El fenómeno Mont Blanc

Foto portada: Matías Bull

No es la más dura, ni la más extenuante, ni la más antigua carrera de Trail, pero sí es una de las más famosas que existen; haciendo que todo el mundo se reúna alrededor de esta enorme y blanca montaña, conocida como el punto más elevado de los Alpes europeos.

«Ultra-Trail Du Mont-Blanc (UTMB), la fiesta que nadie se quiso perder», publicó El Mercurio en septiembre de 2014, noticia que destacó a los cuatro chilenos que participaron en esta ultra famosa carrera de montaña.

Es la carrera que todos quieren correr, dicen algunos. Y para  muchos, se convierte realmente en un sueño lograr darle la vuelta entera al Mont Blanc en menos de dos días (cuando lo normal es invertir de 7 a 8 días); y unir así, los valles cordilleranos del punto más elevado de los Alpes europeos (de 4.810 msnm); pasando por Francia, Suecia e Italia a la vez.

Pero, ¿por qué es tan popular esta carrera de 168 kilómetros y 10.000 metros de desnivel? Nadie sabe explicárselo. No es la mejor, ni la más dura, ni la más extenuante, ni la más antigua (como la famosa Barkley Marathon, una carrera de 160 kilómetros entre montañas estadounidenses que esconden una serie de obstáculos pensados por su propio creador); o incluso, como sucede con los otros tantos circuitos que complementan a esta gran fiesta en Mont Blanc, como el Petit Trote du Leon (PTL), carrera que da inicio al evento con 300 kilómetros de cima a cima y que convoca a equipos de dos o tres personas (donde es necesario que al menos uno, haya terminado una UTMB); mientras que la Sur les Traces des Ducs de Savoie (o TDS), es considerada difícil por los propios organizadores en comparación con la misma UTMB, a la que definen como menos complicada.

Aún así, Ultra-Trail du Mont-Blanc sigue siendo una de las más famosas dentro del mundo del trail running. Prueba de este fenómeno, es que, en su primera versión, fueron cerca de 700 los corredores que se motivaron con la idea de dar la vuelta al macizo. Al siguiente año, el número de participantes llegó a los 1.400; y en 2019, más de 25.000 solicitudes de todo el mundo fueron sorteadas debido a la alta demanda que genera esta carrera, una que reemplaza completamente las rutas de cemento, por senderos que pocos conocen.

Chile en el monte blanco

«El primer chileno en llegar fue Claudio Davico, con 30h 13m, 116º en la general y 5° en su categoría. El resto de los nacionales en calzarse la apetecida casaca de finalista fueron Matías Bull (36h 35), Sebastián Domínguez (38h25) y Jerónimo Rojas (44h02)», continúa narrando la noticia del diario. Ese año, se transformaron en el mayor grupo de chilenos que llegaban hasta aquí (entre otros 2.300 participantes), y con el pasar del tiempo, más y más runners nacionales se han motivado con la idea (Mariano Volpedo, René Castel y Marcelo Arias, por ejemplo, entre otros).

Las primeras caminatas hacia a Mont Blanc —la cuna del alpinismo, del senderismo y del trail running en Europa— comenzaron en 1786 y sus primeros visitantes fueron los investigadores Balmat y Paccard, quienes, con mucha dificultad llegaron hasta la cima. De ahí para adelante, esta sublime elevación en la tierra se ha convertido en una de las montañas más concurridas del mundo, pues notable es la presencia de los 101 glaciares que la rodean, su cumbre está nevada durante todo el año y por esta razón, los primeros juegos olímpicos de invierno tuvieron lugar en Chamonix, Mont-Blanc (Francia 1924).

Era la primera vez que Matías Bull (33), chileno, ingeniero, amante de la fotografía, de la escritura, y por supuesto del Trail, se encontraba en este emblemático lugar. «Todo era muy nuevo y alucinante aunque había visto videos y esas cosas… estábamos en esos lugares, donde se sacaban fotos los corredores, donde habíamos visto mil videos y leído otros tantos relatos. Era este lugar. Fue una experiencia bonita. Estuve una semana antes de la carrera, disfrutando, recorriendo, descansando y me quedó bien grabada la forma en que la gente disfruta de la montaña en ese lugar», recuerda el corredor.

Comenzado el otoño, Chamonix se vuelve surrealista. Las rutas se mezclan con serpenteantes calles, senderos montañosos y climas cambiantes, y en total, unas 20 mil personas llegan hasta aquí sin más objetivo que vivir el UTMB.

Bordeando la felicidad

«Cuando empezamos nos tocó lluvia en los primeros kilómetros, así que mi primera preocupación era no caerme ni que pasara nada que me impidiera terminar. El objetivo era poder llegar a la mitad del recorrido y ahí, recién comenzar a correr y terminarla. ¿Por qué es tan importante la mitad? Porque es muy difícil llegar hasta ahí. Después viene otro hito importante que es llegar al km 120, que es básicamente donde mucha gente abandona porque es muy duro llegar hasta ese punto. Y aquí, es donde dicen que comienza la carrera, del 120 en adelante. Ahí quedan 40 km, con un desnivel importante por recorrer que la hace súper difícil», explica Matías.

Y ¿qué es lo que pasa por la cabeza de un corredor durante una carrera como esta? «Mientras corría, experimentaba gozo por lo que estaba viviendo, alegría por estar en el lugar, recorrer los paisajes e impresionarme», recuerda el atleta. «Y al segundo día, cuando salió el sol y ya no llovió más, pude disfrutar de las vistas que había, que eran hermosas. Por mi cabeza solo iba pasando eso», agrega.

