Viendo el Mundo a Mí Manera

Descubre el día a día de Margarita Faúndez, una de las deportistas más auténticas que tenemos en Chile.

«El inesperado oro de Margarita Faúndez», fue uno de los titulares que —el pasado octubre de 2015— publicó el medio La Tercera para sabiendas de todo Chile, y hoy también, de todo el mundo. Pero realmente, para esta atleta de 30 años, pocas cosas son inesperadas una vez que se las propone.

A Margarita le cuesta definir qué es lo que le gusta, porque le gusta hacer de todo, dice. Sin embargo, un factor común para ella es que todos sus propósitos nacen desde su parte más soñadora. «Me encanta soñar y soñar bien alto», comenta.

Desde el atletismo, el trekking y el nado, hasta la música, los idiomas, el cine, el teatro y la danza, esta masoterapeuta de profesión, que también maneja el arte de tejer (porque ama confeccionarle prendas a sus seres queridos), acostumbra a correr tras cualquier cosa que la lleve a aprender algo. «Pero, también soy muy temerosa», confiesa. «Y ese temor, de repente, me limita o me estanca, aunque también soy bien terca. Cuando chica, mi papá me decía que era terca, pero muchos años después, alguien me dijo que eso se llamaba ser persistente», agrega la deportista.

Finalmente, Margarita se define como alguien bastante emocional aunque otra de sus facetas también es ser alguien «con mucha garra y súper luchadora», dice. Lo importante es que todo lo que hace, lo vive a flor de piel, algo que ha experimentado sobre todo cuando corre, y ahora, también cuando viaja.

«Viajar es un hobby que descubrí hace poco porque pensaba que —por el hecho de no ver— a lo mejor iba a ser fome para mí, pero descubrí que uno de mis sueños más grandes es poder seguir conociendo el mundo, aunque, a mí manera», dice.

Y ya, a los 14, dejé de usar lentes porque ya no me servían. A esa edad empecé a usar un bastón, y este es un cambio muy, muy fuerte para todos los ciegos, cuando empezamos a usar bastón.

Cuando sale el Sol

Cuando Margarita nació, todo parecía andar normal. Sin embargo, nueve meses más tarde le detectaron estrabismo y, «al cabo de 2 años, empecé usar lentes, lo que fue muy difícil porque no se existían lentes con marcos tan chiquititos. A los 4 años me operaron de estrabismo y a esa edad me descubrieron retinitis pigmentosa, una enfermedad genética hereditaria y congénita», explica. «Fue difícil porque a mis papás les dijeron que yo iba a quedar ciega y que no se sabía en qué momento, porque la retinitis es progresiva», recuerda. Al año siguiente solo percibía luces, sombras, figuras, contrastes y colores fuertes, pero no cosas pequeñas. «Y ya, a los 14, dejé de usar lentes porque ya no me servían. A esa edad empecé a usar un bastón, y este es un cambio muy, muy fuerte para todos los ciegos, cuando empezamos a usar bastón. Hoy ya no veo casi nada. Veo un poquito de luz cuando sale el sol, sombras, pero nada que me ayude a visualizar», explica la atleta.

Pero, ¿cómo es posible correr, sin ver hacia dónde te diriges?, podrían preguntarse muchos. Bueno, cada competencia en la que Margarita ha logrado estar presente, podría comenzar a responder a esta pregunta:

«Mi primer logro fue haber clasificado al primer Parapanamericano en Guadalajara de 2011 y quedar novena como americana. Luego, en 2012, haber hecho la marca de deportes paralímpicos para los juegos de Londres, aunque más tarde no puede participar por problemas administrativos, pero si pude correr 800m. En 2013 estuve a 3 segundos para la marca del mundial en Lyon (Francia), y en 2014 gané el oro en los primeros juegos Parasuramericanos en la historia de Chile, en 800m. Luego salí campeona Panaparamericana en Toronto y 2 meses después, gané bronce en el mundial de Qatar 2015. En 2016 corrí para clasificar a mi primera maratón, en los Juegos Paralímpicos de Río 2016, haciendo 1500m —donde quedé octava— pero nuevamente no pude continuar, esta vez, porque estaba lesionada. Después fui a los Juegos Paralímpicos de Londres 2017, donde quedé sexta en 1500m», cuenta la deportista.

Margarita Faúndez (Cristóbal Martin/IND)

Margarita Faúndez (Cristóbal Martin/IND)

Y la lista promete alargarse, pues ahora mismo, Margarita se encuentra entrenando para los próximos Parapanamericanos de Lima 2019 y Tokio 2020, sus siguientes sueños a cumplir (*Es importante saber que el sufijo «para» se comenzó a utilizar originalmente para referirse a aquellos eventos donde participaban deportistas con parálisis o paraplejia*).

