Greta Thunberg: «Espero que en COP 25, los países se ajusten al plan».

Foto: Ximena Martínez

La activista sueca deja Estocolmo para participar en dos cumbres climáticas, una en Nueva York y otra en Santiago. Este sábado 3 de agosto comenzó su travesía que la llevará a cruzar el océano atlántico, cuyo transporte no emite carbono; y en Outside Chile la acompañamos en su último #fridayforthefuture de 2019, en la capital sueca, a un año de comenzar esta iniciativa.

Fue en agosto de 2018, cuando Greta Thunberg decidió comenzar el “Viernes por el Futuro”. La joven dejó de ir a la escuela, un día a la semana, para sentarse afuera del edificio del parlamento con un cartel de cartón escrito a mano, con la frase “skolstrejk for klimatet”, que significa “huelga por el cambio climático”, apelando a que los políticos legislen iniciativas que permitan frenar el calentamiento global.

En un año, su iniciativa ha encendido las redes sociales alcanzando impacto mundial, pues ciudades de todo globo se han unido al movimiento para exigir a los políticos actuar acorde a una “crisis”, tal como Greta propone.

El pasado viernes, Estocolmo vivió el último encuentro convocado por su fundadora, ya que al día siguiente la joven zarparía desde Suecia, con destino a Estados Unidos, para asistir a la Cumbre sobre la Acción Climática que se realizará en septiembre en Nueva York; y luego continuar hasta Santiago de Chile para participar de la COP25, país anfitrión durante 2019 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se llevará a cabo este 1 y 2 de diciembre.

Una de las condiciones para asistir a estos eventos fue encontrar un transporte que no contamine. Fue así como el equipo de Malizia II, tripulación que cuenta con un yate de alta velocidad, la contactó para llevarla a ambas conferencias, con la promesa de no usar combustibles fósiles, pues esta embarcación produce energía a partir de paneles solares y turbinas subacuáticas.

En su última aparición pública en Suecia, cientos de personas la acompañaron afuera del Congreso, a ella, una adolescente de 16 años con asperger, como advierte en sus redes sociales y discursos, que viste sencilla, acompañada de su mascota “Roxy”, cuyo arnés rojo se encuentra atado a su propia cintura. La multitud abre camino ante su andar, mientras ella, elige sentarse a una orilla del puente desde donde miles de personas, en un año, han sido testigos de su lucha. La acompaña un grupo de jóvenes que se sientan a su lado para hacer de barrera ante la multitud, sin embargo, las personas no evitan acercarse, conversarle, presentarle a sus hijos, felicitarla e incluso, entregarle cartas o libros.

En ocasiones, Greta se ve notoriamente cansada y estresada, pero se mantiene en el lugar donde ya ha estado más de seis horas, en un esquina, usando un jockey verde, abrazando sus piernas y mirando al suelo. A ratos pasa desapercibida, saca un libro y comienza a leer. Pero deja de soplar el viento y el sol comienza a calentar los adoquines del suelo. Entonces, se saca el jockey, y queda al descubierto de nuevo.

Uno de los testigos de su trayectoria es el periodista alemán Christian Stichler. Con más de 20 años de experiencia en prensa, hoy es corresponsal de NDR TV, uno de los mayores medios de comunicación germanos. Stichler recuerda cuando cubrió por primera vez la actividad: vio a esta menor que llegó sola, en su bicicleta y se sentó con un cartel sencillo afuera del Parlamento, entonces, le ofreció el tema a su editor. Sin embargo, en ese momento pensaron que la historia no tenía ninguna posibilidad de ser exitosa. “Entonces sonaba como algo loco. Con el tiempo ha hecho grandes cosas, entre ellas, creo que en gran parte influenció las elecciones europeas, y al menos, en Alemania, el partido Ecologista es uno de los más fuertes. Es increíble ver cómo una pequeña persona puede hacer tanto, estoy muy sorprendido”, dice el periodista.

