Solo con lo puesto: El ascenso al Tupungato como motivo social

Nicolás Fabio, Javier Leal y Felipe Concha, se unieron para alcanzar una aventura de altura. Entre el 14 y el 21 de enero consiguieron hacer cumbre en el volcán Tupungato, a 6.570 metros sobre el nivel del mar, sin usar oxígeno, mulas y sin ser profesionales.

“Las salidas que hacemos, independiente o en grupo, nacen por una necesidad. La necesidad es tratar de desconectarse un poquito de la ciudad, de la vida tan acelerada que tenemos cada uno de nosotros”, señala Javier Leal, parte de este grupo de amigos apasionados por las montañas.

Este grupo se junta cada año a planear un nuevo desafío. Buscan algo que los motive, que los deslumbre y en donde sientan la necesidad de subir. Así es como se pusieron como objetivo el volcán Tupungato: “Nosotros el año antes pasado habíamos hecho cumbre en lo fue el Marmolejo y vimos el Tupungato y dijimos: ya, vamos, esta es la inspiración para el proyecto que se nos viene”, cuenta Nicolás. La belleza de esta montaña les había llamado enseguida la atención, por lo que empezaron a planear enseguida cómo lograr la cima.

Para Javier Leal, una de las ventajas que posee este cerro es la poca cantidad de gente que acude, y la gran belleza que posee. El valle, el volcán, los paisajes y el aislamiento de otras personas en la zona hacían de este lugar un destino impresionante.

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El proceso de preparación para subir este volcán comenzó un año antes, Nicolás y Javier concuerdan con que organizar con tiempo es clave. Es por esto que desde septiembre solicitaron los permisos para ingresar al sector, pero recién sería en diciembre cuando les darían el vamos a la autorización. “Hay una cuestión muy burocrática para entrar al valle del Tupungato, que es el predio Río Colorado. Tienes que elevar una solicitud, pedirle permiso a la mina porque hay una faena dentro del valle, tienes que pedirle permiso a Bienes Nacionales, no se paga eso sí, y que te emitan una carta que te la tienen que firmar los Carabinero”, contó Nicolás Fabio.

Con más de 17 kilos en cada mochila, comenzaron el acercamiento. Fueron tres días en una de las aproximaciones a montaña más largas que han tenido que cursar. Nicolás, Javier y Felipe no se dedican al deporte, tienen trabajos normales, por ejemplo Nico es enfermero y Javier está terminando la carrera de educación física, razón por la cual los costes de cada expedición los deben cubrir de forma independiente. Cada año van sumando nuevos implementos, una buena chaqueta, un buen saco, unos buenos zapatos, buscando ofertas de temporada que les permitan pagar artículos de alto costo. “La prioridad es el cerro y el aire libre”, dicen.

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Desde el comienzo todo estaba planificado, recorrieron 7 horas diarias, avanzando entre los 3 campamentos bases.  Se comunicaron por radio, se reunían cada una hora y se hidrataban, si alguno se adelantaba esperaba a los otros para que se agruparan. La idea era cuidarse, aportar lo que cada uno tiene al equipo y pasarlo bien. Sin embargo esta actividad cuenta con una serie de riesgos que son propios de practicarla, ya que si la montaña se cerraba, era difícil que los 3 pudieran lograr el ascenso. El clima y la topografía del Tupungato creaban un entorno que los maravillaba, pero que los desafiaba a tener que superar este reto.

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El impacto físico es un factor a considerar, estas pruebas desafían las capacidades de quienes las intentan, es por esto que, según comentan, hay que conocer el cuerpo de cada quien y saber hasta dónde puedes llevarlo. Una vez teniendo en cuenta el estado personal en que te encuentras, comunicarlo a tus compañeros, factor fundamental para poder prevenir complicaciones mayores en el ascenso. Por ejemplo, durante el segundo día de expedición, Felipe comenzó a sentir malestares que le evitaban continuar.     

“Se nos complicó la cosa dijimos, porque era el segundo día recién, no estamos a una altura considerable, estamos bajo aún”, recuerda Javier. Felipe estaba mareado, vomitó, y sus compañeros estaba nerviosos por el estado de su amigo, pero él quería continuar. Por eso como equipo, decidieron pasar la noche en el campamento, donde durmió, se hidrató y  pudieron continuar la marcha, superando así su primer obstáculo.

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Pero la aventura no terminaba ahí, llegaron al campamento intermedio donde se encontraron con dos expediciones, una pareja de ingleses y una pareja de argentinos. Ambos grupos, que contaban con más recursos, monitoreaban el clima diariamente, así fue como les avisaron de las ráfagas de viento que bordeaban los 100 kilómetros por hora en la cumbre. “Eso puede ser fatal, porque en cualquier momento te bota, te desbarrancas y hasta ahí quedaste. Nosotros tomamos el riesgo de seguir subiendo, sabiendo que quizás había mucho viento”, contó Javier Leal. Conversaron los tres y acordaron avanzar hasta el campamento alto, sabían que presentaba aún más riesgo, decidieron tratar y devolverse en caso de que no pudieran seguir subiendo.

A las 1 de la mañana despertaron en el campamento alto, el objetivo estaba cerca. A las 2 de la madrugada comenzaron el ascenso final. Mientras la cima se acercaba, el mareo crecía, el frío se acentuaba y el cansancio de los días se hacía más fuerte. Pero finalmente valió la pena, la cima estaba a sus pies y pudieron ver en 360° un espectáculo ante sus ojos, fotografiarlo, agradecer y, por sobre todo, dejar un mensaje.

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“Yo entrego mensajes sociales en cumbre, hace poquito estaba el tema de conflicto Mapuche, anteriormente había subido el cerro Morado con un mensaje para lo que es la donación de órganos, es un poquito recalcar eso”, contó Nicolás Fabio. Para Javier esta aventura no es inalcanzable para el resto: “el tema de la montaña y de la vida al aire libre, para mí, no es exclusivo, cualquier persona puede hacerlo siempre y cuando se tomen los resguardos y se tomen las cosas con seriedad”, señala

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Esta aventura la bautizaron como “Sólo con lo puesto”, ya que ascendieron con los recursos más básicos, sin mulas para las cargas y con las preparaciones que pudieron costear. Ahora debían volver a casa, reencontrarse con sus familias, que, si bien se preocupan, saben que es lo que les apasiona.
Ya están planeando un nuevo ascenso, el más probable es el Cerro Aparejo en invierno, pero no se cierran a nuevos desafíos. “No nos importa que tan imponente sea, sino que nos impregne y nos enamore”, confesó Nicolás.

 

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