Una gran experiencia para descubrir una realidad preocupante

Desde Volvo nos invitaron a vivir una gran actividad en Zapallar, donde visualizamos el impacto del ser humano en el fondo del mar.

Nuestro viaje empezó desde que nos subimos al Volvo v90 Cross Country. Completamente espacioso, y con múltiples características, este auto resultó un gran medio para llegar a nuestro destino luego de dos horas en carretera. 

Partimos el viernes temprano, había que estar antes de las 12 porque a esa hora partía la actividad. La invitación consistía en una limpieza del océano en la caleta de Zapallar, a la cual acudimos con curiosidad por descubrir lo que ocultaba en el fondo del mar, y con ganas de experimentar el buceo.

Volvo V90 Cross Country

Volvo V90 Cross Country

Dentro del auto el nivel de detalles es genial, posee una tablet donde podías controlar múltiples funciones, como el audio por ejemplo, donde hay una diversidad de opciones diferentes y adaptables al tipo de música que escuchas. El equipo de sonido lo podías focalizar en el conductor o donde fuera, mientras que los asientos de cuero eran muy cómodos en cuanto a la disposición de la espalda. Arriba podías colocar un par de tablas de surf, una bicicleta, etc. Básicamente podías andar con un campamento arriba, lo cual lo hace ideal para un viaje en familia, o también para gente que va de expedición y lleva muchas cosas.

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La carretera era cero problemas, podíamos programar todo. Tenía muchas modalidades, lo cual no era tan confuso ya que depende de cómo tú uses las herramientas. Si uno las ocupa bien de acuerdo a lo que necesitas funciona todo bien. En la noche ocupamos el sistema de foco donde se movían un poco los ejes y había más rango de acción, y eso no lo manejábamos, el auto te lo daba. Funciones de manejo asistido, sueltas el manubrio y no deja que te desvíes. Te avisa a cierta velocidad, porque en este auto de verdad 120 km por hora no se sienten. El GPS funcionaba de forma impecable, emulando a la aplicación waze.

Carretera fácil, entramos a un camino más cross country, y no se sentía nada. El problema era que en Zapallar las calles eran angostas, y uno supone que con un auto importante en tamaño el girar iba a ser difícil, pero el radio de giro dio el ancho con creces.

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Llegamos y empezó la actividad, nos encontramos con los buzos, con los instructores y el capitán de la embarcación, donde dieron las instrucciones y la bienvenida. Tenían todo un lenguaje de embarcación y rigurosidad en muchos aspectos de la seguridad, algo clave para pasarlo bien en el outdoor. Los instructores y organizadores estaban muy atentos de la condición climatológica de ese minuto. Cuando llegamos el mar estaba con muchas olas, corría harto viento y estaba helada el agua lo cual nos impidió bucear con snorkel, ya que nos dijeron que no estaban las condiciones por la temperatura del agua. Sin embargo, fuimos parte de la embarcación que acompañó a los buzos, no más allá de 500 metros de la caleta. 

Estaba todo listo y dispuesto, se separaron de a parejas y fueron encontrando cosas. La sorpresa fue bastante grande porque en esas dos horas de actividad, salió una cantidad impresionante de basura, en donde pudimos contar tres ruedas de auto. Nos preguntamos ¿cómo llegaron esas tres ruedas acá dentro?, claramente alguien las había botado, ¿pero estaba consciente del daño que esto provoca?

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Salieron una carretilla, un tubo de escape, cosas que no sabíamos que eran. Era insólito ver que 8 a 10 personas sacaran con sus brazos ruedas de auto y un montón de cosas de ahí. Fue como si alguien llenara con cosas un closet, nunca abrirlo, y que este explote. Se ocultan las cosas indeseables en el fondo del mar creyendo que estas prácticamente desaparecen, pero trae más consecuencias de lo que se cree.

La caleta de Zapallar no es una zona que se caracterice por la abundancia de turistas, por lo cual, comparándola con otros sectores más visitados a nivel de gente, la contaminación en estos lugares debe ser impresionante. El borde costero de la quinta región, o de todo Chile, o del mundo en sí, debe estar plagado de basura que, ante los ojos de todos, es invisible.

Los peces no discriminan lo que comen, para ellos el plástico o trozos de caucho son comestibles, y esto resulta en la contaminación y en la posterior muerte de muchos de ellos, los cuales son los mismos que quedan atrapados en las redes pescaderas, vendidos, y servidos en nuestros platos.

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La iniciativa es preocupante si, pero también es motivadora, ya que te permite observar la realidad del fondo del mar, y concientizarte más por el medio ambiente y como se puede ayudar a que esto deje de ocurrir. El daño ya está hecho, y los culpables somos todos, sin embargo es importante empezar por algo. Esta actividad sirvió precisamente como una alarma para quienes lo presenciamos, algo que retumbará en nuestras cabezas cada vez que utilicemos plástico, cada vez que veamos basura en el suelo, y cada vez que veamos el mar. El daño es irreversible, pero no por eso debemos dejar que siga pasando ¿verdad?

Esa sensación sentimos hasta que finalizó la actividad, cuando fuimos a comer, y cuando volvimos al auto. La experiencia fue completa, y experimentamos cosas que no todos tienen el lujo, tanto en el auto como recogiendo basura. Descubrimos cosas malas, pero la buena noticia es que las descubrimos. Ahora la misión, es que el resto lo sepa.

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