Sueños Verticales

Con tan solo 15 años, León Riveros la tiene clarísima: quiere convertirse en escalador profesional. Y vaya que va bien encaminado. A su corta edad, ha tenido el privilegio de forjarse con algunos de los mejores escaladores del país, pues definitivamente, no existen techos que se interpongan en sus cada vez más verticales sueños.

La primera vez que la escalada se posó sobre el horizonte de León, fue cuando se enteró de un curso que estaba realizando el reconocido escalador alpino y guía de montaña, Cristóbal Tola Señoret. Motivado por su espíritu aventurero y por la oportunidad de estar en contacto con la naturaleza, el pequeño de 10 años no dejó pasar la tremenda oportunidad que la vida le presentaba en aquella ocasión.

«Partimos escalando hace aproximadamente 4 a 5 años. Yo tenía  un grupo de escalada para niños, con entrenamiento y salidas, y luego comenzamos haciendo multilargos y escalada tradicional. Al poco tiempo, él estaba re motivado y le hice un curso de escalada para multilargos, para que fuera más independiente y autónomo con la seguridad», relata Cristóbal Señoret.

Al alero de Tola, León se fue metiendo de lleno en el mundo de la escalada, sacándole el máximo provecho a su experimentado formador. «Me adoptó y no me soltó más. Dejó a los otros alumnos y se dedicó a enseñarme a mí. Recuerdo que lo llamaba todo el rato, porque en verdad me gustaba eso de ser uno el que fuera progresando, como en el skate. Y también era la perfecta oportunidad para estar en el medio de la nada. Eso era lo que más me gustaba», confiesa León.

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El escalador León Riveros de solo 15 años, pretende conquistar el próximo año la ruta llamada Freerider en El Capitán, Yosemite, EE.UU. (Domenica Rude)

Durante ese tiempo, rememora León, «escalaba solamente con el Tola, porque me llevaba y yo era más chico. Incluso dejé de escalar tres meses durante una expedición que tuvo en la India. A su vuelta, no dejé de escalar más, ya fuera en el Cajón o en el Arrayán, y me fui volviendo más autodidacta, empezando a progresar harto en la modalidad deportiva de la escalada, que es más atlética, lo que se fue dando de a poco».

Más allá de lo deportivo, ambos fueron forjando un importante y estrecho lazo que ha trascendido la amistad: «Somos como hermanos. Pasamos casi todo el tiempo juntos»; dice Cristóbal. «Tenemos una relación de hiperfamilia, conozco a toda su familia y él a la mía. Somos como primos hermanos, o algo así», reafirma el imberbe escalador.

 Esta relación, a Francisca Molina —la madre de León— le parece maravillosa y muy significativa para su hijo. «Tola es alucinante, es lo máximo. Yo lo quiero mucho, lo admiro mucho y lo encuentro un gran ser humano. Me encanta conversar con él, encuentro que es una persona que tienen reflexión, que tiene hartas cosas que decir (…) y que además de acompañarlo, le ha mostrado cosas importantes a León, como la diferencia entre subir una montaña a puro ego y subirla cuando el escalador —como dice él— le pide permiso a la montaña, y la montaña le da permiso para ascender», sostiene.

Aprendiendo de sus maestros en el Bosque Mágico

 Dentro de su búsqueda de aventuras, León frecuentaba cada fin de semana el mítico Bosque Mágico del Arrayán. Le gustaba pasar horas recorriendo sus agrestes parajes, fantaseando que era un explorador que debía sobrevivir en solitario a la intemperie, tal como lo hizo en innumerables ocasiones en la parcela de sus padres.

Allí conocería a Luis Birkner, Max Didier y al resto de los connotados integrantes  de la comunidad de escaladores —todos amigos de Tola— con quienes fue aprendiendo e interiorizándose en esta disciplina. «Me crié con todo ese grupo de maestros que siempre estuvo dispuesto a enseñarme y a  apañarme en todo, dándome consejos y haciéndome la vida quince mil veces más fácil. Personas de verdad,   muy comprometidas con aportar al cuidado del bosque y de la comunidad», cuenta el joven.

Aquel compromiso de sus mentores con el ecosistema, terminó arraigándose fuertemente en el pequeño León. «Ahora, sigue siendo bien importante para mí estar cuidando los sectores de escalada, estar bien atento, aportar también a la comunidad y tratar de equipar rutas y de sacar basura. Se trata de estar comprometido con el tema. Es una lástima lo que pasó con el cierre del bosque. No querís que pasen esas cosas», apunta.

