La vida secreta de los pájaros borrachos

(Ross Land/Getty Images)

Es poco común que los animales se emborrachen, sin embargo, es sabido que algunas criaturas sí se sienten atraídas por el alcohol.

A principios de octubre, los residentes de Gilbert, Minnesota, se alarmaron cuando las aves chocaron contra sus ventanas y se desmayaron en sus jardines. Como cada año, el ampelis americano se dirige hacia las bayas de los árboles antes de migrar hacia el sur para pasar el invierno. Pero esta vez, la fruta había fermentado antes de lo habitual, y las aves que la comieron se intoxicaron.

Aunque suene raro, los informes sobre aves ebrias –especialmente de las especies que comen frutas- se remontan hace un tiempo. En 2012, los científicos de California examinaron las alas de los ampelis americanos que habían tenido un destino trágico: estrellarse fatalmente contra ventanas y cercas después de darse un festín con el fruto del árbol schinus terebinthifolia, también conocido como peppertree brasileño. Llegaron a la conclusión de que, de hecho, «volar bajo la influencia del etanol» había causado la muerte de las aves. Por otra parte, Nueva Zelanda nombró al kereru su ave del año, en parte debido a su afición por embriagarse con fruta fermentada.

Además de estos informes ocasionales, existen pocos datos sobre qué animales se emborrachan, según Robert Dudley, biólogo en UC Berkeley y autor de The Drunken Monkey. Así, algunos animales tienden a consumir alcohol, aunque a un ritmo moderado debido a la disponibilidad limitada que existe de este componente.

Pero, desde otra perspectiva, beber y volar no es un problema para algunos mamíferos de aire, por ejemplo. En un experimento hecho en Belice, los científicos fijaron cócteles de agua con azúcar y etanol para seis especies de murciélagos, que se sabe, se alimentan de la fruta y del néctar de la fermentación. Aquí, los murciélagos intoxicados no tuvieron dificultad para navegar los obstáculos aéreos, incluso, cuando llegaron a niveles de alcohol, que en nosotros, nos impediría conducir. Como dato, cuando las levaduras naturales fermentan el azúcar en la fruta madura, el proceso crea etanol, un compuesto químico volátil que también se encuentra en la cerveza, el vino y los licores.

Este mes, Nueva Zelanda nombró al kereru su ave del año, en parte debido a su afición por embriagarse con la fruta fermentada. (Ross Land/Getty Images)

Este mes, Nueva Zelanda nombró al kereru su ave del año, en parte debido a su afición por embriagarse con la fruta fermentada. (Ross Land/Getty Images)

En otro orden, las musarañas de Malasia con cola de pluma pasan sus noches bebiendo néctar de palma con niveles de alcohol de hasta 3.8% -similar a una cerveza light– y lo hacen sin consecuencias. La cantidad de alcohol que beben en una noche equivale a que bebamos nueve copas de vino en 12 horas. En un estudio, los científicos descubrieron que los niveles de alcohol de las musarañas alcanzaron lo que en humanos, «indicaría un consumo crónico de riesgo mortal y fuertes déficits de comportamiento». Pero estas criaturas -parecidas a los ratones- no se tambalean, desmayan ni pelean. «Deberían estar demasiado borrachos, y no lo hacen», dice Dudley.

Muchos animales que comen frutas, de hecho, ingieren bajos niveles de etanol diariamente.  Para algunos mamíferos e insectos, especialmente los que viven en los trópicos, la fermentación de la fruta en el suelo es un grupo importante de alimentos:

«El etanol puede ser un indicador ubicuo y confiable de que la fruta está lo suficientemente madura como para comerla», dice Dudley. El etanol también es rico en calorías, con casi el doble de energía que la misma cantidad de carbohidratos. La mosca de la fruta común prefiere comer y poner huevos en alimentos podridos y ricos en etanol.

Y siguiendo esta línea, Dudley cree que los humanos desarrollaron una atracción similar. Es más, científicos han descubierto que, simultáneamente, cuando nuestros antepasados ​​comenzaron a caminar sobre dos pies -hace unos 12 millones de años- también se desarrollaron mejores enzimas para metabolizar el alcohol, quizás para comer las frutas extra maduras que se recogían del suelo. Además, nuestro sistema nervioso central también recompensa el consumo de alcohol por razones desconocidas, lo que nos hace sentir felices y sociales después de un vaso o dos.

Es difícil decir si los animales que parecen disfrutar bebiendo, lo disfrutan por las mismas razones que nosotros. En el Caribe, por ejemplo, los monos vervet se emborrachan con cócteles turísticos robados. Si bien parece que les gusta el sabor de las bebidas, «no está claro si tienen una recompensa psicoactiva de sensación borrosa similar a la nuestra», dice Dudley. Pero en un curioso paralelo, las moscas macho de la fruta beben más etanol cuando son recientemente rechazadas por las hembras.

Según Dudley, el alcoholismo puede considerarse una enfermedad de exceso nutricional. «Evolucionamos para detectar y digerir niveles bajos de etanol, pero el proceso de destilación ha hecho que el producto químico anteriormente limitado esté disponible en exceso», explica.

Sin embargo, en cuanto al ampelis americano, probablemente no haya que preocuparse por su gusto hacia el alcohol. «Su sentido del olfato es mucho peor que el de los mamíferos, y en su mayoría, eligen la comida por la vista», dice Dudley. «Para ellos, emborracharse es más un accidente que una atracción evolutiva que salió mal», concluye el biólogo.

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