El Plástico: Un Infierno Bajo el Océano

(Gentileza Corona x Parley)

No hace falta ir tan lejos para ver el problema, sin embargo, estos cuatro jóvenes vienen directamente desde el paraíso para revelarnos qué tanto de “celestial” le queda al planeta que cada día, todos ayudamos a construir…

Habían aterrizado en uno de los paraísos más fantásticos y calipsos del mundo: las Maldivas, un conjunto de 1200 islas aproximadamente (de las cuales 200 se hallan habitadas) que se esparcen por el océano índico, a unos 400 km de la India. Con no más de 1.5 msnm, la República de las Maldivas se posiciona como el país más bajo del planeta, y al mismo tiempo, sus transparentes aguas, su blanca superficie de arena y sus verdes arbustos albergan a una gran cantidad de ecosistemas —uno de los mayores en el mundo— donde destacan los arrecifes de coral, más de 1000 especies de peces, tortugas marinas, ballenas, delfines, cangrejos, tiburones, mantarrayas, reptiles, árboles frutales, cocoteros y plantas de bambú.

Caminar por estas coloridas y cálidas playas fue realmente el premio perfecto para estos jóvenes chilenos ganadores del concurso Parley Ocean School que organiza Voluntarios por el Océano (VPO) y la alianza global Corona x Parley for the Oceans, la que nació en 2017, únicamente, para derrotar al enemigo más poderoso de todos los mares: el plástico.

Sin embargo, llegar hasta aquí no había sido para nada fácil. «Llegué a participar gracias a mi hermana menor. Ella me etiquetó en una publicación de Facebook y no dudé en inscribirme, el premio parecía genial», cuenta José Tomás Pumarino (de 25 años). Y agrega: «entonces teníamos un fin de semana para hacer un video de un minuto contando por qué merecía ganar. Un amigo me ayudó y listo, teníamos un video bien bueno. Ahora había que convencer al mundo».

(Gentileza Corona x Parley)

(Gentileza Corona x Parley)

«Luego pasamos por una entrevista personal donde te preguntaban qué era lo que querías hacer después del viaje y qué tal era tu compromiso con el planeta», cuenta Valeria Fuentes (de 26 años). Realmente debían jugársela. Habían participado cerca de 12 mil jóvenes y solo 12 habían pasado a la siguiente etapa: la votación popular por Facebook.

«Fue casi como hacer una campaña política y fue súper estresante. Salimos a la calle a buscar votos y fue algo bien particular porque a esa altura íbamos ganando, pero habían reabierto la votación, y en esa extensión, empezaron a subir otros pero de una forma muy rápida. Y ya quedaba un día para que se cerrara la votación y yo iba sexta. Había perdido», recuerda la joven. «Un día después me llamaron y pensé que nada, que me iban a decir “te mandamos un premio de consuelo: una cerveza”, pero me dijeron “tú siéntate porque la noticia que te vamos a contar es tremenda. Haz quedado seleccionada”. “¿Esto es una broma?”, pensé. Era real. Dos personas habían hecho trampa», recuerda Valeria.

El alborotado concurso había terminado. Finalmente, Valeria Fuentes de Talca, cineasta, fotógrafa y miembro del equipo PejePerro Films con el que desarrollan proyectos socioambientales; Esteban Ramos de Antofagasta, estudiante de ingeniería en expediciones y ecoturismo, José Tomás Pumarino de Santiago, estudiante e investigador del Observatorio de Sostenibilidad de la Universidad de Chile; y Benjamín Simón de Santiago, estudiante de ingeniería comercial con magíster en Innovación y Emprendimiento, fueron los cuatro seleccionados para partir y transitar felizmente por estas asombrosas tierras azules.


Para recordar día a día:

  • Cada año, 8 millones de toneladas de plástico van a parar al océano. 
  • Más de 250 kilos de plástico son arrojados al océano cada segundo.
  • Por cada metro de costa en el mundo, el equivalente a 16 bolsas llenas de basura entran y no salen más de nuestros océanos.
  • Dos tercios del oxígeno proviene del océano. Si lo llenamos de plástico, no podremos respirar.

 

Del paraíso al infierno

En esta isla, el buceo y el surf son, sin más, experiencias para nunca olvidar. «Fue realmente maravilloso. El agua era muy transparente, entonces veías muy profundo hacia abajo», cuenta Valeria. «Además estuvimos con uno de los surfistas más destacados de Chile, Ramón Navarro. No teníamos mucha experiencia, pero con la ayuda de él, pudimos surfear la ola», agrega sonriente.

