Donde Nadie más Llega

Fotos Gentileza de Paolo Ávila

Paolo Ávila sintió que todo encajó en su vida cuando encontró la que actualmente es su gran pasión y profesión: la fotografía. Comenzó como aficionado tomando fotos en la ciudad, y hoy, se adentra en los lugares más extremos e indómitos para captar la imagen que nadie más puede tomar.

Alto, risueño, hiperactivo y de idea fija, así es Paolo Ávila (30). Fotógrafo de ambientes extremos, que lleva más de cinco años viviendo para algunos un sueño, y para otros, una gran locura que no termina.

Sin embargo, él no se imagina una vida diferente. Su gran pasión es estar en la naturaleza y mostrar a través de su lente los lugares más alucinantes, llegar a los sectores más recónditos y presenciar las experiencias más increíbles junto a su infaltable compañera de viajes, su cámara.

Y así lo ha hecho. Apenas se decidió por emprender el camino de la fotografía no ha parado de conocer lugares nuevos. Desde la selva colombiana hasta el desierto peruano; los glaciares de la Patagonia o el mismísimo desierto del Sahara, han sido solo algunos de los destinos que ha podido retratar.

«Hoy existe un grueso grande de fotógrafos, entonces tienes que intentar llegar hasta la punta. Ser el primero ¿Quién puede llegar dentro de esa grieta que está en ese último volcán? Bueno, yo voy cagado de la risa», dice convencido y riendo. Y agrega: «Filtrarte de todo el universo existente, para ser tú el único y mejor que pueda hacerlo y vivir para contarlo, esa es mi idea, no muy compartida y no muy apreciada», agrega.

Así es Paolo, inquieto por naturaleza. Empezó estudiando Educación Física en la Universidad Católica del Maule y apenas se graduó comenzó a trabajar como profesor de un gimnasio y un colegio. «Me especialicé en personal trainer y baile entretenido, aunque no lo creas (ríe), cycling indoor, entrenamiento funcional y entrenamiento con sobrecarga. Partía en el gimnasio a las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche. Y en el colegio hacía clases de psicomotricidad y un taller de atletismo», asegura.

Completó con mucho entusiasmo su primer año de trabajo con solo 23 años. Luego llegó el segundo año y comenzó a cuestionarse «¿esto es todo?», hasta que creó su propio sistema de entrenamiento, que era tan duro que las personas bajaban casi 6 kilos al mes. Y así, llegó el tercer año de trabajo, donde la rutina le pasó la cuenta. «A los 25 años vi que se me acercaban los 30 y pensaba “no quiero seguir aquí, haciendo lo mismo de siempre”. Me empecé a ahogar y pasé por una etapa muy dura. Empecé a replantearme todo. No podía salir y no encontraba el punto de fuga. Entonces cerré todo, las redes sociales, me elimine del mundo literalmente», cuenta Paolo.

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Un día, un amigo se acercó al gimnasio y le regaló una cámara de fotos. «Estuve un mes con esa cámara, aprendí solo, leí harto. Luego de tres meses como aprendiz la vendí y me compre otra, y ahí fue cuando dije, esto es lo que me gusta», señala.

Con esa gran inquietud y su necesidad por tener más conocimiento del rubro, decidió renunciar al gimnasio y al colegio y marcharse hasta Concepción, para capacitarse como fotógrafo periodístico. «Estuve tres años viviendo en Conce. Elegí esa ciudad porque era un punto medio entre Santiago y el sur. Tiene aeropuerto, tiene buses, tiene volcanes cerca, entonces me servía para aprender más de lo que me gustaba», señala.

Y bueno, así pasó el tiempo y se introdujo al máximo en el mundo de la fotografía. Hizo cursos junto al fotoperiodista Martín Brenetti y a los 27 años creó su propia empresa llamada Nativoprod.com, donde destacan las fotografías deportivas y de paisajes. «Yo era muy arriesgado, a diferencia del fotógrafo de prensa, que apoya la cámara en la guata, yo me metía en todos lados», dice riendo.