Luis Birkner recuerda perfectamente las primeras ocasiones en que vio a León en el Arrayán y de cómo fue independizándose de la figura de Cristóbal. «Andaba siempre con el Tola. Yo cachaba que lo tenía medio apadrinado.Y de a poquito —como conocía a los que estábamos allá arriba— Leoncito empezó a ir más solo. Y obviamente, como andaba con el Tola, que es como de la familia, se comenzó a integrar a nuestro grupo, y después, cuando fue agarrando más confianza, nos  llamaba. Ahora entrena con nosotros en el muro de escalada de mi casa, y ahí también lo hemos ido aguachando», cuenta.

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León (José Tomás Labrín)

Paredes de reafirmación

Bajo el alero de Cristóbal, el intrépido Lion —como le dicen sus amigos— tuvo su  bautizo de fuego en grandes paredes con apenas 13 años. El sitio escogido para su debut fueron las emblemáticas murallas de roca de Torrecillas, en pleno corazón del Cajón del Maipo. «Cuando las escalé, quedé loco, la rayé. Dije: “yo tengo que dedicarme a hacer esto”. Ahí fue la primera vez que decidí ponerle ganas y tomarme esto más en serio», afirma.

Un par de meses después, y luego de unas intensas jornadas de entrenamiento, León llegó junto al Tola a las aún más verticales paredes de granito de Cochamó, donde coronaría su primer trepe por sobre los 500 metros de altura, además de consagrarse como una de las personas más jóvenes en abrir una ruta, de la mano de la  variante llamada Soldado Welcome.

«Es una de las pocas líneas del cerro Trinidad (1720 msnm) que no estaban abiertas y nosotros fuimos. Ahí unimos con la ruta “Bienvenidos a mi Insomnio” (5.11ª), que es un superclásico de ese cerro, y que es la más larga. Hicimos los últimos ocho largos y llegamos a cumbre. Y ahí tuve otro momento de reafirmación de que esto era a lo que me quería dedicar», recuerda León.

Durante esa misma travesía, Cristóbal le propuso un impensado y atemorizante desafío. «Me dijo: “vamos el próximo año a la Patagonia”, y la verdad es que no lo pesqué mucho porque me dio un poco de susto.  Pa’ escalar en Patagonia tení que ser una máquina, no es cualquier cosa. Las montañas son cosa seria. Si no sabí, te matai. Corta», dice el joven.

—¿Qué te dijeron tus papás cuando les contaste de esta invitación?

—Mis papás me vieron motivado. Y en verdad, le estaba dedicando mucho tiempo y mucha energía a la escalada, dedicándome de una manera mucho más profesional. Entonces, igual era un poco obvio que se vendrían paredes más grandes, por lo que no fue un shock para mis papás. Ya habían visto la pared que subí en Cochamó. Además, el Tola estaba bien comprometido conmigo. Le preguntamos, nos dijeron que sí, y fuimos a la nuestra, sin pedir auspicio, sin pedir mucho.

León viajó a Puerto Natales para encontrarse con Cristóbal, lugar donde aprovecharon de escalar durante un par de días y de encontrarse con el legendario escalador  norteamericano Steve Schneider y su esposa Heather Baer. «Steve me decía  que tenía que tratar de ir con todo. “Tení que aprovechar la mansa oportunidad que tení”», cuenta León que le decía.

Tras escalar en el sector de Laguna Sofía, en el Parque Nacional Torres del Paine, se trasladaron junto a los también escaladores Joao Pini y Max Sánchez a la localidad argentina de El Chaltén, inmersa en la zona norte del Parque Nacional Los Glaciares, donde se emplaza el mítico monte Fitz Roy (3405 msnm), una de las cumbres más desafiantes y apetecidas en el sur del continente.

«Vi las montañas por primera vez y dije “¡guau!”. Quedé en shock. Y lo primero que dijimos, fue: vamos a subir el Fitz. El clima estuvo pésimo, con muy pocas ventanas de buen tiempo, de máximo de dos días. Tres días antes de la ventana, dijimos, puta, mejor vamos por al Guillaumet.  No vamos a arriesgarnos por hacer una cumbre. La Guillaumet es la más piola de todas, dentro de, pero igual es una montaña difícil. Es escalar en Patagonia. Es como hacer la aguja más difícil en Chamonix, nos decían los europeos».

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León desafiando ‘la puta vía’, ruta 5.13a, emplazada en el sector Las Trancas, Chillán. (Antar Machado)

—¿Qué tan dura y peligrosa fue aquella ascensión?