Así, Margarita destaca como corredora en la categoría T11, una de las tres clases de atletas paralímpicos que existen, dependiendo de su grado de visión:

T11, donde compiten quienes mantienen nula visión (son quienes corren con un guía).

T12, donde se agrupan quienes ven medianamente (y dependerá de su grado de visión si corren o no con guía); y

T13, donde corren quienes cuentan con un mayor grado de visualidad (corren sin guía).

Algo nuevo para aprender, ¿verdad?

Al despertar

A esta corredora no le gustan las rutinas porque le parece aburrido, además, cada día es una oportunidad para encontrar muchas cosas en las cuales puede llegar a descubrirse. «Pero para ser deportista hay que ser bien constante y disciplinado», aclara.

Lo primero que esta atleta de alto rendimiento hace cuando se levanta, es tomar desayuno, sea la hora que sea. «Y depende: si tengo que salir, me baño y salgo; pero si me toca entrenar en casa, desayuno, y después de un rato me pongo a entrenar. Generalmente, esta es mi rutina: levantarme, tomar desayuno, entrenar, bañarme, salir de nuevo, entrenar en otra parte, almorzar, descansar un poco y volver a entrenar», cuenta.

También hay días para hacer todo tipo de trámites, como ir al médico, a la psicóloga deportiva, a la nutricionista o al kinesiólogo, es decir, «todo ese entrenamiento silencioso que se llama, que es entrenamiento igual», explica.

En total, son 6 días a la semana en los que Margarita entrena (el domingo descansa pues, según ella, todo deportista debería tener —al menos— un día de no entrenar): lunes, miércoles y viernes los dedica al trabajo de fuerza en bicicleta estática, trabajo de gimnasio, nado, trotes largos y ejercicios de fortalecimiento muscular; mientras que martes y jueves, sale a recorrer las pistas para un entrenamiento más técnico, el que consiste en repeticiones que van a variar dependiendo del período de entrenamiento en que se encuentre:

«Los entrenamientos van cambiando de acuerdo a la curva de rendimiento», dice Margarita. «Generalmente, cuando partimos un período de entrenamiento, éste es posterior a un ciclo de descanso, entonces, al igual que una curva, este va aumentando o subiendo dependiendo si uno va mejorando o no. La idea es que el pick de rendimiento esté en el período en el que se planificó el evento o la competencia importante».

Así, existen distintos períodos de entrenamiento:

1° Adaptación o mantenimiento posterior a un tiempo de descanso (es cuando empieza la curva de rendimiento).

2° Período básico (aquí preparas tu cuerpo con ejercicios o trabajos de fuerza, repeticiones y trotes largos. Preparas la musculatura para lograr el volumen necesario. El trabajo es menos intenso y más extenso).

3°Período específico o pre-competitivo (consta de un trabajo técnico, donde se trabajan las cualidades específicas para la competencia. Suele ser de mayor intensidad pero se realiza en períodos más cortos).

4°Competencia (la carga baja mucho más y se puede llegar a tener un solo período de entrenamiento al día. Se hace para mantener el nivel del entrenamiento).

«Y, en el caso de nosotros, en esta última etapa, el trabajo con el guía es fundamental», asegura Margarita.

(Cristóbal Martin/IND)

(Cristóbal Martin/IND)

Encontrar un buen guía es como ganarse el Loto

«Corro con un guía que es otro atleta que ve, y que tiene que ser mejor que el atleta ciego. Corremos con una cuerda, donde cada uno toma un extremo. Vamos uno al lado del otro, haciendo una especie de espejo, como si fuéramos una sola persona. Debemos lograr esa tipo de coordinación», explica la deportista. «Pero, más allá de la cuerda, lo que se necesita es una confianza brutal con quien te lleva. Debes estar seguro que no te vas a caer, que te va a decir todo en el momento indicado», agrega.

El guía es quien ve los tiempos, las distancias, los caminos, si vas ganando o no. Y también es quien te describe todo lo que ve cuando llegas a un lugar. Por eso, «encontrar un buen guía es como ganarse el Loto, un premio muy grande, porque es difícil encontrar todas estas virtudes en una sola persona. Debes ser muy empático para tener la capacidad de leer y conocer al otro, debes tener alto rendimiento, etc. Para mí, lo principal para correr, es tener un buen guía. Y para obtener buenos resultados y medallas, un guía excelente», reflexiona Margarita.

—¿Recuerdas cómo fue la primera vez que corriste?

