Una experiencia para no olvidar las fronteras que quisiéramos cruzar y los mundos que nos quedan por descubrir.

¿Por qué quise hacer un documental?

Soy una mujer que busca contagiar inspiración, plantar semillas y que crezcan en todo aquel que esté dispuesto a escuchar esto:

He visto y sentido cómo nos pasamos la vida buscando una respuesta, buscando un momento que algún día llegará y que nos hará felices.

Y nos hemos olvidado de vivir el proceso, de vivir el momento presente que elegimos, sea cual sea.

Vamos en automático hacia una ilusoria e impuesta meta.

Nos adormecemos de diferentes maneras.

He visto y sentido el miedo que nos traspasan desde el inicio hasta el final de nuestras vidas.

No hay culpables, solo seguimos repitiendo patrones, seguimos estructuras rígidamente establecidas. 

Creemos que hay una sola manera de hacer las cosas.

Le damos más espacio al miedo que a la libertad.

Al olvido que al Amor.

Y así olvidamos nuestras propias búsquedas.

Nuestra autenticidad.

Los caminos que quisiéramos recorrer.

Las montañas que quisiéramos subir.

Los mares que soñamos navegar.

Las miles de fronteras por atravesar.

Y los mundos que nos quedan por descubrir (los propios y los de afuera). 

Viajar es mi proyecto de vida y mi sueño hecho realidad.

Yo elegí hacer esto. 

Viajar sola por el mundo haciendo lo que amo, escalando, viviendo, confiando.

Transformándome en un lente por el cual quiero mostrar todo lo que veo.

Siempre mirando hacia arriba.

¿Qué sucedería si te atrevieras tú?

15 de Abril de 2018

Faltaban unas tres semanas para comenzar uno de los viajes más determinantes que he decidido realizar. Esta vez fue diferente, no iba a ser solo para mí, y sin pensarlo mucho, me dije: voy a grabarlo todo. Seré el lente por el cual mostraré el mundo tal y como lo veo. Voy a visibilizar de manera espontánea a los personajes con los que me encuentre y los lugares a los que me lleve este nuevo camino. Y lo haré a partir de lo que más gozo: la escalada deportiva.

Voy a viajar sola, voy a vivir la experiencia de ser mujer desde la libertad, voy a encontrar mis cordadas en el camino (las que aseguran mi vida mientras trepo) y no planificaré nada. Este será un viaje con un claro propósito: registrar de manera foto-audiovisual mi «mochileo» solitario por algunos lugares del mundo, redescubriendo lo que más amo y comunicando el mensaje que hace tanto tiempo busco transmitir.

No sabía ni cómo grabar, ¿cómo iba a usar mi cámara en manual? Rápidamente y movida por una efervescente sensación comencé la carrera. Compré todo el equipo necesario: micrófonos, trípodes, mochilas, tarjetas de memoria, utensilios de limpieza, etc. También me acerqué a Patagonia, marca que representa fielmente el mensaje de sustentabilidad en el que me he involucrado. Ellos me conocían, simpatizaron con el proyecto y gentilmente me apoyaron con equipo y ropa. Y una semana antes, un amigo me había dado clases express para la grabación y el manejo de la cámara que me llevaba.

Rápidamente también creé y diseñé mi logo y mandé a imprimirlo en algunas poleras, dos días antes de mi vuelo. Preparé mi equipo de escalada, computador, toda la unidad audiovisual, mi ukelele y lo necesario para emprender el sueño de lo que hoy se ha transformado en uno de mis proyectos más imponentes: Trepando por El Mundo.

(Florencia Menichetti)

(Florencia Menichetti)

Primera parada

Madrid. A dedo me fui hacia las montañas para llegar el mismo día de mi aterrizaje hasta el encuentro conocido como ¨La vuelta al Mundo¨, lugar donde se reúnen viajeros de todas partes. Aquí, el tópico fue enseñarnos a auto-sustentar una vida de viaje, además de recibir algunos cursos básicos de fotografía ¡Me pareció muy interesante comenzar con esta inspiración!

Ya ansiosa por escalar coordiné una visita a Málaga, al sur de España. Ahí me esperaba una chica que había conocido hace un par de años escalando en Ibiza. Se llama María y es una real fanática del trepe.

