La Picada: un descenso para no olvidar

(Tatán Clement)

A veces, esquiar y bajar por un cerro como éste, puede transformarse en un largo, indeterminado y obstinado desafío…

De niño mi abuela me contaba lo sacrificado que era ir a esquiar al sur de Chile. En ese tiempo salían en camiones con fardos -los que usaban de asientos- desde Osorno y llegaban al sector de La Picada, donde tenían que caminar con zapatos de cuero y esquís de madera para poder descender por la cara norte del mismo volcán Osorno.

En este lugar se encuentra el cerro La Picada, que está ubicado en la Región de Los Lagos, entre el Lago Todos Los Santos y el Llanquihue, por el lado noreste del Volcán Osorno, y se encuentra a 80 kilómetros aproximadamente del pueblo en el que me crié: Puerto Varas.

Debo decir que este cerro siempre me llamó la atención por su forma, sus canaletas y su verticalidad. Así fue como, hace aproximadamente cuatro años  —cuando tenía 15— me puse a investigar sobre él y descubrí que era bastante concurrido por escaladores y montañistas que llegaban en busca de sus rutas mixtas y cascadas de hielo.

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(Tatán Clement)

Mi cordada, Pablo Guzmán, de Patagonia Vertical, lo había escalado varias veces, pero nunca había podido esquiarlo porque se necesita una isoterma bastante baja para lograr descenderlo por completo. Y no fue hasta invierno de 2017, que hicimos la primera expedición de exploración gracias a las buenas condiciones de nieve que llegaron durante la temporada.

Sin embargo, con la temporada recién pasada nunca se dieron las condiciones perfectas para lograr esquiarlo. Pero cuando ya habíamos perdido las esperanzas llegó milagrosamente una tormenta, que en plena primavera, nos regaló una isoterma muy baja, por lo que rápidamente tomé un bus desde Santiago al sur y me junté con mi cordada para intentarlo nuevamente.

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(Tatán Clement)

Ya en el lugar y con todo listo, realizamos una aproximación en moto de nieve hasta llegar al sitio donde armamos el campo base para dormir ahí, y al otro día, salir temprano en randonée hasta la base del cerro. Una vez aquí, nos equipamos para la escalda y nos preparamos para explorar una vía nueva. 

Lamentablemente —mientras íbamos escalando— pude darme cuenta que las condiciones iban a estar muy difíciles, ya que al ser primavera, las temperaturas acostumbran a subir muy rápido después de una tormenta. La nieve estaba muy pegote, profunda, húmeda y con algunas exposiciones con nieve cartón y hielo.

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(Tatán Clement)

Finalmente, después de unos 4-5 largos de escalada (algunos por canaletas, otros por hielo y otros por sistema mixto) hicimos cumbre por primera vez, con los esquís a nuestras espaldas. Y bueno, debíamos seguir…

Mi amigo y cordada es un gran escalador, pero en ese momento su nivel de esquí no era suficiente para hacer el descenso, así que tuve que animarme a hacerlo solo. Entonces, sobre la misma cumbre me puse los esquís y comencé el descenso por el canalón principal del cerro, mientras Pablo bajaba rapeleando.

Sin embargo, apenas hice los primeros giros, me di cuenta en lo que me estaba metiendo: aunque son más de 17 años los que llevo esquiando en el sur, esa vez iba descendiendo por nieve que nunca había visto ni había probado jamás.

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(Tatán Clement)

En definitiva, resultó que aquella masa de nieve era muy difícil y pesada de sobrellevar. Costaba direccionar los esquís, así que hice un par de giros e hice una parada, saque mi piolet y descendí unos metros traveseando con los esquís puestos. Luego me liberé y terminé la línea.

No fue la más fluida que he esquiado, ni la más fuerte porque las condiciones no estaban para eso. No obstante, se trató del primer descenso en esquí sobre el cerro La Picada, el que seguramente no será el último, porque volveré cuando haya mejores condiciones climáticas (aunque eso dependerá exclusivamente de este particular y cambiante cerrito).

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(Tatán Clement)

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