«Desde que partí con la fotografía dije “fotógrafos hay millones”, entonces me pregunté ¿qué es lo que hay que a mí me guste? las bodas no me gustan, ni para ir yo, ni para sacar fotos, ni nada. Fotografías de embarazadas, menos (ríe). Las fotografías al aire libre me gustaban…por eso partí con el trail y la bicicleta, pero después me empecé a dar cuenta que no pagaban lo que yo quería, no se valoraba un buen encuadre, un paisaje bonito. ¿Y eso quién lo valora? Las agencias de turismo o las marcas representantes», dice.

En el trayecto logró hacer muy buenos contactos, hasta que trabajó como fotógrafo en su primera competencia: Vulcano Ultra Trail. Después se metió de lleno en las carreras de trail y así se abrió paso para cubrir eventos en otros países. «La fotografía me permitió tener más libertad y mis tiempos. Siempre se me acercan proyectos que me gustan y me motivan, y te desafían. Me dicen: “necesito la foto de un cóndor en la punta del cerro mirando el atardecer a las seis de la tarde” y tení que pensarla y desvivirte por llegar ahí», cuenta Paolo.

«Por ejemplo en la carrera de ciclismo “La leyenda del Dorado” en Colombia me pidieron una foto de acción, que tuviera contexto y también detalles. Y logré esa foto, que además salió de portada en la revista My Bike en Colombia. Por suerte he logrado lo que me han pedido, y si no lo logro voy de nuevo hasta que salga», agrega.

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Con su cámara ha llegado a lugares impensado, donde ha tenido experiencias buenas y no tan buenas. El año 2016, tuvo un accidente muy grave en el Dakar que se realiza en el Salar de Uyuni, Bolivia, donde se le quebraron tres costillas y tuvo lesiones en el hígado y el vaso. «Se supone que estaba en un lugar seguro, por dentro de una curva, arriba de una roca. Pero el tipo venía muy fuerte en el auto y se montó arriba de la roca y me agarró a mí. Después de eso quedé botado…me quedé callado y aguanté tres días así, escupiendo sangre y todo. El Dakar tienen una infinidad de cosas, hospitales móviles, paramédicos, etc., así que allí me hicieron un escáner», cuenta Paolo.

«Me quedé callado porque te pueden sacar, y habría quedado con el trabajo a la mitad. El cuarto día, me dijeron todo lo que tenía y me preguntaron si me iba o me quedaba y decidí quedarme. Me quedé aguantando, tomé unas pastillas para el dolor. Pero después llegué de eso y estuve seis meses sin moverme», agrega.

«Otra vez, me salvé de suerte en el Volcán Llaima (Región de la Araucanía), que fue hace poco. Como no tenía mis zapatos buenos, porque se congelaron. Salí al baño en la noche con zapatillas. Por esas ocurrencias y por tema de repetición, tome mi piolet y salí…pero como iba con zapatillas, me resbalé y había una inclinación gigante. Agarré mucha velocidad y en una reacción de segundos clavé el piolet, hice una autodetención y me salvé por 30 metros de no reventarme en la roca», cuenta.

Además de la suerte que él dice tener, Paolo ha realizado diferentes cursos de alta montaña para complementar su profesión de fotógrafo de ambientes extremos. Ha hecho algunos cursos de rescate, autodetención, búsqueda, escalada en hielo y en roca, esquí, randonée, snowboard y supervivencia.

Actualmente lo apoyan las marcas Lippi y Nikon y trabaja para empresas gubernamentales, como con Perú y Chile, donde saca fotos para promover el turismo en la zona. «Ellos si valoran lo que hago. Lo que más me gusta es llegar a donde nadie más llega, tener miles de historias para contar, y tener esa exclusividad. Porque, ¿quién hace la ruta larga de Torres del Paine en pleno invierno? Ningún weón que esté bien de la cabeza…nadie…», ríe.