En la actualidad los “Viernes por el Futuro” se realizan oficialmente en una treintena de países, en cientos de ciudades, de los cinco continentes. En conversación con Outside Chile, Greta asegura que, “el calentamiento global es un problema de todo el planeta. Tenemos que estar juntos en esto y ejercer presión, sobre todo ahora que viene la COP25. Algo tiene que cambiar en esta cumbre en Chile”.

Mientras, una multitud de estudiantes suecos también llevan su comida, frutas o sanwiches y se sientan en grupo, en el suelo, haciendo un picnic al aire libre, con sus carteles a los lados que dicen “No hay otro planeta”, “Debemos actuar ahora”, “Hay que poner impuestos a la carne”, o “¿Estamos haciendo lo suficiente?”.

En tanto, Greta vuelve a la arena política y se refiere a COP25. “Es necesario que los países involucrados se ajusten al plan. No espero que me escuchen a mí, sino a una serie de personas que están en el movimiento. Ellos deben ser escuchados”.

Al movimiento también se une un grupo de personas de la tercera edad que sostienen paletas de ping pong forradas con una cartulina amarilla que dice “Abuelos por el cambio climático”. Entre el grupo se encuentra Amelia Ramírez, una mexicana que lleva 40 años radicada en Suecia. Según menciona, tiene 4 hijos y está preocupada por el planeta que le dejará a su futura descendencia.

“Padres y abuelos por el futuro” es un movimiento que reúne a 34 grupos de 16 países que apoyan a esta movilización de jóvenes. Amelia admira a Greta, quien a estas alturas es una especie de guía, según afirma. “Ella mueve a la juventud y crea conciencia en los adultos. He visto cómo estos chicos que hoy la acompañan, han venido aquí con lluvia, nieve, viento o sol. Da igual, se mantienen firmes en lo que creen”, dice.

En el lugar, Greta mira a Roxy y la acaricia, luego se va a dar una vuelta, mientras todo el resto de los asistentes se mantiene con los carteles, conversando entre sí, disfrutando del sol, haciendo fotos o leyendo.

Cuando vuelve, un adulto se acerca a ella con un libro en sus manos. Es una edición titulada “Nadie es tan pequeño para hacer la diferencia”, y en la contratapa contiene la foto de su autora, la pequeña Greta, luciendo su clásico impermeable amarillo en un día de lluvia. El ejemplar reúne los discursos que la menor ha dado en un año: 80 páginas con mensajes que han sido entregados en COP24 en Polonia, o en el Foro Económico Mundial, codeándose con los políticos más importantes en Davos, Bruselas o en la Asamblea Nacional de París. Por otra parte, la prensa española la ha calificado de “deslenguada”, “rebelde” y “la chica del verbo incendiario”, la misma que ha despertado a miles de personas en el mundo para apelar a mejorar las políticas establecidas en el acuerdo de París.

Wilmer Egl, un estadista de profesión, nos muestra agradecido la firma que la adolescente sueca estampó en la primera hoja del libro que compró para su mejor amigo de infancia. Él apoya al movimiento desde septiembre del año pasado, pero es crítico al respecto: “esta iniciativa ha logrado tener un tremendo impacto mediático y me parece grandioso que hoy sea una bandera de lucha, pero creo que sigue siendo una protesta estudiantil. El desafío es que toda la comunidad se incluya para que llegue a ser cien por ciento exitoso”, asegura.

A unos metros, Greta se pone de pie, permite un par de fotos y camina entre la multitud hacia el final de la calle donde está su padre, quien la acompaña, cuida y conversa con quienes la apoyan. Ella le entrega su mascota mientras las personas le siguen pidiendo fotos o conversando. Al cabo de unos minutos ella se despide y se dirige hacia su mountain bike de color blanco que estacionó a una orilla del puente, encinta su casco azul, monta la bicicleta y toma la ciclovía. Un medio local de televisión continúa grabando la escena: al final de la calle, con el mar de fondo, está su padre con Roxy. Juntos miran al horizonte y la multitud se dispersa.

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