Correr solas, correr sin miedos

Miradas lascivas y frases obscenas, son el inicio de una escalada de abusos a los que pueden verse expuestas las corredoras en la vía pública, debiendo apoyarse entre ellas mismas para buscar caminos que les permitan avanzar sin miedo.

Hacer deporte tiene gran cantidad de beneficios, y mejorar las condiciones físicas y mentales, es motivación suficiente para ponerse las zapatillas y comenzar el entrenamiento. Pareciera que el único problema a vencer el cansancio de la rutina deportiva sin abandonarla… pero, ¿será lo único?

La respuesta podría ser simple: depende de la persona, pues se torna más complejo para unas más que para otros.  Hablamos de la violencia de género.

«Una de cada 2 mujeres lo sufre, por lo menos, una vez a la semana. En promedio, el acoso sexual en los espacios públicos se empieza a recibir desde los 12 años. Una vez a la semana habrás sido víctima de más de 600 actos de acoso sexual callejero», insiste la presidenta del Observatorio contra el Acoso Callejero (OCAC), María José Guerrero.

Sobre este escenario, las runners salen a las calles, las plazas, parques y sectores públicos para recorrer. Y el problema está en que los actos de acoso generan impactos negativos tanto en lo psicológico como en lo físico, coartando la capacidad de disfrutar de un espacio que es de todos.

«Obviamente, habla de la libertad que uno tiene para usar el espacio público. Todo el mundo te incita a practicar una actividad sana pero está un poco en silencio el lado B, que es, cuánto cuesta hacerlo justamente por ser mujer y por los peligros que lamentablemente te trae», agrega Carolina Cubillos de RunPositive, la comunidad mundial de corredores que busca generar carreras positivas e inspiradoras.

Corredora sexualizada

«La calle no es el lugar más seguro para las mujeres. Generalmente estamos expuestas a gritos en la calle o mucho peor, a acercamientos o agarrones que muchas veces no podemos evitar», dice Daniela Carrasco de la comunidad de corredoras, Amigas que Corren.

En este sentido, las corredoras piensan que entre los factores que han potenciado la situación, se encuentra la publicidad y los medios de comunicación, los que difunden mayoritariamente la imagen de una corredora sexualizada. Nos referimos a la construcción de estereotipos, que pueden afectar la confianza y seguridad de las runners.

«Una mujer no se siente cómoda con su cuerpo al correr, porque los cánones de belleza llegan incluso hasta este ámbito de la vida. Correr no debería ser una preocupación, sino que un disfrute total», comenta Natalia Villarroel de Runfields, una de las organizadoras de la marcha de corredoras del pasado 8 de marzo.

«Los referentes de mujeres que hacen deporte, tienden a ser cuerpos súper aceptados socialmente, súper estereotipados», cuenta Carolina Cubillos, cuerpos que en la mayoría de los casos, no representan a las corredoras. «El running es un deporte que le pertenece a cualquier tipo de persona, cualquier tipo de cuerpo, siempre que se respeten los avances personales», agrega Josefina

Strahovsky de Ladyrun.

Otro punto importante es la vestimenta y desarrollo mismo del deporte, pues usar calzas o petos las hace víctima de comentarios, tocaciones o miradas lascivas, siendo que el uso de estas prendas es para la exclusiva comodidad de quien corre.

«Se piensa que por andar con poca ropa practicando algún deporte outdoor, es sinónimo de estar provocando las miradas de los hombres, porque todo se observa desde ese punto: el hombre como centro. Se debe entender que las mujeres no corremos por los hombres y no nos vestimos para ellos tampoco», dice firme Natalia Villarroel.

correrlibre

(foto gentileza: natalia villarroel/runfields)

Siguiente paso

En el último tiempo muchas mujeres han salido a las calles a exigir derechos, lo que ha generado un remezón tremendo en la sociedad. Y si bien los hechos de abuso siguen ocurriendo, muchos de ellos ya no quedan más en silencio. «Finalmente, lo que estamos viendo hoy es una sociedad mucho más crítica hacia el statu quo, obviamente no toda, pero sí bastante», comenta la presidenta del OCAC, María José Guerrero.

Además, la idea es que el deporte sea un espacio que ayude a la confianza de las corredoras, y no un espacio de inseguridad para quienes lo practican. «Correr no debería ser el momento dónde más vulnerables nos sintamos, muy por el contrario, es ahí donde deberíamos sentirnos seguras, con las piernas bien puestas en el suelo», dice Josefina Strahovski.

Así mismo, Josefina expone el rol de empoderamiento que juega este deporte para las corredoras: «las mujeres han hecho del correr un deporte que no solo tiene que ver con una mejora física, sino también con un desafío personal, una meta personal. Lo hemos vinculado —las mujeres lo han sentido así— como un tema de empoderamiento, de decir que todas podemos, todas podemos hacer deporte», agrega.

Un punto importante es la sororidad, el apoyo que se da dentro de las corredoras para formar grupos, dar consejos y tratar de motivar a la que quiera correr. Porque lo importante, solo es tener las ganas. «Como comunidad de corredoras, somos muy fuertes y las mujeres hacemos buen trabajo cuidándonos las espaldas unas a otras. Lo mejor es  apoyarse en el grupo, para tratar de evitar estas situaciones», destaca Daniela Carrasco.

Para la presidenta del OCAC, María José Guerrero, hay algunos factores que el país debe considerar para mejorar la situación de las mujeres en los espacios públicos. Primero, desde un punto de vista legal, existen actos que son vistos como falta a las buenas costumbres y no como acoso sexual, directamente. Otro punto importante es lo educacional, pues debemos formar a las próximas generaciones dentro de una cultura de respeto e igualdad. Por último, debemos pensar las ciudades desde la seguridad, así lo cree María José, para quien es importante mejorar la iluminación, la seguridad pública, la infraestructura y la visibilidad. 

Y lo siguiente, es un trabajo de todos. «Es importante que eduquemos a la ciudadanía. Para eso debemos contar con políticas públicas bien direccionadas al qué hacer, cómo hacer, cómo reconocer y cómo finalmente identificar este tipo de prácticas, y cuál es mi rol como ciudadano o ciudadana. No podemos simplemente poner un número para denunciar, tenemos que saber qué hacer, tenemos que saber reconocer el hecho», concluye la presidenta de OCAC. O

Esta artículo apareció en la Edición mayo/junio 2019 de Outside Chile.

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