Pero de los 120 km en adelante, lo único que quería era terminar, confiesa. Se sentía muy cansado y llevaba muchas horas corriendo y ya no podía más por el dolor de los pies, «así que lo único que pedía era poder avanzar, y avanzar tranquilo. Pero básicamente si uno  va corriendo con altura de mira, lo disfruta. Porque toca ver que mucha gente abandona porque está cansada, porque se exige mucho en la primera parte, o por distintos motivos. Es difícil cuando uno llega a la mitad y ve que hay gente que está abandonando y tú tenís que seguir, pero con una actitud de disfrutar del lugar y no obsesionado, quizás, en solo terminar la carrera o en hacer una marca. Es bueno tener ahí, de repente, más de un plan en la mente», reflexiona Matías.

Y aunque el ambiente deportivo en Mont Blanc suele verse cargado de corredores que no hablan entre sí (considerando que son más de 77 los países los que participan), «después de muchas horas empiezas a hablar ideas, compartir experiencias, empezai a conversar y hacer amigos. Es bastante linda la experiencia. Y alrededor, en los pueblos, vibran con lo que sucede durante esos días. Es casi una semana de deporte, y por donde uno pasa, la gente está en la calle todo el día, en el cerro, suben, corren y te dan ánimo. Hay una energía importante ahí. Cansado, a veces decía, “¿qué onda, qué estoy haciendo aquí?”, pero en general, era pura alegría», cuenta.

Cuando terminó, no lo podía creer. Tenía amigos que lo estaban ayudando en el lugar, «y esa, también es una gracia de esta carrera, que hay personas que te pueden ayudar», dice. Simplemente estaba destruido, no tenía más fuerzas para seguir, «por eso, el llegar, el sentirme y verme cruzando la meta, fue realmente lindo», agrega.

Según Matías, lo más duro fueron esos últimos kilómetros. Ya iba con un dolor muy punzante en los pies, «y me iba quedando dormido en algunos tramos. Y ya, cuando  llevai muchas horas despierto, empezai a alucinar. Yo creo que eso fue lo más difícil», concluye el runner.

Más importante que la carrera…

«La UTMB fue importante, pero no sé si es la más importante de todas, la verdad. Correr en Navarino también fue muy importante, hace poco», piensa Matías. «Pero a nivel personal, creo que esto finalmente es una pequeña anécdota, porque lo más relevante es poder disfrutar del entrenamiento», agrega.

Después de  Mont Blanc, cuenta que dejó de correr por mucho tiempo. Estaba muy cansado y no tenía muchas ganas de seguir compitiendo, entonces, pensó que la mejor opción era descansar y recargar energías hasta que realmente tuviera ganas de volver a correr, pues no vale si no se disfruta.

«Mont Blanc es un ícono, lo ha sido siempre, pero no sé si es la más importante. Y esa es una reflexión que hago hoy. La gracia de estar ahí, es que es una de las precursoras en la masificación de este deporte, pero hay muchas otras carreras que se pueden hacer, y para llegar a una de estas carreras es tanto más importante poder entrenar. Finalmente, pasa todo tan rápido que después apenas te acuerdas de todas las cosas que ves dentro. Pero sí te acuerdas de las cosas que vives antes y después. Y eso es más importante, aún más que la misma carrera”, comenta.

—¿Cómo te preparaste para esta carrera?

—Bueno, uno se demora años en prepararse. En ese tiempo había pocas carreras para correr en Chile, entonces, la preparación tenía que ser con mucha antelación. La parte más específica comenzó en febrero de 2014. Ahí entrené solo y también entrenaba con unos amigos en las mañanas y compartía con ellos también. Cinco semanas antes, me dediqué a entrenamientos más largos que eran más difíciles de hacer. Y ahí vas probando la alimentación, tu equipo, si va funcionando, si hay que cambiar algo o no, pero más o menos ya tienes listo todo como un año antes. Un mes antes a la carrera, hice un entrenamiento de 12 horas y en ese, probé ritmos, cómo me iba a sentir, etc.- contesta Matías.

Hoy, cuenta que se encuentra enfocado en su trabajo, en su vida personal y en entrenar. «Tampoco me gusta ahondar en ello y son cosas que solamente se las comento a mis amigos, pero sobre mis planes en mente, está el hacer más carreras acá en Chile, poder conocer más regiones, correr aquí en Santiago… tener la oportunidad de hacerlo es realmente una fortuna porque otros se desgastan por tener todo el abastecimiento y el apoyo para que un grupo de locos puedan correr», dice el corredor.

Y finalmente, un consejo para todos aquellos que estén planeando bordear el imponente y ultra famoso monte blanco:

«Lo primero es disfrutar del proceso para llegar hasta allá. Y también, cuidar muy bien las expectativas personales. Cuando te pregunten qué quieres hacer, tener un plan para ti, que no le cuentes a nadie; y un plan que le puedas contar a otros, cosa que si te va mal —porque eso puede suceder— que estés preparado, pero además, para que no tengas que deberle ninguna respuesta a nadie. Y sea Mont Blanc o cualquier otra carrera, es bueno armar una hoja de ruta que cubra los aspectos más importantes y los más débiles que pueda tener uno, cumplir esa hoja y si no se puede cumplir, estar tranquilo. Eso significa terminar una carrera. No necesariamente ir a ganarla y olvidar que el objetivo está mucho más adelante. Con eso uno evita la frustración, la ansiedad y otras cosas que no son positivas para uno, ni para los que están alrededor nuestro», concluye Matías. O

Esta artículo apareció en la Edición mayo/junio 2019 de Outside Chile.

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