Pero no todo fue pura diversión. Las charlas, los talleres, el visionado de documentales, los espacios reflexivos y la limpieza de las aguas, también fueron parte esencial del viaje, porque, «inicialmente, la idea es que los jóvenes regresen con una comprensión renovada sobre su papel en este mundo y sobre las acciones que puedan tomar para protegerlo», dicen los organizadores del programa.  Y ¿por qué las islas Maldivas, precisamente? Porque al encontrarse a no más de 2 metros de altura, la contaminación, el cambio climático y las corrientes, harán que éstas sean las primeras en desaparecer, afirman.

«Una de las actividades fue la limpieza de la playa, algo bien impactante porque estábamos en un paraíso, narra la joven talquina. “Pero te vas acercando y te das cuenta que no es un paraíso sino un infierno de plástico, cuando ni siquiera hay tanta gente viviendo ahí.  Entonces, una de las primeras cosas que nos sorprendió, fue ver que la basura viaja kilómetros y que viene desde todas partes del mundo. Limpiamos un 10%, y lo más desolador era que esa isla ya se había limpiado varias veces», detalla Valeria.

De esta manera encuentran origen las desconocidas islas de plástico, enormes superficies  que se forman cuando la basura comienza a viajar con las corrientes hasta acumularse en determinados sectores. Solo como dato, una de ellas alcanza el tamaño de México (extendiéndose por cerca de 2 millones de km), y fue descubierta hace un par de años, nada menos, que entre las costas de Perú y Chile.

(Gentileza Corona x Parley)

(Gentileza Corona x Parley)

Otra triste historia —según los jóvenes— es que debido al calentamiento global, un 90% de los corales en las Maldivas se encuentra ya sin vida. «La temperatura del agua subió 2 grados y eso hizo que murieran los corales. Debemos saber que los corales son el sinónimo del bosque en la tierra. Y si no hay bosque, no hay casa y no hay dónde poner los huevos. De hecho, de los corales proviene buen porcentaje del oxígeno que respiramos en todo el mundo. La vida está ahí», explica Valeria.

Y finalmente, una de las actividades más impactantes para estos chicos fue haber presenciado el estreno de El Batro, «una película que habla sobre unas aves que anidan en una isla que está llena de plástico. Con esto, terminamos por pasarnos a una realidad bastante dura, porque vimos directamente cómo las aves se intoxican y se asfixian por el plástico porque son incapaces de distinguir si lo que comen es comida o basura», agrega la joven.


9 Tips para Vivir con Menos Plástico:

1. Guarda bolsas de tela en tu bolso

2. Di no a las bombillas, a los cubiertos de plástico y a los platos desechables.

3. Cocina en casa

4. Evita comprar productos sobreempaquetados

5. Compra a granel

6. Porta una botella reutilizable o tu propio termo

7. Guarda los envases de vidrio y úsalos como recipientes

8. Separa tu basura y recicla

9. Comparte estos tips con tus amigos


Pero lamentablemente, por mal que se vea —o no se vea— el plástico que podemos observar sobre y bajo los mares es una parte, pero también existe algo que muchos no conocen y que se llama microplástico, advierten los jóvenes. «¡También lo desconocíamos!», dice Valeria. «Y resulta que, a través de la sal y el sol, el plástico se va desintegrando hasta crear las perlas de sirena, como se llaman. Lo que pasa con el microplástico es que, una vez que se forma, es casi imposible limpiarlo porque no se ve».

Paso siguiente: el microplástico ingresa a la cadena alimenticia. Primero se lo come el fitoplancton, que es el que genera el aire que respiramos, y luego se lo comen los peces y crustáceos que llegan hasta el plato de muchos. «De hecho, eso fue súper heavy porque nos contaron que otra de las armadoras de Parley se había tomado un examen de sangre y habían descubierto que tenía muchos tipos de plástico en la sangre. Entonces, ya está en nuestra sangre. Lo que le entregamos al mar se nos está devolviendo, ¡es una cadena!», concluye la joven.

Repartiendo el Evangelio

Y aunque confiesa que no es muy amiga de las marcas, Valeria reconoce que «Corona es la primera que se compromete. Se gastaron sus buenas lucas para hacer todo este programa de limpieza, el que de paso, también les ayuda a limpiar su imagen. Su marketing tiene que ver con tomarse una cerveza en la playa, entonces, ellos dicen “no podemos tener nuestro espacio sucio. Si las playas están sucias, no tiene sentido vender nuestros productos”. Eso es marketing verde. La idea es que esto se replique y que más adelante, todos lo hagan», plantea la joven. Y en este sentido, el primer desafío que tuvieron estos afortunados ganadores tuvo que ver con integrar aquellas enseñanzas en sus propias vidas, para luego, traspasarlas a quienes más puedan.

