(Simon Migaj / Unsplash)

Basada en el magnetismo terrestre, la brújula ayuda a orientar nuestro rumbo desde cualquier lugar del planeta.

Con una rosa de los vientos y un imán en su interior, la brújula resulta ser un excelente modo de  supervivencia y una perfecta creadora de aventuras. Desde su creación —se cree que fue en China cerca del S. IX—  sirvió como instrumento de navegación para todos aquellos viajeros que buscaban nuevos rumbos por tierra, mar, desierto o montaña. Antes de eso, los cuerpos celestes eran los guías que iluminaban el camino a casa, sin embargo, a veces existía bastante imprecisión debido a la poca visibilidad que traían los días nublados.

Esta herramienta sigue siendo la misma desde su milenario origen, solo que con más avanzados y finos elementos de construcción. Hoy, existen más de cinco tipos de brújula y para cada una, un total de diez piezas aproximadas que pueden complementar su uso. Sin embargo, solo cinco son las indispensables: un eje, una aguja imantada, una flecha de orientación, una flecha de dirección y una circunferencia que indica los grados, la cual lleva el nombre de «limbo».

¿Cuál es la función de cada una?  El eje sostiene a la aguja imantada. La aguja, por su parte,  debe apuntar siempre hacia el norte magnético. La flecha de orientación, que está en el centro de la circunferencia, es la encargada de mostrar la zona sobre el mapa en que la brújula está puesta. La flecha de dirección es la que nos ayuda a apuntar hacia el destino al cual queremos llegar. Y por último, tenemos el limbo, que sirve para medir el ángulo de «declinación» o la diferencia en grados entre lo que se llama norte geográfico y norte magnético.

La tierra es un imán

Para entender cómo funciona la atracción entre una brújula cualquiera y el enorme imán llamado tierra, debemos saber que los minerales que contiene el planeta producen una gran cantidad de energía. El geógrafo, académico y también investigador de la Universidad Católica, Pablo Osses, explica que «nuestro planeta está compuesto de minerales como hierro líquido en su núcleo, y al girar, producen una gran cantidad de energía, polarizándola. De esta definición  nacen los polos magnéticos.  Muy distinto son los polos geográficos, que son los puntos donde coinciden los meridianos», comenta Pablo.

Ahora, explicar cómo usar una brújula —independiente del tipo— es mucho más sencillo. La más conocida y útil, según varios expertos, es la llamada cartográfica, la que debido a su transparencia permite ponerla encima de mapas. «Un mapa topográfico es aquel que te muestra los relieves. Sabiendo esto, debemos interpretar las líneas: entre más juntas estén, más pronunciado es el relieve; y entre más separadas, el territorio será más llano. Los colores también indican cosas. Por ejemplo, las rayas azules son ríos y las que son blancas con rojo, son caminos. Además de eso, es conveniente saber que el grado  0° corresponde al Norte, 90° al  Este, 0° al Sur y 90° al Oeste», afirma el geógrafo.

Los pasos para usar la brújula son los siguientes:

  • Orientarse en el espacio: debes saber hacia dónde vas y luego buscar el norte geográfico. Si estás usando un mapa debes orientar también el mapa hacia el norte geográfico o norte real (polo norte).
  • Para evitar que no se tranque, se debe sostener la brújula horizontalmente sobre un mapa o la palma de la mano. Luego de eso, debes ubicar la flecha con dirección hacia tu destino.
  • Después de este procedimiento, se debe girar el limbo hasta que el norte de la brújula (flecha de o rientación) coincida con el norte del mapa. Eso generará nuestro rumbo. Por último y después de sacar la brújula del mapa, la aguja imantada y la flecha de orientación deben coincidir. En el caso de no usar mapa, el procedimiento es similar: se debe girar el limbo hasta que las líneas norte-sur, que están dentro de la brújula, se alineen con la flecha magnética, apuntando ambas hacia el norte para luego ver qué grados muestra el limbo ¿Qué pasa con esto? Los grados que indiquen tanto la flecha de dirección como la aguja imantada, será la declinación o grados de diferencia entre tu destino con el norte real.
  • Dirigirse a la dirección que indica la brújula.

Algunas recomendaciones

En cuanto a la brújula, es bueno calibrarla regularmente. Cuando uno expone de manera constante el instrumento a elementos metálicos, ésta se altera y por ello existe la posibilidad de que no funcione correctamente. Para calibrarla debemos ponerla horizontalmente junto a otra y girar el limbo varias veces en 360º y de forma lenta.

No debemos usar la brújula al lado de un celular, un motor de auto, un computador o cualquier otro elemento que posea un campo magnético y  que pueda alterarla.

Antes de salir se recomienda avisar a un familiar y/o amigo a dónde voy.

Un mapa topográfico servirá para guiar y ayudar a distinguir qué hay en el camino. Además de eso, es recomendable portar un reloj para calcular los tiempos, y si es posible un GPS.

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