—Recuerdo exactamente el día que empecé a correr. Fue el 3 de julio del 2008. Fue la primera vez que fui al Estadio Nacional, tomé una cuerda y me di cuenta de lo que era correr. Siempre me habían eximido de educación física. Todo empezó cuando me puse a pololear con Alejandro, un compañero ciego que había sido atleta convencional antes de perder la vista. Él me invitó a correr, y luego de 3 meses que insistió, dije: ‘bueno, pruebo como es y así aprovecho de pasar más tiempo con mi pololo (porque tener una pareja deportista es difícil). Ese día corrí con Daniel Vásquez, otro atleta paralímpico ciego que cuenta con más visión que yo. Él ya se sabía el estadio de memoria. Trotamos un par de minutos, hicimos ascensiones, y para mí fue maravilloso el sentir, por primera vez, el aire en mi cara, una  libertad enorme y esa confianza obligada que tienes con el otro— contesta la atleta.

Generalmente, cuando partimos un ciclo de entrenamiento, éste es posterior a un ciclo de descanso, entonces, al igual que una curva, este va aumentando o subiendo dependiendo si uno va mejorando o no.

A la hora de comer

Por supuesto, la nutrición es un tema muy importante para cualquier deportista de alto rendimiento, pero para Margarita, ésta se pone bastante estricta. «Tengo un organismo que es mucho más difícil de controlar siendo atleta: gasto la mitad de energía que debería gastar una persona haciendo la misma actividad. Eso hace que mi metabolismo sea muy lento y que, por ende, baje de peso muy lento», cuenta la masoterapeuta. «Pero más que bajar de peso, lo importante es quemar grasa para convertirla en musculatura, que es lo que necesitamos; además de ser más livianos», añade.

Así, y recomendada por su nutricionista, esta deportista mantiene una alimentación sin salirse de la línea, sobre todo, cuando se prepara para las competencias. Esta es muy baja en carbohidratos. No masas, no pastas, no pan, sino más reforzada en proteínas y fibra, hartas frutas y verduras, carne, pollo pescado, huevo, leche y semillas, cuenta. «Es muy baja en  calorías y es súper difícil de mantener la verdad, pero cuando he podido mantenerla de manera estricta, es cuando he tenido los mejores resultados», asegura.

—¿Qué es lo más difícil que te ha tocado vivir durante tu carrera como deportista?

—Una de las cosas más difíciles ha sido encontrar buenos guías. Ser guía en Chile no es un trabajo y tiene un apoyo económico muy bajo que solo les alcanza para la movilización. Con eso no se puede motivar mucho a alguien. Los guías también son atletas y tienen su vida, su familia. Otro punto, es que el apoyo económico para nosotros es muy bajo, menor que para el atleta convencional, siendo que el paralímpico es más caro. Pero también sabemos que no salimos tanto en la tele y que somos menos comerciales que un deportista convencional.

Y bueno, otra de las cosas más difíciles ha sido mi exclusión de la beca PRODDAR (el Programa de Becas para Deportistas de Alto Rendimiento) que gané por ser campeona en el Parasuramericano de Santiago 2014. El año pasado intentaron bajarme de categoría y bajarme también la mitad de la plata, y hoy, quieren quitarme esa beca. Creo que es por falta de comunicación entre las entidades que rigen el deporte. Y eso me tiene muy triste porque soy una deportista muy esforzada que siempre defiende a su país con orgullo. Tengo logros que no cualquiera tiene, y creo que eso no se valora. Sobre todo si te quieren quitar el único medio que tienes para representar a tu país—  responde Margarita.

Viviendo ¿en sociedad?

De acuerdo con esta atleta, en Chile no es fácil ser ciego, como tampoco es fácil aceptar la gran diversidad de personas que aquí mismo habitan. «Falta mucha cultura. Es triste ver cómo tu propio país, gobierno, entidades o etc., hacen las cosas más difíciles de lo que deberían. De repente, hay cosas simples que una sociedad puede hacer para hacernos sentir mejor, y quizás, no va por hacer cosas que nos hagan sentir distintos, sino para que nos podamos sentir iguales», reflexiona.

Y agrega: «Si fuéramos todos iguales este mundo sería muy fome y no podríamos aprender del otro. Podemos gozar de personas con distinto color de piel, de pelo, de ojos, distintas facciones, alturas, anatomías, cualidades, inteligencias, virtudes, talentos, y eso es lo hermoso de la vida. Además, ser ciegos no es una característica que nos define. Yo no soy “Margarita Faúndez, la ciega”. En definitiva, es una situación que nos tocó atravesar y más que nada, es una característica más que tenemos. Entonces, mi invitación es a que todos podamos aprender más del otro. Somos una sociedad muy egoísta donde nos cuesta mucho mirar pal lado. Yo les digo a las personas que tienen la capacidad hermosa de ver, que lo aprovechen, que disfruten de esa capacidad y que usen esa capacidad. Tanto para mirar al otro, como también, para ser los ojos de alguien que no cuente con esa capacidad», finaliza la deportista.

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