por mujeres indígenas de Chile, América Latina, o del mundo, qué se yo! Es un tremendo hito, y que nace ahí en el festival, a través de la amistad y la colaboración.

Kayakistas en el Fåestival Futaleufú XL. (Paulo Urrutia)

Kayakistas en el Fåestival Futaleufú XL. (Paulo Urrutia)

—Recientemente se adjudicaron el fondo de National Geographic (Early Career Grants), ¿cómo fue ese proceso y qué problemáticas aborda la pieza audiovisual que desarrollaron a partir de éste?

—El fondo National Geographic llega después del primer documental que grabamos con la productora MVMT, que era registrar el impacto de la industria forestal en la cordillera de Nahuelbuta. Ahí nace esta idea de seguir trabajando en conjunto, y después, de manera espontánea, postulamos a este fondo, sin tener grandes expectativas. Sorprendentemente, pasamos a segunda etapa y luego nos terminamos adjudicando el fondo para aventureros jóvenes.

Ejecutar el proyecto fue todo un desafío, en el sentido de combinar los deportes al aire libre con la comunicación de problemáticas ambientales, y también con la difusión del patrimonio cultural mapuche. La expedición consistía en el registro de la cosmovisión mapuche en torno al agua, y de cómo aquello era necesario comprender para proteger los ríos, en especial el río San Pedro, que en este momento se encuentra amenazado por una central hidroeléctrica que construyeron a medias y que dejaron botada, a raíz de que les rechazaron la evaluación de impacto ambiental, debido a que no tenía las consideraciones geológicas que afectan la construcción de la represa. Pero están volviendo a mover el engranaje para que aprueben el proyecto.

Entonces, ahora más que nunca, este trabajo es muy importante para entender la dimensión cultural del pueblo mapuche y la importancia espiritual de los ríos para ellos, y en el general del agua, pero de los ríos especialmente, pues son considerados sagrados y representan la articulación del territorio. En Chile, aún no logran comprender aquello, y es algo que nosotros queremos transmitir a través del documental. Por otra parte, pretendemos evidenciar cómo las amenazas de las centrales hidroeléctricas no solo son ambientales, sino que también son culturales, destruyendo un tejido cultural milenario que, en este caso, es la cosmovisión mapuche.

—Mientras que en Estados Unidos se han desmantelado 1.492 centrales hidroeléctricas, según información de la ONG American River, en Chile sigue aumentando el número de estas industrias…

—En Chile pensamos que la hidroelectricidad todavía es oro azul, siendo que en otros países se están dando cuenta de que las hidroeléctricas causan más daño que bienestar al humano. En Estados Unidos son los campeones del desmantelamiento de represas, como tú dices, desde 1912 hasta la fecha, llevan más de 1.400 represas desmanteladas.

De hecho, Ríos to Rivers, que es una ONG con la que trabajamos, va a llevar a un grupo de estudiantes al río Klamath, el año 2020, a presenciar y a comprender el desmantelamiento más grande del mundo de una central hidroeléctrica. Y muchos de esos chicos van a ser del Biobío. Imagínate el impacto en esos jóvenes que vieron a sus padres dar la vida por su río.


Datos

Según el último Reporte de Sector Energético de la Comisión Nacional de Energía, correspondiente al mes de junio de 2018,  se están construyendo 49  nuevas centrales hidroeléctricas de pasada (con capacidad inferior a 20 MW) en el país. Entretanto, 824 proyectos de este tipo se encuentran aprobados, 133 en etapa de calificación,  y  20 en etapa de pruebas.

De acuerdo al Boletín de Mercado Eléctrico  Sector Generación de la Asociación de Generadoras de Chile, al mes de abril de 2018, la capacidad total instalada del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) era de 23.786,1 MW, de los cuales un 53,7% correspondió  a fuentes de origen térmico, un 28,4% de origen hídrico, un 6,0% de origen eólico, un 9,7% de origen solar, un 2,0% de biomasa y cogeneración y un 0,2% de geotermia.  En aquel mismo mes, la demanda energética máxima alcanzada por el SEN fue de  9.568,3 MW, cifra que se ubica por debajo de la media de la capacidad total disponible.

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