(Foto: Isaac Benhesed, Drew Taylor / Unsplash)

Aunque incluyen en su lista una gran cantidad de beneficios similares, ambos, té y café, lo hacen con una rapidez y un sabor muy distinto…

Detrás de cada taza de café o de té siempre hay una decisión importante. Pasamos corriendo la mayoría del tiempo, pensando, discutiendo y  armando nuestro día; y muchas veces, actuamos sin las energías ni las ganas de hacerlo. Por eso, la mayoría de las personas preparan a temprana hora de la mañana una infusión para empezar. En nuestro país, el listado incluye al té como primera opción, pero con los años, alcanzamos otra ritualidad que rápidamente ha ido ganado espacios: el café. En el desayuno, de pasada por el centro, entre comidas, o simplemente para conversar, son las respuestas más usuales de quienes lo beben. Lo cierto es que hoy, tanto el té como el café, son al mismo tiempo un pretexto y una necesidad en nuestros apresurados días. Ambos cuentan con un sinfín de beneficios, pero ¿cuál es conveniente elegir a temprana hora de la mañana?

Se tiene registros de que el té se descubrió en China hace 5.000 años y que gracias a su extendida historia y a la gran cantidad de países que hoy lo cultivan, existen más de seis variedades y cientos de combinaciones. Pero más allá de eso, la función que cumple el té -unos más que otros- es la de estimulador cognitivo y reductor del estrés. Su componente principal, la teína, actúa en el sistema nervioso central pasadas varias horas de ser ingerido, y sus efectos más palpables son el aumento de la concentración, la disminución de los síntomas de cansancio y la mantención de un estado de alerta en el tiempo. La cafeína, por su lado, y pese a ser la misma molécula que la teína, se demora menos tiempo en hacer su trabajo —unos 15 minutos aproximadamente— y lo hace con mucha más fuerza. Por esta razón, es que nos sentimos más rápidos y eficaces cuando tomamos un café.

La cantidad de cafeína que tomamos en cada taza de café, es mucho mayor que en una taza de té, explica la nutricionista independiente, Daniela Rodríguez. «Hay que saber que el té tiene muy poca cafeína, por eso el impacto a veces no se percibe. Por otro lado, el café de grano tiene más de esta sustancia que uno instantáneo. Para sentir sus efectos no hay que mezclarlo con leche, pues inhibe la cafeína y puede reducir su efecto antioxidante y estimulante», afirma Daniela.

Más allá de la rapidez que puede producir cada bebida en nuestro cuerpo, ambas poseen una sustancia que se llama polifenol, que se caracteriza por tener propiedades antioxidantes. En definitiva, lo que hacen los polifenoles es retardar la oxidación de otras moléculas al disminuir el envejecimiento celular prematuro, y también reducen el factor de riesgo de padecer algunos tipos de cáncer, parkinson o alzheimer. Eso sí, la cantidad de polifenoles varía según la variedad de café, el grano de tostado, el método de elaboración y el tamaño de porción servida.

Y aunque está demostrado que estas dos bebidas poseen una gran cantidad de beneficios, también existen contraindicaciones y efectos perjudiciales como el amarillecer los dientes, el disminuir la absorción de hierro y de calcio en embarazadas o en las personas que lo toman en exceso, o el subir la presión arterial en hipertensos debido a la vasoconstricción.

¿Cuál es entonces, la mejor bebida para tener energía por la mañana? Según Daniela Rodríguez, la mejor alternativa es el café: «Para despertar y empezar bien el día, me quedaría con un café de grano, lo más puro posible, porque la cafeína en sí agiliza el sistema nervioso, te mantiene  activo y disminuye la fatiga. El  té tiene efectos muy disminuidos. Pero, si de todas formas se prefiere el gusto de esta infusión, recomendaría el té negro porque tiene mayor cantidad de teína. El verde y el blanco poseen una baja concentración», explica.

¿Y cuál es el desayuno ideal para mezclar con estas bebidas? «La idea es que nuestros desayunos tengan frutas, un lácteo y una porción de cereal como pan o galletas.  Si queremos incluir un café o té para darle más energía a nuestro organismo, está bien, pero hay que tener cuidado al mezclar la leche con la bebida porque los efectos no serán tan evidentes», afirma la nutricionista.

Sea cual sea nuestra elección, lo más aconsejable, dicen los expertos, es que no hay que excederse con la cantidad de tazas que tomamos durante el día, y que debemos evitar endulzar con azúcar para así prevenir enfermedades. Y si bien, tanto el café como el té son las infusiones que nos ayudan a despertar, a estimular nuestro  cerebro  y a darle sagradamente sabor a nuestro día, lo mejor que nos queda hacer es beberlos con una delicada y saludable prudencia.

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