Esta vez, mi movilización hacia el sur fue con Bla Bla Car, un método bastante famoso en Europa donde compartes auto con un extraño que va al mismo destino que tu. Si fluye, vas hablando todo el camino, de ahí el nombre. Y resultó que el tipo que me llevó cargaba un drama de amor estilo ¨femme fatal¨, y ahí fue cuando afloraron mis 5 años de psicología, y ante todo, mi curiosidad por un extraño total (creo que una mujer puede volver loco a un hombre).

Al final de las 7 horas de viaje nos abrazamos, intercambiamos contactos y seguimos nuestro camino. Y por fin vi a María, quien vivía sola organizando su vida en torno a la escalada.

Fue una semana completa de escalada y más escalada femenina, y conocimos todo tipo de sectores en el camper que ella misma había equipado por dentro. Además de enseñarme mucho, me inspiró. Ella es fiel reflejo del feminismo inquieto, efusivo y activo que aflora en la médula ideológica y social actual.

Rumbo a Granada

Continué mi camino hasta Granada, esta vez en compañía de un hombre, uno muy especial: Javi, a quién apodé luego de unos días como ¨mi súper héroe¨. En general elijo no idealizar ni endiosar a mis referentes, pero sí estaba la posibilidad de una relación de admiración constructiva y ese fue el caso.

Javi es otro fanático de la escalada. Vive en Monachil, un hermoso pueblo de montaña  rodeado por un río, verde vegetación y gente muy tranquila, a unos 30 minutos de la ciudad de Granada.

Javi es muy diferente a todos los escaladores que he conocido porque es completamente ciego. Podría contarles muchísimo al respecto, por ejemplo, cómo es que equipa un 7b+ a vista, sobre la insuperable relación que tiene con ¨Ama¨ su perrita lazara rescatada, sobre sus millares de campeonatos de para-escalada, o cómo es que viaja solo por el mundo, sobre su lapso de nadador, su manera de entender la vida, o de qué manera ha llegado a desarrollar una infinidad de otros sentidos para adaptarse a todas las locuras que emprende (lo conocerán mejor en la historia que haré de él en mi canal).

La estadía con Javi no solo me obligó tácitamente a superarme, sino que me obsequió conciencia, retó mis posibilidades y también mis límites. Paradójicamente también me otorgó visión, una que va más allá de la clásica, esa que hoy adquiere una importancia suprema para la vida mental y relacional del ser humano. Él, definitivamente rompe todos los esquemas. Y mis esquemas.

(Gentileza Florencia Menichetti)

(Gentileza Florencia Menichetti)

Entre montañas y nuevas visiones, Granada me trajo más regalos. La música y la magia fueron algunos. Al quinto día de vivir con Javi, mis pies inquietos ya querían llevarme a más aprendizajes, así que las mañanas las pasaba escalando con él y por las tardes me iba trepando al Albaycin, un antiguo y maravilloso barrio, un mundo aparte en medio de una gran colina a orillas de la ciudad. Bastaba con cruzar el pórtico que me invitaba todos los días y comenzaba a ocurrir magia. Ahí conocí a los artesanos y músicos que me brindaron hogar los próximos días. Uno vivía en una cueva y lo llamé “El mago”. Estaba lleno de sabiduría, se respiraba gracia a su lado y me invitó a conocer su cueva-hogar. Pusimos música, hicimos comida y poesía, y estuvimos hablando sobre un “hombre viento” mucho rato. Y con curiosidad, me dejó hacer unas tomas con mi aparatosa cámara. Yo quería capturar el amor y la humildad hecha persona.