—La aproximación la hicimos corta. Igual Íbamos bien cargados, con 15 kilos cada uno. Fueron seis horas de caminata en subida. Yo anduve mucho mejor de lo que pensaba. Nos nevó medio metro la noche anterior, y nosotros pensábamos que no iba a nevar. Estaba bien frío. Y las condiciones eran más peligrosas que los  riesgos que se podían correr escalando la montaña, responde el joven.

De acuerdo a León, haber hecho cumbre en la Aguja Guillaumet  (2539 msnm) fue un momento clave para dejar atrás todas sus inseguridades y darse cuenta que estaba hecho para grandes cosas: «De repente llegai a Chaltén y  ves a  puros pendejos máquinas, y tú sientes que erí cualquier cosa. Y me di cuenta de que no, que no era así. Que lo podía lograr y que todo el esfuerzo y el entrenamiento que hice durante un año valía la pena. Además, me sentí súper bien. No fue una experiencia que yo haya llegado hecho mierda.  Llegué entero, motivado, con pilas, y feliz de haber hecho una cumbre en Patagonia».

 Un promisorio y vertical futuro

A partir de su intención de ir profesionalizándose, León comenzó a entrenar hace más de un año y de manera particular, con el talentoso y joven escalador Lucas Gaona. Entrenamientos que realiza en el propio muro de su casa, así como en el boulder del Arrayán, en el Gimnasio de Escalada o en el Yoga Zenit, luego de asistir a sus respectivas clases en un colegio que utiliza el método Montessori. «Lucas me ha ayudado caleta a subir mi rendimiento deportivo. Hace un tiempo lo daba todo por encadenar un 5.11d/5.12ª y ahora estoy pudiendo estar sólido en el 5.13», cuenta con alegría.

Respecto al proceso de aprendizaje de su joven alumno, Lucas destaca el tremendo potencial y su inclaudicable motivación: «Es un chico con condiciones y capacidades muy buenas para la escalada, teniendo un biotipo óptimo y una capacidad psicológica y física buena. Pero lo más importante es su motivación y cómo disfruta la escalada. Otro de sus puntos fuertes, creo que es la claridad que tiene respecto a sus objetivos a largo plazo, el cómo disfruta todas las disciplinas de la escalada, y el apoyo familiar y de redes de amigos con el que cuenta».

Otro de los escaladores que ha sido testigo de los avances de León y de su determinación por progresar, es el propio Luis Birkner. «León se ha codeado con tremendos escaladores y ha ido desarrollando una visión de lo que quiere hacer y eso es súper bueno. La mayoría de los escaladores, independiente de la edad, se demoran caleta de años en decidirse a qué modalidad dedicarse. Como el mismo Tola y los cabros, que se metieron a la variante más alpina,  luego de varios años escalando de manera tradicional», opina.

«León te dice que cuando grande quiere escalar paredes en libre, con dificultad. Entonces, entrena caleta en boulder, y también físicamente, para no solo subir las cumbres, sino que también para escalarlas en libre, para liberar las rutas (..) Yo creo que tiene harto potencial y que no está  apuntado tanto a la competición, sino que a hacer hazañas más grandes. Y ahí yo creo que va destacar de sobremanera, porque va a ser bueno en todo. Ya está haciendo cosas buenas en modalidad boulder y deportiva. Todavía no de nivel brígido, pero sí de nivel alto. Cuando tenga 20 años la va a romper», augura Luis.

Con su foco puesto en la escalada en roca, el apetito de León por las grandes paredes sigue acrecentándose. Ahora, en septiembre, irá por la afamada pared  conocida como El Capitán, una vertical formación rocosa de alrededor de 2.307 metros que se encuentra dentro del Parque Nacional Yosemite, en Estado Unidos.

«Queremos escalar El Capitán por el día, por la ruta The Nose. Vamos con el Tola, el Max Didier, y otros amigos. Es otro logro bien internacional que me gustaría hacer. Yo creo que sí, se podrá. Andrés Zegers, que es otro escalador amigo nuestro, me dijo: “te sobra”», cuenta ansioso.

—Por último, ¿qué otras grandes murallas te gustaría coronar en un futuro próximo?

—El próximo año me gustaría liberar Freerider, que es otra ruta en El Capitán.

En Patagonia, otro objetivo es liberar el Pilar Rojo (Chaltén). También quiero alcanzar la Torre Central de las Torres del Paine, si es que las condiciones climáticas se dan, o la Torre Norte. Y en el mejor de los casos, el Fitz Roy, contesta finalmente el joven.

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