«Tener exclusividad de ir a lugares donde nadie más llega, poder decir que lo hice. Por ejemplo ir al Dakar dos veces es significativo. Aparte me gusta el tema de no tener una rutina. Yo estoy 7 días en mi casa y me vuelvo loco. En viaje estoy sometido a resolver, porque si estás en viaje te pasa algo, te pierdes, se te va el transfer, quedas sin hotel, etc.», dice.

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Y agrega que: «No toda la gente te aporta y te comprende. Porque dicen ¿Cuándo vas a madurar? Para mí, madurar no es estar sentado en una oficina todos los días, cumpliéndole el sueño a otra persona, casarse y tener hijos, endeudarte y pagar 10 días de vacaciones. Para mí, madurar es hacer las cosas bien, de forma profesional y ser feliz en eso».

«Mi idea es morir a los 50 años saltando en paracaídas, sin paracaídas. Quiero morir en mi ley haciendo lo que me gusta. Hasta ahora lo que siempre me ha gustado ha sido el deporte, nunca me he quedado quieto. Y por otro lado ha sido la fotografía, por un tema de que creo que ahí está mi esencia, el descubrir, el gozar, llevar todo al límite. Para mí no existen matices, las cosas no son a medias. Por eso soy tan extremo, quiero vivir, quiero gozar hasta morir».

«No quiero quedarme en el mismo lugar, quiero salir, conocer, viajar. Espero no dañar a nadie en el camino, pero lamentablemente siempre resulta alguien dañado. Mi modo de vida es muy individualista. Me preocupo de mí, y los humanos nacimos para trabajar en sociedad. Yo no soy muy común en ese sentido. Nunca he sido santo de devoción de mis padres, ni he coincidido en lo que piensan. Por mí que vayan a buscarme arriba del cerro», asegura.

«Por lo tanto, mi lema es que hay que hacer algo que llene el corazón y que te vuele la cabeza, aunque todo el puto mundo esté en contra. No me importa, lo único que importa es la felicidad tuya, de levantarte en la mañana con ganas de hacer lo que más te gusta», concluye.

Top 5 para fotografiar

Sahara

«Me dejó loco por un tema de calidez humana. Vas por el medio del desierto, caminando solo, creyendo que no encuentras a nadie más…y yo caminando en bóxer, porque hacía un calor horrible. Y de la nada a lo lejos había personas caminando. Eran dos mujeres con dos niños, que venían cruzando el Sahara a pie hasta el siguiente pueblo que queda a 57 kilómetros. Ahí yo les ofrecí agua y todo, y ellos te lo agradecen de una forma súper simple, te dejan tomarles una foto, te cuentan su historia. Es un lugar muy icónico por su gente.

Además, hay personas que viven dentro del Sahara que se llaman “Bereberes” y te ofrecen té. Es maravilloso. Y te conversan, son personas muy simples, muy amenas. Ellos no tienen nada y te ofrecen todo. Ese es uno de los lugares que más me ha gustado por la calidad humana, me fui maravillado».

Patagonia

«Absolutamente por las fotos, la Patagonia es un lugar que siempre me ha encantado, con sus glaciares, su gente muy cariñosa que te dice ¿Qué querí? ¿Un asado? Acá te doy cinco corderos al palo ja,ja,ja. Punta Arenas y Puerto Natales».

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Cochrane

«Porque fue el primer destino que fui. Es una ciudad dotada de unos paisajes únicos casi inexplorados y rodeados de lagunas congeladas, siendo además los beneficiarios del segundo río con el agua más cristalina del mundo».

Desierto de Atacama

«Lo recorrí gracias a la carrera “Épica Atacama”, una carrera de bicicleta sobre el desierto más árido del mundo. Estuvimos cinco días durmiendo en carpas, las que eran como hoteles ubicados en medio de la nada, con millones de estrellas iluminando la noche y con los rayos de sol saliendo tras la cordillera como si fueran nuestro despertador».

Volcán Llaima

«Está lleno de bellos y variados paisajes con altos contrastes. Atardeceres cálidos, cielos estrellados y un clima hostil. Aquí fui en conjunto con el equipo de “Rutas Australes”, con quienes impartimos el curso de progresión en glaciares».


www.nativoprod.com

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