Grandes amigos y mucha música se escribieron en este capítulo. Un par de días juntos, un par separados y ya los extrañaba. Lo curioso del apego y el desapego constante del viaje se iba develando. Tenía que seguir el camino. Tanto me costó que hasta perdí mi vuelo al siguiente destino, pero no por mucho porque logré sacar un nuevo ticket; luego de unas cuantas puestas de sol, lluvias, arcoíris, Jamm Sessions, paseos en montañas, cascadas ruidosas, golondrinas volando bajo y cantando alto, adoquines y piedra, muros arábicos altos para refugiarse del calor, lluvias suaves de primavera tardía, deseos cumplidos, miedos superados, miradas profundas, bailes efímeros, guitarras, muchas guitarras, mi amado ukelele e instrumentos varios que no recuerdo sus nombres, flamenco y palmadas que no pude coordinar, sofás para dormir, muchos frutos secos, balcones llenos de flores, puertas viejas, almas que no alcancé a conocer, risas que sí pude compartir, escaladas desafiantes y varias despedidas.

Berlín

Llegué por fin a la cosmopolita Berlín, la que decidí llamar ¨la ciudad experimental¨. Seductora, caótica, densa, irreverente, libertaria y cargada de historia, se presenta como una autentica capital de la heterogeneidad, una burbuja en Alemania inmersa de arte; dividida en dos. La locura, la contracultura y sus tremendos boulder fueron responsables de mi atracción y curiosidad hacia esta colosal ciudad, pausando así mi caminar entre la naturaleza.

Aquí canté en mi primer escenario, practiqué el nudismo en los veraniegos lagos que abundan en los parques y me perdí solitaria por las confusas calles. Vi uno que otro amanecer citadino sudada de baile, y con mis pies de gato como dicen los españoles a las zapatillas de escalada, llegaba cada dos días en busca de fanáticos escaladores que hablaran inglés y que pudieran compartir conmigo la alegría de las alturas, ahora en medio de la ciudad.

(Gentileza Florencia Menichetti)

(Gentileza Florencia Menichetti)

Mi tercer destino: Tailandia

Me fui de Alemania a Bangkok para tomar un vuelo directo a Krabi y sentarme en el pequeño bus repleto de gente diferente. Sin hacer paradas tomé ansiosa el bote que me llevaría a Tonsai, un pequeño pueblo al sudeste de Tailandia donde los gatos son los amos, no existen perros, pero sí miles de gatitos derrochando ternura. Una sola calle principal, unos cuantos bungalows (estilo cabañas), tres bares, una tienda para arrendar equipo de escalada y un muro pintado por los viajeros para disimular que divide el pueblo de lo que en un futuro será un resort. La ironía de los muros siempre presente.

Aquí, rocas milenarias e inmensas rodean el lugar. Están llenas de historia y por ahí pasan miles de viajeros buscando coronarlas desde la altura. Son únicas, nunca vi algo así. Parece que se derriten frente a ti con sus inmensas e imponentes estalactitas. La playa es bellísima, el agua turquesa, las palmeras repletas de cocos, la gente trepando por todos lados. Definitivamente había llegado al paraíso.

No tardé mucho en hacer amigos. Por ser temporada de monzones habitábamos alrededor de 40 personas el pueblo, todos apasionados por trepar. Esa misma mañana, al llegar, equipé un 6c+ enloquecida de adrenalina y sin dormir caí desde muy alto. Torpemente quemé mis piernas con la cuerda y estampé cicatrices que me quedaron hasta hoy (y que me gustan. Parecen un tatto).

Los días transcurrían entre piñas, mangos, bichos raros y coloridos, contradicciones, mares cálidos, sol y heridas persistentes que por la humedad y la arena, nunca sanaban. Había conversaciones en todos los idiomas procedentes de Francia, Alemania, Catalunya, Colombia, Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Suiza, Inglaterra, Austria, Canadá y yo, la chilena.

Él es Javi, escalador no vidente que vive en Monachil, Granada. (Gentileza Florencia Menichetti)

Él es Javi, escalador no vidente que vive en Monachil, Granada. (Gentileza Florencia Menichetti)

De día nos colgábamos en las rocas, a veces pasábamos la jornada completa arriba, como monos y con los monos, que por lo demás, les encantaba robarse las cosas. En la tarde jugábamos en la playa, pintábamos y cantábamos. De noche hacíamos fuego, nos bañamos en el mar buscando el plancton y esperábamos a que brillara para nosotros. Siempre llegaba un nuevo integrante y todos los días había una triste despedida de alguien que no quería irse, sin embargo, seguíamos jugando como niños.