«Es algo tremendamente necesario, porque todos, apenas pisamos el supermercado, podemos ver cómo todo está repleto y cubierto de plástico», comenta Valeria. Según los jóvenes, escapar de este infierno es bastante difícil, sin embargo, «existen consejos, como por ejemplo, comprar las cosas a granel y no comprar siempre en el supermercado, o si voy a comprar agua embotellada que sea de 20 litros, rechazar las bombillas, etc… son tips para integrar en el diario vivir», dice. «Finalmente, el agua se va a contaminar y no podemos hacernos los locos. Puedes hacer un acto de cambio, está en tus manos, con tu círculo cercano. Yo por ejemplo, a todos mis amigos les mando los 9 tips (ver recuadro) para dejar el plástico desechable y te dai cuenta que va funcionando, que es un diario vivir. Todos los días ando repartiendo el evangelio», cuenta riendo.

(Gentileza Corona x Parley)

(Gentileza Corona x Parley)

En resumidas cuentas, José Tomás nos cuenta que una de las cosas más relevantes que aprendieron en Parley Ocean School —una verdadera escuela para enfrentarse al plástico— es la famosa metodología llamada A.I.R,  la que viene de:

A: Abandonar el plástico single use, es decir, el plástico que se usa solo un par de minutos, pero que permanece en el medio ambiente por siglos (Ej: bolsas, botellas de agua, vasos, bombillas, etc.).

I: Interceptar el plástico que ya se encuentra como basura en el medio ambiente (Ej: limpieza en nuestro entorno más cercano, comunidad, plazas, cerros, playas, etc).

R: Re-diseñar el ocean plastic que es interceptado, con el fin de darle una nueva vida a ese material que aún es funcional y perfectamente útil. El objetivo es generar una economía circular, capaz de aprovechar este material de manera eficiente. Y en este sentido, una forma rápida, alcanzable y eficiente de acatar este punto dentro de nuestro hogar, sería tomar nuestra basura ya interceptada y depositarla en los puntos de reciclaje definidos. En otras palabras, se trata de un acto que todos podemos y debemos realizar.

Aprender para enseñar

Actualmente, todo lo que aprendieron con esta increíble experiencia hoy lo difunden por medio de charlas en universidades, radios y otros lugares que buscan cambiar el switch de la gente, porque «todos estamos llamados a ser partícipes. Esa es nuestra principal acción: ser un agente de cambio, porque si no cambiamos, el mar se muere con nosotros y nosotros con él», dice Benjamín Simón.

Y aunque muchos cambian sus hábitos de consumo y comprenden este problema fácilmente, también hay quienes sencillamente no les interesa «y ahí, el convencimiento pasa a ser mucho más complicado, pero es ahí precisamente donde está el verdadero desafío», piensa el joven. «Lamentablemente, este es un problema ambiental que tenemos que solucionar ahora, porque el dead-line es de tan solo 9 años más, entonces hay que agotar todas las formas posibles para que todos puedan entender el problema y así puedan generar cambios», agrega.   

Para Valeria, un punto relevante es que en las escuelas se integre de manera urgente una asignatura donde se enseñe especialmente sobre educación medioambiental, porque, «así como existen ramos de religión o de ciencias, también deberíamos acercarnos a la naturaleza para aprender sobre ecología. Pero vivimos desconectados, con los celulares y con lo rápido que es la vida… ¡Hay chicos que ni siquiera conocen el bosque!», dice.

(Gentileza Corona x Parley)

(Gentileza Corona x Parley)

En este sentido, los propios organizadores del programa postulan que, «tal como dijo Jacques Cousteau, las personas suelen proteger lo que aman. Pero antes de que puedan amar algo, necesitan conocerlo, y no hay mejor forma que hacerlo mediante la inmersión total en este universo». Y un intento por involucrar a los seres humanos con su propio entorno es lo que hace Parley Ocean School al buscar a jóvenes como éstos, capaces de volver para enseñar.

Y aunque viajar a las Maldivas hizo que estos cuatro amantes de la naturaleza aterrizaran en otra dimensión, «también nos sirvió darnos cuenta que puedes estar en Asia o en otro sitio, muy lejos de tu hogar, y verás que el problema es a nivel global.  Debemos despertar ya», dice Valeria.

Pero finalmente, «no todo tiene que ser tan abrumador», piensa Benjamín. También podemos convertir este gran problema en una real oportunidad para cambiar nuestros hábitos y para desarrollar nuevos productos, servicios y experiencias que dejen fluir la vida de los ecosistemas, tal y como es, en todas sus partes y en todas sus formas. «Definitivamente, el plástico es un error de diseño, pero si lo sabemos ocupar de manera consciente y responsable, el problema no debería ser tan grave», concluye el joven.

Compartir

scriptsell.neteDataStyle - Best Wordpress Services