Y algunos miedos tangibles aparecían como el Dengue, todo el tiempo alguien caía.

Era terrible, lo vi. Los mosquitos no pasaron desapercibidos en esta historia. Dicen que duelen hasta los párpados, entre otros tortuosos síntomas.

Sé que tengo mucha suerte, protección y una estrellita muy brillante conmigo. Sobreviví no solo a esta enfermedad, sino también, a los dolores estomacales, a las miles de bacterias raras en el agua y la comida, a las mordeduras de insectos y monos, a las picaduras de cien pies y a un sin fin de otras cosas que no conozco ni alcancé a ver. Así, todos los días amanecía muy feliz de ser una sobreviviente y de seguir viviendo.

Debo reconocer haberme sentido tan plácida, que en uno que otro atardecer solitario -de esos en los que dialogas contigo y resuelves el mundo en silencio- me dije, “si muero ahora podría irme tranquila”. Por supuesto, nunca pensé en morir, solo divagué la sensación, y la falta de miedo absoluta.

Retornos

A las tres semanas, resolví que ya era tiempo de ir rumbo a un nuevo espacio tiempo. Tenía muchas heridas, cansancio y varias capas de piel menos en las manos, las espalda muy agarrotada, algunas contracturas y dos uñas menos. Así que fui en búsqueda de descanso y más experiencia: un curso de buceo, nuevos parajes, yoga, música, viejos amigos y visité una que otra paradisiaca isla intentando encontrar playas salvajes perdidas entre montañas para sanar mis heridas con sal.

Con ganas de seguir escribiendo historia y sorprendida con cómo podía cambiar una y otra vez de escenario, volví a Berlín, el que por amor y muchas otras lindas razones, robó mi corazón y me hizo retornar.   

De manera muy improvisada (como me gusta) y antes de tomar el avión a Chile,  decidí pasar la última semana en Hungría. Desbordada de nuevas sensaciones, internalizando lo vivido, entrando en calma, claridad y silencio, poco a poco fui llevando el viaje a todas las perspectivas de mi presente, gestando y dando vida a todo lo nuevo que brotaba.

Florecí y me hice madre de mis curiosidades, madre de mis sueños y mis constantes ganas de todo para transformarme sin miedo en una pasajera de un ir y venir, aceptando quien soy.

(Mauri Badra / yo soy del mundo)

(Mauri Badra / yo soy del mundo)

Con esto quiero demostrar que somos dueños de nuestra voluntad. Si iniciamos con la primicia de que somos libres y que podemos elegir hacia dónde direccionarnos, entonces, ¿por qué no seguir nuestras propias visiones?

Vivimos en un mundo gobernado por un modelo económico que ha eclipsado el desarrollo de la persona, produciendo y abalando una educación de mercado que busca domesticar a la gente, en vez de promover los sueños, la creatividad, la libertad y la evolución de nuestro ser. Estamos en crisis porque no tenemos educación para la conciencia, no cuidamos nuestro delicado y primordial ecosistema, ni tampoco nuestros sueños. Creamos un modelo, que en cierto modo, le está robando a la gente su conciencia, su tiempo y su vida.

Por eso, mi historia no solo habla sobre exóticos y bellos paisajes, ni de las rocas y montañas escaladas. Trepando por el Mundo es un mensaje, una decisión, un símbolo de que lo soñado se puede llevar a cabo. Una ventana a nuevos lugares dentro nuestro, una propuesta para compartir y habitar el mundo desde el presente, y una manera de llevar el viaje a la vida como si fuera una analogía con la escalada: debes atreverte, confiar, liberarte y vivir.

También es una invitación para cuidar nuestro entorno inmediato, y una muestra sobre los resultados que trae el ir con el corazón abierto.

Esta es una propuesta de reflexión por parte de una mujer libre y amante de la aventura.

Si tengo suerte, con mi canal contagiaré de inspiración y de vida a todo aquel dispuesto a ver, escuchar y leer este mensaje que nace desde un profundo impulso creativo… y así ser semilla germinada en el corazón de esta sociedad.

(Gentileza Florencia Menichetti)

(Gentileza Florencia Menichetti)

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